Gutiérrez Daniel

gutierrezdaniel

Daniel Ernesto Gutiérrez

A comienzos de los 90’s poco se sabía de él. Las publicaciones de la época lo describían como un volante por derecha con dinámica y manejo que intentaba hacerse un lugar en el mediocampo de River Plate. Pero no mucho más.

Había debutado el 2 de septiembre de 1990, como titular, en la victoria 2 a 1 ante Talleres de Córdoba con goles de Leonardo Fernández. Ese mismo año entró en un clásico ante Racing que terminó 1 a 1 (volvió a anotar el baldosero Fernández) y también jugó desde el arranque los dos choques ante Olimpia de Paraguay por la Supercopa, donde los Millonarios quedaron eliminados a pesar de haber ganado 3 a 0 en el partido de ida. Sí, mucho antes del silencio atroz.

Al año siguiente, Gutiérrez siguió buscando su lugar y lo consiguió efímeramente, con un encuentro ante Independiente, por el torneo Clausura, donde compartió la mitad de la cancha con Juan José Rossi y Alberto Garay. También disputó 2 partidos de Copa Libertadores muy recordados: las caídas 4 a 3 ante Boca y 4 a 1 ante Bolívar de Bolivia.

Luego costó seguirle la huella. Dicen que, además de actuar para Defensores Unidos de Zárate, lo hizo para Técnico Universitario (1997) y Deportivo Cuenca de Ecuador (1998); y Carabobo de Venezuela (1999). Pero son datos que le agregan poco a una trayectoria que a nivel nacional nos dejó con ganas de más. A comienzos de la década del ’10 poco se sabe de él. Las publicaciones de la época ya ni lo describen.

Repartidos: Alemania 1 – Austria 0 en España ‘82

En teoría, un Alemania – Austria cerrando un grupo de primera fase en una Copa del Mundo jamás podría ser un repartido de esos que más nos caben. Pero como no siempre 2 más 2 es 4, en España ‘82 se dieron algunas circunstancias que hicieron de ese encuentro un arreglo bochornoso partido mucho más light que un picado entre pibitos de ocho años en el balneario Almejas de San Clemente. Pero empecemos por el principio.

El grupo B, con sede en Gijón y Oviedo, había juntado a Alemania Federal, Austria, Chile y Argelia. En la previa, la lógica ponía a los alemanes clasificados cómodos y Argelia partenaire y fuera de la conversación, mientras que chilenos y austríacos iban a tener que luchar por avanzar a segunda fase. Pero nada de eso pasó. Tras el quinto partido del grupo, triunfo de Argelia 3 a 2 sobre Chile, la tabla había quedado patas para arriba con Austria y Argelia primeros con 4 puntos, segundo Alemania con 2; y cola Chile con 0 y eliminado. Números que obligaban a la irregular Alemania a ganarle sí o sí a Austria para alcanzar las 4 unidades y poder avanzar de ronda al superar la diferencia de gol de los argelinos. Y lo que quedaba planteado casi como una final a muerte entre europeos, fue apenas un entrenamiento que duró diez minutos de puesta en escena y 80 de River – Argentinos Juniors papelón.

Luego de un arranque más o menos digno, los alemanes se pusieron arriba en el marcador con gol de Hrubesch a los diez del primer tiempo. Pero tras lograr el objetivo, la farsa quedó de manifiesto y fue tan alevoso que Austria no estaba dispuesta a empatarle a sus rivales, que los 41 mil espectadores presentes ese 25 de junio en el estadio El Molinón de Gijón, no quisieron ser cómplices de la estafa y promediando el partido estallaron en un canto de impotencia: mientras tronaba el “Ar-ge-lia, Ar-ge-lia…” miles de pañuelos blancos eran revoleados en clara señal de protesta por el evidente pacto para garcar bien garcado perjudicar a los africanos.

Mucho toque para atrás, tiros libres a las nubes, algún cambio de frente, un pelotazo a la cabeza de los centrales y vuelta a empezar. Los minutos finales fueron merecidamente acompañados por abucheos y una estruendosa silbatina de fondo. Viendo como venía la mano, el árbitro escocés Bob Valentine no adicionó nada, pitó el final a los 45 con 20 segundos y sepultó las esperanzas de Argelia. Y cómo habrá sido de mayúsculo el tongo, que la FIFA se vio casi obligada a tomar cartas en el asunto y decidió, a partir del Mundial siguiente, que los últimos dos partidos de cada zona se jueguen el mismo día y a la misma hora.

Deformaciones: Chile en España ‘82

chile1982

Tras no haber hecho bien los deberes para cruzar la Cordillera y jugar el Mundial de Argentina ‘78, la selección chilena tragó saliva y se puso en campaña para el Mundial de España. Y el operativo, llevado a cabo por una camada de jugadores que fueron figuras, fue coronado por una eliminatoria impecable en la que terminó invicta, con el arco propio en cero y clasificando de punta a punta dejando con la boca abierta a sus rivales directos, Ecuador y Paraguay.

Como si semejante perfomance no hubiese sido suficiente para elevar el optimismo de sus seguidores, el sorteo lo depositó en el Grupo B a jugarse en Oviedo y Gijón ante Alemania Federal, Austria y Argelia. La consideración general, hecha voz en el técnico Luis Santibañez, se encargó de vaticinar que había llegado el momento de que Chile llegase lejos en un Mundial, ubicándose entre los mejores del mundo. A priori, Alemania era partido perdido, el de Argelia ya estaba ganado y la lucha para pasar a la segunda ronda sería mano a mano con la ganable Austria. Todo en teoría, obvio.

Entonces ni queremos imaginar lo que habrá significado el tremendo mazazo del 17 de junio en el debut y derrota 1 a 0 ante los austríacos, con un penal desviado por Caszely incluido. Golpe de nocaut para un plantel que a esa altura llevaba un mes entero de concentración y que en 90 minutos pasó de espiar quién le tocaba en segunda ronda a tener el agua al cuello por un pequeño detalle: Argelia se mandó flor de batacazo y derrotó 2 a 1 a Alemania.

El agua subió del cuello a la nariz cuando tres días después: Chile cayó 4 a 1 ante los alemanes. El descuento de Moscoso sobre la hora cerró un baile infernal que incluyó tres goles de Rumenigge (el primero, un tirito desde la casa) y dejó a la Roja con un pie y medio afuera del Mundial y dependiendo de un milagro para avanzar de fase: golear a Argelia y esperar a que Austria derrotase a Alemania. Dos cosas imposibles.

El 24 de junio, en el estadio Carlos Tartiere de Oviedo, a los 35 del primer tiempo Chile ya caía 3 a 0 con Argelia. En el segundo tiempo hubo goles de Neira y Letelier pero la remontada no alcanzó ni para un empate. Por eso no hizo falta ver el arregladísimo definitorio partido entre Austria y Alemania un día más tarde. A armar las valijas y volverse para casa con cero punto.

En la foto vemos la formación que enfrentó a Alemania el 20 de junio de 1982 en Gijón. Arriba de izquierda a derecha: Wladimir Bigorra, Elias Figueroa, Valenzuela, Dubo, Lizardo Garrido y Mario Osben. Abajo: Patricio Yañez, Bonvallet, Gamboa, Gustavo Moscoso y Mario Soto. Harta decepción imaginamos en Chile al quedar eliminado una vez más en primera fase y ocupar el puesto 22, sólo superando a otras deformraciones como Nueva Zelanda y El Salvador por diferencia de gol.

En el placard: Costa Rica con 3 camisetas 1990

costarica1990

Desde hace un tiempo nos acostumbramos a que las selecciones que participan de un Mundial utilicen sus dos juegos de camisetas, y no necesariamente por una cuestión de sentido común, porque a veces ni siquiera hace falta cambiar la pilcha para diferenciarse del rival. El fútbol al servicio del marketing, en ese caso, es la explicación.

Pero el colmo del placard mundialista (?) se vivió en Italia ’90, cuando el seleccionado de Costa Rica utilizó 3 camisetas distintas. En su debut vistió una simple camiseta roja con cuello blanco y dejó la vergüenza para los escoceses. En el segundo partido del grupo, frente a Brasil, sacó a relucir un modelo similar al de la Juventus (se jugó en Turín) que, según entendidos, rendía homenaje a un viejo club costarricense. A pesar de la derrota 1 a 0, en el tercer encuentro volvieron a usar la casaca blanquinegra y lograron la clasificación a octavos de final gracias al triunfo 2 a 1 ante Suecia.

Cuando parecía que el conjunto tico ya estaba hecho, la gente de Lotto (seguramente la filial madre en Italia) dobló la apuesta y para el match con Checoslovaquia acercó otro juego de camisetas rojas, con cuello del mismo color y el logo bien distinto al utilizado en la presentación. Como se observa en las imágenes, hasta se usaron 3 pantalones distintos. Eso sí, las medias siempre blancas. Con algunas cosas no se jode (?).

Baldoseros: Ripke, el jugador 23 del ’86

jugador23del86

Gustavo Jorge Ripke

No gozó de la popularidad de Maradona, Valdano y Burruchaga, es cierto. Pero Gustavo Ripke también fue un futbolista que dio la vuelta olímpica en México 1986. Los libros y las frías estadísticas quizás no lo registren como un integrante de la Selección nacional, por eso es nuestro deber contar esta historia: la del jugador fanstama.

Gustavo Jorge Ripke no fue un improvisado ni mucho menos. Nacido en Santa Fe, se formó como volante por derecha en Boca Juniors y actuó con bastante regularidad en la Primera División de Colón de Santa Fe (94 partidos y 9 goles, entre 1971 y 1973). Antes, se había destacado como goleador en Arsenal de Lavallol (15 partidos y 10 goles en 1967) en el ascenso, donde también vistió los colores de Los Andes (20 partidos y 3 goles en 1975) y Aldosivi de Mar del Plata, ciudad a la que representó en el viejo Torneo Argentino, consagrándose campeón de 1970, luego de vencer a Mendoza en la final.
ripkefigurita
Ya retirado, Ripke siguió viviendo el fútbol de forma intensa, aunque ya en su rol de hincha. ¿Y cómo es que entonces llegó a alzar la Copa del Mundo con la camiseta argentina? Él mismo lo contó en un concurso de fotos que realizó el blog fabio.com.ar.

23del86

Pasculli, Maradona y la Copa

«Yo tuve una fractura de tibia y peroné, la cual me impidió seguir jugando al fútbol. Lo consideré la mayor frustración de mi vida, pero haber dado la vuelta llevando la Copa del Mundo junto al más grande, me compensó; la vida y el fútbol no me deben nada.

Como recordarán el resultado del partido fue muy cambiante. Cuando hizo el gol Burruchaga, pensé en saltar al campo de juego y hacerme pasar por un jugador, porque tenía puesta camiseta, pantalón y medias de la Selección, pero logré controlarme.

Eso sí, cuando Arpi hizo sonar el silbato, atravesé las plateas, salté un foso de 3 metros de ancho y comencé a correr. Incluso salté unos pupitres de periodistas que estaban detrás del arco de Pumpido, para abrazar al Diego.

Mi sueño se cumplió cuando pude llevar la Copa en forma conjunta con Maradona, él con su mano izquierda y yo con mi derecha ( escribo esto y aún hoy se me pone la piel de “ave” ja!). Además les comento que, para todos los demás era yo un jugador de la Selección Argentina, es así que conseguí llegar hasta los vestuarios y en ese momento hubiera pagado cualquier dinero para obtener un foto, pero todavía no habían permitido el ingreso de los periodistas o fotógrafos.

Así fue que tuve la oportunidad de abrazar, propiamente dentro del vestuario, uno por uno a los jugadores que, segundos antes, habían logrado ser los mejores del Mundo.

Fue memorable también mi regreso al campo de juego, (ya que no daba para bañarme en los vestuarios..ja! ). Ni bien pisé el césped, todos me venían a abrazar y sacarse fotos conmigo…y la mayoría me preguntaba «Vos quién sos ?»…y yo les respondía «eeeehh! ¿Cómo? ¿no me conocés?», y los dejaba con la duda.

Después inicié una breve corrida para llegarme hasta las plateas donde habían quedado mis amigos y vi que se había organizado, detrás de mí, una vuelta olímpica. No quieran saber las caras que pusieron mis ‘seguidores’ cuando me puse frente al sector de las plateas y volví a saltar el foso de 3 metros».

Fíjense en las revistas de la época, busquen entre las fotos de la consagración y ahí lo van a ver. A Gustavo Ripke, el jugador fantasma de México ’86.

Deformaciones: Canadá (1986)

En la previa de Copa del Mundo de 1986, la gran incógnita fue el seleccionado de Canadá, que inesperadamente se había adjudicado la plaza de la CONCACAF, ganando la fase final por encima de Honduras y Costa Rica.

Una vez en el Mundial, le tocó integrar el Grupo C junto a tres selecciones europeas: Francia, Hungría y la Unión Soviética. Su director técnico, Anthony Waiters, era optimista a pesar de lo complicado que pintaba el panorama: «Aunque todavía nos falta recorrer camino, tenemos un equipo que sabe lo que quiere y no seremos rivales fáciles«, había vaticinado.

El debut, frente a Francia, fue una sorpresa para todos: los canadienses aguantaron muy bien y recién quedaron en desventaja faltando 11 minutos para el final, cuando un error de su arquero Paul Dolan le permitió a Jean-Pierre Papin marcar el definitivo 1 a 0.

El segundo rival fue Hungría, y a pesar de que esta vez el arco estuvo custodiado por Tino Lettieri, fue victoria para los europeos por 2 a 0.

La despedida de tierras aztecas se dio ante la U.R.S.S. Y fue tal vez el mejor partido de Canadá, pero entre pifiadas y algún tiro libre que se estrelló en una barrera formada por jugadores propios, terminó perdiendo 2 a 0.

De esta manera, concluyó la única participación de los canadienses en una Copa del Mundo, con un récord de 3 partidos perdidos, ningún gol a favor y 5 en contra.

Pero, más allá del récord negativo, lo llamativo de este equipo estaba en su composición. En el plantel había seis jugadores sin club, entre ellos su barbudo capitan Bruce Wilson, de 34 años, que hacía dos que no jugaba profesionalmente. La base de la formación titular estaba enlistada en el soccer de Estados Unidos, con algunos refuerzos del fútbol local y otros de poderosísimas ligas como la de Suiza (el defensor Bridge), o la segunda división de Bélgica (el delantero Vrablic).

El arquero Tino Lettieri, nacido en Bari, Italia, había atajado toda su vida en el fútbol yankee, y estaba jugando fútbol indoor en el momento del Mundial. Pero este no era un caso único: Dale Mitchell, Carl Valentin (nacido en Inglaterra), Gerry Glay (escocés de nacimiento), David Norman (también de Escocia) y Branko Segota (de origen yugoslavo) también jugaban en indoor cuando fueron convocados.

Además, esos no eran los únicos extranjeros nacionalizados: también se sumaban Paul James (de Gales), Igor Vrablic (de Checoslovaquia), Randy Samuel (de Trinidad y Tobago), Colin Miller (de Escocia) y Sven Habermann (de Alemania Occidental), llegando a la nada despreciable cifra de 10 jugadores nacidos en otro país.

Entre los casos mencionados merecen destacarse algunos, como el de Igor Vrablic, que fue habitué de la Selección entre 1984 y 1986, y después del Mundial paso al Olympiakos de Grecia, pero no debutó y se retiró con 21 años.

El defensor Collin Miller era una joven esperanza del Rangers durante aquella época. Luego de pasar por más de diez equipos, fue el último en retirarse, jugando en 2005 con casi 41 años para el Abbotsford Mariners.

Uno de los delanteros, Dale Mitchell, llegó a México con un temible porcentaje de efectividad: esa temporada había hecho 100 goles en 99 partidos, pero obviamente en el fútbol indoor.

Otros jugadores merecen su mención en este repaso, como Bob Lenarduzzi, que debutó en 1970 en el Reading de Inglaterra con sólo 15 años, siendo el primer canadiense en jugar en la liga inglesa. Sin embargo, a los 18 se volvió para continuar su carrera en su país.

Por último, se destaca el caso de Jamie Lowery, un mediocampista que no sólo no tenía club, sino que nunca jugó profesionalmente, salvo en 1988 para Vancouver 86ers. En el momento del Mundial estaba en la Universidad, por lo que fue convocado siendo un jugador amateur. Grandes historias de un equipo injustamente olvidado.