Satisfacción

Satisfacción
Hace varios meses nos pusimos como desafío hacer el correspondiente homenaje en Amor a la Guita para Silvio Carrario. La tarea no era sencilla, claro está. Sin embargo, en poco tiempo reunimos casi todas las fotos que necesitábamos. Y decimos casi porque hubo una que se negó bastante: la de Central Córdoba. Buscamos en varias publicaciones del ascenso y sitios partidarios del Charrúa, pero no dimos con ella. Intensificamos la búsqueda mandando mails a gente relacionada con el equipo rosarino, pero no hubo caso. Cuando ya casi estábamos resignados, apareció un amigo de la Baldosa, llamado Julio Rodríguez, que se tomó el trabajo de scannear y ceder gentilmente dos imágenes que ya forman parte de la historia de éste sitio. Gracias a Julio por prometer y cumplir, a contramano de la mayoría que decía «¿Cómo se pueden olvidar del Twetty Carrario?» sin siquiera darnos una pista de cómo completar el rompecabezas de este paradigma de los jugadores golondrinas. Pueden ver el homenaje haciendo click acá .

En Una Baldosa


PD: Si quieren colaborar como lo hizo Julio, pueden consultar en la parte inferior del menú («nos falta foto de») y en los pedidos que solemos hacer en el foro.

Clérico Roberto

Roberto Adrián Clérico
Uno de los últimos juveniles del River de Passarella que restaba homenajear. Su nombre de trago frutal llegó a trascender más que sus cualidades futbolísticas, a tal punto que nadie recuerda ni siquiera el lugar de la cancha en que se desempeñaba.
De la camada de Siciliano, Oldrá y Claut, nació en Necochea en 1973 y debutó como marcador central izquierdo en primera en 1991 trayendo consigo un nuevo campeonato para la entidad de Núñez, a pesar de haber jugado un solo encuentro.
Sin embargo, su momento de mayor gloria no fue ese, sino haber enfrentado al Real Madrid por el Trofeo «Diario UNO de Mendoza». En aquella oportunidad, el Kaiser dispuso que los once titulares sean Sodero; Gamboa, Cocca, Clérico, Altamirano; Toresani, Alejandro Ojeda, Almeyda, Berti; Amato y Rojas. Mientras que Raciti, Vujacich y Leo Fernández ingresaron en la segunda etapa.
Fue triunfo del cuadro español y Roberto tuvo que marcar, entre otros, Butragueño, Míchel, Prosinecki y Zamorano.
A partir de allí, nunca más se supo de él y menos aún sus siguientes pasos como profesional.
Pero intensificando la búsqueda, quedó registrado que en 1999 y en el 2004 estuvo en sus pagos jugando para Mataderos, un equipo tradicional de los campeonatos regionales que contaba en ese entonces – Argentino B – con Leonardo Viana Beledo y Darío Miotti.
Asimismo, también tuvo un paso por Rivadavia (2000) de esa misma ciudad, dueño del estadio anfitrión de los torneos de verano de segundo orden.
Sus sueños de trascender terminaron truncándose, aunque nadie lo podrá quitar el recuerdo de haber jugado en River y ver el despegue hacia el estrellato de Lombardi, Dobrik, Garay, Villalba y Buján, manejados por el Pepe Albornoz con la 10 en la espalda.

Cucu

Juca y Fabio Giuntini

Juca y Fabio Giuntini
Es conocido el paso por nuestro fútbol del brasileño Alex Sandro Rossi (el del medio), quien proveniente de Cerro Porteño de Paraguay, jugó para Rosario Central y luego en Banfield. Sin embargo, tuvo muy poca trascendencia que junto a él, habían llegado dos compatriotas.
En agosto de 1993 pisaron suelo argentino y se fotografiaron para la prensa. Si bien no existen datos precisos sobre su permanencia y ni siquiera si llegaron a jugar, sus historias merecen ser contadas.

Jurandy de Jesús Damascena (Juca)
Pavada de nombre eligieron los padres de este brasilero antes de darlo a luz, y seguramente ofendido por tamaña atrocidad, fue que a la temprana edad de 21 años, maduro para entender y decidir, optó por armar las valijas, dejar su equipo el Marañao y viajar hacia nuestro país.
Se incorporó extrañamente a Rosario Central (1993) y con mucha pena y sin gloria, abandonó el club, para desaparecer prematuramente de la memoria de los hinchas.
En aquella oportunidad, el «Puma» Rodríguez comentó sobre él que «a Juca, en la primera práctica, no había modo de pararlo. Hacía los amagues de Ronaldo y pensamos que era una bestia. Se ganó el contrato ese día. Era puntero y veloz, pero terminó en la tercera. Era buen pibe, pero no rindió. Se decía que le gustaba la noche, pero nunca pude comprobar nada».
Años más tarde, pasó por el Tocantinópolis, Gurupi Esporte Clube (2004) y la Associación Atlética Luziania.

Santiago Fabio Giuntini
Los antecedentes y la chapa de ser «un delantero carioca» le pesaron demasiado a sus 17 años, y en su breve paso por el fútbol criollo no pudo demostrar todo lo que supuestamente sabía, aunque las dudas serán eternas.
Sin embargo, se pueden ir despejando cuando surgen sus posteriores registros. Para tranquilidad de la dirigencia de Rosario Central, no se perdieron nada, ya que Fabio realizó carrera en el ascenso del pobre fútbol de Bélgica.
En 2000-2001 jugó para el Cercle Brugge pero sin mucho furor, ya que retornó a su país y defendió a muerte la camiseta de la misteriosa y empresarial Roma Esporte de Apucarana S.C.LTDA (2002).
En el 2003 volvió a los países bajos y en el K.V Kortijk pareció encontrar un buen lugar donde despuntar el vicio, no obstante, un año después pasó al FC Denderleeuw EH (2004) y luego al RWDM.
De acuerdo a foros en francés del que algunas cosas se pudieron rescatar, no dejó un gran recuerdo y fue motivo de burlas. Algunos se rieron señalándolo como un ídolo, otros preguntando la razón del porque volvió de Brasil. ¿Nosotros nos preguntamos, porqué salió de Brasil?

Cucu

Durán Favio

Favio Eduardo Durán
Esta es la única y precaria imagen que hay en la web de un grande de la baldosa, tan inmenso que sus hazañas trascendieron el plano futbolístico. De hecho, podría decirse que su trayectoria pateando la pelota, fue lo menos importante.
Los datos sobre su carrera resultan bastante confusos y de acuerdo a un sitio de jugadores libres, comenzó en Racing Club donde estuvo entre 1993 y 1996 llegando a jugar 12 partidos.
Posteriormente, se afirma que tuvo un paso por el Santos de Brasil, club en el que habría participado de 52 encuentros. Y por si era fuera poco, en el 2001 supuestamente formó parte del plantel del Brescia de Italia.
Ya para el 2002 y en un dato más acorde y creíble, se convirtió en el primer jugador argentino y sudamericano en jugar en el ultra competitivo fútbol lituano, defendiendo el arco del FK Ekranas en 27 oportunidades.
Hasta allí, es la propia historia narrada por este hincha de River, natural de Palma de Mallorca pero con raíces marplatenses. Sin embargo en una exhaustiva y rigurosa búsqueda, se pudo desenmascarar a este simpático mentiroso.
Durán vistió los colores de Talleres de Mar del Plata durante tres años y su paso por Italia fue solamente una prueba y que según él, por estar cerrado el libro de pases, fue recomendado al club de la ex Unión Soviética.
«En verano sólo hay tres o cuatro horas de noche. El sol sale a las 3 de la mañana y al principio me costaba dormir» explicó en una nota. Asimismo agregaba que «los hinchas no son tan fanáticos como en nuestro país. El nivel de juego es similar al del ascenso argentino. El básquet acá es el deporte principal. Al fútbol van unas 2.000 personas por partido y este país, en muchos sentidos, se parece al nuestro. Hasta en que un dólar vale casi 4 pesos (lites) locales y que mucha gente va a trabajar al exterior». Su saldo allí no fue de 27 partidos, sino de apenas 4 y siendo expulsado en una oportunidad.
Pero si a los lectores no les alcanza como para catalogarlo como un símbolo de esta página, vale destacar que su amor por la velocidad lo llevó a participar del campeonato de automovilismo de TC 2000 del Atlántico como acompañante y posteriormente a conducir en algunas carreras, llegando sexto en una de ellas.
En un foro sobre el deporte motor, se lo localizó comentando que se había alejando un poco de los fierros por su viaje a Europa pero que lo mejor de esa experiencia «fueron las mujeres, unas perras las lituanas que no se pueden imaginar. Fui el primer jugador argentino en la historia del futbol lituano, ¿qué talco?».
Su último partido fue el 15 de Junio de 2002 en la ciudad de Marijampole con una derrota de su equipo contra el Suduva por 1 a 0.
Tiempo después su nombre apareció en un conflicto de tránsito en España del cual fue absuelto, no así por nosotros, que lo declaramos culpable por falso testimonio.

Pastor

Luca Marcelo

Marcelo Antonio Luca
Arquero surgido de las inferiores de Independiente y que tuvo la fortuna de integrar el plantel de la Primera División desde 1996 a 2000. En ese lapso fue al banco de los suplentes en varias oportunidades e incluso le tocó jugar en un encuentro ante Boca Juniors, por la Copa de Invierno de Neuquén en 2000, gracias a la posibilidad que le dio Osvaldo Piazza, que lo hizo ingresar en el segundo tiempo reemplazando a Leo Fernández, que estaba a prueba.
Luego se supo que esa aparente chance que le había dado Piazza en realidad era una despedida, ya que a los pocos días el club lo dejó libre. Pero las cosas no salieron como los dirigentes esperaban. Al no cerrar el acuerdo con Fernández, tuvieron que llamarlo de apuro a Luca para que se reincorpore. Esa desprolijidad no podía culminar de otra manera: al poco tiempo el juvenil arquero se fue de Independiente.
En su ciclo por el club de Avellaneda tuvo que vivir bajo la sombra de otros porteros como Marcelo Pontiroli, Faryd Mondragón y Norberto Scoponi. Y eso le dio suficiente experiencia como para mantener un aceptable nivel en el ascenso. Primero con el buzo de Español (2000-02) y luego con el de Deportivo Armenio, donde tuvo la posibilidad de jugar con el gran Adrián Zen Bonacorsi.
Inteligente a la hora de planear su futuro, matizó su vida de partidos y concentraciones con sus estudios terciarios. En 2005, y luego de cuatro años, terminó el profesorado de Educación Física en el Instituto Pío XII de Avellaneda e incluso tuvo tiempo de ejercer en sus ratos libres.
«Hice toda la carrera de noche. A veces, por las concentraciones, pedía permiso en el Instituto o alguna constancia en el club, pero está claro que se pueden encarar las dos cosas a la vez. En cuanto a las prácticas docentes que debía cumplir, las hacía a la tarde en algún Jardín o en colegios primarios y secundarios. Yo elegí esto porque me gusta, porque creo que uno tiene que prepararse de cara al futuro y porque hay una amplia gama de trabajos posibles. Además, me daba la posibilidad de abrir la cabeza y buscar caminos paralelos al fútbol. En definitiva, fue algo así como un cable a tierra. Lo que más me interesa es el entrenamiento de alto rendimiento. En fútbol, por supuesto, pero también en distintos deportes. En estos momentos, por ejemplo, estoy en un curso para ser Entrenador Nacional en natación», declaró en la página de Agremiados en septiembre del año pasado.
Y agregó «la carrera de Educación Física la había iniciado antes, pero abandoné durante seis meses y retomé en el Pío XII. Realmente tengo que agradecerle eternamente a la Fundación El Futbolista por todo el apoyo que me brindó. En el ascenso, se sabe, uno no cobra grandes sumas, y se me hacía bastante difícil, hasta que un compañero, Eduardo Lima, me dijo que fuera a la Fundación y allí encontré un respaldo fundamental, porque me costearon buena parte de los estudios. Sin esa ayuda, no sé si hubiese terminado».
Hoy la sigue luchando en Armenio junto a Diego de la Vega.

Juan Pordiosero

Mintinho

Hilton Soarez Lima Filho (Mintinho)
Centrodelantero brasileño de dudosa reputación que vino a probar suerte a nuestro país sin que se le cayera la cara de vergüenza, pues ya se le había caído cuando eligió el nombre que lo identificaría de por vida.
De un personaje apodado «Mintinho» no se podía esperar demasiado. Llegó a la Argentina en el verano de 1991 para probarse en el River de Passarella. Venía con una chapa terrible luego de destacarse en el Atlético Marañón de su país. Allí, según cuentan, había sido goleador del Campeonato Estadual Marañense en 1989, con 19 tantos. En la temporada previa a su arribo al Millonario había convertido 12 goles, por lo que algunos presumieron que estaban frente a un gran atacante.
Lo cierto es que no convenció y a los 25 años (nació el 5 de junio de 1965) perdió su única y última chance de incorporarse a un equipo argentino. Eso si, antes de despedirse se sacó una foto para El Gráfico.
Se desconoce a que dedicó el resto de sus días como futbolista profesional, pero una vez retirado siguió haciendo goles (y muchos) con la camiseta del Apocalipse, en los torneos de veteranos de la Asociación Atlética Banco de Brasil.

Juan Pordiosero

Rodríguez Elio

Elio Rodríguez
Volante charrúa que luego de ser campeón uruguayo de Primera División «B» con Liverpool en 1987, cayó en Mandiyú de Corrientes (1987-1990) donde tuvo la fortuna de conocer allí a Cousillas, Jorge Martínez, Unali, Pedro Barrios, el «Pepe» Basualdo y Perdomo entre otros. Fue parte del equipo que ascendió a la A y alguna vez integró una formación junto a ocho extranjeros más.
Sus 15 minutos de gloria y trascendencia en el fútbol argentino fueron cuando el árbitro Juan Carlos Crespi lo expulsó frente a Boca Juniors junto con el «Chino» Tapia.
Seguramente volvió a su país y en 1993 apareció jugando en Cobreloa de Chile, institución en la que no tienen el mejor recuerdo de él, a tal punto de haber sido nombrado en el foro de «Refuerzos Chantas».
Retornado finalmente a su país, vendió humo en Huracán Buceo, posteriormente jugó para Villa Española (1997-1998) con figuras que decoran la parte izquierda de este sitio como Carlos Camejo y Ricardo Celestino Bitancort.
Y para cerrar este post y asegurarse de que se trata de un baldosero de ley, sus últimos cartuchos los quemó junto a Rubén Paz en Frontera Rivera (1998) de segunda división.

Cucu

Escobar Ramón

Ramón Andrés Escobar

Delantero paraguayo con nombre de colombiano asesinado que supo suplir su escaso poder de gol con otras características de juego que jamás fueron develadas. Con 2 goles en la Primera División sobrevivió durantes 3 años vistiendo los colores de Mandiyú (25 partidos, desde 1992 a 1995), y compartiendo momentos inolvidables con otras figuras como el Indio Morán y Pablo Sixto Suárez. Nadie sabe como lo hizo, pero lo hizo. Después, como muchos otros que transitaron los primeros años de los 90’s con el conjunto algodonero, decidió quedarse en la misma provincia para lucharla con Huracán de Corrientes. Y le fue bastante bien, porque integró el plantel que ascendió de la mano de Humberto Zucarelli, en la temporada 1995/96.

Luego quiso jugársela en tierras desconocidas y optó por irse a Costa Rica. Alí fue contratado por la Liga Deportiva Alajuelense (1996/97) e hizo quedar mal al fútbol argentino, a pesar de ser paraguayo (ver post en «Paquetes»).
Regresó al país para agarrar algo de ritmo en la Primera B, con la camiseta de San Telmo (1997/98). Con el Candombero sólo disputó 13 encuentros pero marcó 4 tantos, algo bastante importante teniendo en cuenta sus antecedentes en Primera.

Sus últimos años los repartió entre el Jorge Wilstermann de Bolivia, Sportivo Iteño de Paraguay, y varios equipos de la Provincia de La Pampa.