Morales Eduardo

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Eduardo José Morales

Eduardo como el Feinmann malo y José como el Feinmann menos malo (?), no tuvo otra que comprar doble moral y por eso el apellido le quedó pintado. En el fútbol, claro, eso le sirvió poco.

Mediocampita integrante de una exitosa camada de Newell’s Old Boys, salió campeón en inferiores teniendo de compañeros a figuras como Diego Bustos, Hernán Sperandío, Daniel Faggiani, Rodolfo Aquino, Miguel Abrigo, Andrés Malvestitti, Bruno Giménez Marioni, Andrés Yllana y Gonzalo Belloso (sí, sí, el ídolo y dirigente de Rosario Central).

Luego llegó a Primera División pero le costó ubicarse. Debutó como titular en una derrota 2 a 0 ante Racing, en el Clausura ’94. A eso le agregó partidos salteados hasta el Clausura ’96, cuando se despidió con un duro y adverso 4 a 1 frente a Lanús. En total, disputó 10 partidos con la camiseta rojinegra y partió con rumbo desconocido.

Hoy, como diría el Feinmann menos malo, un pelotudo que escribe en un bloc (sic) los agrede con su mala prosa y les trae la historia de Eduardo José Morales, un olvidado volante que seguramente, como diría el Feinmann malo, tiraba la pelota afuera a propósito.

Viera Ramón

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Ramón Obdulio Viera

Si tomamos en cuenta el plantel que tenía Boca en 1984 y el rival con el que le tocó debutar, podemos estar seguros que el destino no sólo le guiñó un ojo a Ramón Obdulio Viera, sino que le guiñó los dos y hasta lo palmeó en la espalda mientras le decía “vamos pibe, vamos que podés”. ¿Por qué decimos ésto?

Porque nuestro homenajeado, delantero de 20 años, veloz y nacido en Misiones, cayó a prueba en el Boca del Zurdo López a principios de 1984. Y la noche del 14 de enero, su presentación en sociedad, fue en Mar del Plata por la Copa de Verano y ante un Racing que puso lo que tenía a mano mientras pensaba los refuerzos para encarar la tortura de la Primera B.

Como evidentemente los astros estaban alineados a favor del misionero, faltando algo así como 25 minutos para terminar el partido, Sergio Giachello sintió una molestia. Así que el combo se completó con su ingreso, un par de piques electrizantes y sobre la hora la frutilla: enorme gambeta al arquero de La Academia y pase gol para que el uruguayo Krasouski sentenciara el triunfo 4 a 2.

Con pasado de inferiores en Ferro y algo de rodaje en San Telmo, semejante estreno no sólo le hizo pasar la prueba sino que casi le abría las puertas de par en par para ganarse un lugar. Pero no, más bien todo lo contrario. Boca quedó eliminado en primera fase del Nacional, arrancó pésimo el Metro, el técnico renunció y la llegada de Dino Sani lo hizo retroceder a fojas cero.

Tan a fojas cero que en el resto de ese oscuro año y con un campeonato largo por delante apenas jugó 3 partidos oficiales. Cantó presente en el 2 a 2 con Platense en cancha de Vélez, el día que López Turitich le atajó un penal a Morena y luego en las pardas 0 a 0 con Racing de Córdoba y 1 a 1 con River haciendo de local en el Monumental. Esa lluviosa tarde y con Boca en ventaja 1 a 0, Dino Sani lo sacó en el entretiempo para meter a Stafuzza y reforzar la trinchera. Claro que la jugada no salió del todo bien si tenemos en cuenta que el 1 a 1 final llegó con gol de Stafuzza en contra.

Correteó en algunos amistosos de los muchos que jugó Boca en el interior y voló tras finalizar la temporada. Su trayectoria siguió hasta donde sabemos en Central Norte de Salta, Instituto y Bolívar de La Paz, en el fútbol boliviano.

(Publicado casi (?) en simultáneo con Imborrable Boca)

Boca 2 – Sevilla 3

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Sin que nadie lo sospeche, flor de bombita explotó a mediados de septiembre de 1992 en una radio y durante una inocente (?) entrevista telefónica en la que Maradona reflexionaba sobre el 0-0 entre Boca y Ferro por el Apertura. De pronto, de la nada, el siguiente diálogo:

Niembro: “…Diego, ¿volvés y jugás ante Boca en octubre?…”.

Diego: “…si tengo que jugar contra Boca me muero…”.

Niembro: “…pero hay algunas gestiones para jugar un amistoso…”.

Diego: “…no hay inconvenientes. Pero que todos vayan sabiendo una cosa. Ese día, yo me pongo la camiseta de Boca…”.

De más está decir que de ahí en adelante fue todo pura adrenalina para organizar la logística y llevar a la práctica un acontecimiento que llevaba once años de espera. Ver a Diego ponerse nuevamente la camiseta de Boca durante un partido.

Pero mientras todo era ansiedad, existió gente que se frotó las manos con la cabeza fría que se encargó de llevar las gestiones a buen puerto. Nos referimos a la empresa Telemarket SA, encargada de contratar al Sevilla y acomodar los calendarios para no descuidar dos detalles claves: uno, la marcha de Boca en el campeonato local. Y dos, el fin de la suspensión impuesta al Diez por la Federación Italiana de Fútbol.

Entonces teniendo en cuenta que el fin de semana del 17 y 18 de octubre no hubo fútbol en la Argentina a raíz de un cuadrangular de la Selección en Arabia Saudita, se armó todo a los piques para que el lunes 12 feriado, y el miércoles 14, Boca y Sevilla jueguen partido y revancha. La excusa fue lo de menos: una copita bautizada Trofeo V Centenario.

Tras la victoria sevillana 3 a 1 en el primer partido que se jugó en el Chateau Carreras se confirmó la noticia esperada por todos: el Diez jugaría un tiempo para cada equipo. Así, el miércoles 14 de octubre en la Bombonera fue el momento esperado y Boca alistó titulares para la cita de lujo: Navarro Montoya, Chiche Soñora, Medero, Giuntini, Mac Allister, Magoo Pereira, Giunta, Tapia, Carranza, Saturno y Manteca Martínez. Diego jugó el primer tiempo para el Sevilla y se fue a los vestuarios rapidito tras los el pitazo del Orejón Crespi. El partido estaba 1 a 1 con goles de Suker y Manteca Martínez y la salida para la segunda hizo temblar el piso. Afuera la Larva Saturno y adentro, con la diez, Maradona. Sin embargo, rápidamente se puso en ventaja el Sevilla y así estuvieron las cosas hasta al minuto 55, momento en que gracias a un regalito en el arco que da al Riachuelo, Diego puso con un toque suave el 2 a 2 transitorio.

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Más tarde hubo un tercer gol del Sevilla, pero la derrota final 2 a 3 no pudo hacerle ni siquiera sombra a la fiesta de la gente en las tribunas y de los jugadores en el campo de juego. Hubo pilas de colados, periodistas y fotos sacadas a mansalva desde todos los ángulos para tratar de dejar inmortalizado el momento histórico en que Maradona volvió a jugar para Boca.

Vélez tricolor 1982/83

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Si bien desde 1993, con la llegada de Umbro, nos acostumbramos a ver a Vélez Sársfield luciendo los colores de la bandera italiana en homenaje a uno de sus primeros uniformes, fue bastante raro a comienzos de los 80’s ver al Fortín con una camiseta verde, blanca y roja. El que se arriesgó con semejante jugada fue Sportlandia (el gran logo no deja dudas), nada más y nada menos que en un clásico ante Ferro, donde no hacía falta cambiar la indumentaria. Es más, el uso de pantalones blancos por parte de los dos equipos hizo todo mucho más confuso.

Perea Jafet

Jafet Junior Perea Peña

Podría decirse que en Centroamerica Sudamérica el dalobucaramismo (?) es un estilo de vida. El hijo de Abdalá Bucaram hizo escuela y otros «hijos de» puta lo siguieron en eso de sacar chapa con su apellido sin tener mucho talento. Es el caso de Jafet Junior Perea Peña, un ignoto colombiano que llegó a Quilmes en octubre de 2003, por la lesión de Damián Domínguez (que no era el Chori).

Hijo de Édgar José Perea Arias, conocido relator, ex senador y actual embajador del país cafetero en Sudáfrica, el morocho (desconocido hasta en su tierra natal) traía consigo un dudoso prontuario que, aparentemente, incluía un pasado por la Sub 20 y el Deportivo La Paillia.

En el Cervecero no jugó ni un segundo, pero conoció a una parva de baldoseros como Leandro Evangelisti, Gabriel L*b*s, Gastón Beraldi, Arturo Norambuena y Pablo Bastianini, entre otros. Desde su salida de la zona sur, tan desapercibida como su llegada, costó seguirle el rastro. Pasó por Llaneros de Venezuela (2004/2005) y volvió al sur del continente en el primer semestre de 2006, para vestir los colores de Villa Española de Uruguay. Un brevísimo paso por el Córdoba del ascenso de su tierra natal en la otra mitad de ese año fue suficiente para que se diera cuenta que su carrera en el fútbol, al menos dentro del campo de juego, estaba terminada.

Ahora, ya fuera del verde césped, mientras actualiza su estado de Facebook y se une a grupos a favor de su viejo, se las rebusca como representante de Perea Sport International.

De Área Chicas al altar

cobellivives

Repasamos los hechos más importantes del mundo baldosero en los últimos días:

– ¿Vieron?, giles (?). Nadie daba dos pesos por estos dos muertos de hambre lindos seres. Pero el amor es más fuerte y Sebastián Cobelli se casó con Fernanda Vives, en una fiesta donde no faltó nadie. Bah, sí, Luciana Aymar (?). Lo que nos asusta un poco es que a Cobelli le dicen Gordo, jugó en Talleres, se relaciona con minas que salen en TV y aparece mucho en la Baldosa. Ya sabemos cómo termina ésto: reality show y pelea por mail.

– ¿Se acuerdan de Sergio Diduch? El ex Boca, que tiene una burra con su nombre (?), volverá a vestir la camiseta de Flandria, como en la temporada 2003/04.

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– Se terminó la participación argentina en el Mundial y tratamos de encontrar piedras culpables. Ante la falta de Giordano, nos quedamos con la imagen de Luciano Bergonzi, aquel ex Newell’s que se hizo conocido en este sitio por haber puesto en venta un departamento y aceptar soja como pago. Parece que Luchi (?) visitó la concentración albiceleste y recordó viejos momentos con sus antiguos compañeros.

– Otro que anduvo por Sudáfrica (y dando la nota) fue Javier Novarini, ex defensor de Gimnasia que ya en 2006 robó cámara en Alemania por su gran parecido (?) a Francesco Totti. Bue, ahora el robo supuestamente lo tuvo como perjudicado, porque viajó como traductor (!) de Hinchadas Unidas Argentinas y un cana le terminó afanando un celular y un iPod. ¡Qué mala suerte!

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