Diego Alejandro Segovia
Hay jugadores que tienen todas las condiciones para progresar y llegar a Primera. Y otros, aunque las tengan, no tienen la fortuna necesaria para alcanzar el objetivo. Es el caso de Diego Alejandro Segovia, marcador de punta derecho (también marcador central), integrante de la gloriosa categoría 1969 de Argentinos Juniors que dio a jugadores de la talla de Fernando Redondo y el Negro Cáceres, salió cuatro veces campeón en inferiores y obtuvo el único título de Reserva en la historia del Bicho.
Sin embargo, siempre estuvo tapado en su puesto. Cuando aún no tenía edad de Primera, su lugar era propiedad de Carmelo Villalba y, eventualmente, del suplente, Fermín Valenzuela. En la zaga central, aún estaba José Luis Pavoni y también alternaba Héctor Cejas. Cuando Villalba, Valenzuela y Pavoni dejaron el club, a mediados de 1988, las chances de Segovia parecieron crecer. Pero en el gran recambio producido para la temporada 1988/89, el puesto de lateral derecho fue cubierto inicialmente por Rubén Darío Plumero Gómez y, cuando éste no jugaba, lo hizo Jorge Gáspari. Además, como marcador central derecho se afirmó Fernando Cáceres, convirtiéndose en titular indiscutido.
En la temporada siguiente, la 1989/90, llegó su gran chance. En su último año como amateur, era a todo o nada. La llegada de Luis Malvárez para cubrir el lateral derecho le restó posibilidades, pero el buen rendimiento del equipo en la Supercopa de 1989 (Argentinos llegó hasta semifinales) hizo que, en la previa de la penúltima etapa del torneo internacional, tuviese su debut. Fue por la 14º fecha, en la derrota 2 a 1 ante Platense, en Vicente López. En ese encuentro debutaron también Carlos Javier Netto y Gabriel Alejandro Marino, quien, como Segovia, tuvo debut y despedida aquella tarde.
Previo al debut había estado cuatro veces en el banco de suplentes y tras su bautismo de fuego, una vez más como relevo. Al final de la temporada quedó libre sin haber firmado primer contrato y decidió probar suerte en el ascenso. Lo intentó en el Nacional B para Deportivo Morón, pero en todo el año sólo pudo jugar 1 encuentro. Para la 1991/92 bajó una categoría más y buscó su chance en All Boys, pero tampoco fue afortunado.
Abandonó entonces tempranamente el fútbol y se dedicó a trabajar relacionado con familiares de compañeros de su categoría de inferiores.
Esta es una muestra más que para el fútbol no sólo hay que tener condiciones, sino también suerte.
(Publicado en simultáneo con «¿Te Acordás Bicho?«)








