Sánchez Laudari Rafael
Rafael Sánchez Laudari (el Rafa)
Nacido el 16 de diciembre de 1974 en Zapala (Neuquén), el Rafa sobrevivió a la escasa competividad de su pueblo escapando a Buenos Aires, donde se probó y quedó en las divisiones menores de Boca Juniors. Y allí, en la Capital, iniciaría su carrera baldosera.
En 1991 ya se ilusionaba con la posibilidad de debutar en Primera mientras jugaba como marcador central en la selección argentina Sub 17 de Mostaza Merlo, junto a Raúl Sanzotti, Gustavo Lombardi, Ricardo Castellani, Rodolfo Arruabarrena, Juan Sebastián Verón, Silvio Rivero, Christian Akselman, Claudio Husaín, Norberto Alonso, Luciano Oliveri, Rubén Bernuncio y Diego Comelles, entre otros.
Sin embargo, el soñado estreno en la A nunca llegó. Se tuvo que conformar con actuar en el ascenso y en el exterior. En el under nacional actuó, por ejemplo, para Nueva Chicago (1996 a 1999), Cultural Argentino de La Pampa (2001), San Telmo (2001/02) y Maronese de Neuquén. Afuera, se calzó las casacas de Independiente Santa Fe y Atlético Huila (1999) de Colombia.
Ya en su rol de director técnico, condujo al Club Maronese (jugó el Torneo del Interior y el Argentino B) hasta que el salió una oferta de laburo en la Municipalidad de Zapala y se tomó la pala el palo. No rima pero es la pura realidad (?). En su ciudad, además de haber sido DT de Unión, es Subsecretario de Deportes, recreación y tiempo libre.
Duda existencial Nº 73
Pereyra Miguel

Miguel Ángel Pereyra
Un mes después del descenso y ya con el cartelito de equipo de la B bien colgado, Racing tuvo que levantar cabeza y tratar de armarse lo más dignamente posible para jugar la Copa de Oro en Mar del Plata. Por eso, el sábado 14 de enero de 1984 salió al estadio Minella a jugar contra Boca y, para qué negarlo, a exponerse a todo tipo de cargadas. Y como si el tema del descenso no alcanzara, el arquero elegido aportó lo suyo. La historia cuenta sobre tres goles de Boca en la primera media hora y una noche negra de Pereyra en el arco de Racing. Pero hubo algunos atenuantes.
Miguel Pereyra, arquero uruguayo de 29 años y procedente de Defensor, arribó a la Argentina ese mismo sábado 14 de enero por la tarde, junto a Daniel Ocampo e Italo Ortiz. Y su llegada fue pura y exclusivamente por esa noche, ya que tenía que volverse de raje a Uruguay porque Defensor tenía un partido importante por la Liguilla. O sea, la misión era atajarse la vida ante Boca, convencer al técnico Jorge Castelli y ganarse el arco de Racing. Nada de esto pasó.
La Academia formó con Pereyra, Veloso, Williener, Castello, Juan Solari, Caldeiro, Rotondi, Leiva, Matuszyckz, el Gaby De Andrade y Ocampo. Y su destino empezó a quedar sellado desde los ocho minutos, cuando la suerte evidentemente le hizo saber que no sería su noche. Un tiro de lejos de Carlitos Mendoza, se desvió en la cadera del Gallego Vázquez, lo descolocó y puso el primer palo en la rueda de Pereyra. A partir de ahí, el arquero fue puro nervio y sus fallas empezaron a ser cada vez más groseras.
Mouzo a los 29 y Pasucci a los 42 le cabecearon en sus narices y ya no hubo forma de remontar la cosa. Promediando el segundo tiempo, cuando finalmente descolgó su primer córner, las dos hinchadas se unieron en un fuerte aplauso. Lapidario.
Sobre el final, demostró que no sólo el juego aéreo era un problema. Salió todo desarmado en un mano a mano con Ramón Viera y Krasouski puso cifras definitivas para el Boca 4 – Racing 2. Su oportunidad ya había pasado.
Y cómo habrá sido la cosa que en los mismos vestuarios del estadio marplatense, algunos rivales quisieron tirarle un salvavidas. Y arrancó el Gallego Vázquez: «…se la desvié completamente al otro palo. El arquero fue a la dirección lógica pero quedó totalmente descolocado. Pese a todo, hizo un gran esfuerzo por recuperarse y alcanzó a tocarla…». Trató de remarla el Loco Gatti, pero mucho no pudo ayudar: «…ese muchacho tuvo mucha mala suerte. El primer gol es una desgracia y eso lo puso muy nervioso. En ese estado, un jugador no puede mostrar sus condiciones, sobre todo cuando la gente lo empieza a cargar. Eso destroza a cualquiera. Como arquero, lo que le pasó a Pereyra, me dolió mucho…».
Pero el respirador artificial (?) lo desenchufó ipso facto el mismísimo técnico de Racing: «…yo comprendo que una mala noche no es suficiente para juzgar a un jugador. Pero, con todo lo que puede tener de injusticia, tengo que decidirme urgentemente y en el caso de Pereyra, su prueba fue negativa….». Game over para Pereyra.
De todas maneras, el ex suplente de Rodolfo Rodríguez en Nacional de Montevideo, se hizo cargo su único partido en el fútbol argentino, no sin antes tirar una bombita a sus nuevos pero ya ex compañeros: «…la verdad que es muy difícil debutar en un equipo juvenil con muy poco trabajo, sin conocer a tus compañeros. Además estamos todos para defender, no solo el arquero…».
Chacarita mal parchado Mitre 2003
Mal cosido, a lo Frankenstein. Así salió a la cancha Chacarita en el Apertura 2003, tratando de tapar el inmenso logo de su viejo anunciante, Cirsa, con un parche tricolor de líneas irregulares y la marca de su sponsor técnico, Mitre, en el pecho. Como se puede observar, las costuras no eran para nada delicadas y el grueso de los bastones blancos no coincidía con el diseño original.
Alassia Pablo

Pablo Alassia
El fútbol es un método de catarsis, una forma de escaparle al psicólogo y olvidar los problemas por 90 minutos sólo puteando al peor jugador del equipo, al árbitro, a los dirigentes o al técnico del equipo rival. Los hinchas suelen ser muy crueles. Ya lo sabemos. Entonces imaginen lo que debe ser para un pibe que lo bastardeen hasta en un juego como el Football Manager. Un bajón.
Eso mismo le pasó a Pablo Alassia, un defensor de la categoría ’85 de Independiente que (en la vida real) intentó jugar un rato en la Primera y no pudo y que al parecer tampoco era bueno en los videojuegos. «Vendelo como puedas. Se lo di al São Caetano por Leandro Lima» dice sobre Alassia un jugador de Football Manager en un foro. Demoledor.
Después de dos pretemporadas con los grandes, en las que conoció a Rubén Salina, Tomás Charles, Leonel Bottaro, Leonardo Pekarnik, Maximiliano Vallejo, Román Gnochi, entre otros, y en las que no sumó ni un minuto, Alassia armó las valijas. Se tomó el bondi y se bajó en Gerli. Con la camiseta de El Porvenir (2004/2005 y 2006 a 2008) se curtió bien en eso de bajar categorías de un hondazo. Arrancó en la B Nacional y terminó en la Primera C.
En 2008 estuvo cerca de firmar con Cañuelas, pero el pase quedó en la nada. A comienzos de 2009 reapareció en el torneo Argentino B, defendiendo los colores de Deportivo Coreano. Desconocemos cómo terminó esa partida de Football Manager, pero al menos el que la armó hizo negocio. Hasta hace unos meses Leandro Lima jugaba en Cruzeiro y Alassia nadie sabe dónde anda.






