Franco Héctor

Héctor Manuel Franco
Volante surgido de Boca Juniors en épocas de sequías futbolísticas y ni hablar de inferiores, de donde no salía nadie. Jugó apenas tres partidos, pero parece haber dado suerte porque el xeneize se impuso en todos. Fueron un 2 a 1 frente a River por la Copa Brahama 1995, 1 a 0 a Ferro (ambos desde el banco) y 5 a 0 a Independiente (como titular). Pero emigró rápidamente en busca de minutos, y poco a poco su sueño de jugar en la primera de Boca y en el fútbol grande se fue diluyendo. Pasó a Quilmes del Nacional B (1995-1996) y de ahí a Atlanta (1996-1997). Sin suerte en el Gran Buenos Aires probó por el interior. Estuvo en Godoy Cruz (1999-2000) de Mendoza y terminó de descender en su trayectoria, porque se incorporó al Atlético Candelaria de Misiones (2002-2004) en categorías aún más bajas. Actualmente integra las filas Guaraní Antonio Franco de Misiones (2004-2005). Una caída Franca.

Cucu

Uribe Edson

Edson Julio Uribe
Jugador peruano, típico livianito esquivo a meter zuela, tuvo un paso fugaz por el fútbol argentino. De hecho nadie se acuerda de él, pero vale la pena repasar su curiosa historia. Como lo dice su apellido, cuenta con la ventaja pero también la mochila de ser «el hijo de…». Nacido en 1982 ya pasó por una infidad de clubes como Sporting Cristal, Juan Aurich, Jaguares de Colima,Tecoman, Deportivo Maldonado (con J.J Borrelli), Alianza Atlético Sullana, Estudiantes de Medicina (Perú), Atlético Universidad y Unión Magdalena (Colombia).
En el año 2002 cayó en Rosario Central, y lo curioso es que jamás jugó, y como la edad le daba, llegó hasta participar en partidos de 4ta división. Luego permaneció un tiempo por la reserva. Siguió probando y pasó a Huracán la temporada siguiente, precisamente en la que el equipo de Parque Patricios descendió. Pero para asombrarse aún más con su trayectoria, fue convocado por su padre, el gran Julio César Uribe quien era director técnico de la selección. Los medios lo criticaron diciendo que era «un hecho de nepotismo y no tenía los méritos suficientes como para vestir la gloriosa blanquirroja».
Actualmente la sigue «robando» por ahí, pero al igual que en todas partes, no pasa nada.

Cucu

De Paoli Rodolfo

Rodolfo De Paoli
Otro de los tantos casos de futbolistas que encontraron su verdadera vocación fuera del perímetro de la cancha. Raro fue que no se convirtiera en un emblema de Nueva Chicago, ya que su padre fue Presidente de la institución durante 3 períodos. Se sabe que los jugadores con parentescos en la política de un club suelen cargar con el estigma de ser «hijo de…». Pero a veces también reciben beneficios ( y si no pregúntenle a Bucaram ). No es el caso De Paoli, que no aprovechó las pocas chances que tuvo ( 10 partidos en la B Nacional, en la temporada 1999/2000 ) y debió marchar al exterior. Pasó por México y Ecuador, pero no dio muestras suficientes de su talento. En una nota habló sobre esa experiencia y dio detalles que rozaban con la ficción: « fue una road movie. Terminé en un hotel centroamericano, rutero, sin saber cuándo me pasaban a buscar para entrenar. Me vi a mí mismo, una tarde, guardando la ropa en el bolso y tomándome el regreso. Encima, me llamaba mi viejo y me decía que acá Chicago estaba por llegar a primera«.
Cansado de probar con los botines, colgó el traje de volante ofensivo y se dedicó a mirar el fútbol desde afuera, pero con una participación más activa. El periodismo lo cobijó y allí pudo destacarse, algo que no había logrado con la pelota en los pies. Fue uno de los 400 postulantes que se presentaron al casting de relatores de Radio Mitre, hace más de dos años. Y le fue bastante bien, porque terminó entre los dos elegidos.
Si bien ya había seguido la campaña de Chicago, en la emisora del Grupo Clarín le tocó jugar en ligas mayores, ya que tuvo que relatar a Boca. Hoy es el encargado de los Deportes en el programa «de 9 a 12«, que se emite por Canal 9, y conduce «Vamos Boca» (por Boca TV) junto a otro baldosero como Fabio Talarico.
Entre sus mayores frustraciones en el fútbol, figura haberse perdido el viaje de egresados por jugar un partido de reserva.
Y entre sus máximas satisfacciones, en cambio, se encuentra algo que hasta el mismo Pascualito Rambert (que le metió un gol a Dios en una publicidad ) envidiaría. Rodolfo de Paoli le tiró un «centro-gol» a Jesús ( y en la vida real).

Juan Pordiosero

Roy González Aníbal

Aníbal Roy González
Con esos nombres poco podía hacer en el fútbol, sin embargo su irrupción en la primera de Vélez Sarsfield en la temporada 98/99 fue fuerte y sorprendió, más que nada por convertir dos goles en uno de sus primeros partidos. Su primer grito fue en la abultada derrota por 5 a 2 frente a Argentinos Juniors. No obstante las cosas se acomodaron, llegaron refuerzos y Roy perdió terreno. Decidió pasar al fútbol chileno para ganar minutos y sentirse partícipe de un equipo. Allá vistió los colores del O’Higgins 2000-2001 y coqueteó con la Universidad de Chile para la 2001-2002. Pero retornó al país en la segunda mitad del 2002. Olimpo de Bahía Blanca debutó en Primera y llevó un paquete con varios de Liniers como el, Juan Casado, Juan Pietravallo, Marcelo Bustamante y posteriormente Eduardo Domínguez. En el aurinegro compitió por el puesto de enganche con José Albornoz, Leo Más, Ricardo Pérez y el mencionado Casado. Fracasaron todos y el DT Falcioni, quien había confiado en sus condiciones porque lo conocía de Velez, casi no le dio más oportunidades y optó por un doble 5 y volantes por los costados. El 2003 lo encontró en la B Nacional, más precisamente en San Martín de Mendoza donde finalizada la temporada no fue tenido en cuenta y dejó el club junto a Gabriel Caiafa. Al poco tiempo continuó su derrotero por diferentes ligas de segundo orden de Sudamérica. Pasó por Sport Boys de Perú (2004) y luego por el Deportivo Manta de Ecuador donde también fue dejado en libertad de acción. Entrenó luego con el combinado de libres (CEFAR) junto a Diego Loscri, Leonel Gancedo, Héctor Almandoz, Daniel López Maradona, Andrés Grande y gran elenco. En este 2005 firmó con Atlético Tucumán para jugar Argentino A. Quizás algunos creerán que aún puede explotar. Que esperen sentados, ni un milagro podrá.

Cucu

Oviedo Hernán

Hernán Oviedo
Volante que tomó el fútbol casi como una «pasantía». Fue futbolista porque no tení­a nada que hacer. Querí­a ver qué onda. O al ménos eso interpretamos al ver su trayectoria. Debutó en la primera de Ferro Carril Oeste en 1996 (empate 2 a 2 ante Boca, en la Bombonera). Integró un mediocampo en el que no abundaban los exquisitos (estaban Martens , Fiorentini y Cordon) . Sin embargo, no logró destacarse (jugó hasta 1999, 30 partidos y convirtió 2 goles) . Él se calificó en una oportunidad como «un volante de ida y vuelta, un carrilero. Tengo buena pegada y cabeceo bastante bien también. Soy de asistir más que de convertir, pero me gusta patear los tiros libres«. En la última parte de su etapa en Caballito entabló buena relación con el técnico Oscar Garré. Y fue el ex defensor de la selección argentina quién lo llevó al Deportes Concepción de Chile en 2000. Oviedo, con 24 años se convirtió en un refuerzo que prometí­a y se animó a tirar «Y, bueno, vamos a tratar de acostumbrarnos primero a la ciudad y luego a intentar triunfar«. Se ve que no llegó ni a acomodarse. Y de triunfar ni hablar.
Se desconoce el paradero. Aunque una información indica que se quedó en Chile para estudiar la carrera de Comunicación Audiovisual.

Juan Pordiosero


Orta Mario

Mario Teófilo Orta Olita (El Tucho)

Delantero con un nombre increíble (como la mayoría de los uruguayos) que cruzó el charco para jugar en el mítico Mandiyú de Corrientes. En la temporada 1991-92 jugó 23 partidos e hizo un gol. Antes había tenido una experiencia bastante particular, ya que vistió durante un año (90-91) la camiseta del Saprissa de Costa Rica. En su país pasó por muchos lugares. Jugó en Rentistas (1997-98 /1999-2000 / 2001), Bella Vista (1998), Deportivo Maldonado (1999) y Liverpool de Montevideo (2002-03). También paseó sus condiciones por el Real España de Honduras, en la temporada 2000-01. Pero no se fue de la mejor manera. Antes de terminar su contrato, la dirigencia lo rajó y él no encontró razones que justificaran el despido «algunas veces las cosas me salieron bien y otras mal pero el fútbol es así. Cada vez que me puse la camiseta del Real España la transpiré a muerte, por eso estoy tranquilo».
Hoy es representante de jugadores.


Juan Pordiosero

Velázquez Wilmer

Wilmer Velázquez (El Matador)

Este hombre tenía una misión en la vida: convertirse en el segundo hondureño en hacer ruido en la Argentina. Su destino le tenía preparada una trayectoria similar a la de su compatriota Eduardo Bennett. Sus goles lo habían hecho abandonar su tierra (en Honduras había jugado en el Olimpia) para probarse en Boca Juniors, en 1996. En la prueba hizo todo lo posible para que Carlos Bilardo, DT en ese entonces, le diera el OK. El delantero marcó 4 goles en un sólo partido pero al Doctor eso no lo conmovió. Velázquez pegó la vuelta a su país esperando otra gran chance. Como no tuvo ofertas más interesantes, un año más tarde ( en mayo de 1997), volvió al club xeneize para que lo evalúe otro técnico. El Bambino Veira tampoco quiso tenerlo en el plantel, a pesar de que el precio no era muy desorbitante para lo que se pagaba en aquellos tiempos (el pase del «Matador» costaba sólo 500 mil dólares). Wilmer, con 25 años, debió conformarse con volver a sus orígenes. En Honduras es muy respetado ya que se convirtió en el goleador histórico del Olimpia y además es un referente de la Selección.

Hace algunos años se lo mencionó como posible refuerzo de Banfield. Entre los detalles más importantes de su currículum baldosero, figura algo fundamental: fue compañero de Danilo Tosello.

Juan Pordiosero

Olivera Juan Manuel

Juan Manuel Olivera

Delantero uruguayo que surgio en las filas de Danubio, en 2001. Cuando comenzó a jugar como titular tenían la idea de que iba a cubrir el hueco que habia dejado Nacho Risso, goleador de aquél equipo. En parte cumplió con lo esperado, ya que marcó muchos goles. Alguien se avivó y lo llevó a San Lorenzo para el Apertura 2004. Todavia caminaba sobre Boedo la sombra del Beto Acosta.
Empezó bien, ya que le convirtió a Olimpo en su presentación (además era su cumpleaños Nº 23), en el Nuevo Gasómetro. Ese partido entre el CASLA y los bahienses quedó en la historia ya que también hizo un gol el venezolano Vallenilla. Muchos pensaron que Olivera tenía por delante un buen futuro, porque tanto el Pampa Biaggio como el Loco Abreu habían llegado desde Uruguay y habían marcado en sus respectivos debuts. Sin embargo, quedó demostrado que el Flaco había llegado para «baldosear». Nunca más hizo un gol y terminó colgado. Cansado de esperar, en 2005 pasó al Cruz Azul, donde casi no jugó.
Hoy es una de las «flamantes» incorporaciones de la Universidad de Chile.
Su altura (1,90 metro) provoca desconcierto en la gente. Y él responde » el básquet me gusta, pero no tanto. Varios me preguntan por qué no me dediqué a eso: lo mío es el fútbol«. No te creas, flaco.

UPDATE

El paso por la U chilena fue fugaz y malo, después pasó al Cruz Azul de México donde solo jugó 100 minutos y a pesar de eso marco dos goles, pero regresó a su país y a Danubio. Sólo estuvo seis meses y se volvió a ir; esta vez a un país con un nivel futbolístico mas acorde al suyo; firmo para el Suwon Blue Kings de Corea del Sur.

Cazador