
Mario Filippo. Defensor argentino. Jugó en los 40’s y 50’s

Mario Filippo. Defensor argentino. Jugó en los 40’s y 50’s


Gonzalo Martín de Porras
De la tierra que vio nacer a Germán Casigol Herrera y (No)Marco Rubén emerge también la historia de Gonzalo De Porras, otro delantero de la dinastía canalla con escaso poder de gol.
Oriundo de Cutral-Co, provincia de Neuquén, De Porras debutó en la Primera de Rosario Central el 26 de agosto de 2005 ante Lanús, en la victoría del Canalla por 4 a 0 correspondiente a la cuarta fecha del Apertura. Aquella noche de viernes, el técnico Ariel Cuffaro Russo sentó en el banco de reservas a Juan Ojeda, Ricardo Moreira, Gustavo Lorenzetti, Federico Pallaro y Gonzalo de Porras, que contaba con el antecedente de haber convertido 45 goles en las divisiones inferiores.
Con el partido liquidado, el DT mandó a los pibes a la cancha. A los 65 minutos, De Porras reemplazó a Marco Rubén y luego Pallaro hizo lo propio con Diego Villagra. Para el homenajeado del día, el festejo no pudo ser completo. Cerca del final, recibió un golpe en la cabeza y terminó internado por precaución en el sanatorio Mapaci, aunque no perdió el conocimiento.
Ese mismo torneo, rapiñó un puñado de minutos más ante Banfield y Colón, en las fechas 14 y 15, respectivamente.
Para la desvirgación tuvo que esperar algo más de un año. Fue el viernes 24 de noviembre de 2006, por la decimoséptima fecha del Apertura, ante un Quilmes que se caía a pedazos. Nestor Raúl Gorosito lo hizo ingresar a 10 minutos del final en reemplazo de Diego Calgaro y en tiempo de descuento puso el 4 a 2 definitivo tras pase de Rubén.
Ese gol le dio la chance de jugar otro rato la semana siguiente, en la Tacita de Plata ante Gimnasia de Jujuy. En el adicional, Javier Ignacio García le dio el triunfo a los locales.
La despedida quedó para el Clausura 2007. En la primera fecha ante Belgrano de Córdoba, armó una dupla con el Pejerrey Belloso. Por suerte para el Canalla, ese día el gol lo convirtió Damián Ledesma. En la tercera jornada diría adiós. Jugó media hora al lado de Emilio Zelaya y vió cómo Banfield se llevaba un empate.
Cuando le dijeron que en Central no iba a jugar más, no se deprimió. Agarró el mapa, le dio un par de vueltas y eligió un destino bien exótico, el fútbol chipriota. Allí firmó con uno de los clubes más reconocidos, el Olympiakos Nicosia FC. Las cosas no se dieron como De Porras esperaba, y en enero de 2008 ya estaba otra vez en Arroyito. «Mi paso por el fútbol de Chipre fue positivo. Fue un tiempo que me sirvió para conformar una nueva experiencia«, comentó a la vuelta.
El retorno fue duro, Leonardo Carol Madelón no lo tenía en cuenta y el cartel de «transferible» estaba brilloso. Después de entrenar apartado del grupo principal durante algunos meses, apareció una oferta del exterior. Justamente lo recomendó un ex Newell’s, el Negro Julio Zamora (aquí más conocido como el hermano de René), que dirigía al Deportivo Olmedo de Ecuador. Allí disputó 14 partidos y consiguió la nada despreciable suma de 6 goles.
En enero de 2009, el técnico montenegrino Dragan Miranovic afirmó que no contaría con él para el resto de la temporada. Ahí armó las valijas, cargó un par de discos de Los Conquistadores del Ecuador y pegó la vuelta. En febrero sonó como refuerzo para Argentino de Rosario en la Primera C, pero complicaciones con su transfer hicieron caer el pase.
De nuevo en el Viejo Continente, más precisamente en el under italiano, continuó con la pólvora mojada en el Manfredonia (2009) y desde principios de 2010 defiende el escudo del Molfetta, donde por fin pudo gritar un gol.
Tenemos miedo de que sólo haya sido sólo un espejimo entre tanto desierto goleador y que se termine muriendo de sed, cerrando todas las posibilidades de firmar para un equipo más importante. Igual, después de jugar para un equipo llamado Molfetta no creemos que le preocupe demasiado su próximo destino.
No es la primera vez que esto pasa en el fútbol brasileño y seguramente tampoco será la última. En el estadio Rua Javari, Juventus y Palmeiras B protagonizaban un interesante partido por la tercera división del campeonato paulista. El local necesitaba la victoria para mantener las chances de ascender y el visitante con los tres puntos se aseguraba el retorno a la segunda categoría.
Juventus ganaba 2 a 0, pero Palmeiras B lo empató en el segundo tiempo con dos goles de Diogo. Una chance desperdiciada por el local terminó con la expulsión del arquero del conjunto verde. Diogo, sí, el goleador del equipo, se calzó el buzo y se mandó al arco.
En tiempo de descuento ocurrió lo que nadie esperaba. Un córner ejecutado por Juventus terminó en las manos de Diogo, que sacó rápido y puso cifras definitivas a un partido que depositó al Palmeiras B en la segunda división y acabó con las ilusiones de Juventus.
Erardo José Coccaro
La lista de jugadores uruguayos que pasaron por Gimnasia en los últimos 25 años es extensa. Desde el Topo Sanguinetti y Hugo Romeo Guerra, pasando por Diego Alonso, hasta José Perdomo y su inolvidable gol del terremoto, que dejó un saldo de 1200 muertos. Bah, no, no fue tan grave, pero según los hinchas triperos estuvo cerca (?).
Erardo Cóccaro también integra esa nómina de futbolistas charrúas que vistieron la casaca del Lobo. Aunque su andar estuvo muy lejos de parecerse al de sus compatriotas más famosos en el Bosque.
Se había adueñado del mediocampo de Progreso (1981 a 1987), donde fue campeón y compañero del gran Johnny Miqueiro, ganándose la chance de ser relleno de la Selección charrúa que obtuvo la Copa América en 1987. Su participación con la camiseta celeste, sin embargo, fue pobre. Apenas si jugó dos partidos amistosos: uno ante Argentinos Juniors y otro frente a un…Sindicato de Seguros.
Tras pasar por Peñarol (1987/88), arribó a La Plata y se sumó al plantel de Gimnasia, donde sólo disputó 6 partidos y ni un gol pudo hacer para comprobar si le tocaba de premio algún sismo o por lo menos una ovación.
De regreso en Uruguay, dio la vuelta olímpica con Bella Vista (1990) al lado de Henry López Báez, Sergio Umpiérrez y Ricardo Canals, entre otros. Ya retirado, se dedicó a la dirección técnica y pasó por la Primera de Progreso, además de las divisiones formativas de Rentistas, Peñarol y Liverpool. Se llama Erardo, bastante hizo.
Julio César Arata (el Ñato)
Calculamos que el 99% de los hinchas de Boca se acordaron y se acuerdan merecidamente de la mamá de Habegger. Y ni hace falta aclarar los motivos. Pero hay una minoría, muy chiquita, que tal vez piense distinto. Y nos referimos en particular a Julio César Arata, más algunos amigos y familiares seguramente.
¿Por qué decimos esto? Porque el Ñato, delantero de punta, de 179 centímetros y buena velocidad, vio cumplido su sueño el 1 de agosto de 1993, gracias al ojo clínico del Profesor. Boca empataba 0 a 0 con Argentinos en cancha de Vélez por la Copa Centenario y a los 15 del segundo tiempo, el técnico pateó el tablero sacando a la Rata Rodríguez y poniendo a nuestro homenajeado. La idea habrá sido ganar algo de peso ofensivo. Pero ni bien el Ñato entró y se acomodó en el campo de juego, el Bicho metió una contra, Lauría Calvo marcó el único gol del partido y Arata tuvo que mover del medio para tocar su primera pelota. La derrota 0-1, en un partido único de Ronda de Perdedores, signifcó desde ya la eliminación de Boca y el final de un ciclo. Ah, y dicho sea de paso, el final de Arata con la azul y oro.
Tras esa única media hora en la cancha, lejísimos habían quedado sus sueños blanqueados a principios del ’93: «…espero poder mostrarme en Reserva y andar bien, que pueda seguir metiendo goles. Y si algún día se da la oportunidad de jugar en Primera, rendir al máximo para el bien de Boca…«.
A años luz había dejado su llegada a la Novena procedente de Belgrano de General Arenales. Y con 21 pirulos sabía que la escoba que pedirían Alegre y Heller, más la lista de refuerzos que acercarían los empresarios de moda, lo dejaban parado en la cornisa.
Aguantó un año más en el club, desde ya sin rodaje de ningún tipo, y para la temporada 1994/95 se marchó a Douglas Haig, el famoso Milan de Pergamino.
(Publicado casi (?) en simultáneo con Imborrable Boca)
Este team repleto de figuras en decadencia no es tan recordado entre los grandes fracasos de Quilmes sólo porque lo que vino un par de años después, con las 5 finales perdidas, fue insuperable.
En la foto, arriba: Mauricio López, Sergio de Bonis, Damián Teres, Rafael Dudamel, Fabricio Fuentes, Luis Velázquez y el Galgo Gustavo Dezotti. Abajo: Néstor Lorenzo, el Yaya Rossi, Lalo Colombo y Lorenzo Frutos. Ese día, el Cervecero goleó 4 a 1 al Deportivo Italiano, con un dato fundamental: uno de los goles lo convirtió el arquero venezolano, de penal.
El equipo (que también tenía a Sciutti, Morello, Knuttsen, Gerk y Claudio Graf, entre otros) nunca terminó de acomodarse, luego llegó el bajón, el cambio de DT (se fue Yudica, arribó Trullet), el ingreso de algunos juveniles, la clasificación a la zona Campeonato, la eliminación a manos de Talleres, el acceso al octogonal por un ascenso a Primera; y una pecheada más, de local, ante Aldosivi de Mar del Plata.
(Gracias Mane Klasesmeier)