Escaparle al descenso como siempre era el gran objetivo de Quilmes al inicio de la temporada 2016/17. Para esa misión, Alfredo Grelak contaba con los goles del uruguayo Juan Cruz Mascia. Sin espacio en Nacional de Montevideo, el jugador era uno de los fetiches del DT, que ya llevaba varios meses buscando su contratación. Parecía que esta vez iba a darse el gusto.
A fines de agosto, Mascia cruzó el Río de la Plata para firmar el contrato que lo uniría a préstamo por un año al Cervecero y hasta fue presentado en las redes sociales del club. Sin embargo, surgió un imprevisto que obligó a cambiar los planes.
FÚTBOL PROFESIONAL: Firmó su contrato con la institución Juan Cruz Mascia. Llega de Nacional de Uruguay. pic.twitter.com/C7Y48jn8N3
El pase del futbolista estaba dividido en tres partes: 45% Nacional, 30% un grupo de representantes -incluido el baldosero Gerardo Rabajda– y 25% Miramar Misiones, donde hizo las divisiones inferiores. “Los Forlán le trancaron el préstamo de Mascia. Ayer Juan Cruz llamó al presidente para agradecerle por todo lo que había hecho Nacional para que pueda salir el pase, pero el mismo se lo trancaron los representantes. Tiene contrato con Nacional hasta junio del año que viene”, argumentaban los dirigentes del Bolso.
Sin llegar a un acuerdo y tras un par de días a la deriva (solo participó de dos entrenamientos) en la zona sur del Gran Buenos Aires, a Mascia no le quedó otra que tomarse el buque y regresar a Nacional.
Pegarse una gira en Estados Unidos, el sueño de Ricardo Fort cualquier fisura cualquiera, puede convertirse en una pesadilla. Y no hablamos de la política migratoria de Donald Trump, que mientras transcurría esta historia probablemente ni soñaba con la posibilidad de ser presidente de uno de los países más ricos del planeta.
En el Clausura 2010, mientras Boca Juniors se arrastraba en la cancha, sus dirigentes hacían lo mismo, pero para sumar algunos billetes verdes. Así que ni dudaron en agarrar viaje cuando les ofrecieron ir al norte del continente para enfrentar en poco menos de una semana a Los Ángeles Galaxy, Seattle Sounders y Portland Timbers, tres animadores de la siempre prometedora MLS.
A fines de mayo, mientras en Buenos Aires presentaban a Claudio Borghi como nuevo entrenador, el interino Roberto Pompei hacía lo que podía con los jugadores que habían protagonizado un verdadero papelón durante el último semestre y algunos pibes que sumaban sus primeros minutos, como Nicolás Colazo, Nicolás Blandi, Orlando Gaona Lugo, David Achucarro y Gastón Rossi, nuestro homenajeado del día.
Volante por derecha, nacido en enero de 1990 en General Villegas, pero criado en Tres Algarrobos (provincia de Buenos Aires), Rossi había llegado al Xeneize a los 14 años y se presentaba como una de las promesas más interesantes de las divisiones inferiores, donde se destacó también por bancarse las jodas del Pichi Erbes: “Les tengo pánico a los sapos. Entonces él me los metía en los botines y me los revoleaba en la espalda. Se morían todos de risa menos yo”, relató alguna vez.
En 2009, Alfio Basile, no muy adepto a la idea de promover juveniles, lo había hecho concentrar -con Colazo y Erbes- de cara al duelo ante Estudiantes de La Plata por el Apertura. “Soy un volante con ida y vuelta, con mucho huevo. Cuando hay que jugar, juego; cuando hay que meter, meto. Uno de mis referentes es Seba Battaglia, un guerrero adentro de la cancha y uno de los mejores”, se presentaba. Había que seguirlo de cerca.
Quizás por eso no sorprendió que fuera de la partida en el debut en el Home Depot Center de LA (léase el-ei) frente al Galaxy. Esa tarde, Tito mandó a la cancha a Javier García; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, Breyner Bonilla y Luciano Monzón; Rossi, Jesús Méndez, Cristian Erbes y Matías Giménez; Pablo Mouche y Lucas Viatri. Luego ingresaron Sergio Araujo, Orlando Gaona Lugo, Nicolás Colazo y Nicolás Blandi por Méndez, Mouche, Giménez y Bonilla, respectivamente. En un encuentro muy malo, Boca perdió sobre la hora por una serie de errores defensivos. Nada nuevo.
Unos días después, en la tierra del grunge, volvió a ser titular ante el Seattle Sounders. En un estadio repleto, el conjunto argentino deprimió a unos pocos propios y unos cuantos extraños. La formación fue Javier García; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, Gastón Sauro y Leandro Aguirre; Rossi, Jesús Méndez, Luciano Monzón y Cristian Erbes; Pablo Mouche y Lucas Viatri. Frente a un rival, a priori, más débil que el Galaxy, los de Pompei recibieron un cachetazo: 0-3. Para colmo, con el 0-2 parcial, Rossi pagó los platos rotos. A los 67 minutos le dejó su lugar a Araujo.
Ya para cumplir, en el PGE Park de Portland, Boca salió a la cancha con Josué Ayala; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, David Achucarro y Luciano Monzón; Cristian Erbes, Jesús Méndez, Nicolás Colazo y Matías Giménez; Pablo Mouche y Lucas Viatri. La mano arrancó torcida por el gol de Ryan Pore, pero en el inicio del segundo tiempo los de azul y amarillo supieron darlo vuelta con tantos de Giménez y Blandi.
Pero bueno, una gira por Estados Unidos puede ser una pesadilla. Y Timbers lo ganó gracias a Stephen Keel y Rodrigo López (nada que ver con el ex Vélez y Estudiantes LP) que, sobre la hora y de tiro libre, puso el 3 a 2 final. ¿Rossi? Ingresó a los 51 minutos (entre el empate y el 2-1) y terminó amonestado.
Consciente de que actuar por los puntos iba a ser prácticamente imposible, en el verano de 2011 el Tano se fue a préstamo al Partizan de Serbia junto a otro pibe de las inferiores: Leandro Kuszko. Todo marchaba bien hasta que cuando llegaron les dijeron que primero tenían que pasar una prueba. No estuvieron a la altura y se tuvieron que volver. Al regreso, fue parte del plantel subcampeón de la Copa Libertadores Sub 20. Incluso, marcó el gol del empate parcial en la final ante Universitario de Perú.
Desde entonces, el fútbol de los sábados se convirtió en su refugio. Chacarita (2011/12) y Patronato de Paraná (2012 a 2014) le dieron cierta continuidad en la B Nacional, pero no pudieron evitar la caída a la B Metropolitana, donde lo recibió Almirante Brown (2014/15).
Una breve experiencia en Sportivo Patria de Formosa (2016/17) en el Federal A fue el paso previo a pegar la vuelta a casa. Desde 2017 defiende los colores del Club Social y Deportivo (más conocido como Sport) de Tres Algarrobos en la Liga del Oeste, el lugar donde siempre quiso estar.
El 23 de noviembre no es un día más para los hinchas de Rosario Central. No está a la altura del 19 de diciembre, claro, pero tiene un lugar de privilegio en el corazón de los canallas. Un día como ese, pero de 1997, por la fecha 14 del torneo Apertura, el equipo de Miguel Ángel Russo recibía a su eterno rival, Newell’s Old Boys, en un duelo de realidades muy opuestas. Los de Arroyito, aunque lejos de River Plate y Boca Juniors, luchaban por un lugar en el podio. En cambio, los dirigidos por Mario Zanabria naufragaban en el fondo de la tabla con Huracán y Gimnasia y Tiro de Salta.
Habían pasado apenas 120 segundos cuando Rafael Maceratesi peinó un centro de Eduardo Coudet y Rubén Da Silva la mandó a guardar ante la estática mirada de Ricardo Rocha y Sergio Goycochea. A los 35’, el Chacho pescó un rebote y metió un zapatazo desde afuera del área, inatajable para Goyco. A partir de ahí, todo fue un baile.
Newell’s no quería jugar y sus jugadores no hicieron el más mínimo esfuerzo para disimularlo. El primero en irse expulsado, a los 38 minutos, fue el Loco Mariano Dalla Líbera. Lo siguió el Negro Zamora, que por lo menos se cargó al Polillita Da Silva. El 3 a 0 llegó sobre el final de la primera etapa, con un jugadón de Marcelo Carracedo, la figura de la tarde, que agarró la bocha en mitad de cancha y remató llegando a la medialuna.
En el segundo tiempo, el Larry Saldaña sacudió sin pelota a Coudet y, como Roberto Ruscio ya le había sacado la amarilla, se fue a las duchas. Ocho contra diez y tres goles abajo, la cosa estaba muy brava. Y Central siguió floreándose. A los quince, en una jugada colectiva entre el Negro Palma, Jara y Daniele, el Petaco Carbonari sacó un misil de derecha. 4 a 0.
Enseguida, en una corrida por la izquierda, el Rulo Claudio París lo terminó pisando a Germán Gerbaudo y vio la roja. Quedaba poco menos de media hora, pero ya no daba para más. Zanabria agotó los cambios (hizo entrar de apuro a Fernando Crosa y José Albornoz por Hernán Franco y Víctor Carucha Müller, respectivamente) y en la jugada siguiente el Pepe José Herrera “se lesionó”. Ruscio se apiadó de la situación y dio por terminado el encuentro.
Welcome to Tijuana, tequila, sexo y marihuana. Así recibieron en su cuenta oficial de Twitter los Xoloitzcuintles a Nicolás Domingo a fines de 2015. Luego de su buen paso por Banfield (2013 a 2015), el blondo se debatía entre ofertas de Gremio de Porto Alegre, River Plate, donde ya había actuado en tres etapas, y los mexicanos, que daban por hecha la transferencia, aunque faltaban detalles menores. Como firmar el contrato, claro (?)
Al respecto, Alejandro Grigera, vicepresidente segundo del Taladro, reconocía el interés de varios equipos por el jugador, que tenía seis meses más de contrato con el club de la zona sur, pero quería irse, y dejaba bien en claro que “falta mucho para que se concrete algo, porque incluso en comisión directiva hay que evaluar la mejor propuesta”.
Los días pasaron y la ausencia de Domingo en el centro de entrenamientos de Tijuana fue sellando el fracaso de la operación. El que estalló de bronca fue el DT de los Xolos, el siempre polémico Miguel Herrera, ex entrenador de la selección mexicana. «Se anunció y desafortunadamente el muchacho decidió irse a negociar con River y creo que hasta ya firmó. Lo esperábamos para esta semana o la otra, pero hasta que no venga aquí no se puede decir que es un refuerzo», arremetió el popular Piojo. Y remató: «No es correcto hacer estas cosas, la verdad es que yo le di la mano y cumplí mis compromisos, así debe ser. Hay gente que no toma responsabilidad».
Finalmente, algunas semanas después, Nico Domingo confirmó su regreso al Millonario.
A la deriva. Así estaba el delantero Diego Manicero a mediados de 2008 tras un semestre con poca actividad: apenas 6 encuentros (ninguno completo) con la camiseta de Racing, en una temporada olvidable que culminaría con la Academia defendiendo su lugar en la máxima categoría ante Belgrano de Córdoba en la Promoción.
A Avellaneda había llegado a préstamo desde Lanús, de la mano de Miguel Ángel Micó, a quien conocía de su estadía en el Granate. “No me dejó mucho mi paso por Racing. La verdad es que no me fue como yo quería. Había tenido un diálogo con Miguel y me había dicho que me iba a dar más oportunidades, pero después no se dio. Es cierto que tampoco acompañaron los resultados como para que se pudiera tener una chance”, se sinceró el atacante.
De nuevo en Lanús, también se le cerraron las puertas. Así surgió la posibilidad de incorporarse al Emelec de Ecuador, que venía a los tumbos en el campeonato local y necesitaba un goleador. Caída la chance del peruano Juan Diego Gonzales-Vigil, Manicero tenía todos los números y hasta llegó a ser anunciado por la prensa.
Sin embargo, el pase no se concretó y el delantero terminó actuando en Belgrano de Córdoba (2008/09), donde tan solo jugó 6 partidos… y no convirtió goles.