[Baldosa Olímpica]: En el Placard: Ghana con fibrón (1992)

Se jugaba el partido por la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 entre Ghana y Australia. Los africanos habían sido la sorpresa de la competencia y se decía que algunos jugadores tenían más de la edad declarada. Sólo prejuicios (?).

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Entre los ghaneses, el que se destacaba era Nii Lamptey, aquel que años más tarde tendría un paso por Unión de Santa Fe. Pero hubo un compañero suyo que llamó más la atención: el arquero Ibrahim Dossey fue a disputar una pelota de manera temeraria. La consecuencia del impacto con un rival australiano fue una lesión en el africano, que soportó el dolor hasta el minuto 62, cuando pidió el cambio. Y aquí llegó el papelón.

Simon Addo estaba listo para ingresar, pero su vestimenta no: además de utilizar un buzo genérico de adidas con un diseño diferente al del guardameta titular, tenía el mismo número que lucía el jugador reemplazado. La solución, propia de Boca una nación tercermundista: le pintaron con fibrón un 2 para conformar el 12 en su espalda.

De esa manera, Ghana aguantó el 1 a 0 parcial para quedarse con su único podio en los Juegos de la XXV Olimpiada.

[Baldosa Olímpica] Aleksandar Duric, el goleador que hizo agua (1992)

Su nacionalidad ya delata que estamos ante un personaje especial: Aleksandar Duric nació yugoslavo, luego de la caída del muro le tocó ser bosnio, la Guerra de los Balcanes lo transformó en serbio y más tarde eligió ser singapurense, cuando ya tenía 30 años.

En Singapur alcanzó su esplendor futbolístico, anotando 321 goles en 439 partidos jugados. En las 16 temporadas que estuvo en el sureste asiático ganó 8 S. League, 3 Singapore Cup, 5 Charity Shields, y defendió la camiseta de cinco equipos: Tanjong Pagar (1999), Home United (2000), Geylang United (2001-2004), Singapore Armed Forces (2005-2009), Tampine Rovers (2010-2014).

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En el 2007, cuando ya tenía 37 años, debutó en la selección de Singapur y llegó a jugar 53 partidos, marcando 24 goles y además ganó el título de la Asian Football Championship, algo así como una copa donde juegan los países del sureste asiático.

Pero antes de ser una estrella futbolística, el Aleks de la gente la pasó mal, como toda persona que sobrevivió a la fragmentación de la República Socialista de Yugoslavia. Su provincia natal, Doboj, estaba en un enclave jodido y le quedaba de pasada (?) a los serbios, por lo que el padre de Aleksandar le dijo que aprovechara su habilidad para los deportes y se fuera a la mierda de Bosnia o el país que fuere ese territorio en ese momento.

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Dolido por dejar a los suyos, en 1991 Duric emprendió el exilio voluntario dejando atrás una brillante carrera en el canotaje y un promisorio arranque futbolístico en el Sloga Doboj, donde empezó como arquero pero a esa altura ya era un volante zurdo que mostraba buenas condiciones.

Su otro deporte, el canotaje, era el que lo había consagrado: había sido campeón juvenil yugoslavo a los 15 años y estaba 8º en el ranking mundial juvenil. La partida lo dejaba sin nada, o eso creía él.

Siendo un refugiado deambuló por Hungría y hasta fue a probarse a un equipo del ascenso sueco, pero sin suerte. En 1992, decidido a jugarse su última carta dentro de tanta miseria, recaló en el FC Szeged (24 partidos 7 goles), un equipo semi profesional del interior del país de Puskas; no era la gran cosa, pero al menos recibía un sueldo, casa y comida. Faltaban noticias de su familia, con quienes había perdido el contacto desde su huída y a los que no podía volver a visitar, ya que los serbios lo fusilarían por bosnio y los bosnios porque había desertado del ejército. Win Win (?).

Mientras Aleksandar penaba en el centro europeo, el Comité Olímpico Internacional resolvía aceptar a Bosnia como un país independiente y lo habilitaba a participar de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. Con muchos atletas peleando en el frente y otros exiliados a la fuerza, a los bosnios se les hizo difícil armar una delegación pero lo consiguieron. Una de las pruebas en las que podían competir era en Canotaje Individual sobre 1500 metros. Los gordos de traje (?) se acordaron que unos años antes un tal Duric, de la provincia de Doboj, la rompía. Así fue que empezaron su búsqueda por toda Europa. Cuando dieron con él, le comunicaron que estaba seleccionado para representar a Bosnia (que todavía estaba en guerra) en los juegos de Barcelona ’92.

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“Vamo’, arriba comida, techo y transporte gratis”, habrá pensado el homenajeado. “NO” le respondieron del Comité Olímpico de Bosnia, “te damos una carta de la Federación y manejate”. Entonces después de mucho pensarlo y ya sobre la fecha límite, el Aleks emprendió la aventura: sin plata, con pasaporte de un país que ya no existía y sin haber entrenado canotaje durante dos años ¿Qué podía salir mal?

El viaje a Barcelona lo hizo en camión hasta la frontera con Austria, donde no lo dejaron pasar. Después de muchas idas y vueltas, una llamada del COI destrabó todo. Desde ahí hizo dedo hasta Eslovenia y luego de dos días de viaje pudo tomarse el vuelo que lo depositaría en la capital catalana. A todo esto, los otros 9 atletas que integraban la delegación de Bosnia ya estaban en la ciudad y listos para la ceremonia inaugural que sería 48 horas después.

El resultado de su carrera fue el previsible, pero según sus propias palabras igualmente fue una experiencia maravillosa. Y como prueba, este video donde se lo ve luciendo el número 4.

Al año siguiente a su participación olímpica y de compartir copetines con Magic, Jordan y Boris Becker, él seguía vegetando en el equipo húngaro, lejos de los flashes y sin esperanzas de crecer futbolísticamente.

En ese mismo verano de 1993, su madre murió en el patio de la casa, víctima de un ataque de nervios serbios. Sin posibilidades de despedirse de ella y medio podrido de estar en Hungría, a mediados de 1995 se fue a probar suerte al fútbol australiano, donde jugó cinco temporadas en el ascenso, interrumpidas por su pase al Locomotiv Shanshan del under chino.

Defendió a siete equipos en Australia y convirtió 34 goles en 122 encuentros, hasta que en 1999 voló a Singapur a cimentar su leyenda. A los 44 años se retiró con un récord de 386 goles oficiales en 650 partidos, nada mal sabiendo que la mitad de su carrera fue volante o lateral izquierdo. El día de su retiro, el 5 de noviembre de 2014, perdió la final de la Singapore Cup contra el Brunei DPMM pero recibió un homenaje que reíte del Gordo Kenig.

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[Baldosa Olímpica] Deformaciones: Colombia (1992)

Una Selección Cafetera que llega como candidata a un torneo y se va con las manos vacías. La misma historia de siempre, repetida en diferentes competencias: Mundial, Copa América y también Juegos Olímpicos. Entre estos últimos, las malas experiencias fueron moneda corriente. Pero, sin dudas, el golpe más fuerte fue el que sufrió en Barcelona ’92.

Es que, luego de una gran actuación en el Preolímpico de Paraguay (donde Argentina fracasó con La Banda del Gol y el Toque), Colombia llegaba con grandes expectativas. La ilusión era tan grande que los hinchas y la prensa daban por segura la obtención de una medalla. Pero el ego y la falta de experiencia para encarar este tipo de competencias, los traicionó a todos: el equipo no pasó de la primera ronda. Una desilusión que se reeditaría con varios de estos jugadores dos años después, en el Mundial 1994.

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Para ser sinceros, los colombianos tenían nombres de sobra: Miguel Calero, Faryd Mondragón, Jorge Bermúdez, Faustino Asprilla y Víctor Aristizábal eran algunas de las figuras del equipo. Grandes jugadores, pero faltos de humildad. Así lo reconoció Iván René Valenciano: “Teníamos el ego por encima. Llegamos agrandados, nos sentíamos las estrellas y eso nos jugó una mala pasada. Faustino y yo ya estábamos vendidos a Europa, creíamos que ya teníamos la medalla de oro colgada en el cuello”.

La presentación del conjunto sudamericano no pudo ser peor: derrota 4 a 0 frente a España. “Nos sorprendió todo”, explicó el delantero. “Nosotros nos creíamos los mejores, pero no sabíamos que España tenía a Guardiola, Luis Enrique, Kiko, Abelardo… No sabíamos ni cómo jugaban ellos, solo creíamos en lo nuestro, y cuando nos encontramos con otra realidad en la cancha, ya era tarde”.

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Los próximos rivales, Qatar y Egipto, daban margen para la recuperación. Pero otra vez, la soberbia les dio un cachetazo: fue empate frente a los asiáticos y derrota contra los africanos. “En el partido contra Egipto nosotros estábamos completos y ellos solo tenían siete jugadores porque los había dejado el transporte. Empezamos a jugar y les íbamos ganando 2 a 0. Fueron llegando poco a poco, parecía un partido de barrio, y nos ganaron 4 a 3”, contó Iván René. De esta manera, Colombia terminó última en su grupo.

Entre las causas del revés, los futbolistas admitieron que la concentración era inadecuada. Esto, combinado con la ausencia de un método nutricional, formó un coctel explosivo. La Villa Olímpica fue el hospedaje elegido, a diferencia de otras escuadras que planificaron mejor la preparación y se concentraron en lugares más apartados. “Lo de nosotros no era una verdadera concentración. Era muy difícil controlarnos en ese lugar, donde había hasta discoteca”, consideró el mediocampista Víctor Pacheco.

Además, los jugadores que en condiciones normales peleaban con la balanza tuvieron demasiadas tentaciones y constantemente se escapaban de la habitación. “Había 10 restaurantes, siempre alguno abierto. A los pocos días ya estábamos todos pasados de kilos. Mucha distracción para unos muchachos que no éramos tan profesionales”, confesó Valenciano, uno de los más glotones.

La maldición de Barcelona (?) dejó secuelas no sólo en el ámbito deportivo: varios jugadores del plantel perdieron la vida antes que el fútbol cafetero consiga participar de otros JJOO. Omar Cañas fue asesinado por sicarios en 1993, mientras que Jairo Zulbarán encontró el mismo destino en 2002. Ese mismo año, Herman Gaviria falleció  luego de que un rayo cayera a metros suyo. El último en despedirse de este mundo fue Miguel Calero, quien en 2012 sufrió un infarto cerebral.

Fracasos futbolísticos y muertes violentas: dos costumbres colombianas que parecen inseparables.

[Baldosa Olímpica] Los héroes inventados de Perú (1936)

Los juegos olímpicos esconden una cantidad de mitos y leyendas tan grandes, que la distorsión, a veces, termina cambiando el curso de la historia. Con la figura de Hitler y el “diario del lunes”, en los Juegos de la XI Olimpiada, más conocido como Berlín 1936, hay mitos que ya merecen un digno sepulcro: el de “los peruanos héroes”.

En febrero de 1932 el COI decidió que los Juegos Olímpicos ya no tendrían fútbol, el desacuerdo con la FIFA sobre la calificación de “jugadores amateurs”, más la pelea de poderes, dejó a la competencia de Los Ángeles sin el deporte rey y sin gran parte de la recaudación que el fútbol le aportaba al olimpismo.

Los que están en la cima de las cosas sólo tropiezan una vez con la piedra, por eso en 1936 la pelota volvió a rodar en los Juegos Olímpicos. Berlín se había convertido en sede en 1931, peleando la candidatura con Barcelona. En 1933 Adolf Hitler se auto consagró como líder supremo y para difundir sus ideas, tenía servido en bandeja un evento que sería televisado por primera vez en la historia.

El uso de la propaganda fue uno de los grandes motivos de Berlín 36; la película Olympia, de la reconocida cineasta Leni Riefenstahl, fue un corolario que terminó consagrado como el primer documental de la juegos. El mundo tenía que saber que los arios estaban preparados para algo importante, aunque en ese momento Hitler era visto como un loco que había levantado a Alemania después de la crisis económica mundial de 1929 y, en parte, de la “humillación teutona” tras el pacto de Versalles del 19.

Desde ese punto de vista, se hace difícil creer que, desde el otro lado del Atlántico, más bien tirando al Pacífico oriental, un grupo de deportistas sudamericanos hubiera humillado a Hitler. Aunque durante años se contó esa historia, que fue la resultante de un partido de fútbol correspondiente al torneo olímpico.

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En el Hertha-Platz de Berlín, el 8 de agosto y ante 5000 espectadores, Perú se enfrentó con Austria por los cuartos de final. En la primera mitad, el dominio de los europeos se vio reflejado en el 2-0 parcial que marcaba el resultado. Cabe aclarar que los austríacos eran un equipo netamente amateur y que ningún integrante del famoso Wunderteam de 1934, estaba en el plantel. Los peruanos contaban con la delantera completa de Alianza Lima, que estaba conformada por Adelfo Magallanes, Teodoro “Lolo” Fernández, Alejandro Villanueva y el “Cholo” José Morales.

Con una actitud muy diferente a la de la primera mitad, los sudamericanos lograron empatar en la segunda parte y extendieron el partido con un alargue, donde lograron imponerse por 4 a 2. Aunque el árbitro noruego, Thoral Kristiansen, debió suspender el encuentro a falta de un par de minutos, por una invasión de campo por parte del público peruano. Más tarde se determinó que informe arbitral coincidía con la protesta presentada por los austríacos y se resolvió que el partido debía jugarse de nuevo.

Debido a esta resolución las delegaciones de Perú y de Colombia abandonaron los juegos y recibieron solidaridad de Argentina, Uruguay y Chile, que a pesar del saludo siguieron con la competencia como si nada. El mito comenzó a crecer cuando los deportistas peruanos llegaron a sus tierras, fueron recibidos por el público y se produjeron un par de manifestaciones en contra de los alemanes.

La delantera apodada “El Rodillo Negro” se quedó sin el campeonato, aunque sí se auto denominaron como campeones mundiales morales. El gran escritor uruguayo, Eduardo Galeano, se encargó de sobreadornar el mito que repite como una verdad irrefutable: los peruanos humillaron a Hitler.

Pasaron varios años para demistificar la historia de Jesse Owens, aquel atleta negro estadounidense que ganó cuatro medallas doradas, fama internacional y “el odio de un humillado Hitler que se tuvo que ir del palco porque no soportaba ver a un negro exitoso”. Aunque haya videos que muestran a Hitler saludando y declaraciones del propio atleta, el chamullo de la humillación del dictador fuera de contexto paga. Y mucho.

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Donde sí la pasó mal fue en su país, que tenía como presidente a Franklin D. Roosevelt buscando su segundo mandato. Owens era famoso mundialmente, en Alemania fue recibido por fanáticas y era temido por sus rivales. Pero el reconocimiento local nunca le llegó porque no fue invitado a la recepción para los deportistas olímpicos en la Casa Blanca: “Algunos dicen que Hitler me despreció. Pero yo les digo que no lo hizo. No estoy diciendo nada en contra de nuestro presidente. Recuerden, no soy un político, pero también recuerden que el presidente no me envió ningún mensaje de felicitación porque, según dicen, estaba muy ocupado”.

Claro, Owens era negro, tan negro como delantera peruana que se había ganado el mote de Rodillo Negro, tras una gira de Alianza Lima por Chile. Y como Hitler odiaba con todo su amor a los negros, decir que no los reconocía o que les pungueó (?) un campeonato, comenzó a ser parte del mito popular de la Patria Grande.

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¿Fue la historia de los peruanos en Alemania tal como la relató Galeano? “Me enteré por casualidad un buen día y lo confirmé”, dijo el escritor al comienzo de la charla televisiva, quien además asegura que “Hitler estaba sentado en palco oficial de Münich”. Lo cierto, y como está citado unos párrafos más arriba, el partido se jugó en Berlín. Es más, los juegos completos fueron disputados en Berlín, por lo que el palco del futuro genocida estaba ubicado a unos 550 kilómetros del estadio donde recibió la humillación.

Galeano cayó tal vez en el error de no chequear demasiado las fuentes y cometió el pecado de endulzar una mentira incentivada por gran parte del periodismo peruano, según cuenta el periodista Claudio Navarro, en un artículo publicado en 2008 en La República: “en el libro ‘Una historia del fútbol peruano’, escrito en 1975 por el periodista Guillermo Thorndike, se narra con lujo de detalles la manera en que el arquero peruano ‘Mago’ Valdivieso le atajó en Berlín un penal al austriaco Steinmetz. «… El disparo va hacia la izquierda, a interceptarlo vuela Valdivieso. Manotea. Steinmetz ha fallado el penal por cinco centímetros». Eso dice el relato de Thorndike. Sin embargo, según la documentación hallada por Arias Schreiber, en aquel partido Perú-Austria el árbitro noruego Khristiansen no sancionó penal alguno.

Fue cierto que a Perú le anularon 3 goles en ese partido contra los austríacos (imposible saber si bien anulados), como también fue cierto que tras los festejos del tercer y cuarto gol, parte de un público peruano impaciente y excitado por el triunfo, entró al campo de juego a abrazar a sus jugadores y a amainar un poco a los rivales.

Según los austríacos, el amaine consistía de golpes e insultos (difícil creer que un austríaco conozca el idioma peruano) y un peruano con un arma en la cintura al borde del campo de juego. Los medios ingleses, hermosamente amarillistas como pocos, contaron a través del Daily Sketch que: “mil peruanos los que armados de fierros, cuchillos y revólveres invadieron el campo de juego en pleno partido, agredieron a tres jugadores austriacos y dejaron a los europeos con ocho jugadores”. Esa versión fue la recorrió toda Europa, también engañando a los fanáticos del viejo Continente. La versión peruana insistía con la gallardía y la garra indomable con la que molestaron a Hitler, que era austríaco, provocó que éste y el partido nacionalista a través del COI, los “echaran” de la competición.

Para tomar la decisión de jugar nuevamente el partido entre peruanos y austríacos (aquí surge otro error de los contadores de mitos) la FIFA, organizadora del torneo olímpico de fútbol sin injerencia externa (el COI no participó de la decisión), se basó en “las reglas del juego” para determinar que el informe del árbitro (“las decisiones son del árbitro y las mismas son definitivas”) coincidía con la protesta de los austríacos.

Se dispuso entonces que el partido se juegue nuevamente el 10 de agosto, y a puertas cerradas, pero ante la negativa de los sudamericanos se postergó para el día 11. La ausencia definitiva del seleccionado de Perú le dio a Austria el pase directo a semifinales, donde se impuso a Polonia, para luego perder el oro ante la Italia de Vittorio Pozzo.

Definitivamente, Hitler no se sintió humillado desde un palco por los peruanos y probablemente poco haya sabido sobre este partido. Definitavamente, el COI tampoco tuvo injerencia sobre la decisión de anular y hacer disputar el partido. Definitivamente, los peruanos de 1936 fueron héroes inventados.

Eduardo Cantaro

[Baldosa Olímpica] El momento del pebetero

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Tal como hicimos con Go Home durante la Copa América Centenario, inauguramos una sección para contar viejas historias de los Juegos Olímpicos con el estilo de En Una Baldosa.

Desde hoy y hasta la finalización de Río 2016, en Baldosa Olímpica nos encargaremos de mostrar todo tipo de baldoseros, partidos insólitos, rarezas, curiosidades y mitos que nacieron en los Juegos.

A los tradicionales posteadores que engalanan el blog día a día, sumamos el aporte de Eduardo Cantaro, periodista especializado en la materia y autor del libro «100 años de fútbol olímpico». Vamos a ver si se la banca (?).

Como dijo O Rei, es hora de agarrar la antorcha.

Ferro estilo Celtic (2008-2009)

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Homenajear a una camiseta del pasado, aunque se trate de un modelo fugaz e insignificante para la historia del club, suele ser un buen recurso de las marcas para no ponerse a inventar cosas rebuscadas y al mismo tiempo ganarse al hincha por el lado de la nostalgia. Claro que no siempre esos experimentos salen bien.

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A mediados de 2008, la empresa Reusch sacó al mercado una casaca alternativa de Ferro Carril Oeste que remitía a unos modelos utilizados por la institución de Caballito entre 1966 y 1968, con clara inspiración en el Celtic de Glasgow, que por aquellos años conquistaría la Copa de Campeones de Europa, la única en la historia del fútbol escocés.

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El tema es que la reedición de esa camiseta, bastante bien lograda, fue estropeada por los logos de UTEDYC, KU, Sólo Deportes y La Nueva Seguros. ¡Malditos sponsors, arruinaron Escocia!

Mal Pase: Veira al Palmeiras (1976)

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Para inicios de 1976, Héctor Rodolfo Veira ya estaba en cualquiera. No, todavía no se le había dado por invitar gente a su departamento para firmarle un autógrafo. Con apenas 29 años, ya en el ocaso de su carrera y diezmado por las lesiones, llegó a Brasil para vestir la camiseta de uno de los clubes más populares de ese país: el Palmeiras, que se había consagrado campeón del Brasileirão en 1972 y 1973 y del Paulistão en 1972 y 1974, y buscaba reforzarse en posiciones clave para mantener su hegemonía.

El Bambino venía de un par de temporadas en las que se había dedicado más a recaudar algunos billetes que a otra cosa. Prueba de eso fueron los pasos con un sabor amargo por el Sevilla español y el Comunicaciones de Guatemala. Lejos habían quedado los años dorados, repletos de goles defendiendo los colores de San Lorenzo y Huracán, entre otros.

Consciente de que las chances de llevarse un fiasco eran bastante altas, el Verdão, dirigido por el ex Boca Dino Sani, le propuso entrenar durante unos días, jugar un puñado de amistosos y recién ahí confirmar si contaría o no con sus servicios. El Bamba no puso objeciones. Actuar en Brasil, además, le daría la oportunidad de reencontrarse con un viejo conocido, el Loco Narciso Doval, que ese año había abandonado el Flamengo para pasar a su archirrival, Fluminense.

El primer test fue el 28 de enero, en Anápolis, en el estado de Goiás, ante el ignoto Anapolina. Ese día, Veira fue titular y compartió equipo con figuras como el arquero Emerson Leão o el eterno Ademir da Guia. El cuadro paulista se impuso por 2 a 0 y el delantero marcó el segundo gol a los 20 minutos del complemento, dejando una buena imagen.

Tres días más tarde, Palmeiras derrotó por 1 a 0 al Araçatuba, del interior de São Paulo, y Veira fue nuevamente parte del once inicial. Al igual en su debut extraoficial, tuvo una digna actuación y en la segunda etapa fue reemplazado por Erb.

Cuando parecía que la historia tendría un final feliz y que el Bambino vestiría la casaca verde durante el campeonato paulista, apareció Vicente Matheus. ¿Quién? Unos de los históricos presidentes del Corinthians, club que para ese entonces arrastraba una larga sequía de más de 20 temporadas sin títulos. Lo cierto es que Matheus llegó con los billetes uno arriba del otro (50 mil dólares) y se quedó con el pase del argentino, a quien siempre llamó “Vieira”, dejando pintado a su eterno rival.

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¿Qué pasó en 1976? Palmeiras fue campeón estatal otra vez, Veira jugó poco y nada en el Timão (apenas convirtió 4 goles en 20 encuentros, ante equipos de nombres inverosímiles como Madrugada, Pato Branco y la selección de Cuiabá -capital del estado de Mato Grosso-) y hasta se llevó una tontísima expulsión por sacarse la camiseta para festejar luego de una asistencia, siete minutos después de haber ingresado en un partido del Brasileirão contra Operário de Campo Grande. Tras rescindir su contrato en enero de 1977, terminó emigrando a la Universidad de Chile, antes de retirarse con los colores de Oriente Petrolero en 1978.