
Sebastián Ricardo Nayar (el Oso)
¿Cuántas malas decisiones puede tomar un ser humano a lo largo de su vida? ¿Cuántas veces se puede tropezar con la misma piedra? Si se tratara de una categoría de los récords Guinness, lo de Sebastián Nayar sería cosa seria.
Todo empezó en 2008. Mientras se preparaba para el encuentro de vuelta por los cuartos de final de la Copa Libertadores contra el Atlas mexicano, Boca Juniors (tercero en la tabla) trataba de no perderle pisada al líder Estudiantes de La Plata en el torneo local. Por la fecha 15 del Clausura, en La Bombonera, el Xeneize recibía a Racing con un rejunte de suplentes y juveniles.
Aquella tarde de mayo, el Pelado Carlos Ischia mandó a la cancha a Pablo Migliore; el uruguayo Álvaro González, Facundo Roncaglia, Gabriel Paletta y Luis Ibáñez; Pablo Ledesma, Sebastián Nayar, Neri Cardozo y Leandro Gracián; Pablo Mouche y Mauro Boselli. En el banco esperaban su oportunidad Javier García, Juan Forlín, Jonatan Maidana, Cristian Chávez, Exequiel Benavídez, Lucas Viatri y quien terminaría siendo la figura del partido, Ricardo Tito Noir.
Para Sebastián Nayar, un mediocampista central surgido de la categoría ’88 de las divisiones inferiores del club de la Ribera, era su debut absoluto en el primer equipo. Un año antes, en un contexto similar, en medio de las finales de la Libertadores 2007, había ido al banco de suplentes en la última fecha del Clausura, ante Lanús. Frente a la Academia, el juvenil disputó 64 minutos hasta que le dejó su lugar al Pochi Chávez, y mostró algunos destellos interesantes. Siete días más tarde, contra Vélez, reapareció en la banca, pero se quedó con las ganas de entrar.

Pocas semanas después, su nombre volvería a estar entre los titulares. Pero de los diarios. No porque fuera a ser parte de la pretemporada de la Primera de Boca, sino porque apareció en España, dispuesto a firmar contrato con el Recreativo de Huelva (2008/09), en condición de jugador libre.
«Me gustaría haberme quedado y demostrar que puedo ser el número ‘5’ del equipo, pero es una gran oportunidad y los trenes sólo pasan una vez y hay que subirse», decía por aquel entonces. «En enero tuve una opción de marcharme y Boca no me dejó. Después, llegó una oferta de Holanda (del AZ Alkmaar) y el club me tasó en seis millones de dólares, un precio muy alto para un jugador que sólo ha disputado un partido», agregaba.
Su contrato había vencido el 30 de junio de 2008 y Boca alegaba ante la FIFA que el chico había firmado una prórroga hasta 2012, a lo que Nayar esgrimía que le habían falsificado la firma. Tras varias idas y vueltas, y antes de la definición del TAS, Recreativo le pagó al Xeneize un millón de dólares para obtener su pase y todos contentos. O casi.
Sin embargo, la experiencia del Oso en el fútbol español estuvo lejos de ser buena. Apenas un año después de su arribo, lo dejaron libre por reiteradas muestras de indisciplina (multas por sobrepeso, por llegar tarde, por enfrentamientos con el entrenador –“es el peor que tuve en mi vida”, dijo sobre Lucas Alcaraz– y compañeros, entre otros). En el medio, disputó 579 minutos diseminados en 14 encuentros y su equipo se fue a la B. Completito.
«Con el antecedente de Oscar Trejo, que se había ido al Mallorca y a la cuarta fecha ya había logrado la habilitación para jugar en España, me animé. Fue un error, porque me estafaron, estuve sin jugar hasta la fecha 14, me falló la gente que me llenó la cabeza, tuve que viajar dos veces a los tribunales del TAS en Suiza, una vez quedé varado solo en Ginebra por la nieve… Fue de terror. Pero uno se da cuenta de eso cuando va creciendo y conoce a la gente. De Boca me llamaban Pedro Pompilio y José Beraldi, para que volviera, pero ya había firmado con Recreativo y no quería más problemas de los que ya tenía», reconocería varios años más tarde.
A comienzos de 2010 se sumó al Deportivo Cali de Colombia a préstamo por una temporada. «Hemos decidido que las bonificaciones que recibirá el jugador en junio y diciembre estarán sujetas a su buen comportamiento en el equipo. Sebastián es un jugador muy joven, y si lo sabemos llevar en el Cali, podremos disfrutarlo largo tiempo», se ilusionaba Ernesto Roa, directivo del cuadro caleño que impulsaba su fichaje.

En su debut, en un amistoso a beneficio de las víctimas del terremoto en Haití ante el América de Cali, Nayar se lesionó la rodilla y tuvo que ser operado, por lo que perdió terreno en la consideración del técnico Jorge Luis Bernal. En mayo, con apenas un puñado de minutos oficiales, quedó libre, en medio de otro escándalo. “El pago de la prima (unos 100 mil dólares) se debía hacer por mi comportamiento y mi peso, pero yo estoy bien de peso y no he tenido problemas de indisciplina”, argumentaba el argentino, que además denunciaba una persecución en su contra.
Los que no estaban muy de acuerdo eran los dirigentes: “Yo estoy ajustado a lo que dice el contrato, que la prima es por rendimiento y él está lesionado. No tengo reportes de indisciplina sobre Nayar, pero sé que un día lo fueron a visitar a la una de la mañana y no estaba en su casa”, arremetía Fernando Marín, el vicepresidente del club. El que terminó pagando los platos rotos fue Ernesto Roa, que en 2012 fue suspendido por cinco años por supuestas irregularidades en las contrataciones de Nayar y Gonzalo Cabrera, otro argentino ex Boca que pasó con más pena que gloria.
El reemplazo de Solari es Sebastian Nayar, jugador argentino proveniente de Colombia. Conócelo http://www.atlantefc.com.mx/noticia.php?i=939
— AtlanteFC (@Atlante) 1 de septiembre de 2010
En septiembre el Oso llegó a México con la difícil misión de reemplazar a Santiago Solari en el Atlante (2010). «En Cancún hace mucho calor. Vengo de jugar en climas extremos, en Huelva y Cali, pero aquí hay mucha humedad y eso lo hace todo más pesado, aunque estoy seguro de que me voy a acostumbrar», tiró en su presentación. Otra vez su condición física le jugó una mala pasada y en diciembre rescindió su vínculo, sin haber debutado oficialmente y con tan solo 3 encuentros con la Sub 20.
De nuevo en Argentina, enfiló para Mar del Plata y se incorporó a Aldosivi (2011) para disputar la B Nacional. Fueron apenas 11 partidos antes de repetir la historia de siempre. Después de trenzarse a golpes con sus compañeros Laureano Tello y Martín Cabrera en un entrenamiento, se marchó del Tiburón.
Otra vez en España, para estar cerca de su esposa y su hijo, apareció actuando ¡en un equipo formado por bomberos! que participaba en un campeonato aficionado de Huelva. No era la primera vez que hacía algo de ese estilo, claro. En 2009, tras su salida del Recreativo, había estado entrenando con el Ayamonte de la tercera división.
Tuvo que pasar bastante tiempo para volver a verlo en una cancha profesional. En octubre de 2012 se sumó al Orihuela de la Segunda B (el equivalente a nuestra querida B Metropolitana) y no le quedó otra que sincerarse: “Necesitaba regresar al fútbol español y Orihuela es el único club que me ha dado la oportunidad. Voy a intentar no defraudar aportando todo lo que sé en el terreno de juego para tratar de llevar a este equipo al ascenso». ¿Cómo le fue? Pésimo. Disputó solamente 7 encuentros y le dieron el olivo. Por lo menos ya no estaba ahí cuando se fueron al descenso.
En enero de 2013 apareció en el San Roque de Lepe, donde se puso reflexivo y analizó por primera vez su escandalosa salida de Argentina. “Irme de Boca fue el peor error de mi vida… Si sabía lo que iba a vivir estos cinco años, no hubiese tomado esa decisión ni loco”, confesaba. “Con Boca siempre había chocado por temas de dinero. Cobraba 1000 pesos, más los 400 por partido ganado en Reserva, y vivía en un monoambiente con mi hermano. Cuando le pedí al club que me ayudara para pasar a algo más grande me dieron la espalda. Encima me robaron el auto que me había dado mi representante. Y exploté contra Boca, contra el país, contra todo… Era un pibe inmaduro. Y mal asesorado”, reconoció.
Tras varias temporadas dando vueltas como un gitano, pareció encontrar su lugar en el mundo en el fútbol griego. Con el Kerkyra (2013 a 2015) obtuvo el ascenso a Primera y repitió con el Larisa (2015/16), donde su temperamento le volvió a jugar en contra. Se despidió en 2016, luego de apenas 13 minutos con la camiseta del Panegialios.

Los últimos años estuvo nuevamente haciendo y deshaciendo valijas a lo loco en ligas europeas de bajísimo perfil. El 2017 lo dividió entre el Floriana de Malta, donde se reencontró con el ex Boca Enzo Ruiz y fue campeón de la Copa Maltesa, y el Lincoln Red Imps de la imponente liga ¡de Gibraltar! En 2018 regresó a Malta para ponerse otra vez la casaca del Floriana y desde julio defiende los colores del siempre candidato Hamrun Spartans.







