
Damián Andrés Garófalo
«¿Garófalo? ¿El arquero? ¡Sí, lo conozco!«, podría decir cualquier desprevenido, convencido de que nos referimos al periodista de TyC Sports, también identificable por sus actuaciones en el arco de Hay Equipo, ese programa donde 10 o más personas se ponen pantalones cortos para gastar a Quique Felman.
Pero no, no nos ocuparemos del conductor de Sportia, sino más bien de Damián Garófalo, ex portero de Estudiantes de La Plata que tuvo un inicio bastante prometedor y terminó desarrollando su carrera en el exterior, bien lejos del reconocimiento popular que sí obtuvieron otros jugadores de su camada.
En las inferiores del Pincha formó parte de una generación que contaba con nombres como Carlos Andersen, Néstor Soria, Martín Palermo, el Pepi Zapata, Darío Silenzi, Gastón Córdoba, Martín Mazzuco, Cristian La Grottería y Juan Sebastián Verón.
Su buen rendimiento le permitió, en 1991, llegar a una pre-Selección Sub 17 de Argentina, donde luchó por un lugar con Martín Tocalli, Raúl Sanzotti y el ex Jugate Conmigo, Luciano Castro. De hecho el actor recuerda cada tanto que Mostaza Merlo lo borró para poner a Garófalo.
También en ese compilado de púberes habitaban baldoseros como Silvio Rivero, Christian Brondino, Diego Comelles, Leonardo Luppino, Pablo Guede, el Betito Alonso, César Venier, Luciano Oliveri, Ricardo Castellani, Cristian Akselmann y otros que zafaron como Matute Morales, Marcelo Gallardo, Rodolfo Arruabarrena, Claudio Husaín, el Lobo Cordone y muchos más.
Luego de haber superado varios filtros, ese mismo año viajó con la delegación nacional al Sudamericano de la categoría en Paraguay y pese a ser suplente le tocó actuar frente al combinado local, en el último partido del grupo A que Argentina afrontó con mayoría de pibes que habitualmente no salían entre los once.
Tras el certamen continental, le tocó la oportunidad de viajar a Italia para disputar el Mundial ’91. Y aunque nuevamente tuvo que sentarse en el banco, rescató con el equipo una medalla de bronce y el premio Fair Play. Ah, además vio como se consagraba con Ghana el gran Nii Lamptey.
Pero no sólo de ser juvenil vive el hombre. Garófalo también tuvo experiencias en planteles del ascenso, aunque sin demasiadas chances de agarrar continuidad. Se puso los buzos de All Boys, Douglas Haig de Pergamino y Defensa y Justicia, antes de encarar su aventura internacional, esa que le traería muchas alegrías, en compensación a lo poco que pudo recolectar en su país.
El 1997 recaló en Honduras y después de un flojo debut en el arco de la Universidad, empezó a maquillar su imagen con actuaciones que despertaron admiración de aficionados y medios de comunicación. Ya para fines de ese año era señalado por todos como el mejor arquero de la liga, generando comentarios destacados: «Su figura es la del típico malabarista, que hace figuras (sic) en el aire, todo por contener el balón, que atenaza evitando cualquier complicación«.
Entre 1999 y 2000 defendió los colores del club Marathon y justo cuando se empezaba a hablar de su regreso a estas pampas para defender la valla de algún equipo del under, le dijo adios a la actividad profesional.
(Gracias Martín)