Herrera Horacio

Rafael Horacio Herrera

Se vivían momentos complicados en Boca Juniors allá por 1984. A las formaciones decadentes y el incendio masivo de juveniles, podríamos agregarle miles de matices más que lo tuvieron al borde de la desaparición. Que ese año hayan usado un fibrón para dibujar los números de la camiseta pinta también la delicada situación que atravesaba el club, así que no nos vamos a andar asustando (?) porque Rafael Herrera, el protagonista de este post, en la foto ni siquiera tiene la misma indumentaria que su compañero Ruggeri.

Puntero derecho surgido de las inferiores xeneizes, tuvo un paso breve pero intenso en la máxima categoría. Entre 1984 y 1985 disputó apenas 10 partidos, pero al menos se dio el lujo de marcarle un gol a River que provocó que un cabeza hincha, sumido en la emoción, dejara caer a su hijo de dos años al foso. Grosso (?). Para colmo ese día el Millonario ganó 4 a 1.

Paradójicamente, pasó el tiempo y la vida lo encontró en el ascenso y con la camiseta de la banda roja, pero no se confundan (?), hablamos de Guaraní Antonio Franco, equipo misionero en el que jugó sólo 6 encuentros del Nacional B en la temporada 1986/87.

Rescatado por Ferro Carril Oeste (1987/88), tuvo su revancha en la A pero agregó nada más que 5 presentaciones sin tantos. De regreso en la segunda división, sumó 35 partidos y 4 goles con Estación Quequén (1988/89), para bajar luego a la Primera B, donde actuó para el Deportivo Merlo y Estudiantes de Caseros (1992/93), equipo que le dio la oportunidad de conocer a Domingo Irala Sarabia.

Como habrán visto, una trayectoria que no da para tirar fuegos artificiales ni manteca al techo. Pero sí pendejos al foso (?).

Turrismo aventura: CD Parrillas One

Alberto Chirola Rodríguez podría ser, tranquilamente, amo y señor de este maravilloso equipo hondureño, dueño de todas las miradas en los terceros tiempos y concentraciones, apasionados por el metegol, ping pong y torneos interclubes de truco y cualquier otro tipo de competencia de fuste, entre las que se encuentran, sin dudas, los campeonatos de morrón asado y choribailarín.

La historia del Club Deportivo Parrillas One es intrascendente, salvo por el casiascenso a la máxima categoría a fines de 2010. Los periódicos hondureños dan cuenta de un tejemaneje grondonesco en la designación de quienes juegan en la A y en la B (Dani, no, no te podés mudar de continente) y quizás en este temporada no actúe en primera (o sí, hay que preguntarle al ferretero).

El estadio Francisco Morazán, donde juegan de prestado, albergó grandes conciertos de artistas internacionales tales como Daddy Yankee, Marco Antonio Solís o Vilma Palma e Vampiros (!) y los partidos de los Racing e Independiente hondureños: Marathón y Real España. Para poner blanco sobre gris (porque el fobal hondureño no llega a tanto) uno de los máximos goleadores de la historia es Danilo Tosello y el equipo clasificó a dos mundiales; en Sudáfrica logró un punto al igualar con Suiza y tan solo perdió 0-2 con el luego campeón, España. A nivel continental, los clubes hondureños tienen dos copas de la Concacaf (ambas veces ganó Olimpia) y están por debajo de Surinam (!) y El Salvador.

Luego de este prefacio intrascendente, hablaremos de algo muy útil a la hora de pensar en buscar destino (turístico) para un jugador con poco espacio para mostrar sus cualidades: el fútbol hondureño, y en especial el Parrillas One.

Evidentemente el club fue fundado, no sabemos cuando, pero poco importa a la hora de cobrar en lempiras, comerte una baleada y poder viajar a conocer los Cayos Cochinos (?). Por ahora, y hasta que el presidente deje de patearle el escritorio al mandamás de la Avenida Roble (!), el club parrillero permanecerá en la segunda división. No hay datos sobre argentinos que hayan defendido los colores del equipo matarife (!), pero sí un valiente colega que juega en el ascenso, Patricio Negreira quien se desempeña en el Unión Ajax y puede ayudar a la adaptación, porque un chulengo patagónico no es facilmente reemplazable y el trenzado de un chinchulín a mil metros de altura no es lo mismo que hacerlo en un galpón de Los Polvorines.

Argentinos que hacen turrismo: Por suerte la bandera nunca se manchó (!).

Jugadores que se adaptan al perfil del club: Antes de escribir esto fui a confesarme tres veces, recé seis Idishe Mame, me comí 12 horas de meditación budista y leí los 7 libros de Stamateas; igualmente no pude resistirme. Cristian Fabbiani tiene un busto en la puerta con la inscripción «Gracias por mostrarnos el camino». También podrían ir de cabeza Joselito Vaca, Claudio el novillo García, Marcelo Gordo Vega. Aclaración: el que hace un chiste con Ronaldo se come un bife (?).

Técnicos que se adaptan al perfil del club: Américo Rubén Gallego, Antonio Mohamed, Víctor Púa y Marcelo Bielsa.

Periodistas con posibilidades de cubrir los entrenamientos: Cecilia Bonelli. Y sí, lomo, nalga y pechito. All inclusive (!).

Probabilidades de baldosear en este club: Las mismas que comerte un paty en la Estación Km 34 del Tren Temperley-Haedo y no terminar hospitalizado.

De Punta en blanco

El jet set menemista supo desfilar impunemente por las playas de Punta del Este en los 90’s. Periodistas, periodistas, famosos, futbolistas, botineras. Pero además había lugar para los que no se dejaban llevar por las luces de la pizza y el champagne. Sí, en el sitio de moda de esos años también tenía su espacio un tipo de izquierda, de esos a los que no les importaba el que dirán: short gris y rosa, reloj, zapatillas blancas con velcro y a la playa. Años después, el mismo Menotti declararía: “Durante 70 años de mi vida he comprobado el desastre que ha hecho el capitalismo en todo lo que me rodea”. Claro, siempre es más fácil echarle la culpa a los demás (?)

Méndez Waldemar

Enrique Waldemar Méndez

Miraba para arriba y tenía a Teresa Cencelarich. Miraba para el costado y tenía al Mono Burgos. Miraba para atrás y tenía al Bebé Rocha. El problema de Waldemar Méndez era que miraba mucho. Y haciendo vista hizo banco hasta que se cansó.

Nacido en Laprida en 1971, tuvo su momento de gloria unos 20 años más tarde, cuando robó un lugarcito en el póster del Ferro noventoso que conducía Timoteo Griguol. Allí conoció a Oscar Garré, Jorge Cordon, Claudio Cristofanelli, Fabio Radaelli, Luis Santillán y Fabián Tisocco, entre otros. Para completarla, fue al banco de suplentes en 10 partidos de la temporada 1991/92, pero nunca tuvo la chance de estrenarse oficialmente.

Después hizo carrera en Chile con los buzos de Ovalle (1995), Unión La Calera (1994, 2001 y 2005), La Serena (1996 a 1999, donde fue despedido por criticar al nuevo entrenador), Melipilla (2000), Temuco (2002), Osorno (2003) y O’Higgins (2004).

Tras su retiro, se dedicó a hablar de táctica en programas deportivos de radio y TV del país trasandino, e incluso ejerció el papel de director técnico en el fútbol universitario. Acá les dejamos su cuenta en twitter por si le quieren recordar que Rocha debutó en Ferro y él no (?): @WaldeMendez.

Mandiyú con dos juegos de camisetas 1992/93

A simple vista no hay nada raro en esta foto del Mandiyú noventoso, pero si agudizamos la vista podemos observar que las camisetas de Lugo, Saravia, Pablo Suárez y Olarticoechea tienen el logo del sponsor, Cablex, sobre la izquierda, por encima del escudo. Sus compañeros, en cambio, lo tienen estampado en el centro. Dos juegos de camisetas vistiendo a un mismo equipo. Detalle menor, pero digno de placard.

(Gracias a Calala)