Facineroso fascinado

Al margen de que el encargado de recortar las fotos en la revista Súper Fútbol tenía un Parkinson de la concha de la lora (?), la imagen alcanza a mostrar un fragmento de la buena vida que llevaba Leo Rodríguez a comienzos de los 90’s, cuando los billetes le sobraban para comprar autos de lujo y…vinchas último modelo. Para completar, campera de baseball, jean, zapatillas deportivas y manos en los bolsillos. Un canchero de los que no quedan.

Sacripanti Lisandro

Lisandro Oscar Sacripanti (Lichi)

Arrancó demasiado bien. El torneo Clausura de 2002 encontró en el delantero Lisandro Sacripanti a uno de los puntos altos del Newell’s que dirigía el Negro Julio Zamora. Antes, el pibe que había llegado a las divisiones inferiores de la Lepra desde el Club Alumni de Casilda, su ciudad natal, se había convertido en el goleador histórico entre los juveniles de AFA. No estaba nada mal. Para un muchacho de apenas 20 años era un augurio de una gran carrera.

Sacripanti tuvo su estreno entre los grandes el 10 de febrero de 2002 ante Banfield (derrota 3 a 0) y en ese torneo Clausura anotó 7 goles en 18 encuentros. Se ganó la titularidad en el Apertura 2002, pero su rendimiento mermó de manera notable. Apenas 3 tantos en 19 partidos dejaban un sabor amargo. Para el Clausura 2003, el Bambino Veira le perdió la confianza y Lichi jugó a cuentagotas. Solo 91 minutos diseminados en 5 juegos, entrando siempre desde el banco de suplentes. Muy poco para un pibe que algunos meses antes era el nuevo Batistuta y ahora se convirtía en material descartable.

A mediados de 2003 cruzó la Cordillera y fue a buscar continuidad a Chile. Se sumó al Cobreloa, donde estuvo una temporada y se consagró campeón del torneo Clausura. Regresó un año más tarde para vestir la camiseta de Argentinos Juniors (2004). Dirigido por el Checho Batista primero y luego por Chiche Sosa, solo disputó 4 partidos y no convirtió goles.

En 2005 se fue a Israel para jugar en el Hapoel Nazareth Illit y regresó al continente a mediados de año para hacer la revolución con la casaca del Blooming boliviano (2006/07), bajo la dirección técnica de Gustavo Quinteros. Allí también formó una dupla de temer con el Gordo Germán Real y conoció a Andrés Carevic y al genial Joselito Vaca.

Algunos goles en tierras de Evo Morales le dieron la chance de conocer México, enfundado en la divisa del Morelia B (2006). Cansado de juntar millas, y ante el llamado de Gustavo Quinteros, regresó a la Argentina. San Martín de San Juan lo tuvo entre sus filas durante el primer semestre de 2007, pero le soltó la mano luego del ascenso. Después de caerse su pase al Tolima colombiano, recaló en Independiente Rivadavia, pero no se destacó y volvió a armas las valijas.

El Espoli de Ecuador le abrió las puertas y el propio Lichi se encargó de cerrarlas un puñado de meses después por bajo rendimiento. A mediados de 2008 cumplió el sueño de ir a robarla jugar a Europa. ¿España? ¿Italia? ¿Francia? ¿Alemania? ¿Inglaterra? No, Eslovenia. Allí estuvo en el Celje (2008/09), al lado de Carlos Chacana y Martín Saric, hasta que lo mandaron con un moño a Córdoba, donde actuó hasta hace algunas semanas, con suerte dispar, en Talleres (2010/11) en el Torneo Argentino A.

NdR: Esta es hasta el momento la carrera del jugador-canción Lisandro Sacripanti, el pibe al que, al menos para quien escribe estas líneas, seguiremos recordando cada vez que escuchemos Sacrificio y rock ‘n’ roll de Pier. Sacripanti y rock ‘n’ roll.

Turrismo aventura: Tio Sam Esporte Clube

¿A quién se le puede ocurrir ponerle Tio Sam a un club de fútbol? Evidentemente a un tipo que está mal del marote, borracho o a un brazuca vende patria… y encima arleco.

La institución está ubicada en la ciudad de Niteroi, la hermana pobre y tonta de Rio de Janeiro, esa ciudad medio chota que está cruzando un puente (onda Neuquén y Cipoletti, pero con la diferencia que acá una tiene playa, historia, clubes de verdad y minas en bolas) y que parece la calle Warnes, pero a lo brasileño.

Fundado en 1990 tras la huída de sus dirigentes desde una favela carioca hacia la ciudad que los alberga actualmente, se llamó inicialmente Helénico y además de dedicarse al fóbal, vendían algunas sustancias actualmente prohibidas en casi todo el mundo, incluso esas inofensivas que consume Archubi.

Niteroi los recibió con los brazos abiertos y en breve comenzaron a destacarse; en 1995 ganaron el torneo de cuarta división estatal y al año siguiente el de tercera, pero se autodesafiliaron por problemas presupuestarios y por una grata sorpresa: en el futsal hacían capote. Ganaron consecutivamente los torneos estaduales de 1993 al 97 y repitieron en 2004.

Según el famoso (?) bloggero Harrison74 el Tio fue de los primeros clubes serios en materia de fulbito en cancha de mentirita, con concentración, gimnasio y hasta una chica para brindar servicios especiales a los jugadores. Pero parece ser que se cortó todo después del 11 de septiembre de 2001, cuando la embajada yanqui dejó de tirarles unos mangos, una coke y papas McCain. Los socios propusieron cambiarle el nombre, pero ningún gobierno aceptó darle guita a un club por ponerse «Chilotes», «Paragua» o «Polacos roñosos».

El equipo de los vendepatrias no tiene web, tampoco correo electrónico, pero sí un teléfono de uno de los fundadores, así que si ya no estás para correr 90 minutos, ni 100 metros de largo pero aguantás dos tiempos de 20 y la movés un poco, te pasamos el phone (21) 2628-0492 ¡Call US!.

Ah, ¿por qué le pusieron Tio Sam además de por vende patria y garcas? Porque según el grupete de fundadores, a los yanquis les va re bien, y les iba a traer suerte (!).

Argentinos que hacen turrismo: Algún hippie que se volvió caminando de Bahía, tras quedarse sin una tuca ni canutillos para las pulseritas.

Jugadores que se adaptan al perfil del club: Puff. Pablo Mastroeni a la cabeza; Mariano Pernía; Lucas Barrios; Mauro Camoranesi; Verón no, dólares no acepta.

Técnicos que se adaptan al perfil del club: Bora Milutinovic.

Probabilidades de baldosear en este club: La CIA no brinda esta información.