A continuación, la historia de dos futbolistas de idéntico apellido y carreras similares que siempre se prestaron para la confusión generalizada. Vale la pena desmenuzar sus trayectorias para evacuar dudas y dejar en claro sus puntos en común. Parecidos, pero diferentes.
Lateral derecho que pasó por un sinfín de clubes sin rendir de acuerdo a lo esperado. Irrumpió en la Primera de
Belgrano de Córdoba en la temporada 1994-95, donde llegó a jugar 14 encuentros. Esa primera experiencia le permitió hacerse un lugar en la elite de nuestro fútbol y, crease o no, lo defendió con uñas y dientes durante varios años. Disputó 13 partidos en
San Lorenzo durante 1995 y 1996. Después, le dieron ganas de jugar en
Huracán. Pero, vivo como pocos, eludió las posibles puteadas y en lugar de irse al de Parque Patricios se fue al de
Corrientes. En ese conjuto disputó 28 cotejos de la temporada 1996-97 e incluso se anotó en el marcador por primera y única vez. Lo curioso es que en el club correntino coincidió con Gonzalo Gaitán, la otra parte de esta hermosa historia. Juntos vivieron de las buenas y de las malas, pero lo más importante es que mantuvieron la relación sin temor a perder la personalidad. Salvo el entorno íntimo, los demás seguidores del fútbol local (que suelen prestarle poca atención a los equipos del interior) se acostumbraron a confundirlos. Nadie los distinguía a simple vista y futbolísticamente tenían un patrón común: parecía que jugaban bien pero sólo se quedaban en promesas.
Tal fue la falta de identificación que, por las dudas,
Racing reclutó a los dos. Aunque fue de a poco. Primero contrató al defensor y después al volante. Los dirigentes de turno no querían comerse el garrón de pifiarle y comprar al malo, está claro.
Andrés aprovechó la continuidad que había logrado y formó parte activamente del ciclo de Ángel Cappa como DT de La Academia, en 1998. Con la camiseta albiceleste completó 31 partidos por torneos locales y un par por la Copa Mercosur. Se despidió de Avellaneda con mucho menos guita de la prometida (de hecho intimó al club años después junto a otros ex compañeros) y el recuerdo de sus últimos partidos, integrando una linea de 4 defensores con Musa, Garaycochea y Luciano Castillo.
En 2000 se fue a
Tempeley para tomar envión pero ni siquiera pudo usar una camiseta de esa marca, porque siguió en el ascenso pero con los colores de
El Porvenir y
Defensa y Justicia. En el Halcón de Varela supo jugar, en la temporada 2002/03, con Sergio Bustos, Federico Arcamone y Lucho Mazzina.
Gonzalo Daniel Gaitán
Necochense, típica nota del diario local cuando vuelve a vacacionar durante el verano. Genio y figura de la playa del suave declive, edificó una carrera como volante derecho que le permitió ser tenido en cuenta por varios equipos importantes. Surgió en Rivadavia de su ciudad y luego pegó el salto cuando debutó en la Primera de Estudiantes de La Plata, en 1993. En dos años jugó 26 partidos y convirtió 2 goles. Después, reaparecería con los colores de Huracán Corrientes (1996-97, 33 encuentros y 3 tantos), donde jugaría por primera vez junto al mencionado Andrés Gaitán.
No contento con esa coincidencia, antes de seguirlo a su tocayo por la ruta que va a Avellaneda se desvió hacia Rosario y se sumó a Central, donde compartió plantel con el Chueco Walter Gaitán. Lo hizo de jodido nomás, para crearle más confusión a la gente. Cuando se cansó del chiste (28 encuentros y 2 tantos en la temporada 1997-98) se incorporó a Racing (1998-99). Y allí, una vez más con Andrés, pudo disputar 7 partidos por el torneo local, en el que incluso anotó un gol.
Tuvo la mala leche de romperse los ligamentos de la rodilla izquierda en un amistoso ante El Porvenir, en febrero de 1999 y estuvo parado varios meses. En 2000 se recuperó pero no pudo asomar la cabeza en La Academia. Si lo pudo hacer en Chacarita, donde jugó un año con grandes como el Coyo Almandoz, el Negro Gamboa, Karim Adippe y el Pelado Furios.
En la temporada 2001/2002 se fue al Fortuna Köln de Alemania. Pero no le duró mucho la etapa germana. En 2002 regresó a la Argentina y se probó en Banfield, pero al técnico Luis Garisto no lo convenció lo suficiente y en agosto de ese mismo año fichó para el Xerez de España, donde fue dirigido por el alemán Bernd Schuster.
Inexplicablemente, cuando su carrera parecía acabada, llegó al Racing de Cappa, como en 1998, pero en la versión 2003. Y la experiencia fue frustrante porque jugó muy poco (sólo actuó como titular ante Independiente y peleaba el puesto con Andrés Orozco y Jhon Galliquio) y encima le quedaron debiendo plata. De hecho reclamó mediante Futbolistas Argentinos Agremiados y pidió la inhibición. «Yo fui con los papeles, entregué todo en Agremiados y ahora el tema está en sus manos. No lo hago por capricho, necesito cobrar lo que me deben, por eso firmé un contrato. Y no me cumplieron. No pido nada extraño, sólo quiero cobrar«, explicó el volante.
En la 2004/05 se fue a Defensores de Belgrano para hacer una buena campaña en la B Nacional. Pero la taba se le dio vuelta y terminó descendiendo luego de perder por penales (marró el suyo) ante Chacarita, en un memorable encuentro donde Jorge Vivaldo fue figura.
La última temporada la jugó con los colores de Defensa y Justicia, como alguna vez lo hizo su compadre del fútbol, Andrés Gaitán.