Cortés Juan Manuel

Juan Manuel Cortés (El Ken)

A principios de milenio, el errante Pirata cordobés incineró una camada entera de juveniles en su inexorable camino al Nacional B. De esta manera desfilaron: Nicolás Godino, Walter Roldán, Mauricio Verón, Andrés Ríos y Leandro Silva, entre tantos otros nombres que se perdieron, a perpetuidad, de todo recuerdo y registro. La generación olvidada de Alberdi. Claro, en medio de tanta oscuridad siempre brilla una estrella, una luz, o al menos, una efímera cañita voladora de mala calidad.

Nacido en Quilmes, Juan Manuel Cortés hizo de Córdoba su lugar en el mundo. Delantero, escurridizo y con una gran melena rubia, posee un apodo que supura grosses desde donde se lo mire, el cual no se debe al compañero de vida de Barbie, sino al karateka de la saga Street Fighter, compañero de vida de Ryu (?)

Su fugaz paso por la primera de Belgrano se dio en tres cotejos del Apertura 2000 y precisamente en su último partido selló su certificado de baldoseridad: a los 87 minutos del empate ante Gimnasia, Gonzalo Vicente se fue expulsado por insultar a Ángel Sánchez y obligó al Luifa Artime a sacar del campo a los gritos a Cortés -quien había ingresado sólo 5 minutos antes por Julio Mugnaini– para permitir el debut de Germán Montoya. Todo esto ante la atónita mirada del DT interino Carlos Vaca. Así de confuso fue su paso por la elite. En total completó 101 minutos. Lo mismo que dura Matrix.

Se mudó a Racing de Córdoba (2002/2004), donde saboreó el placer del ascenso al Nacional B, como así también la amargura de no ser tenido en cuenta para esa categoría. Tuvo revancha en su siguiente destino San Martín de Tucumán, donde ganó el Argentino B y luego marcó el gol del ascenso a la Segunda División en el duelo de promoción ante San Martín de Mendoza. Con una idolatría en ciernes, los dirigentes retribuyeron tanta felicidad no renovándole el préstamo.

Lo que continuó en su carrera fue un interminable periplo que lo llevó a las más diversas latitudes y geografías: Nacional B en Tiro Federal (2007/2008) y Argentino A en Santamarina (2006/2007), Unión de Sunchales (2008/2009), 9 de Julio de Rafaela (2010) y Central Norte (2010). Su figura también trascendió la cordillera en un paso semestral por Coquimbo Unido (2009), de la segunda chilena.

En enero de 2011, El Ken viajó a Indonesia para pelear contra M. Bison sumarse al Bongtang FC, donde llegó a jugar… ¡El partido de las estrellas! Típica celebración anual (?) en la que un combinado con los más destacados extranjeros enfrenta a los mejores jugadores nacionales. Para el equipo foráneo, además de Cortés, jugaron estrellas mundiales como Chun Li y Blanka el camerunés Abanda Herman, el japonés Shoei Matsunaga y ¡Giovanni van Bronckhorst! Quien a cambio de unas vacaciones pagas en Bali aceptó formar parte del show.

Con un bronceado envidiable, a mediados de 2012 se integró a la disciplina de Boca de Río Gallegos del Argentino B. Ya con menos pelo en su cabellera, pero despertando la misma locura incontrolable que lleva a hordas de fanáticos a visitar diariamente su apasionante bitácora de vida.

 

Talleres «Córdoba 78» 1976

En 1976 Talleres de Córdoba encontró un motivo más para, fiel a su costumbre, innovar en el rubro indumentaria. Fue así como, dos años antes de Argentina 1978, La T mostró en su camiseta alternativa un emblema alusivo a La Docta como sede del Campeonato del Mundo.

La casaca adidas con el gran escudo de Córdoba ’78 no es muy recordada, pero realmente existió y llegó a usarse oficialmente. Aquí la prueba.

Gracias a Juan Imborrable

Carrizo Juan Carlos

Juan Carlos Carrizo

Llegó a la Capital Federal proveniente de su Tucumán natal para jugar en las divisiones inferiores de Argentinos Juniors. En el Bicho se destacó y de ahí pasó a San Lorenzo, donde se convirtió rápidamente en una de las promesas más interesantes de la cantera azulgrana.

Con la categoría 1987 del Cuervo, el mediocampista con llegada al ataque la rompió en un torneo disputado en 2005 en Uruguay. Ahí lo vieron emisarios del PSV Eindhoven holandés, que, ni lerdos ni perezosos, le ofrecieron una prueba. El pibe armó su bolsito, llegó a la tierra de las putas y la falopa legal y cumplió, porque el PSV desembolsó algo más de dos millones de dólares para quedarse con su pase como una apuesta a futuro.

Después de jugar algún tiempo en la Reserva del equipo holandés, y sin espacio en el plantel principal, Carrizo se sumó a préstamo al Elche español (2006/07), pero tampoco fue tenido en cuenta.

Barranca abajo, en 2007, ya con 20 años, regresó a la Argentina para incorporarse a Olimpo de Bahía Blanca (2007/08), que por aquel entonces era dirigido por Guillermo Rivarola. Debutó en la tercera fecha, en la victoria por 1 a 0 ante Arsenal de Sarandí, y compartió la mitad de la cancha con Diego Barrado, Rogelio Martínez y Matute Morales y, a decir verdad, anduvo bien.

Volvió a actuar ante Lanús y Rosario Central, pero no rindió, el técnico lo borró y los malos resultados del equipo terminaron por comerse a Rivarola, que dejó el club. La amnistía llegó de la mano de Gustavo Echaniz, técnico interino que lo puso un rato ante Huracán, pero su nivel fue muy pobre otra vez. Ya con Roberto Saporiti como entrenador jugó ante Colón y Estudiantes y no desentonó, lo que le dio un poco más de aire. En el Clausura 2008, ante Racing y Vélez sumó sus últimas presentaciones olvidables con el equipo de Bahía Blanca. Le rescindieron el contrato y volvió a Holanda para también desvincularse definitivamente del PSV Eindhoven.

A mediados de 2008 regresó a su vieja casa, Argentinos Juniors. Según medios partidarios, el Bicho se quedó con el 50% de su pase y el pibe firmó un contrato por tres años. Jugó poco en Reserva y a mediados de 2009 apareció en el Huracán de Ángel Cappa. En el Globo debutó como titular en la segunda fecha, ante Newell’s, en la derrota por 1 a 0. Reapareció en la séptima jornada, en el triunfo por 3 a 1 ante Racing, cuando reemplazó a Gonzalo García. Ya con Héctor Rivoira, como DT, se despidió en la fecha 17 ante Banfield (derrota 1-0) cuando ingresó en lugar de Luciano Nieto. A fin de año, claro, lo dejaron libre por bajo rendimiento.

Después de varios meses de incertidumbre, en 2011 regresó a Tucumán para jugar en San Jorge de Las Breñas, que actualmente disputa el Torneo Argentino A. Hoy ya nadie espera que explote.

Marchetti a Boca 1979

Segundo semestre de 1979. Lo mejor del ciclo de Lorenzo había llegado a su fin al no haberle podido ganar a Olimpia de Paraguay en su propia cancha, lo que significó la pérdida de la Copa Libertadores a manos de los paraguayos. Parecía que comenzaría la renovación del ya veterano plantel Xeneize, y una de las chances concretas era la llegada de Víctor Rodolfo Marchetti, quien se iniciara River, en ese momento en Nacional de Montevideo. El delantero, con ganas de volver al país, confiaba en que la negociación llegara a buen puerto e incluso se dio el lujo (?) de posar con la camiseta de Boca (y con un par de pantalones impresentables). Pero el pase se cayó y el eximio cabeceador del fútbol argentino terminaría jugando en San Lorenzo, para después seguir su carrera en Rosario Central y Racing.

(Gracias Ale_Carro)

Especiales: los que llevan un futbolista como apodo

Por parecido físico, cualidades técnicas o simplemente por el capricho de un relator, varios jugadores deben convivir durante toda su carrera con un apodo que los emparenta con otro futbolista. Aquí algunos casos nacionales e internacionales.

Durante años y años, Darío Espínola fue lo más parecido a un lateral brasileño en nuestro país. No por su recorrido en la banda derecha, sino por su apodo: «Cafú», en honor Marcos Evangelista de Moraes, el primer jugador en disputar de forma consecutiva tres finales de Copa del Mundo.

Otro que debió cargar con el apellido de un grande fue el boliviano Erwin Sánchez, conocido mundialmente como «Platini». Su juego atildado y elegante lo linkeó directamente con el astro francés. Y hay que decirlo, llevó el apodo con bastante dignidad.

Gabriel Batistuta fue un jugador que, sin proponérselo, le trasladó su sobrenombre a otros delanteros con características similares. Adrián Aranda, José María Kesseler y Joaquín Larrivey, entre otros, han sido bautizados como «El Bati».

Un poco más humilde es lo de Ramón «Wanchope» Ábila, delantero de Sarmiento de Junín al que llamaron de esa manera por su similitud con Paulo Wanchope, el ex atacante de la selección de Costa Rica.

Cuando José «Zlatan» Fernández llegó este año a Argentinos Juniors, algunos creyeron que nuestro fútbol empezaría a disfrutar de las mágicas jugadas de Zlatan Ibrahimović, o al menos de sus imitaciones. Cuando el peruano se rompió en la segunda fecha del Torneo Inicial, muchos comprendieron que, antes que el apodo, pesaba mucho más su segundo apellido: Piedra.

En el arco también pasa

Es muy frecuente que los arqueros elijan ese puesto desde niños, ganándose muchas veces el mote del ídolo del momento. Es así como en la Argentina abundan los número 1 apodados «Pato», «Loco» o «Mono», por lógica referencia a Fillol, Gatti y N*varro M*ntoya. ¿Pero qué hay de los que llevan un apellido como sobrenombre?

En nuestro país, Jorge «Dida» de Olivera es un caso. Lo bautizaron así en las inferiores de Nueva Chicago, por su parecido físico a Nélson de Jesus e Silva, el brasileño que durante una década ocupó el arco del Milan de Italia.

Ocurre lo mismo con Róbinson Zapata, el portero colombiano que pasó por Rosario Central, Independiente y Belgrano de Córdoba. Le dicen «Rufay» porque su espejo siempre fue Peter Rufai, el arquero nigeriano que participó de los mundiales de 1994 y 1998.

Son iguales, pero más chiquitos

También existen aquellos futbolistas que reciben el apellido de otro, pero en diminutivo. Los casos más emblemáticos son los de Hernán «Valdanito» Crespo y Santiago «Saviolita» Biglieri.

Desde sus inicios, Crespo fue muy parecido a Jorge Valdano, no sólo físicamente, sino también en su juego. Lo de Biglieri es similar, aunque ni por asomo pudo igualar la trayectoria de Javier Saviola. Hay apodos que condenan.