Sanada Masanori

Masanori Sanada

Tenía 21 años y una carta de recomendación firmada por las autoridades del Ana Yokohama de su país, Japón. La beca estipulaba que el jóven arquero debía hacer un trabajo de especialización en la Argentina desde el 23 de enero hasta el 15 de marzo de 1990. Bajo esas condiciones llegó a Independiente y entre pitos y flautas, se pudo sacar una foto con un recién bañado Ricardo Bochini.

También sumó en lo futbolístico, pues jugó algunos amistosos con la Reserva y entrenó con la Primera División, que tenía porteros de la talla de Eduardo Pereira y un tal Cipollone. La falta de oportunidades pero principalmente el desarraigo (pasó su cumpleaños número 22 en Avellaneda) lo devolvieron a Tokio sin demasiadas esperanzas de regresar.

Integró además los planteles del Juntendo University y Shimizu Shogyo antes de firmar con el Shimizu S-Pulse y convertirse en histórico. En ese club de la Japan League permaneció desde 1993 hasta 2004, comiendo banco en los últimos 3 años de su trayectoria y uniéndose finalmente al cuerpo técnico.
Resumiendo, la típica carrera de un oriental que cae en la Argentina. En un principio promete, pero después no pa-Sanada.

Larguen el mouse por un rato

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Son esas cosas que parece que nunca van a llegar, pero llegan. Nuestros amigos de Bestiario del Balón acaban de lanzar su primer libro. Es nuevo, con buena parte de material inédito, no lo leímos por completo y sólo conocemos de memoria la tapa. ¿Lo recomendamos? Sí, por supuesto. Partiendo de la admiración que les tenemos pero fundamentalmente por la buena onda que siempre nos brindaron los muchachos, no podemos hacer otra cosa que festejar este logro de la comunidad.

El bestiario es, de algún modo, la baldosa colombiana. Con su estilo, sus guiños y sus características autóctonas, es indudablemente un delicioso espacio dedicado a la bizarrez del deporte que más nos gusta, valor que nos une por naturaleza. Por eso creemos que “Bestiario del Balón, el lado B del fútbol colombiano“, es una obra que no puede faltar en las bibliotecas de nuestros lectores ¿Cómo conseguirlo? Pregunten por allá, nosotros no lo vendemos. Apenas si somos respetuosos admiradores de un fenómeno que por suerte, a partir de ahora, se puede leer en papel.

Ver también:

Primera transición de un blog a libro en Colombia.
Unidos por la desgracia.
Conoce el lado B del fútbol narrado con un tono muy “bestiarista”.
Lanzan el libro Bestiario del balón, recopilación de historias de humor sobre jugadores ‘troncos’

Sandoval Isidro

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Isidro Sandoval

La política mesurada y austera que exhibió Vélez Sársfield en los últimos 15 años nada tiene que ver con lo que sucedió en 1987, cuando incorporó baldoseros por doquier en busca de un título que se le negaba desde casi dos décadas.

A mediados a quel año llegaron al Fortín nombres como Buenaventura Ferreyra, el indultado Jorge Nunes, Karabín, Tuta Torres y un brasileño llamado Farías. En ese extraño paisaje que también completaban Bartero, Lucca y el Turco García, sacó el pescuezo este defensor paraguayo que arribaba desde Guaraní con los antecedentes de algunos partidos en su Selección y haber sido la figurita 154 del álbum de México 86.

No sabemos si el hecho de tener algunos compatriotas en el equipo le sirvió para ganarse el respeto en todo el plantel. Lo cierto es que su poder de convencimiento lo llevó a ser el encargado de los penales y en menos de 2 temporadas marcó la nada despreciable suma de 4 tantos. Su rendimiento en 30 partidos, vale decir, no estuvo a la altura de lo deseado y en 1989 partió con rumbo desconocido.

El hombre que también pasó por Cerro Porteño se transformó, según cuenta el Diario ABC, en una persona que despilfarró su dinero y que actualmente que vive de la caridad.

Para recordarlo como el grande (?) que fue, reproducimos una anécdota malísima que relató alguna vez Rolando Chilavert, el hermano de Jose Luis:

 

“Estábamos concentrados con el plantel de Guaraní y un día, en el almuerzo, olvidé mi llave sobre la mesa, e Isidro Sandoval y otro compañero la encontraron. Era la llave de mi auto. Entonces fueron, subieron al mismo e Isidro, ni corto ni perezoso, tomó el volante y, junto a su copiloto, decidieron dar un paseo, pero se encontraron contra un colectivo, y allí quedaron. Prometió pagar el arreglo, pero nunca lo hizo. Por suerte, solamente fue un susto, porque a ellos no les pasó nada”.

 

Para quedarnos tranquilos, el fútbol argentino no fue el único lugar donde quedó en deuda.

Talarico a Independiente 1991

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La trayectoria futbolística del ahora periodista Fabio Talarico tuvo situaciones muy curiosas. No sólo jugó en Boca y en River, sino que estuvo a punto de pasar a Independiente. El recorte de la revista El Gráfico, en julio de 1991, muestra cómo ya se daba por hecho el pase del volante al conjunto de Avellaneda para disputar la liguilla.

Re tirado

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Épocas duras para Ricardo Bochini. Recién había abandonado el fútbol y a pesar de su nuevo rol de entrenador, no se animaba a poner un buzo con la sigla DT. Mucho menos lo tentaba la posibilidad de rendirse ante la solemne combinación de saco y corbata.

Obsesionado con un conjunto que ya apareció en esta misma sección, intentó reinventar el concepto de elegancia. No lo logró, está claro. Si hasta Fren parece bien vestido.