Última jornada del Grupo B del Sudamericano Sub-20 de Ecuador 2001. Igualados en escasos tres puntos se enfrentaban, por un lado, la siempre postergada Selección de Bolivia; por el otro, la siempre conflictiva y descarriada Selección de Chile.
Los trasandinos llegaban a éste último cotejo con, como no podía ser de otra manera (?), cinco suspendidos por diversos motivos además de un lesionado y con la imperante obligación de ganar o ganar, ya que una derrota lógicamente clasificaría a los altiplánicos y un empate entre ellos haría lo propio con Uruguay.
Con solo tres suplentes en el banco de relevos, el entrenador chileno, Héctor Pinto, mandó a confeccionarle la camiseta número 12 al arquero suplente, Eduardo Lobos, para que éste la tenga junto a su buzo de arquero por si era necesario su remoto ingreso en caso de que ocurriese alguna fatalidad.
Por suerte para ellos, la fatalidad jamás llegó. Lo que si ocurrió, claro, fue que el delantero José Luis Villanueva se quedó sin piernas y por tal razón -a los 80 minutos- debió ingresar el último recambio disponible: Eduardo Lobos. Y no solo eso. A los 85 el arquero suplente selló el marcador definiendo un contragolpe como un verdadero goleador. Chile 3 – 1 Bolivia, locura y pasaje a la Ronda Final.
Por primera vez en la historia de los Torneos Sudamericanos, un arquero suplente que no actuó como arquero convertía un gol que no era ni de cabeza, ni de tiro libre, ni de penal en su única participación como juvenil. Exijo una explicación…
Mientras guardaba a sus mejores hombres para disputar el partido de vuelta por la semifinal de la Copa Sudamericana 2007 ante Arsenal de Sarandí, River Plate marcaba tarjeta por la fecha 16 del torneo Apertura ante Huracán en la cancha de Argentinos Juniors con lo que tenía más a mano: un combinado de juveniles con escaso rodaje, muchos debutantes y unos pocos experimentados. Una verdadera Deformación.
Ese sábado a la noche, bajo la dirección técnica y táctica de Daniel Alberto Passarella, salieron a la cancha Juan Ojeda, el colombiano Carlos Alberto Valencia, Mateo Musacchio, Federico Lussenhoff, Emmanuel Martínez, Facundo Affranchino, Matías Díaz, Matías Abelairas, Sixto Peralta, Damián Lizio y Andrés Ríos. En el segundo tiempo ingresaron el Roly Zárate por Abelairas, Mauro Rosales por Ríos y René Lima por Affranchino.
Uno que tuvo su estreno en aquella derrota por 2 a 1 ante el Globo fue el mediocampista central Matías Gastón Díaz, un producto genuino de las divisiones inferiores del Millonario, categoría 1987, que venía destacándose en la Reserva y buscaba el salto definitivo a Primera.
Sin lugar en el plantel campeón del Clausura 2008 que dirigía Diego Pablo Simeone, y antes de la debacle del último puesto en el Apertura de ese año, bajó un escalón para sumar minutos en la Primera B Nacional con la camiseta de San Martín de San Juan (2008/09). Disputó 13 partidos y le marcó un gol a All Boys en Floresta.
Con ese antecedente, a mediados de 2009 pegó la vuelta a Núñez, pero con el regreso de Matías Jesús Almeyda y la presencia de Nicolás Domingo y Oscar Ahumada en su puesto natural, se le hizo complicado ganarse un lugar en la consideración de Néstor Gorosito primero y Leonardo Astrada después.
Para colmo, a fines de ese año, el Jefe le colgó el cartel de prescindible, al igual que a Andrés Ríos, Nicolás Navarro, Rodrigo Archubi, los paraguayos Miguel Paniagua y Javier Cohene Mereles y el pibe Diego Bogado. Algo de razón tenía (?)
Sin embargo, el destino lo dejaría en River. No en el nuestro, claro, donde no sería tenido en cuenta, sino en River de Puerto Rico (2010), dirigido por Walter Zermatten y rodeado de argentos baldoseros como Martín Morello, Maximiliano Vallejo y Juan Manuel Sara, entre otros. Fueron apenas un puñado de encuentros, pero le alcanzaron para ser testigo privilegiado de una preciosa tángana ante el San Juan Jabloteh de Trinidad y Tobago, por el Campeonato de Clubes de la Unión Caribeña de Fútbol, en la que hubo golpes para todos.
A mediados de 2010, junto a Gonzalo Gil, pasó a préstamo al Ñublense de Chile. En los primeros seis meses disputó 15 partidos (13 por el torneo local y otros 2 por la Copa Chile) y su equipo salvó el pellejo por poco: terminó apenas dos puntos por encima de Universidad de Concepción, que debió jugar la Promoción.
En su segundo semestre sumó otras 15 presencias y no pudo repetir el milagro. Ñublense finalizó, sí, último. Díaz no se quedó a ver el descenso de sus ex compañeros porque tenía otro objetivo: buscar el ascenso a la A con Deportivo Merlo (2011 a 2013). ¿Lo consiguió? Ni por asomo. Es más, se fue a la Primera B Metropolitana. Al menos siguió actuando con cierta continuidad.
Ya complemente mimetizado con el fútbol de los sábados, jugó seis meses en la famosa Isla Maciel con la camiseta de San Telmo (2014) y en todo 2015 lo hizo bien cerquita de su casa, en Zárate, con los colores de Defensores Unidos, en la Primera C.
Martes 22 de diciembre de 2009. La Selección Argentina de Diego Armando Maradona, que había clasificado al Mundial de Sudáfrica cortando clavos, arrancaba en España la necesaria etapa de depuración de la lista final. Claro que, para no desentonar con aquella confusa época, el equipo elegido no fue otro participante de la Copa del Mundo sino un combinado étnico que estaba en el súmmun de la simpatía universal: La Selección de Catalunya comandada por el legendario Johan Cruyff
A sabiendas que el esperado y postergado regreso de El Flaco al banco de suplentes después de 13 años se iba a robar el show más allá de lo que pasase en la cancha, El Pelusa no quiso ser menos y llamó la atención del planeta al delegar irresponsablemente el lugar de entrenador a Héctor Enrique y al sentarse cómodamente en una platea del Camp Nou. Aunque algunos, por supuesto, dicen que lo hizo por que la Federación Catalana se negó a pagarle ningún cachet extra más allá del acordado por la participación de la Argentina… ¡Que malpensados, che!
Y así, comandada inéditamente por el querido Negro, aquella noche Argentina formó con: Diego Pozo; Cristián Álvarez (Salvio), Otamendi (Pareja), Demichelis y Papa (Dátolo); Gago (Banega), Bolatti, Pastore y Di María; Lavezzi e Higuaín (Palermo).
Por su parte, los provincianos (?) jugaron con: Víctor Valdés (Codina); Puyol (Serrano), Piqué (Moisés), Oleguer y Capdevilla; Bruno Saltor, Sergio Busquets, Xavi (Sergio González) y Verdú; Sergio García (Navarro) y Bojan (Corominas).
¿El resultado? Una victoria con baile de Catalunya por 4 a 2 con goles de Sergio García (2), Bojan y Moisés, marcando Pastore y Di María para los nuestros.
De las tres leyendas presentes en aquella ciudad, en aquel momento, se destaca que Maradona se retiró del estadio y nunca jamás hizo referencia a aquel encuentro; por su parte Lionel Messi -recién llegado desde Japón Abu Dabi- ni siquiera se molestó en ir a la cancha y el único que abrió la boca fue Johan Cruyff, quien manifestó: “¿Contento? No puedo estar contento si a mi regreso vinieron solo 53.000 personas. Debería estar lleno, no es correcto…”. Inolvidable.
Sin siquiera lograr el status futbolístico como para pertenecer al selecto grupo del “hermano malo”, pero con las indiscutidas cualidades como para ser proclamado Secretario Gremial de la Cofradía del Hermano Clavo, Rodrigo Acosta (03/10/86) llega a En Una Baldosa con los ánimos intactos como para disputarle esa reñida elección a Mauro Scaloni.
Con un increíble parecido físico a Lautaro, su inseparable hermano quince meses menor, éste limitadísimo lateral derecho hizo todas las inferiores en Lanús, como no podía ser de otra manera. El verdadero problema, claro, surgió cuando Rodrigo llegó a Cuarta División, y desde allí en adelante, ya que los diversos cuerpos técnicos no se animaban a dejarlo libre para no generarle un doloroso malestar al Laucha, a quien ya vislumbran como aspirante a máximo ídolo histórico del Granate, además de un potencial saco de Euros con patas…
Con Lautaro ya convertido en un establecido jugador que estaba en la mira de varios clubes europeos, durante el Clausura 2008 Rodrigo hizo su inesperada aparición en Primera División, beneficiado por la participación de su equipo en la Copa Libertadores. Esto ocurrió en la jornada 12, cuando Lanús cayó por 3 a 2 contra Vélez Sársfield en el Amalfitani después de ir ganando por 2 a 0. Toda la suerte, toda.
Una semana después y para que no caiga en una profunda depresión, Ramón Cabrero lo ratificó como titular frente a Arsenal en La Fortaleza ¿Y cómo les fue? Re bien, a los 45 minutos ya perdían 4 a 0. Rodrigo Acosta fue reemplazado en el entretiempo por Saviolita Biglieri y aquella derrota final por 2-6 frente al Arse fue su última aparición con la camiseta del Granate.
Dos meses después y cuando este posteo ya se estaba escribiendo solo (?), el planeta se quedó boquiabierto cuando Rodrigo Acosta firmó para el Sevilla de España (2008) que había pagado 11 millones de dólares por Lautaro. Ah ¿Y cuanto pusieron por El Beto? Por supuesto que nada, ya que había quedado libre de Lanús y fue el hermano quien le tiró un salvavidas…
Cuando Rodrigo se sumó a las prácticas de los blanquirojos –siempre asomándose detrás del Laucha– el entrenador, Manolo Jiménez, se dio cuenta a los diez minutos que no le daba el nivel para el primer equipo ¿La solución? Que se vaya a jugar en el Sevilla B, que en ese momento se encontraba en Segunda División. Allí, cuando el técnico lo vio jugar se dio cuenta a los diez minutos que no le daba el nivel para ese equipo ¿La solución? Que vaya a ver que onda en el Sevilla C, donde finalmente encontró su lugar en España pero, eso si, sin dejar de ser apenas un suplente.
Sin nada más que hacer en Europa, Rodrigo Acosta cortó el vínculo fraternal y se volvió al país para deambular en Primera B por Temperley (2009/10), Deportivo Morón (2010/11) y Brown de Adrogué (2011/13), donde estuvo dos años y hasta festejó el histórico ascenso al Nacional B sin jugar siquiera un minuto por una osteocondritis en la rodilla izquierda.
Esa fueron, hasta hoy, las últimas novedades que tuvimos de un baldosero genial, a quien se lo presume muy divertido, como cuando hace un par de años manifestó: “Con Lautaro somos muy unidos y todo el mundo nos confunde… la gente me pide autógrafos todo el tiempo pensando que soy él y un poco me molesta… hasta dejé de ir a los boliches para que la gente no piense que es El Laucha el que está de joda”.
La verdadera manera de vivir Acosta… a costa del hermano.
Después de haber quedado libre en Boca Juniors, donde inscribió con sudor el récord aún no superado de 462 partidos disputados, Roberto Mouzo se dedicó a betocarrancear fuerte, pasando por varios equipos en un breve lapso. Incluso, llegó a ponerse una camiseta con la que finalmente no jugó oficialmente.
Estudiantes de Río Cuarto (1985), Nueve de Octubre de Ecuador (1985) y Atlanta (1986) fueron los clubes que eligió el defensor para sus días finales dentro de una cancha, aunque no le duró mucho el retiro…
En 1987, formó parte de la selección argentina de veteranos en la Copa Pelé disputada en Brasil. Con apellidos como Brindisi, Babington y Más, los nuestros se impusieron ante los locales en la final. Y Mouzo jugó tan bien en esas tierras, que le pidieron que se quedara.
Con 34 años, el ex Boca llegó a Salvador de Bahía y firmó por 6 meses para el Vitória. No sólo eso, se puso la ropa y se sacó las fotos de rigor. Sin embargo, el sueño acabaría pronto.
En plena pretemporada, a Mouzo se le trabó la rodilla y no tuvo más remedio que parar para operarse, algo que complicaba su continuidad en el fútbol profesional. Es por eso que, sin jugar un minuto para el rubro-negro baiano, dejó el contrato de lado y volvió a la Argentina para recuperarse.
Cuando todos ya lo hacían un ex jugador, Roberto volvió a la actividad para jugar regionales con Urdinarrain de Entre Ríos (1988 a 1989) y Deportivo Villa Gesell (1990). Y ahí sí, se sacó las ganas de colgar los botines en la playa.
Con el antecedente todavía fresco del triunfo con Vélez frente al Milán por la Copa Intercontinental de 1994, el nombre de Carlos Bianchi no era desconocido en Italia. Por eso no fue extraño que Franco Sensi decidiera contratarlo para que repitiera con la Roma los éxitos alcanzados con los de Liniers. Lo que sí causo sorpresa fue el rendimiento del equipo que entrenó el Virrey, que ni siquiera alcanzó a terminar la temporada.
Además del entrenador, a mediados de 1996 llegaron algunos refuerzos que tendrían suerte dispar: Damiano Tommasi (se transformó en un símbolo del club, jugando 10 años con la misma camiseta), Martin Dahlin (tapado por otros delanteros, sólo jugó un puñado de encuentros y en unos meses se fue con más pena que gloria) y la gran estafa apuesta: Roberto Trotta. El defensor había llegado por 15 millones de liras y, a pesar de ser un protegido del DT, apenas participó en 6 partidos, dejando el club a comienzos de 1997. Tanto el sueco como el argentino consiguieron su merecido espacio en la versión italiana de En Una Baldosa.
Pero las malas decisiones del Virrey no sólo pasaron por los refuerzos elegidos: dentro de los elementos con los que contaba decidió apostar por jugadores más experimentados, relegando así a un joven que pasaba de ser una promesa para convertirse en una realidad. Un tal Francesco Totti, quien años después recordó: «Él quería que me cedieran a la Sampdoria y, si me hubiera ido, no habría vuelto a este club, que es mi casa y mi vida. Ese señor no me permitía vivir el sueño que yo quería». Su antipatía hacia Bianchi fue notoria, al punto que encabezó la oposición interna en el plantel que derivó en el despido del argentino, a siete meses de su arribo.
Carlitos dejó Roma en abril de 1997 con estos números: 31 partidos dirigidos, con 12 victorias, 9 empates y 10 derrotas, válidos por las tres competencias oficiales disputadas. Quedó eliminado en la primera rueda de la Copa Italia (caída 3 a 1 frente al Cesena, en lo que fue su debut al mando del equipo), en 16º de final de la Copa UEFA y la campaña liguera fue mediocre: Bianchi colaboró para el 12º lugar de la Roma, una ubicación que el equipo capitalino no conocía desde 1979 y que al día de hoy no repitió. Al momento de dejar el banco, ni siquiera estaba a salvo de caer en la Serie B, asegurándose la permanencia unas fechas antes del final del campeonato (el equipo terminaría a 4 puntos de la zona roja).
Un año más tarde, el Virrey recuperaría la señal de su celular y comenzaría su idilio con Boca, recobrando la costumbre de levantar copas en torneos locales e internacionales. Esos festejos y vueltas olímpicas que en Europa no se consiguen.
Buenas, estimado. Si usted así lo desea, por favor siéntase y lea. Es más que bienvenido. Pero, eso si, sepa de antemano que este texto fue modificado severamente de su versión original, en un desesperado intento por no perderse, completa e infinitamente, en los entramados jurídicos de la carrera delictiva y vandálica de este sujeto, que superaron ampliamente a una promisoria, luego escueta y finalmente decepcionante trayectoria deportiva.
Parido el 12 de junio de 1982 en Asunción del Paraguay según algunas publicaciones ó en Salamanca, España, de acuerdo a otros escribidores; la confusión en su acta de nacimiento no hace más que confirmar el hecho que Carlos Báez Appleyard fue inventado, sin ningún lugar a dudas, en el taller donde Quentin Tarantino se sienta largas horas a pensar en Uma Thurman y a cranear a los personajes más entretenidamente bizarros, desequilibrados y violentos de la cinematografía universal.
De lo que nadie puede dudar, bajo ningún punto de vista, es de la verdadera nacionalidad del aludido: cerroporteñista. Y es que esta extrema y fanática condición marcó y marcará la vida de éste ser humano como la de quien busca, con métodos primitivos y salvajes, una quimérica autonomía patriótica y estatal tanto para él como para sus desgraciados semejantes.
El para otros idealizado sueño de ser jugador de fútbol profesional no le resultó esquivo ni dificultoso, más bien todo lo contrario. Facilidades y condiciones sobraron: buen porte, resistencia física, aprobado cabezazo, don de mandamás. Todo eso sumado al ventajoso hecho de ser el homónimo hijo de un reconocido y experimentado ex futbolista y entrenador guaraní quien -cual Peleo, orgulloso progenitor- le brindó la chance de iniciarse en el tradicional sustento familiar.
En líneas generales, Carlos Báez, siendo poco más que un púber, se encontraba en condiciones del promedio hacia arriba como para triunfar en un mundo donde siempre se necesitan confiables y estereotipados defensores paraguayos. El más probado déficit, lamentablemente, se hallaba en algún punto de su psiquis, que lo inducía a cometer los más innecesario actos de violencia que se puedan avizorar sobre un verde césped. Esta actitud, tomada con bastante sorna durante sus años iniciales en la disciplina de Cerro Porteño (2003/06), inspiraron a la creatividad de su compañero Jorge Achucarro, quien lo rebautizó como Aquiles después que ambos deportistas salieran del cine tras ser espectadores de la divergente y hereje cinta “Troya”, protagonizada por Brad Pitt.
La primera vez que los simples mortales pudieron ver una muestra gratis del temperamento de éste Aquiles fue en el partido por un lugar en la Libertadores de 2004, en el que su equipo cayó derrotado por 2 a 0 ante Olimpia. Siendo integrante del banco de suplentes, Báez agredió a Julio César Enciso a traición, desatando una batalla campal ante la pasividad de su entrenador, el hoy inmaculado Gerardo Martino, quien en ese preciso momento se dedicaba a insultar a Luís Cubilla. ¿Las penas para los implicados? Absolución para todos, excepto para el defensor, quien fue suspendido de la actividad por un año.
Ese castigo, claro, no hizo más que devolverlo al universo de las fantasías ya que, durante ese tiempo, concurrió con libertad y frecuencia a “La Gradería Norte”, donde pudo alentar a su equipo y sentirse, de esa manera, mucho más pletórico y realizado que en la tediosa tarea de perseguir a delanteros rivales.
Cumplida la sanción, Carlos Báez volvió al primer equipo para convertirse en un baluarte de la defensa, ganarse la cinta de capitán y encabezar varias vueltas olímpicas. Burocráticas sensaciones que matizaba con los verdaderos placeres de esta vida, tales como: ensalivar cabelleras rivales, tatuar tapones en desprotegidas canillas, retirarle el saludo a los jugadores de Olimpia antes de los clásicos, convertirse en ídolo de su parcialidad amparado en su carisma, volver a la tribuna siempre que las expulsiones se lo permitían e iniciar disputas territoriales como todo buen macho alfa de cualquier jauría.
No se me duerma, estimado. Por que a comienzos de 2007, Carlos Báez llegó a la Argentina para defender la divisa de Independiente de Avellaneda a expreso pedido de Jorge Burruchaga. Ni bien llegó al país, el extasiado Aquiles manifestó: “Soy el Cannavaro paraguayo” sin aclarar que esta apreciación era más afín a su aspecto caucásico que a sus cualidades futbolísticas. Así y todo, fue titular durante su primer torneo (Clausura ’07) donde fue lateral derecho en una feroz zaga compartida con Leandro Gioda, el uruguayo Rodríguez y Sergio Escudero.
Su desvalorizada actuación durante aquel campeonato, donde metió 17 encuentros, lo llevaron a ser suplente con la llegada de Pedro Troglio en el Apertura ’07. Apenas 5 partidos, solo 2 de ellos como titular, lo depositaron, sin escalas, en la siempre temida lista de jugadores prescindibles.
Arsenal de Sarandí fue su cobijo durante todo 2008, donde Aquiles pareció calcar la desabrida faena de su campaña anterior: algo de titularidad durante el Clausura (11 partidos) y suplencia rutilante a lo largo y ancho del Apertura (6 encuentros). Entremedio, viajó a Japón con el capricho del Clan Grondona para ganar la Copa Suruga Bank, donde su participación se limitó a traspasar aliento mediante enérgicos sapucays sentado cerca de Daniel Garnero. Considerado por debajo de Matellán, Mosquera, Brau, Casteglione, Yacuzzi y varios más, Carlos Báez se reencontró al fin con la felicidad: el esperado retorno a Cerro Porteño (2009).
Arsenal con la Suruga… A que no encuentran a Aquiles…
Lamentablemente para él o no, este retorno careció de hechos destacables desde lo deportivo. Apenas poco más de una decena de encuentros en un pobrísimo nivel y el orgullo de haber sido el artífice de una inolvidable tángana contra Fluminense en la Semifinal de la Sudamericana, al sentirse herido tras quedar afuera con dos goles en contra en el descuento. Ah, esa noche Aquiles era suplente…
Deportivo Cúcuta de Colombia (2010) y O`Higgins de Chile (2011) fueron los siguientes destinos donde actuó, ya desanimado por la lejanía afectiva, en escasísimas ocasiones. Imposibilitado de volver a Cerro Porteño por la dirigencia, Aquiles resolvió no aceptar ninguna de las ofertas de otros equipos paraguayos y se retiró de la actividad. Y ahí vendría la novela policial. Pero antes, claro, manifestó el amor hacía su club en esta exquisíta pieza musical.
En principio y como intento de primordial sustento de sus días venideros, Aquilescreó la marca de ropa “Imperix Azulgrana” dedicada íntegramente a toda la liturgia que involucra a Cerro Porteño y que fue tanto uniforme de batalla como prenda sepulcral de decenas de barrabravas caídos en su nefasta ley.
Después y sin solución de continuidad: protagonizó peleas en boliches, riñas callejeras masivas, le pegó una patada en la cabeza a una persona en su comercio, fue acusado por tirar balazos desde su departamento hacía las casas vecinas y hasta de agredir al equipo femenino de Olimpia cuando enfrentó a las chicas del Azulgrana por que: «basuras no hay que meter en Barrio Obrero».
«Una foto con los pibes pal feis…»
¿Denuncias? De toda índole, hombre, claro. Entró y salió de la cárcel como quien va despreocupadamente a pagar el cable o el teléfono y también gozó o padeció de arresto domiciliario. El caso más relevante, que le valió una persecución casi estatal, fue cuando se metió en la platea de Nacional para agredir a un hincha rival solo sabe Dios por que motivo…
Estando Báez tras las rejas, después de un tiempo prófugo, su legado fue celosamente protegido por Laura, tierna hermana menor de Aquiles, quien fue detenida por protagonizar una balacera contra otra hinchada rival. Oh, bella ninfa de la guerra…
¿VOT SI?
Además supo ponerse en contra al Municipio de Asunción cuando lideró a un grupo que pintó varias calles, monumentos y espacios públicos con los colores azul y rojo para conmemorar el centenario de Cerro Porteño.
A mediados de 2015 y antes de ir a juicio oral por ya no se sabe bien cual de todas sus causas, Aquiles no tuvo mejor idea que difundir un bélico video donde se trenza con un semejante olimpista más un amenazante mensaje de voz dedicado a cualquier oído Decano que lo quisiera escuchar.
Finalmente, en octubre de 2015 fue sentenciado a trabajos comunitarios y a presentarse en una comisaría cada vez que Cerro Porteño jugase en Asunción por el lapso de dos años. Esto, nos animamos a pronosticar, no impedirá que dentro de un corto período de tiempo volvamos a tener novedades de Carlos Báez Appleyard, desafortunado ex futbolista, barrabrava, baldosero, quien está encerrado en un universo personal donde, inconscientemente, se confunden los atributos heroicos de Aquiles con los de Loki, el Dios de la mitología nórdica que haya armonía para su espíritu en la trasgresión, la maldad, el amor fanático, la violencia y la travesura…