Schiavi a la Roma (2001)

Pareció que se habían alineado los planetas. El primer capitulo fue en la semifinal de la Copa Libertadores 2001 cuando, indignado con la dirigencia por temas monetarios, Jorge Bermúdez encabezó la protesta en contra del tesorero Orlando Salvestrini.

Paguen y cállense y Salvestrini al psicólogo eran las leyendas que tanto el trío de colombianos como Traverso e Ibarra, mostraron por la pantalla de T y C Sports desde los vestuarios del Parque Antártica, donde Boca acababa de vencer al Palmeiras por penales. Este hecho le aseguró al Patrón una rápida salida al Olimpiakos de Grecia, en donde conoció a Adriana Karembeu.

El segundo capitulo tuvo como protagonista a Rolando Schiavi llegando a Boca, pese a que se había confirmado su pase a San Lorenzo y al clamor de los hinchas Xeneizes quienes preferían a Horacio Ameli.

El tercer capitulo tuvo como locación el Estadio Olímpico de Roma, donde Boca llegó para jugar un amistoso contra el flamante campeón de Italia, estipulado en el pase de Walter Luján Samuel. Mientras Batistuta se desgarró las cuerdas vocales festejando su gol, Antonio Barijho se las rebuscó para dejarnos otro inigualable paso de comedia (?). En una jugada intrascendente arremetió contra la humanidad del marfileño Saliou Lassissi, provocándole fractura de tibia y peroné al jugador que había llegado hacía dos semanas a los Giallorossi a cambio de 10 millones de dólares.

La cuarta escena de este culebrón (?) fue en el despacho del presidente de la Roma, Franco Sensi, quien no estaba seguro si cagar a piñas al delegado de Boca contratar a Burdisso, Cufré o a ese lungo “cuevero” que anuló a Delvecchio, decantándose, finalmente, por esta ultima opción. Cuentan las crónicas de la época que Sensi ofreció 4 millones de dólares pero desde La Boca le pidieron 5, sin percatarse que ya estaban cometiendo El Timo del Siglo quintuplicando los 800.000 dólares que le habían pagado tres semanas antes al Semillero del Mundo.

Así y todo, los dirigentes de Boca apalabraron a Julián Maidana para reemplazar al Rolo, sumando de esta manera un nuevo pase frustrado en la carrera del ex Talleres, junto a las diez que derribo una leyenda urbana.

El ultimo capitulo sitúo a Schiavi de vuelta en Casa Amarilla, para después conocer a La Raulito, salir campeón de todo.

Así siguió la vida de los otros protagonistas:

Jorge Bermúdez: Tuvo otro hitazo televiso al llorar con la camiseta de Newell’s sobre los hombros de Tití Fernández.

Gabriel Batistuta: Se perdió en el ostracismo, hoy se lo conoce como El Papá de Thiago.

Antonio Barijho: Consiguió en Roma comprador para la cadena de Winston Bogarde.

Saliou Lassisi: Volvió a su tierra y fue extra en Diamante de Sangre.

Julián Maidana: Se le cayeron cuatro pases más…

Bogado Diego

Diego Iván Bogado

Afirman, quienes frecuentan el fútbol amateur de River Plate, que este pibe realmente era un pichón de crack. Tal es así que Marcelo Fracaso Bielsa lo llevó como sparring a la Copa América de Perú 2004. Lateral derecho por instinto, pero también lateral izquierdo o volante por ambas bandas, para resumir sus cualidades deportivas en los dominios de Alan Schlenker se afirmaba: “Es como Clemente Rodríguez… pero rubiecito, claro”.

Nacido el 23 de febrero de 1986, Diego Iván Bogado apareció en la primera del Millonario a mediados de 2006, cuando el equipo de Passarella ganó la ansiada Copa Diario Uno al vencer por 3 a 1 a Independiente Rivadavia en Mendoza, en aquel partido que marcó el regreso del Burrito Ortega al club de Núñez.

Se mantuvo entrenando con el primer equipo y volvió a ver acción recién un año después en el marco de otra copa. El 25 de mayo de 2007, River perdió en su estadio la Copa Volkswagen ante el Wolfsburgo alemán. Esa tarde El Millonario jugó con la reserva y lo más recordado es la minita que se ganó el auto que se sorteó en el entretiempo. Bogado fue titular junto a Fernando Pellegrino, Matías Díaz, Matías Menseguez y Tulio Etchemaite, entre otros.

Una vez destituido El Kaiser, nuestro homenajeado tuvo su única oportunidad de firmar la planilla de Primera División. Fue por la última fecha del Apertura 2007, cuando El Tapón Gordillo lo llevó al banco de suplentes en la derrota ante Banfield por 2 a 0. Esa tarde, en la que River hizo de local en el Amalfitani ya que el Monumental estaba hecho un chiquero tras los recitales de Soda Stereo, Bogado fue suplente del colombiano Carlos Valencia y, por supuesto, no disputó ni un solo segundo.

Con la llegada de Simeone, el jugador estuvo en los planes junto al resto de los proyectos que, por aquellos días, pedían cancha a gritos. Lamentablemente, los únicos gritos que se escucharon de Bogado fueron lo que tiró cuando se cortó el tendón de Aquiles en una práctica. Tras una larga recuperación y sin entrar en los planes de Gorosito, ni de Astrada, ni de Cappa, ni de nadie (?) su nombre desapareció por completo de los primeros planos. ¿Qué hizo Bogado durante ese tiempo? Se recuperó de la lesión, entrenó en soledad y contó su historia en una entrevista casera en la que no deja de mover los pies en un claro signo de ansiedad.

En junio de 2010 se le ofrendó el pase y tras entrenar con los jugadores libres de Futbolistas Argentinos Agremiados, a fines de ese año pasó al Bogor Raya FC de Indonesia, junto a los también ex River Oscar Alegre y Luciano Rimoldi. Allí consiguió regularidad, fue modelo para publicitar los encuentros y hasta participó de la campaña “Change The Game” de la liga Premier de ese país.

Tras seis meses en el PS Mojokerto Putra, a mediados de 2012 volvió a la Argentina para una prueba en Atlético Tucumán, pero Ricardo Rodríguez le bajó el pulgar. Perdido por perdido, se sumó a Atlético Policial de Catamarca del Argentino B. Allí comenzó de gran manera, tal es así que a los tres meses le surgió la posibilidad de irse al Treviso de la Tercera División de Italia. Bogado no lo dudó y abandonó el equipo de la noche a la mañana. Lamentablemente, el transfer internacional jamás llegó a destino y el jugador volvió con el caballo cansado al club de Catamarca, donde se mantiene, hasta el día de hoy, luchando por intentar volver a ser eso que nunca fue pero que pudo haber sido. ¿Se entendió? Yo tampoco…

Em Uma Lajota: Sergio Gioino

Sergio Alejandro Gioino Ponce (Koleston)

Cuando hablamos de la invasión argentina en Brasil, no nos referimos únicamente al verano en las playas de Florianópolis, en el estado de Santa Catarina, donde es frecuente escuchar esa tonada tan particular que, sin ninguna necesidad, le agrega un –inho a cada palabra.

Ahí es común oír diálogos del tipo “Pasame la pelotinha”, “Decile al mozinho que se me enfría la cervecinha”, “Me voy para el hotelinho” o “Pedí aguinha para el matecinho”, entre otras expresiones que no tienen razón de ser.

También, aunque en menor medida, nos referimos a la gran cantidad de compatriotas que en la última década, beneficiados por las buenas actuaciones de Juan Pablo Sorín (Cruzeiro) y Carlos Tevez (Corinthians), hicieron del futebol brasileiro un modo de ganarse la vida.

Argentino de nacimiento y chileno por adopción, el delantero Sergio Gioino hizo prácticamente toda su carrera (bastante exitosa, por cierto) del otro lado de la Cordillera, entre weones y temblores. Apenas abandonó el país de Beto Cuevas (el nefasto cantante de La Ley) en dos ocasiones, las dos para irse a Brasil.

Nacido en 1974, sus inicios con la número cinco fueron en el club San Jorge de Córdoba. Luego, a los 16 años, se unió a las inferiores de Newell’s Old Boys, donde estuvo tres meses y la pasó mal. «En la pensión donde estaba me robaron todo y tuve que regresar a la casa», contó alguna vez, ya afianzado en Chile. «A los 20 años regresé a Newell’s, pero una lesión en la rodilla, al ligamento cruzado, me impidió jugar por un año y dos meses, así que otra vez volví a San Jorge».

Con 22 años y roto, cruzó la Cordillera para cumplir su sueño de convertirse en futbolista profesional. Arrancó en Provincial Osorno (1997) y luego, lentamente, fue subiendo escalones. Siguió perforando redes en Coquimbo Unido (1998), Deportes Iquique (1999), Huachipato (2000 a 2002) hasta que llegó a un grande: Universidad Católica (2003).

Sin embargo, se hizo reconocido en la vereda de enfrente. Su buen desempeño en la Universidad de Chile (2004/05), principalmente en la Libertadores de 2005 -la rompió ante el São Paulo-, al lado de Gokú Rivarola, fue el trampolín para su llegada al Palmeiras brasileño (2005/06).

Enseguida las cosas se complicaron cuando Candinho, el DT del Verdão que lo había pedido, presentó su renuncia en medio de una racha negativa. Su reemplazante fue Paulo Bonamigo, con el que Koleston (lo apodaron así porque le gustaba teñirse reflejos en el pelo) tuvo algunos roces, por ejemplo cuando ante Paraná Clube pateó un penal sin la autorización del entrenador.

Aunque el encargado oficial era Marcinho, el chileno argentino agarró la pelota y… lo erró. Por suerte, el arquero se había adelantado y el penal se tuvo que repetir. Ahí sí, Marcinho no perdonó y convirtió el descuento del Palmeiras, que igualmente cayó 2 a 1. «En la charla técnica quedó definido que los lanzadores son: primero Marcinho, después Washington y luego Juninho. Gioino tomó una iniciativa que vamos a tener que aclararla», declaró Bonamigo, enojado con el delantero, que terminó en el freezer por algunas fechas.

El ciclo de Bonamigo se acabó rápido, en julio, con un récord de 5 victorias, 2 empates y 9 derrotas. Contundente. Su sucesor fue nada más y nada menos que el enemigo número uno de la Argentina: Emerson Leão.

Pese a los antecedentes, el Flaco jugó bastante bajo la dirección técnica de Leão. Marcó algunas veces (pocas, se esperaba más de él) y hasta lo tuvo en cuenta, aunque cada vez con menos frecuencia, en la Copa Libertadores de 2006, en la que el Verdão quedó eliminado –ya sin Koleston– en octavos de final tras caer ante São Paulo. En total, Gioino en el Porco disputó 37 partidos y solo convirtió 7 goles. Poquitinho.

Regresó a la U de Chile (2006), como había prometido, pero ya no era el mismo de antes, y más tarde tuvo un paso apagado por la Unión Española (2007).

Su segunda experiencia en la tierra de Pelé, ya en la recta final de su carrera, fue en el Gama de Brasilia (2008) y estuvo a tono con su desempeño reciente. El conjunto de la capital tuvo un arranque desastroso en la Serie B del Brasileirão y Koleston no fue la excepción. Apenas dos meses después de su llegada, le rescindieron el contrato.

En 2009 volvió a Coquimbo Unido (2009), en la segunda división, donde se retiró tras fracasar en el intento de conseguir el ascenso a Primera. Por estos días es representante de jugadores.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Maradona a Deportes Temuco (1997)

En pleno conflicto con Boca debido a las líneas blancas que llevaba la camiseta diseñada por Nike (!), el Dié amenazaba con irse del club de un momento para otro. Dispuesto a caer más bajo que nunca (?), anunció, según la revista trasandina Don Balón, que “estudiaría una oferta concreta del fútbol chileno”.

En su edición del 15 abril de 1997, la publicación informaba que importantes directivos del Deportes Temuco se encontraban en Buenos Aires negociando la llegada de Maradona. Esto se haría posible gracias al aporte de un canal de televisión argentino, que a cambio adquiriría los derechos para transmitir un octogonal que jugaría Diego con el equipo chileno.

Eso sí: los mismos dirigentes del Temuco aclararon que la contratación del mediocampista Xeneize sería sólo para esa competencia y no disputaría los torneos Apertura y Clausura. Bien por ellos, que mantuvieron los pies en la tierra y no generaron falsas ilusiones (?).

(Gracias Plaza_Chile)

Especiales: Walter Mery y El Lute Oste, los primeros Messi (?)

Se dice que los pioneros nunca se llevan la gloria. Ellos se dedican a transgredir las normas y a romper los paradigmas, para que las generaciones venideras disfruten las mieles del éxito gracias al camino por ellos allanado.

En los albores de la década del noventa, dos jugadores argentinos mostraron sus condiciones en el Barcelona sin exigir hormonas de crecimiento, guita ni otras excentricidades (?). Con nosotros: Walter Mery y Roberto El Lute Oste.

El tema se inició en agosto de 1991, cuando la dirigencia Culé se planteó la por aquellos días innovadora idea de traer jugadores extranjeros para nutrir a sus equipos juveniles. Como conejillo de indias se utilizó al plantel del Barcelona B, el paso necesariamente previo al primer equipo catalán.

La metodología a implementar era clara: uno o dos jugadores por semana para poder examinarlos bien a todos. El que anduviese bien, se quedaría. El que no, muchas gracias y hasta nunca.

Aquel exigente jurado le bajó el pulgar al croata Ivica Molnar, a los finlandeses Jyrki Huhyamaki y Jukka Runhanen, al yankee Henry Gutiérrez, al uruguayo Paolo Balla, a los brasileros Gilmar Da Silva y Ronaldo Alexaidre Alves y hasta al paraguayo Miguel Ángel Benítez, entre otros.

Y así, de la mano de los empresarios José María Minguella y Horacio García, llegó Walter Mery a la Ciudad Condal. El tipo jugaba de volante ofensivo y decía haber sido internacional con Newell’s en la Copa Libertadores dato que, por supuesto, era tocuén. Había sido Leproso si, pero sólo en divisiones menores. En nuestro país había jugado para Instituto de Córdoba y para el Deportivo Maipú de Mendoza, siempre en categorías del ascenso.

Volviendo a La Masía (?), Walter Mery sorprendió gratamente volanteando y asistiendo al hispano – danés Thomas Christiansen y al hispano – holandés Johan Jordy Cruyff, siempre con Pep Guardiola a sus espaldas. Tomá mate. El diagnóstico de los entrenadores fue claro: “el argentino se queda”.

Aunque, por tratarse de un jugador extranjero, Mery debía pasar por un último filtro para poder quedarse: El Flaco Johan Cruyff, quien, en estos casos, siempre tenía la última palabra. El técnico holandés lo vio jugar un rato y fue contundente: “el chaval se queda”. Pero claro, había un problemita en el que nadie había reparado hasta ese momento. Aquel “Chaval” tenía 24 años, por lo cual no tuvieron otra alternativa que despacharlo al finalizar la práctica. La ilusión de Walter Mery duró cuatro gloriosos e inolvidables días.

El otro jugador que también tenía guardado el secretito es Luis Roberto El Lute Oste, quién con 20 años apareció por Barcelona justo cuando Mery se estaba despidiendo. El delantero, que venía de pelearla en Atlanta y Defensa y Justicia, también llegó como una apuesta de empresarios porteños desesperados por agarrar un pleno.

“Me encuentro bien aunque sigo a la espera de que el míster me comunique algo respecto a mi situación”, le confesó El Lute al diario El Mundo Deportivo en su edición del 4 de septiembre de 1991.

Tras diez días de entrenamientos al delantero le llegó la mala noticia. El Barcelona había decidido no ficharlo por no mostrar nada extraordinario que no se viera en la plantilla Culé. De esta manera, El Lute se quedó con las ganas de hacer buenas migas con Guardiola, Pinilla y Mariano Angoy y se volvió al país para jugar en Nueva Chicago. Un año después Oste se sumó a San Lorenzo y se sacó las ganas de vestir la blaugrana (?), para luego completar una trayectoria en miles de equipos y categorías que lo llevó a estar posteado en este sitio y hasta a recibir el indulto.

¿Y Mery? Tras la negativa del Barca, el jugador estuvo un mes entrenando en el under para Sadabell, donde le cerraron las puertas el día del cierre del libro de pases. Ahí desapareció de todo registro hasta el día de hoy. Si no lo encontramos para fin de año, desde En Una Baldosa le deseamos una Mery Christmas (?), esté donde esté.

A todo esto, ninguno de aquellos dieciséis purretes evaluados permaneció más de diez días en el plantel y la dirigencia fue ampliamente cuestionada por gastar más de un millón de pesetas en alojamiento y alimentación para los futbolistas. ¿Qué para que hicieron las pruebas? Sólo para disfrutar el malicioso placer de hacer ilusionar gente al pedo. ¿Qué duda cabe?

Ávalos Erwin

Erwin Lorenzo Ávalos (El Jabalí)

Su nombre aún produce retorcijones y arcadas entre los hinchas de Racing que lo sufrieron en una época donde no había paciencia para nada. ¿Cuándo la hubo, dirán ustedes? Nunca. Pero mucho menos en esa temporada en la que el cuadro de Avellaneda debió conocer la tan temida Promoción para validar su permanencia en la máxima categoría. Erwin Ávalos fue, por aquellos días, uno de los tipos que más puteadas les sacó a las gargantas racinguistas. Aquí su historia.

Arrancó como una promesa del fútbol paraguayo, defendiendo los colores de Cerro Porteño. Allí su rendimiento fue más que óptimo entre 2001 y 2006, convirtiendo varios goles, obteniendo títulos locales, actuando en la Selección sub 20 y ganándose una transferencia al Toluca de México (2007), donde esperaban que reemplazara a históricos como a su compatriota José Satunino Cardozo y al argentino Bruno Marioni. ¡Ja!

Ya de entrada, las cosas no le saldrían bien. El día que partió hacia tierras mexicanas, la justicia le embargó los bienes por una demanda efectuada por su representante, que decía tener los derechos para transferirlo. Y parece que el hecho de haberse quedado en bolas fue general para Erwin, porque se notó en la cancha.

La actuación del Jabalí en el Toluca del Tolo Gallego dio lástima. Jugó 15 partidos por la Liga y otros 6 por la Copa Libertadores, sin marcar un mísero gol. Y mientras tanto, declaraba: «Estoy tranquilo porque me mato por el equipo». Y no había dudas de eso, de hecho todos los hinchas coincidían en que era un muerto. Increíblemente así, estando virgen de goles, fue que le surgió la gran chance de su vida, la de jugar en Argentina.

Llegó a Racing Club para el Apertura 2007, gracias al pedido de Gustavo Costas, que lo había dirigido en Cerro Porteño. No llegó solo, claro. También junto a él lo hicieron otros paraguayos, como Marcos Cáceres y Domingo Salcedo, más el correntino cerrista Hilario Navarro. Y si a esas incorporciones les sumamos las de Sebastián Arrieta, Mauricio Ferradas, Darío Bottinelli y Reinaldo Navia; más el regreso de la dupla Chatruc/Chanchi Estévez en su rol de Olmedo/Porcel, el futuro de La Academia estaba más que claro.

Corriendo detrás de otros atacantes como el Piojo López y Facundo Sava, el malo de Erwin se las arregló para sumar minutos en 15 partidos del primer semestre. No sólo eso, sino que hizo dos goles. Uno en la histórica derrota 4 a 3 ante San Lorenzo, luego de ir ganando 3 a 0. El otro tanto, un tanto más festejado, en la victoria 1 a 0 ante Vélez, sobre la hora. Hubiese sido preferible quedarse con esa imagen del paraguayo, pero faltaba lo peor.

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