En el año 1977, Chocolate Baley era el arquero de Huracán y a la vez suplente de Gatti en la Selección. Ese año se hicieron los famosos siete partidos contra potencias europeas, en plena preparación para la Copa del ’78. Luego del segundo partido frente a Alemania Federal, Gatti, dejó su lugar al moreno goalkeeper, quién quedó como el dueño de los tres palos argentinos. Como recuerdo de aquellos encuentros Baley, se hizo dueño del buzo del arquero escocés, Alan Rough, y en varias oportunidades saltó a la cancha en el torneo argentino luciendo tan preciado souvenir.
Repasamos los hechos más importantes del mundo baldosero en los últimos días:
– Mientras algunos se rompen en el lomo en la Primera C, soportando escupitajos, puteadas y las bicicleteadas de los dirigentes que nunca pagan, otros baldoseros se codean con las personalidades más importantes del Mundo. Mucho se habló del encuentro entre Guillermo Barros Schelotto con Barack Obama, pero poco se dijo de la rutilante presencia del otro argentino del Columbus, Diego Gino Padula. El ex River y Huracán también saludó al Presidente de los Estados Unidos y hasta tuvo tiempo de sacar una camarita digital a 10 centímetros de él, sin que se le arrojaran 4 hombres de seguridad para desactivar la posible bomba.
– Y hablando de bomba, el mes pasado pusieron una en la casa del argentino Adrián Richutti, jugador del Rimini italiano. Se ve que los hinchas no se bancaron el descenso a la tercera división y se manifestaron contra el capitán del equipo. Algunos dicen que se equivocaron por una letra y que en realidad querían asustar a Pablo Richetti, ex River que pasó por el Ternana.
– Siempre castigado por esas páginas (?) que se dedican a homenajear a jugadores sin suerte, Ariel Groothuis les tapó la boca marcando un gol agónico que le permitió a Defensores Unidos de Zárate permanecer en la Primera C. Ah, el gol fue a favor. Todo un logro. Nosotros siempre lo bancamos (?).
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Un verdadero artista itinerante, capaz de ganarse la vida y buscar la felicidad con cosas tan distintas como el fútbol y la música. Acá algunos tuvieron la suerte de conocerlo cuando militó en tres instituciones tradicionales del ascenso. Pero la historia de este fenómeno había empezado antes.
Nacido en Angola, la tierra de su madre, escapó junto a su familia de la guerra civil y también tuvo la posibilidad vivir y criarse en países como Portugal (de ahí es su padre), Paraguay, Brasil y Argentina.
A nuestro país llegó con 12 años y tiempo después se le dio por probar sus condiciones de delantero en clubes como San Lorenzo, Ferro y River, donde no quedó por problemas de documentación. Recién la suerte tocaría a su puerta cuando lo vieron jugando un partido con futbolistas libres y le otorgaron la chance de empezar su trayectoria en Bolivia, con la camiseta de San José de Oruro, donde fue campeón.
Regresó a nuestras pampas para la temporada 1996/97 y, contra todos los pronósticos, hizo goles para ascender con Defensa y Justicia al Nacional B en un equipo que contaba con jugadores como Sandro Ventoso y Pedrito Sallaberry.
Como buen mochilero que es, no tardó en cambiar de rumbo y enfiló para Venezuela, donde volvió a consagrarse, esta vez con el Atlético Zulia. Ya tenía estigma de amuleto, pero pronto se ocupó de desmentirlo con un fallido paso por Deportivo Pesquero de Perú, donde le dieron pocos minutos y no pudo anotar goles, dentro de una campaña que fue realmente muy mala.
«Cuando vas a otro lugar lo primero que te choca es la diferencia de culturas. A veces criticaba como un porteño… Me di cuenta que extrañaba este país«, dijo alguna vez y fue rescatado por el blog Camisetas del Ascenso. Y por eso regresó para actuar en Comunicaciones (1999) y Excursionistas (1999/2000), completando 67 encuentros y 22 goles en el under. Nada mal para un angoleño de rastas del que poco se esperaba.
Seguir sus pasos, vale aclarar, no es nada fácil. Su espíritu aventurero lo llevó de aquí para allá, y lo poco que pudimos averiguar es que en los últimos años desplegó su talento deportivo en el ascenso español, con los colores del Sabadell, Unión Esportiva Montblanc y Unión Esportiva Torredembarra.
Su otro talento, quizás menos promocionado, es el musical. Abocado a su carrera como solista, contó el mes pasado antes de un show en España: «Durante mi infancia, con viajes por Sudamérica y Europa, fui escuchando los ritmos que hoy día empleo tanto en la composición, como en la interpretación. El tipo de repertorio que tocaré en el Minimercat, será a base de algunas composiciones mías y otras interpretaciones de bosanova, una u otra de Cabo Verde y Angola. Este repertorio ha sido hecho especialmente para este evento en un formato simple y acústico, a base de guitarra, saxo y voz.«
Y para no desconfiar de su grandeza, una muestra de lo que hace:
Digamos la verdad. El tipo perdió la gran chance de aprovechar y explotar su apellido hasta ganar la tan preciada tranquilidad económica. Podría haber popularizado el movimiento punk en la Argentina antes que Los Violadores. Pero no, por entonces era muy pendejo y no alcanzaba a divisar la importancia de llamarse Cresta.
Nacido el 5 de octubre de 1967 en la ciudad de Córdoba, hizo las inferiores como volante ofensivo en Instituto (1986 a 1988) y allí mismo debutaría oficialmente, compartiendo vestuarios con el Coco Reinoso, Dalcio Giovagnoli, Enrique Nieto, José Paniagua y Renato Corsi, entre otros.
Con tan sólo 4 partidos en la máxima categoría y sin demasiado interés por parte de los equipos que peleaban cosas importantes, se armó una carpeta con recortes y salió a ganarse la vida por el Mundo, bajo la filosofía del Do It Yourself.
Después de jugar en el fútbol del interior (Alvarado de Mar del Plata, por ejemplo), en julio de 1991 apareció en Europa y estuvo probándose en el Hospitalet, de la Segunda División B española. En las prácticas y partidos amistosos, el pibe la rompió, pero su condición de extranjero le jugó en contra y se quedó con las ganas de actuar oficialmente.
Se dijo por esos días que tenía una chance de incorporarse al Espanyol de Barcelona. Pero los punkies no gustan de Los Pericos, y menos de Los Periquitos. Entonces nunca más supimos de él.
Nos gustaría saber si escucha Los Ramones o La Polla Records, si alguna vez fue a un show de Attaque 77, Dos Minutos o aunque sea a uno de Shaila. Es más, también lo vamos a querer si le tiene bronca al gordo de Airbag (?). Pero por favor, Dios no quiera que haya utilizado su grandioso apellido para laburar de Pollo Justiciero en Bahía Blanca. Enterarnos de su falsedad fue difícil de digerir. Aunque pensándolo bien, un pollo bien puesto – en el punk – no está mal visto.