Hacé click en la imagen para ver la evolución de Gaston Esmerado.
(Gracias P4olo)

Juan Manuel Varea
La historia de Varea es una más entre tantas otras. La del goleador en inferiores y Reserva que llega a Primera, pega un grito y desaparece. Así de fugaz fue el paso de este delantero de la categoría 1986 de Vélez Sarsfield que disputó 5 partidos en el Apertura 2006 y que hoy hace las delicias de grandes y chicos (?) en el culo del mundo el Viejo Continente.
De la mano de Miguel Ángel Russo, debutó en la fecha 15, en el Bosque, ante Gimnasia. Esa tarde reemplazó a Lucas Castromán y mostró destellos interesantes. La semana siguiente, en el Estadio Luis Miguel José Amalfitani, fue de la partida ante Godoy Cruz, conformando la dupla de ataque junto a Mauro Zárate, autor de los 2 goles del Fortín.
Su bautismo en la red llegaría en la fecha 17, en el clásico ante Ferro San Lorenzo Nueva Chicago, en Mataderos. Federico Higuaín había puesto en ventaja al Torito y Varea, a quince de final, batió al sin manos Vega y decretó el empate definitivo para el delirio de los floggers la parcialidad velezana. La titularidad le duró hasta la penúltima fecha, en la que Lanús cacheteó al equipo de Liniers y lo derrotó por 2 a 0. La despedida quedó para la última fecha, en casa, ante River. Esa vez ingresó en lugar de Mauro Zárate a los 30 minutos del primer tiempo.
Lo que parecía ser el principio de la continuidad terminó siendo el principio del fin. Después de pasar seis meses colgado pasó a Social Español (2007). En el Gallego no tuvo un gran rendimiento y, como buen baldosero de ley, en el verano de 2008, armó las valijas y emprendió viaje a Colombia. Allí, junto a otro ex Vélez como Junior Ischia, defendió los colores del Depor Jamundi en el ascenso cafetero y fue dirigido por el Patrón Jorge Bermúdez.
En septiembre de 2008 regresó al fútbol local para romperse el lomo en el Torneo Argentino A enfundado en la camiseta de Central Córdoba de Santiago de Estero y desde mediados de 2009 es una de las figuras del NK Široki Brijeg de ¡Bosnia y Herzegovina!, donde obtuvo el premio al mejor jugador extranjero de la temporada pasada.


(Gracias Mero)

Andrés Eduardo Redondo. Mediocampista argentino. Jugó entre 1971 y 1982.

Damián Oscar Luna
No tenía la pegada del Canario, ni el poder de gol del Chino, tampoco estaba bueno como Silvina, pero así y todo, Damián Oscar Luna se las ingenió para jugar un buen rato en la Primera División con los colores de dos equipos grandes.
Con apenas 17 años, de la mano de Rubén Darío Insúa, debutó como volante en San Lorenzo de Almagro, en un partido ante Olimpo de Bahía Blanca correspondiente al Apertura 2002. En 2003 parecía que la iba a romper, se ganó la titularidad y la convocatoria para la selección sub 20 que se preparaba para el Mundial de Emiratos Árabes. Pero quedó afuera.
En el Ciclón, donde había hecho todas las divisiones inferiores, estuvo hasta mediados de 2005 y jugó bastante: 65 partidos y convirtió 6 goles. Por torneos internacionales (ganó la Sudamericana en 2002) disputó otros 14 encuentros y marcó una vez. Su último partido en Boedo fue en febrero de 2005, ante Boca. Esa tarde se rompió y, desde entonces, su carrera se desmoronó. Volvió algunos meses más tarde, en Reserva ante River, pero sufrió una nueva rotura de meniscos en su rodilla derecha que lo marginó una vez más de las canchas.
En medio de una larga recuperación, a mediados de 2006, quedó libre y fue comprado por Independiente. En Avellaneda intentó reflotar su carrera, que alguna vez supo ilusionar a más de uno, pero no pudo. Recién logró debutar en el Clausura 2007 y hasta su despedida, a fines de 2008, apenas sumó otras 8 presencias a su curriculum.
En el verano de 2008, cuando ya habían pasado por el banco Burruchaga, Santoro y Troglio, Lunita se despachó: «Pasa el tiempo y es peor para todos. Que no juegue no le conviene al club ni tampoco a mí. Me desvalorizo como jugador. No me dieron la oportunidad de demostrar si estaba bien, si estaba mal, si podía rendir o no. Y diez minutos, o 15, no los considero una chance para saber si ayudás a tu equipo. No sé si llegué a completar 90». Se ve que ese día en Avellaneda nadie compró el diario, porque, como ya dijimos antes, Luna durante ese año casi ni jugó.
En enero de 2009, sospechado de tener un pasaporte trucho, cruzó la Cordillera de los Andes y se sumó a otro grande: la Universidad Católica de Chile. Debutó en un amistoso antes Olimpia de Paraguay y mostró algunas cosas interesantes. Cuatro meses después, lo de siempre: bajo rendimiento y pelea con el técnico Marco Antonio Figueroa, que responde al mágico apodo de Fantasma. «Ya no aguanto más a este tipo, ya no lo banco. No dice las cosas a la cara, no trata bien a los jugadores y las cosas te las enteras a través de la prensa. Él nunca va de frente. Además, para mí, es alguien que no le ha ganado a nadie», dijo Chilavert Luna. Obviamente, el que se alejó del club fue él.
En agosto armó el bolso y se fue a Brasil. Los dirigentes del São Caetano, de la segunda división, lo habían visto en su veranito de partidos buenos con la Católica y compraron un buzón. Eso sí, no fueron tan boludos. «Esperamos a que terminara su contrato con Independiente para empezar las negociaciones», explicó el presidente del equipo paulista, Nairo Ferreira de Souza. Así, Luna se convirtió en el tercer extranjero en vestir la camiseta de ese club, detrás los colombianos Kilian Virviesc*s y un tal Martín.
Mientras tanto, Lunita vendió un poco de humo: «Quiero hacer historia en el São Caetano. En Argentina siempre escuché hablar bien de este equipo, que es reconocido por haber llegado a la final de la Libertadores en 2002». Un puñado de partidos fue el saldo de la excursión de Damián Luna por Brasil, que no dejó una buena huella. Bueno, en realidad sí la dejó, pero en la humanidad de Max Carrasco, del Ipatinga, a quien le pegó una linda patada que lo obligó a salir de la cancha. Luna, obvio, vio la roja ante la atenta mirada de los 867 hinchas que estaban en el estadio Anacleto Campanella.
A fines de 2009 rescindió el contrato, que era de dos años, y regresó a la Argentina. En el segundo semestre de 2010, luego de analizar ofertas de Almirante Brown, Atlético Tucumán, Olimpia de Paraguay y el fútbol boliviano (de donde lo habían tentado años atrás, y donde jugó su padre, Sergio Oscar), volvió al club de sus amores, Nueva Chicago, para disputar la Primera B Metropolitana.
La aparición del diario deportivo Olé, allá por 1996, obligó a los directivos de la ya por entonces venida a menos revista El Gráfico a modernizarse para pegar un golpe de efecto y recuperar los lectores perdidos. El primer intento fue un cambio general de formato y diseño que no dio resultados y que encima frustró a los coleccionistas. El segundo manotazo de ahogado, tan efímero como olvidado, fue un periódico que cubría la fecha del fin de semana. Aquí el recuerdo:

Diario durante el Mundial
Todavía en manos de la Editorial Atlántida y conciente de su histórica relación con los mundiales de fútbol, la revista trató de no perder terreno en su especialidad y preparó para Francia ’98 una novedad en cuando a publicaciones: un diario a todo color, con papel de revista y al módico precio de $1. Así fue como el martes 2 de junio de 1998 salió a la luz El Gráfico – Diario del Mundial, con una gran promoción en la que uno podía juntar cupones y canjearlos por un gorro arlequín. Para pegarse un tiro en las bolas.
Con un estilo mucho más desenfadado que lo habitual (Olé le había sacado varias cabezas en ese aspecto) y sacando provecho de su inmenso archivo de imágenes, El Gráfico en su versión diaria cumplió con el objetivo de cubrir el Mundial hasta el último día. Pero habría más.
Sólo los lunes
La vieja costumbre de comprar la revista los martes estaba en desuso. ¿Para qué esperar tanto tiempo si el lunes se podía tener un diario deportivo mucho más económico y completo? Fue así como los popes de El Gráfico (ya perteneciendo a Torneos y Competencias) vieron viable la posibilidad de continuar con el mismo formato del Diario del Mundial, aunque sólo para los lunes. La idea era clara: competir con Olé.
Durante el último semestre de ese año y los primeros meses de 1999, los futboleros que no le hacen asco a nada (?) tuvieron la oportunidad de leer una copia del Olé bajo el nombre de El Gráfico. Entre sus secciones más afanadas afamadas, estaban El Picadito, El Gaste y la revolucionaria (?) Un día como hoy. Las tapas, como siempre, estaban dedicadas en su gran mayoría a Boca y River, aunque en las páginas interiores también le daban cabida al resto de los equipos de Primera División e incluso a otros deportes como el rugby, el tenis y el boxeo.
Para las últimas semanas de vida, quizás presagiando el final, la publicación bajó considerablemente la calidad del papel, resignando el único punto a favor que tenía. Si hasta el nombre perdió y terminó llamándose El Equipo de El Gráfico. Eso sí, a sólo $1, porque si algo protegieron siempre los de Torneos fue el bolsillo de su público (?).