Matuszyck Horacio

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Horacio Ignacio Matuszyck (El Polaco)

Puntero veloz y movedizo, pero también también desprolijo y errático. Surgido en las inferiores de Boca Juniors, debutó en Primera el 11 de octubre de 1981, en la histórica victoria por 7 a 1 frente a San Lorenzo de Mar del Plata, en la Bombonera. Pero semejante resultado no sería indicio de una carrera brillante. Para nada.

Con la camiseta del Xeneize disputó 16 encuentros entre 1981 y 1982, obteniendo algo de chapa para actuar con mayor regularidad en otra institución. Así fue cómo se sumó a otro grande, Racing Club. Si bien encontró más posibilidades para mostrar su rapidez y sus centros a la nada (jugó 53 partidos y marcó 1 gol), todo terminó de manera trágica cuando La Academia descendió a la B.

Algunas crónicas dicen que Matuszyck volvió a Boca en 1983 para añadir un partido más a su legajo azul y oro, pero al año siguiente regresó a Racing para tratar de ascender junto a Brindisi, Cordero, Sarulyte y Pavón, entre otros. ¿El resultado? Catastrófico. El equipo peleó hasta el final pero perdió el segundo ascenso a manos de Gimnasia, prolongando su estadía en el under.

Así y todo, nuestro homenajeado se las arregló para volver calladito a la elite y prácticamente sin que nadie se diera cuenta hizo un gol en 13 partidos con los colores de Temperley (1986/87). Eso fue todo lo que se supo popularmente por estas tierras, aunque algunos afirman que también pasó por Lanús y Defensa y Justicia.

Luego trató de reiventar su trayectoria en lugares aún no contaminados por su fama de delantero poco productivo. Conocieron sus piques atolondrados conjuntos chilenos como Unión Española (1987/88), Cobresal (1989/90) y La Serena (1991); y también los venezolanos de Minerven (1993) y Sport Marítimo (1994), donde colgó los botines. En los últimos años se dedicó a la dirección técnica y a relatar su mejor anécdota, originada en su llegada a Chile, cuando en un supermercado una señora le preguntó la hora y el inocente de Matuszyck contestó: «Las cinco y pico«. La mujer, ofendida por el significado local del término, le dijo «¡Ordinario!«. Ahora que lo pensamos, a lo mejor lo había visto jugar. Y tan errada no estaba.

Kratina Pablo

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Pablo Enrique Kratina

Delantero cordobés de pura cepa nacido el 12 de enero de 1964. Comenzó su carrera en Belgrano, a principios de los 80’s. Época complicada para el Pirata, que disputaba el viejo Torneo del Interior. Sin embargo, una de las más grandes promesas del fútbol cordobés lucía la camiseta celeste: se trataba de Kratina, que con apenas 21 años  se consagró siendo una pieza clave para conseguir el ascenso al Nacional B en 1985.

Fue el goleador de ese equipo, y el tanto que le marcó en el descuento a Unión San Vicente no fue uno más: «En ese momento sentí que fue el gol de mi vida. No sólo porque casi nos clasificamos sino porque al principio del campeonato tuvimos muchos problemas. Hasta la gente me dice que me quedé ronco por ese gol«.

La leyenda afirma que su tono de voz cambió a partir de ese día. Eso puede ser solo un mito. Lo que sí es cierto es que desde entonces, el nivel de Kratina no volvió a ser el de antes. Después de disputar la Liguilla Pre-Libertadores  en 1986 y algunos partidos más en Belgrano al lado de compañeros como Beltrán, J. J. Lopez, Martelotto, Ghielmetti, Blasón, Parmiggiani, Ballarino, Céliz y Villareal, comenzó con la actividad preferida de todo futbolista cordobés: recorrer su provincia con la camiseta de distintos clubes. De esta manera, volvió adonde había tenido sus mejores días: el Torneo del Interior.

Anduvo por Estudiantes de Río Cuarto, General Paz Juniors y Sportivo Belgrano de San Francisco, hasta que decidió probar suerte en el exterior, y se fue a Perú: Alianza Atlética Sullana y Deportivo Municipal lo tuvieron entre sus filas. En 1993 apareció la oportunidad de jugar en una liga más competitiva: la mexicana. El Santos Laguna fue su destino. Allí jugó poco. ¿Cómo lo hizo? Mal ¿Cómo lo recuerdan los hinchas? Así. Con más pena que gloria regresó a Córdoba para disputar algunos torneos regionales y ponerle fin a su carrera.

A partir de ese momento, quiso transmitir sus conocimientos a los más chicos: trabajó en las divisiones menores del club Huracán, del barrio cordobés La France; fue colaborador de Miguel Angel Micó en las inferiores de Racing; y ocupó un puesto en el área de Deportes de la Municipalidad de Córdoba, hasta que en agosto de 2009 le pidieron la renuncia.

Gaúcho 1988

El 18 de noviembre de 1988, Palmeiras y Flamengo se enfrentaban por la segunda fecha de la segunda ronda de la Copa União. Con el partido 1 a 0 a favor de los paulistas (gol de Mauro), el arquero Zetti salió lesionado y, como el Verdão ya había realizado los dos cambios permitidos, el delantero Gaúcho (sí, el mismo que años después jugaría en Boca) tuvo que ir al arco. No pudo hacer mucho para evitar el empate de Bebeto a los 92 minutos, pero en los penales se lució. Tapó dos, metió el suyo y Palmeiras se impuso por 5 a 4.

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Tarantini a Barcelona 1978

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A finales de 1977, el Conejo Tarantini no llegó a un acuerdo para renovar su contrato en Boca y quedó libre, pero sin posibilidad de fichar por otro equipo. Eso motivó que disputara el Mundial ’78 sin pertenecer a ningún club, un hecho muy particular.

Finalizada la Copa del Mundo, firmó un precontrato con el Barcelona. Todo parecía ir viento en popa: Tarantini posó para las fotos, realizó algunos entrenamientos en el Camp Nou, pero a la hora de las formalidades contractuales se encontró con una sorpresa. Los directivos querían que se casara con una modelo catalana para que fuera considerado oriundo y no ocupara plaza de extranjero. El marcador de punta se negó y terminó jugando para el Birmingham de Inglaterra.