Leonardo Pisculichi a Independiente y Gastón Machín al Mallorca (2006)

El primer gol que hiciste jugando a la pelota entre amigos capaz no lo recordas del todo bien. Tenías 9 años, jugabas de arquero y de delantero, corrías atrás de la pelota y los partidos terminaban 24 a 22. La primer película que viste en el cine no tiene una exactitud muy clara. Tu vieja dice que fue Cinema Paradiso, pero tu viejo te dice que nunca llegaste a entrar porque vomitaste la papilla del mediodía al acomodador y tuvieron que salir de la sala. Pero si hay algo que te acordas, es de la primera vez que tuviste a una minita cara a cara en lo que los yankees llaman «cita» y a lo que nosotros simplemente le decimos «salida». Ya debías de ser un boludo grande, avanzado en granos tapados con cremas, con ganas de votar (?) y perfumado hasta las encias para agradar a aquella joven que se interesaba en vos. Lo tomabas casi como un milagro. Y más o menos era algo así. Después de años de Playboy como único acercamiento al sexo femenino, hoy estabas frente a frente a una piba. Te haces el duro y el frío con tus amigos, pero en el fondo estabas muy feliz. Te volvés más nabo, es cierto. Pero algo nuevo, con una sonrisa perfecta y un aroma mágico en su cuello (se sabe que los perfumes femeninos son muy ea ea pepe), te había sacado del famoso «Loco, ¿qué voy a hacer de mi vida?» adolescente.

El mágico (?) invierno del 2006 traía novedades en Avellaneda. Tras un mes sin fútbol en el país mientras la Argentina de José Pekerman disputaba la Copa del Mundo en Alemania, el Independiente de Jorge Burruchaga invertía en nuevos jugadores de cara al Torneo Apertura. Uno de los que tenía en la mira el actual entrenador de Rafaela era Leonardo Pisculichi, habilidoso enganche nacido desde la cantera de Argentinos Juniors y que en aquel entonces llevaba meses en el Mallorca español.

Las negociaciones fueron tomando forma: Se daría su arribo en un traspaso que incluiría a Gastón Machín, ex compañero suyo en el Bicho, como parte del pase. El atacante viajo a la Argentina para cerrar su llegada, dejando atrás su etapa en el Viejo Continente y volviendo a un equipo al cual estuvo muy cerca de pasar en el 2005, tan solo un año atrás.

La negociación, sin embargo, jamás llegaría a su puerto. El efecto domino de la caida del pase de Pisculichi al Rojo haría que se cayera también el traspaso de Machín a tierras europeas. Al conjunto de Burruchaga terminaría arribando Rodrigo Díaz. Pisculichi cada vez se alejo más de Avellaneda, dejando el Mallorca en 2006 para pasar a jugar en la liga qatarí primero, y en el fútbol chino posteriormente. En cuanto a Machín, por ahí anda el pibe (?).

Pudo haber sido en los 70′, 80′, 90′ o incluso hace muy poco. Quizá hoy esa piba no es más que un recuerdo en el pasado con el que te reencontraste vía Facebook, llegandole a pispear las fotos de las vacaciones con su esposo e hijos en Villa General Belgrano. No quita que, por momentos, apeles a ese recuerdo para sonreir, poner una canción que te lleve a aquel encuentro o simplemente que aquella memoria te acompañe mientras bajoneas una cerveza en una noche de Viernes. Muchos dirán que es una boludez, ¿pero quíen no sonríe al recordar la anécdota de su primer salida con una minita?

Sánchez Lucas


Lucas David Sánchez (Tungui)

Un halo de misterio cubre por completo la trayectoria de Lucas David Sánchez, aquel defensor (categoría ’86) que prometía en la Sub 17 que disputó el Mundial de Finlandia en 2003, pero que, de la noche a la mañana, llegó a la Capital Federal para hundirse en el más profundo de los anonimatos.

Todavía no había cumplido ocho años cuando, en 1994, se puso por primera vez la camiseta del club de sus amores, Talleres de Córdoba. Con el tiempo, Sánchez se fue convirtiendo en uno de los proyectos más interesantes (en su época, claro) de las divisiones inferiores del club de La Docta, a la par de Emanuel Perrone. Las citaciones a las juveniles de la selección argentina no tardaron en llegar y todos le auguraban un futuro enorme.

En el verano de 2003, el Tungui había sido pieza clave del equipo nacional que se impuso en el Sudamericano Sub 17 de Bolivia. “Jugar en la selección y salir campeón es lo mejor que le puede pasar a un jugador”, se despachaba ante cualquier micrófono que le pusieran delante de las narices.

Unos meses más tarde, integró la lista de futbolistas que fueron al Mundial de la categoría, al igual que Oscar Ustari, Ezequiel Garay, Lucas Biglia, Matías Cahais, Fernando Gago, Nahuel Guzmán, Neri Cardozo, Lautaro Formica, Pablo Alvarado, Diego Lagos, Walter Acevedo, Leandro Díaz, entre otros. Ojo, también había estrellas del cosmos baldosero como Ariel Cólzera, Hernán Peirone, Gonzalo Ludueña e ignotos que no llegaron a Primera como Mariano Arnulfo, Lucas D’Alegre o Mariano Hassel.

Por aquel entonces, el entrenador Hugo Tocalli no ahorraba en elogios: “Sánchez crece día a día». Al pibe solo le faltaba cumplir su sueño: «Jugar de titular en la Primera de Talleres», decía.

Luego del tercer puesto en Finlandia (el campeón fue Brasil y el segundo España, donde la rompió un tal Cesc Fabregas), en el que no jugó tanto como esperaba, Sánchez fue promovido al plantel profesional de la T.

Pero el contexto no era el más favorable. Los cordobeses necesitaban un campañón para salvarse del descenso y las finanzas estaban bastante mal. En el Apertura, Talleres terminó en mitad de tabla con 24 puntos. En el Clausura se reforzó bien, hizo un gran torneo y finalizó tercero, a cinco unidades del campeón, River. Ese buen desempeño le hizo esquivar el descenso directo, pero no pudo hacerle frente a la Promoción. Luego de perder ante Argentinos Juniors, el Matador se fue a la B Nacional para nunca más volver.

¿Y Sánchez? En el Apertura 2003, con José Omar Pastoriza en el banco, formó parte del plantel, pero nunca fue convocado. Más tarde, con la llegada de Jonca Jonca Juan José López, fue relegado y volvió a las inferiores. Ya en segunda división, Luquitas se quedó en la T esperando su chance. ¿Y? Nada. A fines de 2004, tras la quiebra, juntó sus cosas y dijo adiós.

Ya en Capital Federal, Luis Grillo, representante y dueño de un porcentaje de su pase, le consiguió una prueba en River Plate. Al Millonario llegó como una apuesta a futuro y comenzó jugando en las inferiores. Tenía 18 años y todavía podía explotar. Había que llevarlo de a poco.

A mediados de 2005, Leonardo Astrada convocó a la pretemporada a un grupito de juveniles que se venían destacando. En esa lista estaban Nicolás Domingo, Augusto Fernández, Ricardo Villalba, el Pipita Higuaín y, sí, Lucas Sánchez.

Pocos meses después, ya con Mostaza Merlo como DT, el Tungui sumó algunos minutos en cancha en el centenario de Independiente. Esa noche, en la Doble Visera, reemplazó a Villalba en el segundo tiempo. Luego, con cierta frecuencia, alternó en Reserva donde, dicen, no andaba mal. Su (escasa) altura le jugaba un contra para el puesto, pero -cuentan- se las rebuscaba bastante bien.

En el Clausura 2006, con Daniel Passarella como técnico, fue al banco de suplentes en un partido oficial, aunque no ingresó. Justamente ese año fue actor de reparto en uno de los negocios más turbios del club de Núñez en la última década. Un empresario, de nombre Ricardo Martin Hardoy, pretendía comprar porcentajes de pases de 16 jugadores (Gonzalo Higuaín, Augusto Fernández, Diego Buonanotte, Juan Pablo Carrizo, entre los más renombrados) en apenas tres millones de dólares. El negocio estuvo muy cerca de concretarse, pero finalmente se pinchó. Ah, sí, el que acercó a Hardoy a Núñez fue el propio Daniel Passarella, que después ganaría las elecciones presidenciales.

Para mediados de 2007, cuando cumplió 21 años, su permanencia en el Millonario era inexplicable. Después de recuperarse de una lesión que lo tuvo fuera de competencia durante buena parte del año anterior, volvió a la Reserva y apenas concentró un puñado de veces (aquel mamarracho en el que un River plagado de juveniles perdió contra Huracán en cancha de Argentinos Juniors, por caso) y desde entonces se convirtió en una moneda de cambio constante que nadie se cansaba de rechazar. Algo así como los caramelos para los supermercados chinos.

En 2008 lo quisieron mandar al FC Dallas de Estados Unidos junto a Lucas Malacarne, otra promesa trunca de la cantera riverplatense, pero el pase se cayó. Ya en 2009, sin lugar ni siquiera en Reserva, donde estorbaba la proyección de pibes más jóvenes, los dirigentes buscaron la forma de sacárselo de encima a toda costa. Ya no importaba la elegancia.

A mediados de año, en República Dominicana se organizó un torneo que haría las veces de scouting para clubes de México y Estados Unidos y River, a través de su filial de Puerto Rico, fue invitado a participar. Allí, con los colores de River Plate Ponce, y junto a otros relegados descartables como Diego Bogado, Marcelo Burzac y el paraguayo Emmanuel Gamarra Fernández, Sánchez se consagró campeón. ¿Las ofertas de los equipos norteamericanos? Bien gracias.

Tres o cuatro hinchas del Millo (no muchos más) lo habrán recordado en 2010 cuando, junto a otros futbolistas (Mauro Rosales, Oscar Ahumada, Cristian Villagra, Diego Barrado, Gonzalo Ludueña, Juan Ojeda, Nicolás Navarro, Marcelo Gallardo, Diego Bogado, Lucas Gómez, Eugenio Klein, Gabriel Loeschbor y Andrés San Martín), reclamó la deuda que el club mantenía con él.

Así, tras cinco años de contrato, y sin haber jugado ni siquiera un minuto de manera oficial, el Tungui quedó libre. Un año más tarde, River descendió a la B Nacional.

Una síntesis de lo que fue la última década.

Bonus Track EUB (?)

Por suerte, alguien compiló sus mejores momentos (?) y subió un video a YouTube. En una de esas, 10 años después de esas imágenes, vuelve a ponerse los cortos y, por fin, debuta en Primera.

9 años

Cuando empezamos con todo esto lo único que teníamos por delante era un rectángulo en blanco que había que rellenar con letras, según sugería Blogger. Apenas si sabíamos lo que era un blog, nunca habíamos escaneado una foto, escribíamos bastante mal y no conocíamos a nadie que nos recomendara.

Lo única que nos quedaba, hace 9 años, era empezar a llenar esos rectángulos blancos con caracteres negros. Unas líneas de texto, una foto y click en Publicar. Lo que restaba después era esperar la devolución de los lectores por e-mail, porque ni comentarios teníamos.

Ya el primer año tuvimos una buena aceptación, escasa, pero buena al fin. ¿Cuántos nos leerían? ¿50 tipos? ¿100, con toda la furia? Lo importante era que nos empezaba a divertir cada vez más eso de contar historias de jugadores. Entonces agregamos historias de camisetas, de partidos, de todo lo que nos resultara interesante y que estuviera a contramano de los sitios de actualidad. Los blogs, al poco tiempo, se convirtieron en una moda. Había que tener uno, aunque no se supiera bien para qué.

Independientemente de ese auge, que naturalmente un día desapareció, a nosotros nos siguió entusiasmando el simple hecho de escribir. Recordar, leer, investigar, chequear, preguntar y escribir. Y fue así como ese ejercicio nos fue llevando a distintos lugares, desde los más previsibles hasta los más insospechados: una redacción, una editorial, un canal de televisión, una radio, un escenario, un estadio y un cabarulo montón más que justo ahora no vienen al caso.

Nueve años más tarde podemos decir que llenar rectángulos blancos, con muchos caracteres o con menos de 140, nos enseñó mucho de aquello que ignorábamos al principio. Lo único que había que hacer, para aprender, era ponerse laburar. Unas líneas de texto, una foto y click en Publicar.

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Mal pase: Palermo a Lazio (1999)

La gran actuación de Martín Palermo con la camiseta de Boca Juniors en el Apertura ’98 lo convirtió rápidamente en una vedette en el viejo continente, y no precisamente por haberse vestido de mujer. La contundente estadística de 20 goles en 19 partidos llamaba la atención acá y también del otro lado del charco.

Fue así como, entre los interesados por contar con los servicios del Titán, se mencionaron varios clubes por aquellos días. El Atlético de Madrid, por ejemplo, se mostró bastante decidido a contratarlo en un principio, pero luego su Presidente, el verborrágico Jesús Gil y Gil, declaró: «Palermo se pinta mucho el pelo de colores, tiene algunas características raras… Más que el costo de la operación, me preocupan las neuronas del muchacho». Y agregó: «Necesitamos traer un chaval porque al equipo le hacen falta delanteros, pero debo estudiarlo muy bien. No quiero tener otro caso Vieri», en alusión al italiano, que no había soportado mucho tiempo fuera de su país.

Durante todo el primer semestre de 1999 Palermo siguió haciendo goles y los equipos del exterior se fueron multiplicando. Lazio de Italia apareció en escena y fue, durante varios meses, el candidato más firme para llevarse al Loco. Sin embargo, las conversaciones no llegaron a buen puerto, el libro de pases se cerró y el goleador debió quedarse otro campeonato en Boca, con la promesa de que lo venderían al finalizar el año.

En septiembre de aquel 1999, la chance de que Marteeeeeen (?) se sumara al conjunto romano reflotó inesperadamente, con la venta del sueco Andersson al Bologna. Fue en ese mismo momento cuando el representante del jugador argentino, Gustavo Mascardi, tomó las riendas del asunto y llegó a un acuerdo con los italianos, para presionar a Boca con una cifra que alcanzaba los 15 palos verdes. La dirigencia xeneize, bajo el mando de Mauricio Macri, no aceptó la oferta de los tanos, pero se mostró dispuesta a seguir charlando, dejando de lado a Mascardi, a quien no veían con buenos ojos.

Eso, por supuesto, generó una guerra entre el representante y Mauri (?) que terminaría frustrando al delantero y alejando un poco a la Lazio del mapa, mucho más cuando, a mediados de noviembre, Palermo se rompió la rodilla en un partido ante Colón.

Después de tanta desgracia, Palermo volvería con gloria y en el 2001 terminaría pasando a otro grande de Europa…el Villarreal (?).