Un adelantado en todo sentido: en su puesto, en la moda y en la noble lucha contra la discriminación. Allá por 1992, Luis Islas defendía el arco de Independiente con un polémico y personalizado atuendo celeste con las tres tiras de adidas, que se destacaba por dos cosas: su apellido escrito de forma artesanal y la bandera LGBT (o bandera del arcoíris), símbolo del orgullo gay desde los años 70.
Cada color, por supuesto, tenía un significado. El rojo (vida), el naranja (salud), el amarillo (luz solar), el verde (naturaleza), el azul (serenidad) y el violeta (espíritu), hacían de Luisito el arquero más completo del país. Y aunque parezca mentira, metérsela se hacía difícil.
El arribo de Ubaldo Matildo Fillol a Argentinos Juniors, en 1983, estuvo atado a un conflicto que el arquero, vestido por Le Coq Sportif, había tenido con adidas: como no le dejaban usar el buzo del gallito en River, se terminó yendo al conjunto de La Paternal.
Claro que nos quedaba por destacar la casaca suplente de aquel año: totalmente blanca, logo de 7UP, cuello y puños en rojo. Minimalista. Nada más que eso. Ideal para que Domenech vendiera gaseosas en la cancha (?).
En su famosa gira europea de 1925, Boca Juniors había enfrentado al Celta de Vigo en dos partidos que arrojaron una victoria y una derrota, ambas por 3 a 1. Y nunca más volverían a cruzarse, hasta finales del siglo XX.
La posibilidad de desempatar el historial recién llegó el 15 de agosto de 1999, cuando el equipo campeón de Carlos Bianchi viajó a España, en medio del torneo Apertura, para enfrentar al Barcelona y participar, además, de la Copa Teresa Herrera.
Apenas un día después de ganarle a los paulistas, los Xeneizes tuvieron que enfrentar en la final al Celta de Vigo, que venía de eliminar al Depor, el equipo local.
La formación del cuadro argentino, como era de esperar, estuvo compuesta por muchos jugadores que habitualmente no eran titulares: Muñoz, Ibarra, Bermúdez, Matellán, Arrubarrena; Gustavo Barros Schelotto, Traverso, Cagna, Basualdo; La Paglia y Barijho. En el banco, se quedaron Córdoba, Samuel, Valdez, Serna, Pereda, Riquelme, Guillermo Barros Schelotto y Palermo, que habían actuado el día anterior.
Los célticos, mientras tanto, tenían al ruso Valery Karpin, al ruso israelí Haim Revivo y a Gustavito López, al mismo tiempo que en el banco esperaba otro argentino: Mario Turdó.
Como si el crisol de razas no fuera suficiente (?), el match lo terminaría ganando el Celta 1 a 0, con un gol del sudafricano Benny Mc Carthy, que este año fue asaltado a punta de pistola en una peluquería. Quizás la revancha se la tomó otro ex 9 de Boca.
Recién levantado de la siesta. Así parecía estar siempre Damián Steinert, un delantero paranaense que despertó entusiasmo y terminó envuelto en las sábanas de su propia pesadilla, babeando la almohada y posponiendo una y otra vez la alarma de su consagración.
Joven promesa, formó parte de una selección sub 17 de Tocalli y debutó con la camiseta de Newell’s Old Boys en el Clausura 2004, con apenas 18 años. Y no solo eso: en el semestre siguiente pudo salir campeón de la mano del Tolo Gallego, en aquel equipo de Villar, Ré, Belluschi, Marino, Capria y Jardel (?).
Nunca pudo ser titular en ese torneo, pero de todas maneras se las arregló para disputar 10 encuentros y marcar un gol, en la victoria 3 a 0 ante Instituto. Fue su estreno como goleador. Y por supuesto que se emocionó.
Encarador por las puntas y habilidoso, no se destacó precisamente por su poder de gol. Apenas la metió 5 veces en 72 partidos en la Lepra (2004 a 2009), aunque también anotó 3 veces en la Copa Libertadores de 2006.
La poca eficacia, sin embargo, no fue el único factor que le jugó en contra a Steinert, ya que también sufrió lesiones de todo tipo a lo largo de su carrera. Desde distensiones, fatigas musculares y desgarros, hasta una operación en uno de sus hombros.
Después de su última temporada en Newell’s donde sólo jugó ¡1 partido!, extraño fue verlo como refuerzo de Racing (2009/2010), pedido por Ricardo Caruso Lombardi, que ya lo había dirigido en Rosario.
Jugar en La Academia, de todos modos, no se le hizo sencillo. Hizo su aparición, ingresando por Lucas Castromán, en la derrota 2 a 1 ante Independiente. En ese mismo Apertura 2009, ingresó en los segundos tiempos de otros dos partidos, ante River y Chacarita, pero otra lesión lo tuvo al margen el resto del campeonato. Muy pobre.
Pareció revivir en el verano de 2010, cuando finalmente pudo jugar 90 minutos en un clásico ante el Rojo, en el que metió 2 caños e hizo una rabona. Y aunque se sintió bien, tampoco se ilusionó demasiado, teniendo en cuenta sus antecedentes: «Cuando aparecí en Primera se habló muchísimo de mí. Y yo no estaba bien parado. No soportaba la situación, la presión. No era fácil. Yo recién meduré a los 21 años. Y al mes me jodí el pie y estuve casi ocho meses parado. Tuve una fractura en el escafoide y debí aguantarme siete meses sin jugar. Antes me habían operado de un hombro, después tuve lumbalgia y pubialgia. Fueron factores que me complicaron mucho cuando estaba en mi mejor momento. Llegué a pensar que nunca me iba a levantar».
Y de hecho, no se levantó. Entró, como manotazo de ahogado, en 4 encuentros del Apertura 2010, pero nada pudo hacer para cambiar el destino de ese Racing de Claudio Vivas, que terminó siendo reemplazado por Miguelito Russo.
El siguiente destino de Steinert, créase o no, fue Bursaspor (2010), el campeón turco que se preparaba para jugar la Champions con otros argentinos como Leonardo Iglesias, Leonel Núñez, Federico Insúa y Pablo Batalla. La experiencia del ex atacante leproso, no obstante, fue dura y se limitó sólo a la liga local, donde apenas disputó 3 partidos.
Ya para 2011 andaba medio perdido, pero lo volvimos a encontrar cuando se sumó a las filas de 3 de Febrero de Paraguay. Incluso, jugó un amistoso de pretemporada ante Newell’s, en el que hizo dupla ofensiva con Erwin Ávalos. Lo de ofensiva fue una exageración, por supuesto.
El regreso de Argentinos Juniors a la Copa Libertadores, después de 25 años, dejó varias perlitas en aquella edición de 2011. Podríamos mencionar la épica plantada de Sánchez Prette ante los brasileños del Fluminense, pero preferimos abordar lo que sucedió en el partido de ida, en Río de Janeiro, donde el Bicho utilizó una curiosa indumentaria celeste.
La camiseta, que había sido elegida por los hinchas como segunda alternativa, remitía a un modelo del mismo color que había sido usado en 1959 y 1960. Pero eso no era lo más llamativo.
Aquella noche en el estadio João Havelange, ante el Flu, el team de La Paternal lució dos publicidades extras, gracias al aporte de empresas locales que aprovecharon la ocasión. Una era una óptica, propiedad de Arione Diniz, un tartamudo que comenzando de la nada misma llegó a convertirse en el principal vendedor de lentes de Brasil. Tre tre tre tremendo emprendedor (?).
El otro anunciante fue una escuela de inglés dirigida por Fabiano Castro, un tipo que comenzó a estudiar el idioma para tener una salida laboral y terminó enseñándole lo que había aprendido a todo el país, a través de sus franquicias.
Fue así como Argentinos salió a la cancha: con dos parches gigantes de Óticas Diniz en el frente y el chivo de Minds English School en la espalda. Todo eso, sumado a los sponsors que el cuadro argentino ya contaba de antemano, hicieron de esa casaca celeste una pieza única.
Tanto es así, que en la revancha los auspiciantes extranjeros volvieron a aparecer, pero en la indumentaria blanca ya no tuvieron el mismo impacto. Y hablando de impacto…
Ignorado por el pueblo futbolero argentino y comprobando aquello de que uno no es profeta en su tierra, el delantero Claudio Bieler tuvo que irse al exterior ganar prestigio. Después de un breve paso por Chile, desembarcó en Ecuador, el país le dio la posibilidad de hacerse un nombre a nivel internacional, cosechando títulos y distinciones con la Liga de Quito, entre 2008 y 2009.
Todos hablaban de Bieler, el 9 campeón de la Libertadores y goleador de la Sudamericana, pero pocos recordaban sus inicios en Colón y Atlético de Rafaela. Ahhh, ¿era argentino? Mirá vos.
En Ecuador, mientras tanto, los medios comenzaban a preguntarse si era posible nacionalizar al atacante santafesino, que a sus 25 años miraba el Mundial de Sudáfrica 2010 como la gran oportunidad de su carrera: «Si existe la propuesta, aceptaría con honor porque en Argentina se vuelve complicado encontrar un espacio. Por eso, si me dan la oportunidad, aceptaré nacionalizarme».
En enero de 2010, Racing sacudió el mercado de pases y contrató a Bieler para que tuviese su revancha en la Argentina. Le tiraron la 9 en un clásico de verano ante Independiente y respondió con un gol, justo cuando ya empezaban los murmullos. Ya con la 16 en la espalda, debutó oficialmente y marcó ante Rosario Central, en la 1º fecha del Clausura 2010. A esa altura, La Academia era Holanda del ’88 y Bieler era Marco van Basten. Pocos días después, perdieron con Colón y se comieron 4 con Arsenal, en el Cilindro. A Bieler ya lo puteaban.
Sin embargo, en esa mágica semana también sucedió algo insólito: para el amistoso preparatorio ante Jamaica, en Mar del Plata, Diego Maradona convocó a 18 jugadores, de los cuales 4 (Clemente Rodríguez, Enzo Pérez, José Sosa y Mauro Boselli) no podían jugar porque estaban disputando la Copa Libertadores. Bueno, un error, le puede pasar a cualquiera (?).
El DT de la Selección entonces llamó a otros 4: Ignacio Canuto, Jesús Méndez, Patricio Toranzo y…Juan Pablo Pereyra, que estaba lesionado. Había que reemplazar al lungo y la solución fue…convocar a Bieler, que por esos días ya no tenía ganas de ponerse ninguna casaca albiceleste y seguía esperando un mensaje desde Ecuador. Sospechosamente, horas más tarde fue desafectado del seleccionado argentino por una lesión en el tobillo, aunque eso no le impidió seguir jugando en Racing.
Tras un breve y poco productivo paso por Newell’s, en julio de 2011 regresó a la Liga de Quito, con un plus: ya estaba nacionalizado, así que no ocupaba plaza de extranjero.Esto, sumado a sus buenas actuaciones, puso nuevamente sobre la mesa el tema de su convocatoria al seleccionado tricolor, aunque el DT Reinaldo Rueda decía que el argentino aún estaba flojo de papeles: «Desafortunamente Claudio no ha estado en el proceso con nosotros, no tiene pasaporte, ni cédula ecuatoriana y además tiene un impedimento de reglamento”.
En realidad, el impedimento era por parte de la FIFA, que le exigía al jugador 5 años de residencia en el país adoptivo. De esa manera, el delantero se perdió de jugar un amistoso ante Chile, en los Estados Unidos, en agosto de 2012.
No obstante, el Taca sí viajó a USA al año siguiente, para sumase a las filas del Kansas City. Y desde ahí, siguió mandando señales para ser llamado de una buena vez a la Selección que siempre llevó en su corazón. ¿Le dieron bola? Claro que no (?), por eso ahora, mientras juega en Quilmes, se da cuenta de que la onda no pasa por ser argentino ni ecuatoriano…