Mayo Daniel

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Daniel Marcelo Mayo («Dani Mayo»)

Jugador que representa lo que es un baldosero. Su carrera tiene varios matices que así lo demuestran. Símbolo en Platense (1991 a 1995, con 68 partidos y un gol) y uno más en Ferro Carril Oeste (1995, 3 encuentros), partió con pasaporte español en mano para hacer la Europa, como tantos baldoseros lo hicieron y lo harán. En España hizo carrera silenciosa en el ascenso: Ecija, Alzira, Cartagonova, Numancia, Gramenet, Zafra, Mirandés y actualmente el Fuenlabrada.

A principios de esta temporada abandonó el Mirandés imprevistamente y estuvo a punto de pasar al Alcalá (equipo del pueblo donde vive su madre) pero terminó firmando con el Fuenlabrada, a 40 kilómetros de allí. Al parecer, la principal razón de su salida del equipo mirandense fue estrictamente familiar: quería estar cerca de la madre.

Quizás aprovechando la onda española de poner apodos en la camiseta se despachó con un «Dani Mayo» que es mucho mas canchero que «Daniel Mayo».

Con 33 años recién cumplidos, el final de su carrera es todavía lejano ya que según él mismo afirma «Pienso que puedo jugar todavía algunos años mas en Segunda B«

El tren de la fama ya le paso hace rato, mas precisamente en en el sub-23 de 1994 cuando Mostaza Merlo lo hizo participe de una seleccion que incluía a jugadores como Pontiroli, Miguel Vargas, Marcelo Santoni, Diego Germano, Diego Bustos, Adrian Marini, Facciuto, Christian Traverso, Simmionato y Javier Lavallen, entre otros. La camiseta con la que posó en la foto de ese plantel debe ser uno de los mayores tesoros, no solo de su carrera, sino de la de gran mayoria de los integrantes de tan bizarro equipo.

Mayo nunca fue figura pero parece que en todos los equipos cumplió, aparte debe sentirse a gusto repartiendo patadas a troche y moche. Además, cobrando más o menos bien y a tiempo.

Namandú Arias Marcelino

Marcelino Ñamandú Arias
Mediocampista que arrastró dos problemas importantes a lo largo de su carrera. El primero, de índole futbolística: jamás pudo demostrar algo de su talento, por lo que tuvo que conformarse con unos pocos partidos en la Primera División del fútbol argentino. El segundo inconveniente, mucho más terrenal, aunque no por ello menos llamativo: nunca pudo sacar una cuenta de e-mail con su apellido bien escrito.
Con esos antecedentes, se le hizo muy dificultoso triunfar en el plano internacional. Llegó desde su Paraguay natal a las puertas del Deportivo Español, donde debutó en 1996 y llegó a jugar 3 partidos, para llenar así un renglón de su corto currículum.
Claro que su fugaz paso por Argentina dejó algo para destacar. Es el único futbolista de la historia del Profesionalismo en tener un apellido que comience con la letra «ñ». Para hacer más coherente su trayectoria, podría haber jugado en Ñuñorco o en «Ñuls».
Como no arregló con ninguno de esos equipos, se volvió a su tierra y se puso la camiseta de Presidente Hayes, un modesto club en el que incluso pateaba penales. En la actualidad integra el equipo de Sport Colombia de su país (tuvo a Guido Alvarenga como compañero).
Se desconoce si finalmente se negó a sacar una cuenta de e-mail o simplemente se hizo una del estilo marcelino_niamandu@hotmail.com.

Juan Pordiosero

Mirando hacia atrás

Un sitio con un espíritu tan retrospectivo como éste no podría nunca mirar hacia adelante. Al menos no desde la sinceridad, porque hablando con una mano en el corazón, jamás nos propusimos hacer la página que hacemos.
Nos encanta mirar hacia atrás. Es nuestra especialidad, por gusto y por vocación. Por eso es que antes de brindar por el año que se aproxima y los proyectos que puedan llegar a venir, preferimos celebrar por el 2005, un año inmejorable para En Una Baldosa.
Este año crecimos profesionalmente, si se permite tan adulto término para cuatro pibes que hacen lo que pueden detrás del teclado. Perfeccionamos algunas cosas, conseguimos un dominio propio, cambiamos el diseño, renovamos el logo, hicimos un foro y sumamos gente. También nos dimos el lujo de organizar el primer encuentro baldosero. Todo eso trajo acarreado un montón de cosas, entre ellas calidad en el laburo, publicidad, mayores responsabilidades y un estilo un poco más definido.
En simultáneo, la página también creció en cuanto a popularidad, gracias a diversas notas que vieron la luz en radio, gráfica y televisión. Llegaron más pedidos, más consultas, más halagos y más reproches, pero el saldo ha sido altamente favorable. Y lo que es más importante aún, la mayoría entendió que este sitio está hecho con mucho sentido del humor.
Los miles de mails recibidos este año fueron respondidos a su debido momento. Es la manera más directa de demostrar nuestro agradecimiento, pero queríamos aprovechar esta ocasión para volver a poner de manifiesto nuestra gratitud hacia la gente que nos apoya, y decirles que 2005 fue, para nosotros, un año excelente.
Hubo muchas historias, anécdotas, personas, hechos y curiosidades que circularon por En Una Baldosa este año. No quisimos ser tan drásticos de elegir lo mejor y lo peor del año. Preferimos dejarles esa oportunidad a ustedes, para que se explayen en los comentarios.
Gracias y buen fin de año.

EN UNA BALDOSA

Karimu Shaibu

Shaibu Karimu
La segunda era de Carlos Bianchi en Boca Juniors, comenzó con algunas particularidades. Al primer entrenamiento del lunes 6 de enero de 2003 se presentaron varios futbolistas exóticos con un objetivo en común: integrar el plantel xeneize. Y lo que fue más raro aún, la mayoría de ellos lo logró. El belga Mikaël Yourassowsky subió desde inferiores y llegó a deburar en la Primera. Lo mismo hizo el brasileño Edilio, con una carrera que ya detallamos en este sitio.
Pero quien no pudo concretar su sueño fue el nigeriano Shaibu Karimu. Con sólo 18 años llegó a la Argentina para medir sus aptitudes futbolísticas en Casa Amarilla. Sorprendió en el primer entrenamiento, pero no por su nivel, si no por la oscuridad de su piel, algo que ni el brillo que le dimos a la foto pudo obviar.
Lo curioso es que luego de esa práctica inicial, varios medios tomaron su nombre de forma equivocada y publicaron la nota de color con un tal «Shaibu Kabiru» como protagonista.

Delantero con habilidad y gol, se destacó en su club de origen, el Insurance nigeriano, y luego se lució con su selección en el Mundial Sub 17 de Trinidad y Tobago, en 2001 (colaboró con 3 goles en la primera ronda y luego se lesionó, aunque su equipo llegó a la final, que luego perdería con Francia).

No quedó en Boca porque Bianchi no lo observó en aquella primera práctica y cuando regresó de la pretemporada en La Posada de Los Pájaros ya tenía definidos a sus delanteros.

Juan Pordiosero

Dopico Gastón

Gastón Marcelo Dopico
Un ícono de la «baldoseridad» en el barrio de Saavedra. Camina las calles de Vicente López bajo la más asombrosa indiferencia de los demás. Pero tras sus huellas, se esconden tardes de concentraciones y partidos de reserva en Primera División.
Gastón Dopico estuvo muy cerca de jugar oficialmente con la casaca de Platense en la máxima categoría del fútbol argentino (en los partidos de tercera, era el encargado de patear los penales). Sólo le faltó algo de fortuna. Delante suyo tenía históricos defensores, y hacerse un lugar en la formación titular del Calamar, en 1996, se le tornó imposible.
Su vida, años después, tomó un rumbo con orientación hacia el norte del país. Anduvo por Juventud Antoniana, donde salió campeón (1998) del Torneo Argentino A y compartió el plantel con Claudio Mir, Humberto Lentz y Daniel Dobrik, entre otros. También jugó en Central Córdoba de Santiago del Estero.
El año 2000 lo encontró en La Pampa, jugando para Cultural Argentino el Torneo Argentino.
Luego regresó al lugar que casi lo ve triunfar y se sumó al club All Boys de Saavedra, pero no para jugar en la cancha de 11, sino para disputar los campeonatos de…¡Fútsal!, junto a su hermano Luciano. Allí se encuentra actualmente y además hace las veces de delegado (lo suelen expulsar). Lo que se dice una carrera completita.

Juan Pordiosero

Marangoni Rodrigo

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Rodrigo Marangoni
A pesar de no poseer parentesco alguno con Claudio, el ex volante de Independiente y Boca, el peso del apellido había que defenderlo a muerte.
Amante de la Bersuit, arrancó en Vélez donde llegó a debutar en 1996 y conoció precozmente el éxito, ya que por esos años el equipo de Liniers era animador constante del fútbol argentino.
Sin embargo, jamás logró ser protagonista en el rectángulo de juego, pero si afuera. En 1999 sufrió la recordada intoxicación en Perú al igual que Raúl Gámez y varios de sus compañeros (Pandolfi, Moriggi, Cordone, Roy González, Christian Vella y Diego Trotta). Una vez llegados al país luego del empate con Universitario, fueron internados en el Sanatorio de la Providencia, donde se despacharon con un recital de vómitos, diarrea, fiebre y deshidratación. Finalmente la bacteria había sido la denominada salmonella.
Se convirtió poco a poco en un valuarte de la reserva, donde en diversas etapas compartió equipos con Leyenda, Dudar, Cantoro, Roldán, Herbella y demás. Curiosamente todo este grupo de jugadores terminó haciendo agua en Vélez y sus carreras ingresaron en una pendiente descendente que nunca más paró.
Rodrigo se llevó su buena pegada a Atlanta donde sólo permaneció tres meses, luego a Arsenal de Sarandí (2000-2001) del que se fue y ascendieron y posteriormente a Almirante Brown de Arrecifes (2001-2002).
Decepcionado por las magras campañas, entendió que mostrarse en el mercado sudamericano sería una buena vidriera. Pasó por el Aurora de Bolivia (2002-2003) pero la jugada le salió muy mal, ya que terminó en Douglas Haig de Pergamino (2003-2004) en el torneo Argentino A.
Y un año después encontró su lugar en el mundo, en donde es figura y tiene ascendencia en el plantel. Es el enganche y volante por izquierda de Guillermo Brown de Puerto Madryn donde conoció a Ceferino Díaz, Mario Pobersnik y un combo de inconclusas promesas rosarinas como Diego Luque, Arnaldo Quiroga y Diego Ordoñez.
«Maranga» no triunfó en primera, pero al menos, se robó un sobrenombre.

UPDATE

Para la temporda 2006/2007 firmo con el Deportivo Hulia colombiano donde es compañero de Martín Carillo y Juan Torres Mozónni.

Cucu

Giraudo Leonardo

Leonardo Javier Giraudo
De la camada de Ariel Graña y Ariel Montenegro, sufrió la misma enfermedad que varios de su categoría: la indiferencia de la gente. No lo tuvieron en cuenta cuando dejó su lugar vacante el Ruso Manusovich, y le costó aprovechar las pocas oportunidades que le dio San Lorenzo de Almagro. Su momento de gloria lo tuvo en marzo de 1996, cuando estrelló un tiro en el palo, cuando Racing le ganó 1 a 0 a un San Lorenzo conformado por juveniles.
Apenas disputó 7 encuentros en el Ciclón (en 1996). Perdió la chance de ser titular en mayo de 1997,cuando el Profe Castelli tenía que recurrir a un lateral zurdo suplente y optó por poner a Federico Basavilbaso en esa posición. En agosto de ese año pasó a préstamo a Atlanta, pero por Villa Crespo pocos recuerdan su rostro. Estuvo en la temporada 1997/98, junto a Marcelo Trapasso, Alcami, Echazú, el Papu Insaurralde, el Sapo Cuartas, Pooli, Módica y Couceiro, entre otros. Y sus minutos de mayor fama en el Bohemio fueron gracias a una expulsión ante All Boys.
Nunca más se escuchó su nombre.

Juan Pordiosero

Gastaldi Carlos

Carlos Gustavo Gastaldi

Marcador central que pasó a la historia por haber pasado de Rosario Central a Newell’s Old Boys, hecho curioso y hasta antinatural en la tierra del gatipan. Sin embargo, no fue esa traición lo que lo hizo un jugador reconocible. La clave de su carrera pasó por su apellido. Distinto hubiese sido con un simple López o Gutiérrez en el DNI. Llamarse Gastaldi lo hizo eterno en el recuerdo de los futboleros, pese a sus escasos 3 partidos en la Primera División de AFA.

Desde chico se notaba que sería diferente y que tendría propensión a las cagadas. Y la anécdota más recurrente lo tiene como protagonista de una travesura. En 1979, Carlitos Gastaldi jugaba en la categoría 70 de Juan XXIII, junto a Roberto Bonano y Claudio Carnevali, entre otros. El 9 de julio de ese año fueron invitados a la primera edición de “Fútbol infantil”, un ciclo radial que se convertiría un clásico bajo el nombre de “Cebollitas”.

Su conductor, Juan Alberto Topino, recuerda la anécdota: «el día que hicimos el primer programa en LT3 casi fue inicio y despedida. Los pibes, que por entonces no llegaban a los 10 años, rompieron un caño de agua, inundaron todo el hall y la oficina de publicidad. Un teniente coronel al mando de la emisora nos quiso echar, pero al final nos quedamos«.

Con el tiempo, Gastaldi creció y volvió a visitar los estudios de la radio en una tradicional sección llamada “Cebollitas de ayer, triunfadores de hoy”, por donde desfilaron figuras como Juan Simón, Vitamina Sánchez, Cristian Domizzi, Fabián Basualdo, Gastón Liendo, Luciano De Bruno, Daniel Faggiani, Germán Real, Sebastián Cobelli, Federico Arias y Gonzalo Belloso.

Su carrera continuó en ascenso y después de destacarse en inferiores se hizo mínimamente popular en la Selección Sub 20 en el Mundial juvenil de Arabia Saudita, en 1989, pues formó parte del plantel argentino dirigido por Carlos Pachamé.

Su debut en el torneo local le llegó mucho más tarde, nada más y nada menos que el clásico rosarino del Apertura ‘92 en el que los Canallas se impusieron 2 a 1 con goles del Puma Rodríguez y Hugo Galloni. Ese mismo año se puso la camiseta de Rosario Central en otros dos cotejos y no tuvo más oportunidades, aunque nadie sospechó lo que vendría.

De la noche a la mañana, arregló su incorporación a Newell’s y quebró una ley no escrita que prohibía la traición. El último jugador en atreverse a semejante acción había sido el arquero Juan Carlos Delménico, que en 1984 pasó a Central luego de haberse iniciado en La Lepra a comienzos de los 70’s. Gastaldi, además, lo hizo de club a club.

Su experiencia en el rojinegro fue triste. Sólo actuó en partidos de Reserva y pronto se transformó en un desaparecido futbolístico. Recién en 2005 recibimos noticias suyas, cuando le entregaron un reconocimiento a la trayectoria deportiva, luego de haber disputado en Torneo Inter-Country del Jockey Club de Rosario. Con 30 y pico de años y un pasado en Primera, todavía jugaba a muerte contra tipos apellidados Mastrogiuseppe o Arrichuluaga. Tan grandes como Gastaldi.