Cuciuffo 1988

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En tren (?) de dividir a las personas en dos grupos, podríamos decir que están los que se quedan sin reacción ante situaciones imprevistas y están los otros, los que toman el toro por las astas y actúan. Acá, en este último grupo, podemos incluir sin dudas a José Luis Cuciuffo.

Defensor cordobés que el 2 de marzo de 1988, demostró velocidad de reflejos. Y bastantes huevos. Porque esa noche, Boca recibió a Gremio por la ida de los octavos de final de la desaparecida Supercopa, y en plena cascoteo gaúcho, faltando cinco minutos el Loco Gatti descolgó una pelota del ángulo, cayó y se sacó el hombro de lugar.

Como el Pato Pastoriza había reventado los cambios metiendo a Musladini y Hoyos, Cuciuffo salió disparado al banco, le pidió buzo y guantes al suplente y se mandó para el arco de Casa Amarilla.

Los brasileños no tuvieron mucho tiempo de probarlo a fondo pero no por eso dejaron de llenar de centros el área de Boca para ver qué pasaba. El cordobés respondió, mantuvo el cero y puso su granito de arena para que el partido termine 1-0 a favor del xeneize.

Moyano Oscar

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Oscar César Moyano

Algunos futbolistas como el Chaco Torres y Damián Manusovich necesitaron más de 100 partidos en Primera para hacer un gol. Otros, como Hugo Villaverde, jugaron toda una vida (437 encuentros locales) sin verle la cara a Dios (?). Es para destacar, entonces, que un baldosero haya anotado 2 tantos en sus únicos 7 cotejos en la máxima categoría.

Delantero mendocino con corte comitas, Oscar Moyano llamó la atención en 1986 con la camiseta de Villa Dálmine en la Primera B, donde disputó 16 partidos y marcó 3 tantos (a Tigre, All Boys y Quilmes). Inmediatamente fue rescatado por San Lorenzo de Almagro y allí tendría sus 15 minutos de fama.

El día de su debut, hizo el gol con el que Los Camboyanos derrotaron a Newell’s en cancha de Boca y quedaron punteros de la temporada 1986/87. Al día siguiente, el Diario Clarín valoró la actuación del pibe calificándolo con un 8.

Por aquel entonces, el DT Juan Carlos Carotti lo definía con cierta precaución: «Todavía está en la etapa de readaptación del fútbol de Primera. Pero trae de la B un gran entusiasmo, es un jugador importante porque siendo joven tiene mucha fuerza y es uno de los jugadores más dinámicos del equipo«.

Un par de fechas más tarde, El Ciclón perdería el liderazgo y ni siquiera entraría a la liguilla. El segundo gol de nuestro homenajeado llegó en la última jornada, con una victoria 5 a 2 ante Talleres de Córdoba que alimentó el sueño de clasificación que se frustró con un penal errado y un gol de diferencia en la tabla de posiciones.

A pesar de haber prometido, con el inicio de un nuevo campeonato el apellido Moyano ingresó rápidamente en la lista de los desaparecidos futbolísticos. Hay quienes dicen que no soportó esa dura época de San Lorenzo, donde los jugadores debían bañarse con agua mineral y, quizás lo peor, ver a Lucho Malvárez en malla.

Como si se tratase de un fantasma, algunos aseguran haberlo visto en ligas menores, tratando de volver a ser el que alguna vez fue , pero nunca revelando su pasado de estrella fugaz. El dato mas creíble es que en la temporada 1988/89 disputó 8 encuentros y ascendió a Primera con Unión de Santa Fe. Pero claro, ese es sólo un dato. Y se necesitan varios para cerrar esta historia.

Juira bicho: El Gallo de Morón

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Usted ya lo conoce. Si es habitué de la Primera B, lo habrá visto en más de una oportunidad alentando a ese equipo de camiseta blanca con una franja roja que todos los años parece que va a ascender pero al final no asciende.

Si usted no es de ir a la cancha, quizás haya observado a nuestro homenajeado gracias a los resúmenes de fin de año que suele hacer TyC Sports. En las últimas 5 ó 6 temporadas se hizo costumbre matizar las fiestas con una gloriosa imagen del Gallo de Morón, subido a un paravalancha y tomándose los genitales en señal de «ehh putos, ustedes sigan cargando que el año que viene damos la vuelta con los goles de Akerman, papá«. Bueno, ahora Akerman se fue a robar a Bolivia. Pero la ilusión sigue intacta.

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Ese tal vez sea el costado más polémico y provocador del muñeco con pinta de haber sido alquilado para nunca más devolver. Pero en rigor de la verdad, esta mascota de uno de los clubes más populares de la tercera división, también tiene un perfil familiero.

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Algunos simpatizantes de Morón todavía recuerdan aquellos enfrentamientos con Tigre, cuando los muñecos de ambas instituciones aprovechaban para encontrarse en la mitad de la cancha y fortalecer la añeja amistad. Es más, han presentado en sociedad a otros integrantes de la familia, como el Gallito y el Tigrecito, herederos de una pasión de no sabe de dignidad. Basta con verle la cara a cualquiera de ellos para comprobarlo.

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Ficha Técnica

Club/Empresa:Deportivo Morón.
Liga: Primera B, Argentina.
Características: Blanco, con cresta. Impulsivo y grosero pero de buen corazón.
Nombre provisorio: El Gallo de Morón.
Nombre oficial: Desconocemos.

Baroni Leonardo

Leonardo José Baroni

Era un jugador para Boca. Lo decían los vecinos de su Sarmiento natal, los periodistas, todos. Leonardo Baroni estaba hecho para jugar en Boca. A los 12 años, la edad en la que los pibes planifican el viaje de egresados a Córdoba, Baroni se preparaba para dejar Sarmiento de Santa Fe y conquistar Buenos Aires, la mole de cemento.

Armó el bolso, puso los botines, un puñado de ilusiones y se fue con su hermano Gonzalo a probar a Boca Juniors. «Eramos muy chicos y como extrañábamos mucho nos volvimos. El cambio era muy grande. Pasábamos de nuestro pueblo a Capital…», recordó años después.

Las vueltas de la vida llevaron a los hermanos Baroni a jugar a Talleres de Córdoba. Cuando llegó a la T, Leonardo era enganche y luego pasó a ser volante por izquierda. Mario Nicasio Zanabria lo hizo debutar en el Apertura 2001, ante Racing y jugando como lateral. No pudo hacer mucho para evitar el triunfo de la Academia por 2 a 0. Ese mismo torneo disputó otros 4 partidos, generalmente como titular. Todas sus participaciones terminaron siendo derrotas para su equipo.

En el Clausura 2002, ya con Enzo Trossero en el banco, casi ni jugó. Fueron apenas 2 partidos, los últimos del campeonato, una derrota ante Gimnasia LP, y su primer poroto, ante Chacarita. Para el Apertura, luego de una ardua pretemporada, se ganó el puesto. Jugó como titular desde el arranque hasta que lo paró una lesión en la séptima fecha. Ah, en la segunda jornada, casualmente por 2 a 0 y ante Racing, fue su primera victoria.

Con la llegada del Checho Sergio Batista, se afianzó en el puesto. En octubre de 2002, el 50% de su pase fue vendido al empresario Gustavo Arribas en 150 mil dólares y todos lo posicionaban como futuro refuerzo de Boca o River.

«Seguro que todo esto es un sueño que se está haciendo realidad, pero lo más importante es que me dijeron que voy a jugar a fin de año en Boca o en River, en uno de los dos clubes. Yo sé que todo esto es importante para mí y mi futuro, pero también quiero jugar, y ganar, en Talleres hasta diciembre, que es la fecha en la que sería transferido», confesaba por aquel entonces un entusiasmadísimo Baroni, que no se animaba a decir en qué club grande preferiría jugar. «Es difícil decidir eso. Son los dos importantes y los más grandes del país.», argumentó.

Sin embargo, el pibe se quedó a pelear la permanencia en la Docta. En el Clausura 2003, vio desfilar en el banco al Checho Batista, el interino Angel Bocanelli, Luis Cubilla (que en ese torneo se peleó con un hincha de Huracán que pasó a la historia) y al Pato Pastoriza. Baroni disputó 14 encuentros, en los que cosechó 4 triunfos, 5 empates y 5 derrotas. Para la Promoción ante San Martín de Mendoza, perdió el puesto y tuvo que conformarse con ingresar unos minutos en el segundo tiempo en ambos partidos.

La tan ansiada transferencia a un grande llegó para el Apertura 2003. No fue a Boca, ni a River, sino al Racing de Ángel Cappa. Entró un rato en la primera fecha ante Colón por Milovan Mirosevic y por lesión no volvió a figurar hasta la mitad del campeonato (fecha 11), cuando fue titular en la goleada 4-1 ante Atlético de Rafaela. A la jornada siguiente, salió desde el arranque ante Chicago, pero se fue reemplazado por Cristian Grabinski… a los 18 minutos del primer tiempo. Después de ese partido, entró al freezer.

Volvió a jugar en la fecha 8 del Clausura 2004, con Ubaldo Matildo Fillol en el banco, en la derrota 3 – 1 ante Banfield. Ese día se fue reemplazado por Juan Manuel Barrientos promediando la segunda mitad. Esa iba a ser su última presencia con la camiseta blanquiceleste.

En el segundo semestre de 2004 armó las valijas. Apareció en el estado de Santa Catarina, defendiendo los colores del Criciúma de la Série A de Brasil. No encontramos datos que comprueben que haya jugado, pero él dice que fueron 7 partidos, y vamos a creerle. De más está aclarar que ese equipo se fue al descenso para nunca más volver.

El que sí volvio fue el propio Baroni, pero a Talleres de Córdoba, para jugar otros 53 partidos en el Nacional B entre 2005 y 2007. Ah, también se dio el gusto de convertir su primer y hasta ahora único gol.

En 2008, se sumó a Juventud Antoniana de Salta en el torneo Argentino A, donde disputó 25 encuentros. Al final de la temporada pasada, los dirigentes le bajaron el pulgar, pero la intervención del técnico Gustavo Coleoni logró que el defensor siguiera en el club.

Coleoni no tenía en cuenta que días más tarde Baroni sería uno de los refuerzos de Boca. ¿El nuevo Boca de Basile? No, Boca Unidos de Corrientes, que se prepara para su participación en el campeonato de segunda división. Por este motivo, el DT tuvo un fuerte entredicho con Baroni, que se marchó de todos modos.

Era un jugador para Boca. Lo decían todos los profetas del barrio, y tenían razón.

Defensa y Justicia con escudo fallido 80’s

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A simple vista no hay nada extraño en la camiseta de Defensa y Justicia. Por aquellos primeros años de la década del ’80, era común que los equipos argentinos utilizaron el escudo bien grande en el pecho. El tema es que el conjunto de Varela salió a la cancha con un escudo que, si bien era parecido al de la institución porque tenía las mismas siglas e idénticos colores (recientemente adoptados), la banda que lo cruzaba de forma transversal tenía el sentido opuesto a la original. Para ver con un espejo, joya, pero no para utilizarla oficialmente.

(Gracias El Gonza Tricolor)

Rizzo 1993

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Si ir al arco en un encuentro oficial es una experiencia inolvidable para cualquier jugador de campo, ni hablar si ese partido es un clásico. Osvaldo Tita Rizzo lo vivió en carne propia en noviembre de 1993, cuando el arquero de Aldosivi, Hugo Molteni, se fue expulsado cuando el elenco del Puerto se había quedado sin cambios.

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Así fue como el volante ofensivo se calzó los guantes y el buzo para afrontar los últimos minutos del match que el Tiburón ganaba 1 a 0 ante Alvarado. La crónica del diario El Atlántico destacó al día siguiente una atajada «clave» del portero improvisado, embolsando un centro del recordado Látigo Benz que tenía destino de gol ante la llegada de José Irazoqui. Triunfó el Verde por la mínima diferencia y la Tita Rizzo se convirtió en ídolo.

(Gracias Cazador)