
Fernando Martinuzzi
El puesto de arquero suplente es uno de los más sacrificados del fútbol. Comer banco durante fechas y fechas para entrar y tener que responder más que bien o esperar la lesión del titular para poder jugar es la regla número uno de los adoradores del Flaco Saccone o Bernardo Leyenda. Algo así le pasó a Fernando Martinuzzi, un arquero nacido en Avellaneda el 6 de noviembre de 1980.
En la última fecha del Clausura 2002, sin importar el resultado que consiguiera, Lanús ya estaba condenado a jugar la Promoción para mantener la categoría. Por ello, ante Argentinos Juniors, el Profe Córdoba mandó a la cancha a un mix de juveniles y suplentes.
En un partido muy baldosero (por el Bicho jugaron los hermanos Belforti, Pablo Aurrecochea, Raúl Zalazar, Matías Mantilla y el Abuelo Fernando Zagharian, entre otros) Martinuzzi tuvo su debut en el arco granate acompañando a Diego López, Walter Ribonetto, Santiago Hoyos, Gabriel Ramón, Cristian Álvarez, Emiliano Giannunzio, Sebastián Salomón, Juan Carlos Mariño, Carlos Coria y Cristian «Ahumada tenía razón» Fabbiani. Luego ingresaron Ezequiel Carboni, Gonzalo Belloso y Mauricio Romero. Aquel día, para la estadística, ganó Lanús por 2 a 0 y el bueno de Fernandito se fue contento.
Luego de una temporada 2002/2003 sin actividad, apenas 9 partidos en el banco, porque el habitual suplente era Gastón Pezzuti y el titular era el uruguayo Sebastián Flores, Martinuzzi volvería al ruedo en el Apertura 2003.
Con la salida del ex Racing, se le allanó el camino y salió a la cancha en 18 encuentros, 15 como suplente (no ingresó) y 3 como titular, en los que atajó los noventa minutos, dejando en la banca a Rolando Romano. Quizás su mayor proeza a nivel local haya sido ser de la partida ante River en un encuentro que Lanús venció por 2 a 0.
En el Clausura 2004, su último torneo en el Grana, sólo disputó 19 minutos y recibió un gol, pero fue en el triunfo 4 a 2 ante Newell’s en la decimoquinta jornada. A mediados de 2004 fue cedido al Unión Magdalena colombiano y a la vuelta quedó libre.
Al parecer no encontró club profesional y se fue a a jugar con los amigos. Fue así que representando a Regatas de Avellaneda participó de los torneos de la Asociación de Fútbol Amateur AIFA.
A mediados de 2006 viajó a Perú para incorporarse al Sport Boys, que por aquel entonces naufragaba en el fondo de la tabla. En su entrevista de presentación ante la pregunta ¿Qué estadio o coliseo lo incendiarías como hizo el emperador Nerón con Roma? no reparó en contestar «La cancha de Estudiantes de La Plata. Además es fácil de quemar porque sus tribunas son tablones. Ese estadio no debe existir más. Es un equipo que logró cosas con el antifútbol, nunca de buena forma. Lo desaparecería.» y hasta defendió a Chilavert «Yo era alcanza pelotas de Lanús y llegó Vélez a jugar a nuestro campo. Ese día, cuando terminó el encuentro, me acerqué y le dije: ‘soy arquero de menores, ¿me regalas tus guantes?’. ‘Claro que sí’, me respondió y me los dio. Luego me invitó a su camarín y me regaló sus medias. El ogro que todos creen no era tal, sino un ser humano extraordinario..
En una épica (?) final ante el José Galvez, Martinuzzi se calzó el traje de héroe y contuvo 2 penales, que significaron la permanencia del conjunto rosado en la Primera División. A comienzos de 2007, luego de descartar ofertas del Cienciano de Cuzco y Universitario de Lima, pasó al Deportivo Municipal, donde fue partícipe de varias polémicas. En febrero, fue suspendido dos partidos por agredir al árbitro Braulio Cornejo. En abril, al hacer público que hacía dos meses y medio que no cobraba su sueldo, los dirigentes del Municipal quisieron multarlo, hecho que fue repudiado por sus compañeros de equipo. Pese a los problemas, allí también tuvo grandes actuaciones, que lo pusieron en la lista de posibles refuerzos de Racing Club de Avellaneda, equipo del que es hincha y del que tiene un tatuaje en su espalda.
En 2008 pasó al Juan Aurich, donde se trompeó con el baldosero Mario «Machito» Gómez Urbina. Su buen rendimiento en Perú hizo que tramitara la nacionalidad, aunque nunca fue convocado para esa selección.
En 2010, cansado de pelarse el lomo en la tierra de la Inca Kola y el ceviche, armó las valijas y salió a conquistar Europa. En el Latina Calcio, de la cuarta división de Italia, obtuvo el campeonato en su primera temporada y se convirtió en el arquero con menos goles recibidos de todas las categorías de ese país. A mediados de 2011 decidió no renovar su contrato, pero pocos días después cambió su opinión y continúa atajando allí con buenas actuaciones.