Placard: la camiseta no oficial de Argentina (1994-1995)

Las camisetas que tuvo la selección argentina a lo largo de los mundiales las conocemos de memoria, sobre todo las de los últimos 35 años. Sin embargo, hubo un modelo original que salió a la venta para el Mundial de Estados Unidos ’94, pese a la negativa de la AFA, que hasta ese momento no veía con buenos ojos introducir demasiados cambios en la indumentaria. Con ustedes, la casaca prohibida de adidas.

Para entender el contexto nos tenemos que situar en los comienzos de los 90’s, cuando los estupefacientes comenzaron a hacer efecto en los cerebros de los diseñadores de camisetas, permitiéndose así la implementación de los colores fluo, los modelos psicodélicos y un total desentendimiento de la tradición. Eran épocas para experimentar. Y experimentaron.

La empresa alemana adidas por ese entonces no era tan desprejuiciada como su competidora Umbro, pero de todas formas intentaba romper algunos moldes. En la previa del Mundial de 1994, le presentó al Presidente de la AFA unos diseños tentativos para que fuesen utilizados en la máxima competencia. Uno era tradicional, con bastones albicelestes. El otro un poco más jugado, con unas delgadas líneas negras separando el celeste del blanco. Grondona fue contundente: nada de un tercer color. Para eso estaba la camiseta suplente.

En efecto, el negro estuvo presente en la camiseta alternativa, la que se usó en el partido con Grecia. Lo curioso es que el otro modelo que había aprobado Don Julio, en la versión titular, era con los bastones celestes y blancos que se extendían incluso hasta las mangas. Como si fuera poco, fue presentado en sociedad y vestido por Oscar Ruggeri en una sesión de fotos que se hizo en el Monumental, pero nunca se utilizó oficialmente.

¿Y la camiseta rechazada?

El modelo que la AFA rebotó, ese que tenía las lineas negras, fue comercializado de todas formas por la marca de las tres tiras. No en nuestro país, claro, pero sí en el exterior. De esa manera, fue muy común ver en Estados Unidos a simpatizantes de la Selección vistiendo una casaca que tenía el escudo y la marca original, pero que no era oficial.

Con el tiempo, la polémica casaca fue desapareciendo de las tribunas en el extranjero y adidas usó un template similar para varios equipos argentinos, como Dock Sud, Defensores de Belgrano y Aldosivi. Luego, para el Mundial de Francia ’98, adidas fue nuevamente a la carga con la idea del tercer color para Argentina y pudo agregarlo, aunque sólo en el cuello y en el contorno de las 3 tiras.

Una vez finalizada la relación con la firma germana, Grondona terminó aceptando la innovación y Reebok, después de haber entrado al mercado con un diseño bien tradicional, en el 2000 pudo añadir las tan mentadas líneas oscuras para vestir a un equipo que se cansó de jugar bien…hasta que llegó nuevamente adidas. Saquen sus conclusiones (?).

Publicado en simultáneo con Un Mundial Para En Una Baldosa.

Aguirre Marcelo

Eduardo Marcelo Aguirre Biscaldi (La Pulga)

La vida -eso que ocurre mientras Olimpo sube y baja de categorías- termina desencantándonos en aquellos lugares donde, tanto por seguridad como por comodidad, siempre nos sentíamos impunes ¿Quién no fue abandonado por una novia que nos juró amor eterno? ¿A cuántos nos rajaron de un laburo del cual, decían, éramos pieza fundamental? ¿A cuantos nos puteó una platea que aparentaba amarnos mientras nos cagaba a piedrazos? ¿Ah no? ¿Eso no? ¿A ninguno? Bueno, a Marcelo La Pulga Aguirre si. Y encima en dos ocasiones.

Nacido en Victoria, provincia de Entre Ríos, desde purrete renegó de su primer nombre: “Díganme Marcelo” aclaró en todos los planteles que integró. Llegó a Rosario Central con 12 años recién cumplidos y debutó una década después, en aquel histórico triunfo 4 a 0 sobre Lanús por el Apertura 2005. Pese a ser volante de creación, Cuffaro Russo lo improvisó como lateral derecho y Aguirre cumplió una correcta labor junto a los también debutantes Juan Grabowski, Federico Pallaro, Andrés Imp*riale y Gonzalo de Porras ¿La buena? Fue el regalo ideal el día para su cumpleaños número 22 ¿La mala? Nunca más jugó en la Primera División de nuestro país.

Un año después y con el pase en su poder, Aguirre recibió la ayuda del siempre caritativo Ronald Raldes, quien hizo gala de sus poderes místicos y le consiguió un lugar en Oriente Petrolero. Tras un breve periodo de adaptación, La Pulga se convirtió en uno de los baluartes de aquel equipo que realizó buenas campañas dirigido por Vitamina Sánchez, entre otros. Encantados, los delirantes dirigentes lo declararon intransferible, le firmaron un contrato hasta 2013 ¡Y hasta comenzaron a tramitar su nacionalización para jugar en la selección altiplánica! Pero…

A punto de ser convocado y tras marcarle su primer gol al Blooming, Aguirre no tuvo mejor idea que sacarse una foto con una gallina pintada de celeste, lo cual le valió una suspensión de oficio por cuatro fechas y postergó su sueño de usar el manto del Diablo Etcheverry.

Al siguiente clásico convirtió de penal el 3 a 1 parcial ante La Academia y ahí se graduó de cabeza de termo al salir aleteando como el ave de corral antes mencionada. Por supuesto se fue expulsado. Pero la cosa no terminó ahí. Heridos en su orgullo, los jugadores rivales fueron a la Carga Barracas y lograron un heroico 3 a 3 en el último minuto, tras lo cúal 5 miembros del Blooming salieron eyectados hacía el vestuario de Oriente y ajusticiaron a La Pulga a pura piña y patada limpia. ¿Los agresores? El Gato Fernández, Alejandro Schiapparelli, Gualberto Mojica, el kinesiólogo Omar Mendieta y Gustavo Quinteros, a la postre técnico de la Selección de Bolivia. De esta manera, Aguirre le dijo adios a su sueño internacional además de recibir una sanción más dura por ser reincidente.

La última de sus travesuras (?) fue a mediados de 2009 cuando, junto a otros compañeros, molió a golpes y envió al hospital a un hincha del Blooming que había tirado piedras contra el micro de Oriente Petrolero. Aunque su club se hizo cargo de la recuperación del agredido, La Pulga declaró: «Ese tipo tuvo lo que se merecía. Con mis compañeros actuamos de la manera que correspondía«.

A mediados de 2010, el descendido Rosario Central solicitó sus servicios por consejo del embelesado Pablo Vitamina Sánchez y, a regañadientes, la dirigencia boliviana lo cedió a préstamo por un año con opción de compra. Acongojados, los hinchas refineros le manifestaron su cariño de todas las maneras posibles. Al llegar a Fisherton, Aguirre declaró con algo de rencor: «Es una revancha, seguro, no me lo esperaba y menos de Central, porque fue el club que me dejó libre. Pero gracias a eso también pude demostrar mi juego y lo que aprendí durante 10 años, y por suerte en Bolivia me fue muy bien».

En la Primera B Nacional, Aguirre apenas jugó 8 minutos ante la CAI y 15 contra Chacarita. Tras el despido de Mostaza Merlo y harto de ser agredido con insultos, escupidas y botellazos, la dirigencia Canalla le ofreció la rescición del contrato y La Pulga agarró con las dos manos. Volvió a Oriente Petrolero, pero el romance ya se había muerto. En un año y medio jugó poco, se lesionó seguido y exigió una mejora económica. Por su pobre rendimiento, los hinchas perdieron la paciencia y le manifestaron su descontento de todas las maneras posibles, incluídos los piedrazos. Cansados de estar cansados, los directivos le cancelaron el contrato en junio de 2012.

Con el ataúd de su idolatría a cuestas, en julio de 2012 volvió al país para jugar el Nacional B con Douglas Haig de Pergamino donde, por pobres actuaciones, se le rescindió el contrato en enero de 2013. Fue en ese momento crucial de su vida donde reapareció su siempre enamorado Pablo Vitamina Sánchez, ahora convertido en técnico de Deportes Concepción Universidad de Concepción, de la Segunda División de Chile, quién no dudo un segundo en sumarlo a ese equipo.

Y allí anda, hoy por hoy, Marcelo La Pulga Aguirre. Añorando aquel nivel que, alguna vez, casi lo lleva a disputar las Eliminatorias para una Copa del Mundo. Aunque no tenés que afligirte, papu (?). La vida es re cambiante (?). Al igual que las novias, las mujeres, los trabajos y hasta las hinchadas. Y aunque Gustavo Quinteros jamás lo hizo, por ahí Xavier Azkagorta te convoca a la Selección y tal vez te encontremos aleteando lambada en Brasil 2014. ¿Quién te dice?

Atlético Uruguay (1984)

 

Club Atlético Uruguay. Podría ser una institución uruguaya, pero no, es argentina y está situada en Concepción del Uruguay, Provincia de Entre Ríos.

Fundada el 1º de septiembre de 1904, tuvo sus quince minutos de gloria recién 80 años más tarde, cuando participó del viejo Torneo Nacional de Primera División, en una zona que también tenía a Estudiantes de Río Cuarto, Huracán de Parque Patricios y River Plate.

En su debut, como visitante ante los cordobeses, los entrerrianos rescatarían un valioso punto, producto de un empate 1 a 1. Parecía que iban a tener un buen andar por el Torneo Nacional, pero nada que ver.

Ya en su segunda presentación, el 26 de febrero de 1984, a Atlético Uruguay le tocó la difícil misión de enfrentar a River en el Monumental. Y el Millonario, claro, no tuvo reparos en darle la real bienvenida a la categoría. Ganó River 5 a 0, con goles de Tapia, Téglia, Píccoli y 2 de Roque Alfaro. ¿La revancha? Mucho más cruel. Ganaron los porteños 6 a 0 en Entre Ríos.

El paso de Atlético Uruguay en la máxima categoría, hay que decirlo, fue lamentable. Apenas rescató 1 empate y 5 caídas, con 2 goles a favor y…¡veinticuatro en contra! Si hasta Huracán le hizo 7 en un solo partido.

Después de eso, claro, jamás volvieron a pisar la Primera División. Pero al menos, se dieron el lujo de codearse con los grandes.

Aston Villa 0 – Boca 2 (1984)

La incursión de Boca en la 19º Copa Joan Gamper no terminó con el catastrófico 1-9 frente al Barcelona de España. Al día siguiente de semejante mazazo, hubo que poner la caripela para definir el tercer y cuarto puesto.

Así fue entonces como la noche del 22 de agosto de 1984, y ante 100.000 espectadores ansiosos de ver la final entre los catalanes y el Bayern Munich, el Xeneize se midió con el Aston Villa. Pero lo que tendría que haber sido un partido sin mucha manija, terminó siendo un hecho casi más mediático que la final. ¿Por qué? Porque era el primer choque futbolístico entre argentinos e ingleses luego de la guerra de Malvinas. Y, con la mano en el corazón, lo que esperaba todo el mundo era una batalla campal.

Se había enrarecido tanto el clima, que los jugadores de Boca organizaron una reunión antes del encuentro para ponerse de acuerdo en «desmalvinizar» el partido y no generar más quilombo que pudiera empeorar la imagen luego de la goleada en contra de la noche anterior. Por eso antes del partido hubo intercambio de banderines, apretones de mano y hasta trueque de guantes de arquero entre Gatti y Day.

El partido en sí fue un bodrio, casi sin llegadas al arco. No hubo pierna fuerte ni por asomo y todo el morbo previo quedo descartado casi desde el arranque. El resultado fue 2 a 0 para Boca, con goles de Carlos Mendoza a los 79 y el uruguayo Morena, faltando 5 minutos. Las propias palabras de Mendoza contando su gol, tal vez resuman lo que fue el choque contra los británicos: «...llegué casi hasta el fondo, levanté la vista y vi que el arquero se movía para esperar el centro. Entonces tiré al primer palo, pero me salió un bombazo que cayó en el segundo a espaldas del arquero…«. Sin palabras.

Los once que alineó Dino Sani esa jornada fueron: Gatti, Matabós, Alberto, Mouzo, Córdoba, Krasouski, Berta, Gallego Vázquez, Abdeneve, Morena y Sotelo. Con el correr de los minutos, fueron ingresando Ivar Stafuzza, Mendoza y Porté.

Publicado originalmente en Imborrable Boca.

Especiales: Duplas cacofónicas

Una delantera compuesta por dos jugadores cuyos apellidos / apodos comienzan con la misma sílaba es un hecho que nunca pasó desapercibido para cronistas, relatores y hasta para creativos publicitarios. He aquí, los casos más recordados.

La dupla Ro-Ro

La dupla más talentosa, carismática y marketinera de la historia, curiosamente, fue más breve de lo que se piensa.

El Fenómeno y El Chapulín se juntaron por primera vez sobre el césped en un amistoso previo a USA ’94. Fue victoria de Brasil por 8 a 2 ante Honduras, en San Diego. Ronaldo entró por Bebeto a los 61 minutos y Romário salió por Viola a los 62. Así es, en el debut compartieron la cancha unos segundos.

Se reencontraron casi tres años después en la victoria sobre Polonia por 4 a 2, en febrero de 1997. Sin embargo, el «Ro- Ro» se instaló en el inconsciente colectivo en el siguiente partido amistoso: 4 a 0 sobre Chile en el Estadio Mané Garrincha, con dos goles del Gordo y dos de O Baixinho.

Durante el siguiente año regalaron talento y se entendieron a la perfección, tanto en estadios como en boliches, en la Copa América de Bolivia y en la Copa Confederaciones 1997 disputada en Arabia.

La última función fue el 29 de abril de 1998, en la mítica derrota ante Argentina en el Maracaná con gol del Piojo López. Luego vendría el nunca aclarado complot de Zico y Zagallo juego de las lagrimas que dejó a Romário sin Francia ’98.

En total fueron 19 partidos, con 17 goles de Romário, 14 tantos de Ronaldo, 2 vueltas olímpicas y magia en diversas publicidades.

La dupla Sa-Za

Iván Zamorano destrozaba redes en el Real Madrid. Marcelo Salas rompía récords en la Universidad de Chile. Nunca habían jugado juntos, pero desde el vamos no había química posible. Al menos, no desde lo humano.

Xabier Azkargorta, en su único acierto como DT trasandino, los obligó a hablarse y los juntó en el empate 1 a 1 con Venezuela, en Caracas, que marcó el regreso de Chile a las Eliminatorias tras la recordada suspensión.

La fecha clave fue el 7 de julio de 1996: ante una impresionante lluvia de granizo, La Roja venció por 4 a 1 a Ecuador con dos goles de Zamorano, uno de Salas y el restante de Fabián Estay.

De ahí en más vendría lo mejor. Con aportes equitativos de sus dos estrellas, Chile consiguió el pasaje a un Mundial después de 16 años, hizo un papel digno en Francia ´98 y se ubicó cuarto en la Copa América de Paraguay ’99.

La despedida fue a lo grande, aunque en ese momento nadie lo imaginó. Por las Eliminatorias al Mundial de Corea – Japón, el 15 de agosto de 2000, Chile derrotó 3 a 0 a Brasil en Santiago con un gol de cada uno de ellos y el restante de Estay, de vuelta como tercer mosquetero (?).

A raíz de las constantes lesiones del Matador y de la elevada edad de Bam-Bam, la mejor dupla chilena de la historia pronto fue leyenda.

La dupla Ba-Ba

Si bien jugaron juntos por primera vez en el repechaje ante Australia de 1993, recién con la llegada de Passarella se empezó a hablar de una dupla. Recordemos que en el Mundial ’94 la delantera fue Caniggia – Batistuta, y Balbo fue retrasado (en el campo, se entiende).

El Kaiser los juntó para la Copa América de Uruguay ’95. Con los artilleros en un gran nivel, Argentina se jactó de la dupla «Ba- Ba». Desde el diario Clarín, hasta El Gr*f*c* de Pr*iett* y también @fantinofantino por Radio Mitre (“Ba-Ba, el demonio de dos cabezas”), fogonearon la casualidad. Y eso que todavía no existía el Olé.

La cuestión se vino abajo después de la mano de Tulio. Para colmo, al comienzo de las eliminatorias, Passarella convocó a Caniggia y Balbo volvió a ser retrasado (en el campo, se entiende).

Tras un periodo alejado de la Seleccción por decisión personal, Abel se reencontró con su compadre durante los últimos minutos del partido ante Holanda por Cuartos de Final del Mundial ’98. Aunque claro, después del gol de Bergkamp, nadie tenía ganas de hablar de ninguna dupla. Ni siquiera de Nancy (?).

Hubo, es verdad, una cara B. Fue cuando Il Gladiatore se unió a la Fiorentina (1999-2000) y luego a la Roma (2000-2001), en ambos casos con Batistuta como primera vedette. Eso sí, de minutos compartidos en la cancha ni hablar. Más que una necesidad deportiva, eso fue para cumplir los caprichos del otrora Rey León.

La dupla Pa-Pa

En enero de 2005 Rodrigo Palacio llegó a Boca, donde ya se encontraba Martín Palermo. De entrada le costó hacer pie, ya que competía con Guillermo Barros Schelotto y además con el El Chino Benítez como técnico cualquier descalabro era posible…

Con la llegada de Alfio Basile, El Bahiense se volvió titular indiscutido y pieza clave del equipo que logró varios títulos entre los años 2005 y 2006, donde emuló a una fuerza voraz de la naturaleza (?) que enamoró al punto que los hinchas soportasen esa trencita de dudoso gusto. Desbordó a todo rival, convirtió muchos goles y también se los sirvió a Palermo. Gracias a ese nivel fue que La Joya llegó resbalando a Alemania 2006.

La sociedad, que continuó durante otros tres años más, sólo se vio interrumpida por las lesiones del Titán. Durante ese lapso, además de ganar la Copa Libertadores 2007 y las Recopas Sudamericanas 2005, 2006 y 2008,  Palermo convirtió 108 goles y Palacio marcó 82.

La dupla Ca-Ca (1)

 Silvio Carrario venía de un viaje de mochilas cansadas por Talleres, Racing, Boca y Unión. Osvaldo Canobbio pateaba veranos sin sol en River de Uruguay, Nacional y Newell’s Old Boys.

Y en el escolazo de los besos, Deportivo Español los juntó en la temporada 97/98. Sin nada de mapas, ni de candados (?).

Ojo, sobre el césped mal no les fue. En 28 partidos compartidos, El Twetty marcó 13 goles y El Yorugua convirtió 7. Igualmente, no alcanzó para que la inolvidable estudiantina del Gallego mantuviese la categoría.

Así y todo, la dupla Ca-Ca fue igualmente festejada por los pasantes de Olé, los integrantes del fugaz Palo y Palo y la sonrisa de costado de Juan Pablo Varsky desde TN Deportivo. Triste.


La dupla Ca-Ca (2)

 Como hiciera Joe Strummer cuando disolvió The Clash y fundó a Los Mescaleros, Silvio Carrario decidió reeditar la dupla Ca-Ca, con el afán de mantenerse en los primeros planos.

Como segunda guitarra eligió a alguien de su nivel: Cristian Castillo. Y el escenario fue tierras adentro, o sea, Olimpo de Bahía Blanca.

 Sorpresivamente, ambos jugaron los 19 cotejos del Clausura ’03, donde el Ex Golden Boy marcó 11 goles y El Twetty convirtió 2. Pero el chiste ya se había agotado. Esta nueva formación carecía de onda, ya que, aunque estuvieron bastante cerca, ni siquiera se fueron a la B.

Así y todo, la dupla Ca-Ca (2) fue igualmente festejada por los pasantes de Olé, los integrantes del fugaz Arde Troya y la sonrisa de costado de Ariel Rodríguez desde Paso a Paso. Más triste aún…

Fóppoli a Racing (1986)

Había que llenar las páginas de El Gráfico a principios de 1986. Y tener la primicia de una transferencia siempre es tentador, más cuando se trata de un club grande. Aunque en el apuro se pueden cometer errores, como en este caso. Pedro José Fóppoli fue un marcador central que brilló en el fútbol mendocino. Con el regreso de Racing Club a Primera División, llegó a un acuerdo para ir al club de Avellaneda. ¿Entonces por qué nunca jugó en la Academia? Porque sólo firmó un pre-contrato, que quedó inmediatamente anulado con la llegada de Néstor Fabbri.

Fóppoli siguió en Deportivo Maipú, y en el Regional de ese año debió enfrentarse al Atlético Argentino, representado por los jugadores de Racing que estaban a préstamo en esa institución. El partido terminó 3-2 a favor de los Cruzados, y Fóppoli marcó dos goles. Ese equipo terminaría logrando una histórica clasificación al Nacional B. Las famosas revanchas que da el fútbol.

Juntos a la par

Aquel equipo de Marcelo Bielsa era un grupo unido, sin dudas. Adentro y afuera de la cancha. Si algún jugador necesitaba una mano, ahí estaba la presencia solidaria del compañero. Y si uno vestía mal, el resto tenía que acompañar. Con esta premisa de camaradería, Julio Saldaña y Mauricio Pochettino (flanqueados por Guillermo Lambertucci, amigo del entrenador) aprovecharon un 2×1 en camisas rosas y corbatas bordó. Algo que pasó desapercibido al lado del diseño elegido por Alfredo Berti, también acompañado de una corbata rebelde por el viento. Y pensar que el Loco era el director técnico.