Zaragoza Carlos

Carlos Marcelino Zaragoza
A pesar de que su documento dice «argentino», este hombre es «gallego» hasta la médula. Desde las cejas hasta el apellido. Su carrera como marcador central en la Primera División de nuestro país no podía empezar en otra institución que no fuera el Deportivo Español. Allí debutó en 1996 y llegó a completar 9 partidos. Antes había vestido la camiseta de Santiago Wanderers de Chile(1994-95), junto a su compatriota Jorge Almirón. Ambos fueron fundamentales para lograr el ascenso a la máxima divisional del país trasandino.
En 1997 bajó a la Primera B para jugar en San Miguel y le fue bastante bien. Ese año obtuvo el ascenso al Nacional B con el Trueno Verde (integró el plantel junto a Cameroni, Filosa y Acciari, entre otros) y estuvo en esa categoría durante largo rato.
En la temporada 1999/2000 fue cedido a Banfield y regresó a San Miguel para la 2000/01. Al año siguiente se fue a Tigre (2002-2004), donde no tuvo un mal paso, pero tampoco descolló.
En la 2004-05 apareció en San Luis y se sumó a Juventud Unida Universitario para disputar el Torneo Argentino A.
A su vida le faltaban emociones violentas. Por eso se dio el lujo de jugar al lado del Polaco Dobrik. Está por demás decir que no necesitaba pegarle a nadie.
La última parte de este año la jugó para Comunicaciones, en la Primera B Metropolitana.

Juan Pordiosero

Pérez Ricardo

Ricardo Alberto Perez (El Guante)
Enganche surgido de Atlanta (1998-1999) pero que siempre se mantuvo en el anonimato. Esto, a partir de los silenciosos pasos por Gimnasia y Esgrima de La Plata (2000-2001), Lugano de Suiza (2001-2002) y Olimpo de Bahía Blanca (2002). En este último ni siquiera llegó a integrar el banco de suplentes, algo bastante similar a lo que le había sucedido en el Lobo, por lo que retornó a Europa.
Pasó el Libourne Saint Seurin (2003-2004) de alguna división del fútbol francés, pero con mucha más pena que gloria volvió al país.
Jugó en Unión de Santa Fé (2004) donde quedó luego de una prueba de jugadores libres pero sus actuaciones no fueron muy convincentes y dejó la institución.
Pasó a defender los colores del Everton de Chile (2005) formando una envidiable y talentosa dupla junto a Nico Diez y compartiendo concentraciones también con Sergio Marclay y Javier Menghini. Ya en 2006 volvió al país para jugar en tercera división para Los Andes.
Su carrera es de lo más extraña porque muy pocos hinchas habrán escuchado su nombre alguna vez. «Me gusta rematar al arco y generarme ocasiones de gol», afirmó. Siempre y cuando sea tenido en cuenta por algún entrenador.

Cucu

Pinto Gerardo

Gerardo Andrés Pinto
Nunca podrá borrar de su rostro las facciones de niño. Y quizás ese haya sido el motivo de su alejamiento del fútbol. Iniciado en las Inferiores de Platense, este arquero de razgos juveniles llegó a integrar el plantel de la Primera División del Calamar en 1996. Y crease o no, cuando tenía más cerca que nunca la posibilidad de debutar oficialmente, su cara de nene mimetizó al resto su personalidad y en lugar de tomar la responsabilidad prefirió obedecer un mandato paternal.
Por esos días, su padre adquirió una flota de camiones para laburar. Y Gerardo decidió largar el fútbol para dedicarse de lleno a la empresa familiar. En 1996 se subió a un Fiat 619 color gris, y no lo dejó más. En una nota al diario La Capital de Rosario, en 2003, declaró «un día mi viejo compró camiones y subimos, él en uno, mi hermano en otro y yo en éste. Nunca me había subido a un camión, nosotros éramos mecánicos y teníamos como una pyme. Ahora somos transportistas«.
En la actualidad, con 29 años y un pasado ligado al fútbol, sus anécdotas están relacionadas a los viajes y a los clientes.
«Siempre los viajes se hacen más largos porque todo depende del tiempo de carga y de descarga. Así que tenés que estar con el bolsito preparado y acostumbrarte a vivir arriba del camión. Una de las primeras veces que me subí tenía que hacer un viaje a Capital. Contento puse primera y salí. Tenía que ir a dos clientes, uno en La Boca, cerca de la Bombonera, y otro en el Tigre. La verdad que cuando llegué ni sabía dónde estaba parado, tampoco sabía dónde quedaba Tigre. Estaba perdido. La cuestión fue que entre idas y vueltas tardé seis días de San Nicolás a Buenos Aires «, explica el ex arquero que conserva su gran porte físico, aunque también sus pecas.
Luego de esa experiencia, el trabajo se dividió en la familia. Gerardo se dedica a los viajes cortos mientras que su hermano Marcelo es el encargado de los viajes largos. Sin embargo, no le gusta demasiado andar solo y prefiere que siempre lo acompañe su hermano mayor.
Lo curioso es que aclara que por seguridad y por expreso pedido de su padre tiene prohibido subir a los que hacen dedo en la ruta, como si no fuera lo suficientemente grande como para darse cuenta de eso.
Se comenta que dejó de jugar en Platense cuando se enteró de que el Atlético de Madrid se quería llevar al «Camión» Díaz.

Juan Pordiosero

Carpio Johnson

Johnson Carpio y Roy Miller
A mitad del 2002, mientras Olimpo de Bahía Blanca se preparaba para afrontar su primera temporada en la A, dos pintorescos morochos oriundos de Costa Rica aparecieron en la ciudad.
Carlos Johnson Carpio, de 18 años, y Roy Miller Hernández, de 17, ambos provenientes del Sport Cartaginés se desempañaban como marcadores de punta. El primero, quien mide 1,84 metros, ya había disputado 10 partidos en Primera y jugaba por derecha, en tanto que el segundo, de 1,83 y 8 cotejos en la máxima categoría, lo hacía por izquierda.
Decían poseer buena técnica y confiaban en adaptarse rápidamente al fútbol criollo. Carpio se vendió como un jugador agresivo, veloz y con mucha proyección ofensiva, mientras que Miller destacó de sí mismo la marca y el cabezazo.
«Lo único que nos preocupa un poco es el clima, ya que en nuestro país tenemos un promedio de 28 grados y acá hace bastante frío», afirmaban los muchachos bien muertos de frío.
Admiradores de Cafú y Roberto Carlos, la pasaron mal. No fueron tenidos en cuenta y usaron guantes y gorros de lana hasta dentro de la bañadera.

Cucu

Miller Roy

Johnson Carpio y Roy Miller
A mitad del 2002, mientras Olimpo de Bahía Blanca se preparaba para afrontar su primera temporada en la A, dos pintorescos morochos oriundos de Costa Rica aparecieron en la ciudad.
Carlos Johnson Carpio, de 18 años, y Roy Miller Hernández, de 17, ambos provenientes del Sport Cartaginés se desempañaban como marcadores de punta. El primero, quien mide 1,84 metros, ya había disputado 10 partidos en Primera y jugaba por derecha, en tanto que el segundo, de 1,83 y 8 cotejos en la máxima categoría, lo hacía por izquierda.
Decían poseer buena técnica y confiaban en adaptarse rápidamente al fútbol criollo. Carpio se vendió como un jugador agresivo, veloz y con mucha proyección ofensiva, mientras que Miller destacó de sí mismo la marca y el cabezazo.
«Lo único que nos preocupa un poco es el clima, ya que en nuestro país tenemos un promedio de 28 grados y acá hace bastante frío», afirmaban los muchachos bien muertos de frío.
Admiradores de Cafú y Roberto Carlos, la pasaron mal. No fueron tenidos en cuenta y usaron guantes y gorros de lana hasta dentro de la bañadera.

Cucu

Orrego Norberto

Norberto Javier Orrego
Ser integrante de una Selección Juvenil Argentina hace pensar que quien la integre, tiene asegurado un gran futuro como futbolista, pero desafortunadamente para algunos, esto no siempre es así.
Orrego, defensor de las inferiores de Racing Club de Avellaneda, jugó como titular el Mundial Sub 17 de Japón 1993 convocado por Mostaza Merlo y en donde compartió plantel con Fede Domínguez, Martín Bernacchia, Fabricio Fuentes, Rodrigo Vilariño, Andrés Grande, Mauro Cantoro, Nico Diez, Kurt Lutman y Emiliano Romay entre otros.
Con ese antecedente, podría haber llegado a disputar el Sub 20 de Qatar dirigido por José Pekerman, pero una lesión en el predio de Ezeiza lo dejó afuera.
Ese problema lo frenó bastante pero logró recuperarse sin tener que someterse a una operación, no obstante estuvo un año parado sin ser tenido en cuenta, por lo que partió al fútbol mexicano.
«Me trajeron engañado a México, con muchas promesas y quedé solo, a la deriva en este país», afirmó. Su primera oportunidad para hacerse conocido la tuvo en el Veracruz Sporting (1997) de la segunda división donde perdió la final por el ascenso ante Aguascalientes (1998), club que destacó su actuación y se lo llevó como refuerzo. Y un año después pasó al Correcaminos U.A.T.
Con el tiempo se fue convirtiendo en un respetado y tradicional defensor del ascenso pero que nunca consiguió acceder a la A. De acuerdo a las crónicas, se hizo referente en su equipo, líder y responsable de llevar la voz de mando en el terreno de juego. Para el 2001 regresó una temporada a Aguascalientes donde jugaba el argentino Carlos Quiñones y sin mucha fortuna, retornó al año a Correcaminos.
Por esos años, integró diversas selecciones de extranjeros para el Juego de las Estrellas de la Segunda División, junto a José Burtovoy, Diego Cocca, Claudio Sarriá, Mariano Monrroy, Roberto Cartes, Darío Sala, Fabián Estay y Josemir Lujambio.
En el 2003 reforzó al Necaxa para la CONCACAF Champions Cup y al volver a su club sucedieron ciertos inconvenientes. Lesionado, debió pagarse de su bolsillo todo el tratamiento, noticia que generó un escándalo. Y si de problemas se trata, siempre salió a bancar a su discutido entrenador ante la prensa, con insultos, provocación y hasta empujones.
En una nota en un medio mexicano, alguna vez intentó derribar el mito del defensor experimentado y tradicional, asegurando que era un central desastroso en la cancha, sin técnica ni orden, que reventaba pelotas por doquier. Y ponía en tela de juicio lo de ser nominado al juego de las estrellas. Todo eso lo adjudican a que el dueño de su pase es Enrique de la Garza Ferrer, dueño del equipo, presidente de la categoría, presidente del Consejo Consultivo Estatal del Deporte, encargado de Selección Nacional Femenina, director de Servicio Social de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y presidente del Consejo Consultivo Estatal del Deporte. Lo que se dice, un acomodado.
En agosto del 2005 cerca estuvo de pasar a Tiro Federal de Rosario, pero recaló extrañamente en el Tristán Suárez de Alejandro Anconetani y Enrique Primerano.

Cucu

Trobbiani Pablo

Pablo Marcelo Trobbiani
Resulta imposible hablar sobre este futbolista sin caer en lugar común de decir que su carrera estuvo condicionada por la de su papá, el talentoso Marcelo Trobbiani. Desde que debutó en Boca, en 1996, jamás pudo despojarse del estigma de ser «hijo de». Es más, su nacionalidad española, se la debe a su padre, que lo hizo nacer en Elche, ciudad que lo vio triunfar en los 70’s.
Pablito intentó formar su propia personalidad, pero le fue inútil. Incluso jugó de volante central, para diferenciarse de la posición del tipo que le dio la vida, un exquisito volante ofensivo.
Apareció en la Primera del Xeneize (también allí jugó Marcelo) de la mano de Carlos Bilardo. Sólo jugó 4 encuentros por torneos locales, donde mostró poco y nada.
Sin lugar, tuvo una brillante idea: continuar el rastro que había dejado su progenitor. Sin más cartas de presentación que el apellido, desembarcó en el Cobreloa de Chile, institución que había visto brillar a su padre. Pero estropeó la buena imágen de la familia con un nivel poco convincente. Disputó pocos partidos y encima no confirmó los dichos de su papá, que a su llegada a Chile había anunciado que su hijo sería «el nuevo Marangoni».
En la temporada 1997/98 fichó para el Málaga, de la Segunda B de España, y compartió el equipo con el argentino Pablo Guede. Pero a mitad del torneo se fue al Badajoz, para formar parte del Proyecto de Marcelo Tinelli. Fracasó y volvió a la Argentina. Como era de esperar, se sumó a Talleres de Córdoba, otro club relacionado al pasado de su viejo (en 1993, Marcelo había jugado 3 partidos para la T).
En julio de 1998, Pablo comenzó a entrenar en la Docta. Al principio parecía que iba a tener su gran chance, pero con el tiempo fue perdiendo oportunidades. El técnico Gareca le bajó el pulgar y no le renovaron el préstamo. ¿Sus números en Talleres?. Tres partidos jugados, ningún gol. Igual que su padre.
Regresó a Badajoz, pero tampoco tuvo oportunidades, y comenzó su peregrinaje por el mundo del under. En los últimos años pasó por el Castel Di Sangro (Italia), San Fernando, Sabadel (España) y el Sheffield United (Inglaterra), todos equipos del ascenso europeo.
Desde 2004 su nombre figura en el plantel del Hellín Deportivo, equipo de la tercera categoría española. Sin embargo, investigando a fondo descubrimos que hasta hace poco estuvo jugando un torneo de fútbol 7 para empresas, en Córdoba. Gordo y desalineado, se pone la camiseta naranja de la firma Personal, y según cuentan las crónicas, a pesar de la experiencia también lo amonestan.Juan Pordiosero

 

Diema Leandro

Leandro Alberto Diema
Uno de los tantos proyectos surgidos del fútbol rosarino que creó expectativas, no tanto por sus rendimientos sino por la costumbre de esperar de esas zonas algún crack.
Realizó las inferiores en Rosario Central desde 1994 hasta 1998 y a partir de ese año comenzó a formar parte del plantel profesional. Sin embargo debutaría recién en el 2000 frente a Colón de Santa Fé.
Durante los tres años que permaneció en el primer equipo, compartió diferentes planteles con Gerbaudo, Rochi, Marcelo Quinteros, Muñoz Mustafá, Erroz, Arriola, Cámpora, Cappeletti, Quiroga, Mariano González, Flores Coronel, Pierucci, Manchado y Campestrini entre otros.
Su gran chance la tuvo a partir de la venta de Mauro Cetto al fútbol francés, pero las cosas no salieron bien, sobre todo porque debió desempeñarse mayoritariamente en un puesto que no era el suyo.
Según los medios, se trataba de un lateral pequeño con futuro, de aquellos marcadores de punta de antes, de rápida proyección, buen despliegue y gran marca, con la facilidad de jugar por cualquier carril.
Quedó libre en el 2003 dejando un saldo de 20 encuentros disputados en primera división y minutos en Copa Mercosur y Libertadores.
Insólitamente no buscó otros horizontes y recaló en el Cremería de Carcarañá, tomado quizás como una transición que se prolongaría demasiado, ya que en el 2004 no pasó una prueba en el Quindío de Colombia llevado por el ex Boca Ariel Mario Are y fichó entonces para el Atlético Piamonte de la Liga de San Martín (Santa Fé).
En su actual club es dirigido por Diego Torrente, quien trabajó con Marcelo Bielsa en la selección argentina y se da el gusto de compartir el equipo con un compañero de apellido Dell’Orto. Pero en realidad es el único famoso, es él y dieZmá.

Cucu