



Marcelo Javier Benítez
Haber disputado 4 partidos en Primera División sin haber perdido debería ser, para un baldosero, un orgullo digno de condecoración. Y mucho más para un jugador del Racing de los 90’s. Ese es, de alguna manera, el rasgo distintivo de Marcelo Benítez, un marcador central surgido en el club Liebig de Colón (Entre Ríos), que llegó a La Academia con edad de Quinta División.
Tras haber ido al banco de suplentes de Primera en un par de partidos bajo la tutela de Juan Carlos Oleniak, finalmente debutó de la mano de Perfumo, el 12 de junio de 1991, en la victoria 1 a 0 ante Newell’s con con gol del Beto Ortega Sánchez, de penal. Después, vendrían otros 3 empates para sumar a su currículum.
En 1992 pasó al fútbol uruguayo pero mantuvo los colores, ya que vistió la camiseta de Cerro. Tras 12 encuentros, volvió al país actuar en Douglas Haig de Pergamino, donde apenas fue al banco en una oportunidad y no le quedó otra que irse.
Luego, en Concepción del Uruguay, Benítez encontró el lugar para mostrarse con regularidad. Disputó el viejo torneo del Interior para Gimnasia y Esgrima (1993) y después de quedar eliminado bajó hasta la liga local para jugar en Atlético Uruguay durante un par de años. Gimnasia lo repatrió en 1995 para el Argentino A y con ese equipo logró el ascenso, ganándole la final provincial a Patronato de Paraná.
La experiencia en la nueva categoría con los entrerrianos, sin embargo, le duró poco. Se fue al descenso en la temporada 1996/97 y pasó a Godoy Cruz de Mendoza (1997/98). Sus últimos años, lejos ya de las grandes campañas en el ascenso, se remitió a los torneos locales y regionales con Atlético Uruguay y clubes de la localidad de Colón como Sauce, Campito (?), Defensores y San José.
En el 2007 abandonó el fútbol y se dedicó a la dirección técnica. Hoy, con casi 40 años, 2 hijos y una hermosa familia, trabaja en su propia distribuidora de bebidas y sigue jugando en torneos seniors, algo que nunca nos hubiésemos enterado si el mismísimo Marcelo Benítez no hubiera tenido tanta buena onda para contarnos su historia por mail.
Y hay que decirlo. Tuvo suerte que antes no encontráramos una foto suya, sino sólo hubiésemos puesto «es un muerto que jugó 4 partidos en Racing«. Y a lo mejor no estaríamos mintiendo (?).
El drama de vivir sin fútbol en el receso que se produce entre un campeonato y otro provoca que la gente ingrese en estado desesperante y apele a cualquier espectáculo deportivo que se parezca a un partido por los puntos, así sea una copa de verano o el showbol, para tratar de saciar su sed.
En ese contexto surgieron en la Argentina, allá por mediados de los 90’s, los torneos amistosos con encuentros de 45 minutos. ¿Lo qué? Sí, jornadas futboleras con al menos 3 equipos que intentaban ganarse la gloria (?) en partidos de un sólo tiempo.
La extraña modalidad, supuestamente importada de Europa, tenía otras características inusuales, además de la escasa duración del juego. En caso de igualdad, los equipos definían el match con ¡tiros desde el córner! Sin arquero, claro.
La empresa Telemarket organizó en 1993 la Copa Libertad en la cancha de Huracán. Con transmisión de Canal 9, el domingo 17 de enero de ese año se enfrentaron Nacional de Montevideo, Newell’s y el club local.
Aquí el detalle gracias a la colaboración del periodista Diego Jolodovsky:
Huracán 0 – Nacional 1 (8′ José García)
Newell’s 0 – Nacional 0
Huracán 1 – Newell’s 3 (39′ Leiga / 13′ Mendoza, 28′ Pochettino y 36′ Ruffini).Definición por córners:
Para Nacional: José García y Vidal González (arriba del travesaño), Wilson Núñez (gol).
Para Newell’s: Zamora (pegó en el palo), Llop (arriba del travesaño) y Saldaña (no convirtió).Los uruguayos ganaron el torneo por goles olímpicos. El único que convirtió con un remate desde el tiro de esquina fue Wilson Núñez, delantero que en Argentina jugó para Mandiyú y Deportivo Español.
Estadio: Tomás A. Ducó
Público: 2000 espectadores.
Al año siguiente, la empresa que organizaba (y que sigue organizando) los torneos veraniegos decidió rajarse de Mar del Plata y llevar el fútbol a Mendoza. Así fue como la ciudad costera se quedó sin uno de sus atractivos y tuvo que recurrir a un triangular con partidos de 45 minutos. El Gráfico, en aquel febrero de 1994, publicó lo siguiente:
El mini torneo entre Alvarado, Yokohama de Japón y Newell’s, fue ganado por los marplatenses, que bajo el mando de Menotti se preparaban para uno de los mayores fiascos de su historia.
Los Leprosos, mientras tanto, ya parecían experimentados en la materia y provocaban entusiasmo. Y no sólo por su gran tirador de córners, Julio Zamora, sino también por Diego Maradona, jugador que pese a integrar el plantel jamás se presentó al triangular ni al amistoso ante Vasco Da Gama unos días antes (foto), en lo que fue el inicio de la famosa desaparición pública que terminó con los balinazos en la quinta de Moreno. Pero esa es otra historia.
Los torneos con partidos de 45 minutos y definición desde el córner en caso de empate, pasaron a mejor vida y casi nadie los extraña. Pero qué bien vendrían en épocas de pretemporada.
Bajo el lema «Asado Baldosero» tuvo lugar ayer, en las ciudad de Buenos Aires, un encuentro más de los habitualmente organizados por el foro de En Una Baldosa (a esta altura, con una vida propia paralela al resto del sitio). El partido planeado en cancha de 11 lógicamente se suspendió por la lluvia, pero eso no detuvo las ganas de los foristas que se trasladaron hasta un estadio techado que, como pueden apreciar, no soportó tantos piedras juntos (?). Una de las canaletas desbordó y de milagro el chorro de agua no impactó sobre el cuerpo de los asistentes, lo que comprueba que el partido se jugaba en las dos áreas (?).
Para más información e imágenes, pueden dirigirse al tópic correspondiente en el foro. ¡Salud y que se repita!

En 1979 San Martín de Tucumán recibió a River, por el Campeonato Nacional. El conjunto que dirigía Ángel Labruna, como se acostumbra en el visitante, llegó a la ciudadela con un solo juego de camisetas: la clásica blanca con la banda roja. El local, para diferenciarse de su rival, tuvo que recurrir a un inédito juego de camisetas verdes, sin el escudo pero con el logo de Adidas. Eso si, para completar el mamarracho las combinó con los pantalones y las medias habituales, blancas con vivos rojos. No sería la última vez que el Santo adoptaría una camiseta verde, ya que en los 90’s usaría una alternativa del mismo color.

Peter Hrstic. Mediocampista austríaco. Jugó en los 80’s y los 90’s.

