En sus inicios brilló en River como un delantero lleno de frescura y desparpajo. Marchó al exterior y a fuerza de corridas y goles se hizo muy conocido, sobre todo en Italia. Carismático, distinto, amado por los hinchas de cualquier equipo. Ese es Ariel Beltramo. Tan buen tipo que hasta se sacaba fotos con los harapientos que deambulaban por los pasillos del Monumental.
Pena 2010

La inconfundible platea que se ve de fondo delata que el estadio es el Mundialista de Mar del Plata. La indumentaria, claramente, es la del arquero de Aldosivi. Pero la pelada puede confundir. Es que no se trata del guardameta del Tiburón. Es el Tomatito Pena, que debió ocupar ese lugar durante algunos minutos en la derrota 2-0 de su equipo frente a la CAI, por la 34º fecha del Nacional B 2009/10.
Cuando Mauro Villegas convirtió el segundo gol de los sureños, Pablo Campodónico quedó lastimado. Y no fue un golpe más, ya que el arquero debió ser internado con un fuerte traumatismo respiratorio, que por suerte no trajo consecuencias mayores. Como Aldosivi ya había realizado los tres cambios, Pena pidió un buzo en el banco (pero rechazó los guantes) y miró con resignación como transcurrían los últimos minutos del partido.
Müller Gerd

Gerhard Müller. Delanter alemán. Jugó entre 1964 y 1981.
Vitti Pablo
Amaia (de Ramos)
Duda existencial Nº 117
Talleres naranja 1980
Algún día habría que analizar seriamente esta relación enfermiza (?) de Talleres con su camiseta. Mientras tanto, seguimos juntando pruebas.
17 de febrero de 1980, segunda fecha del Metro. Los cordobeses recibieron a Vélez en el Chateau Carreras, vestidos de naranja. Algo parecido a lo hecho en 1982 cuando quiso clonar a Holanda, pero dos años antes y con una camiseta Adidas de tela brillosa en lugar del piqué.
Y créase o no, el Talleres del Pato Pastoriza desplegó un fútbol total que pasó por encima al Fortín. Tras arrancar perdiendo 1 a 0, tres goles de Bravo y una actuación brillante de Valencia, terminaron dejando los dos puntos en Córdoba.
Burruchaga al Sion 1991
El Gráfico no se puso colorado a la hora de mandar una bomba que nunca estalló: allá por abril de 1991 confirmaba que Jorge Burruchaga iría a jugar al Sion de Suiza, para ocupar la vacante que dejaba Lukas Tudor. En pocas pero contundentes palabras, sostenía que un consagrado en México ‘86 que hacía un año había jugado otra final del mundo, iría a un fútbol de nivel intrascendente para ocupar el espacio de una promesa que nunca explotó y se volvía de Europa con más pena que gloria. Finalmente, el pase nunca se hizo, y en cambio llegaron al equipo suizo, que era entrenado por Enzo Trossero, otros dos argentinos para reforzarse en esa temporada: Juan Barbas y Gabriel Calderón.






