Buttazzoni Emiliano

Emiliano Daniel Buttazzoni
Increíble su paso por el fútbol argentino. Lateral con apellido ochentoso, taurino y nacido en Granadero Baigorria, que llegó con 10 años a las inferiores de Rosario Central. Su característica más destacada era la virtud de saber bastante con la pelota, lo que le servía en algunas oportunidades para ser carrilero por derecha, puesto en el que se desempeñó en el título de 4ta división en el 2001 junto a Gustavo Arriola, Luciano Figueroa y Mauro Marchano.
«Miro mucho a Zanetti y me gusta el estilo de Cafú. Trato de aprender de ellos», afirmaba a sus 20 años y lleno de esperanzas al enterarse que Teglia lo iba a poner en la primera Canalla ante Colón. Sin embargo, lo que parecía ser un sueño, terminó en pesadilla.
A los 23 minutos del primer tiempo fue a disputar una pelota con Claudio Graff y se le trabó la pierna. Debió salir del campo y a partir de estudios se le comprobó la ruptura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda.
Eso lo llevó al quirófano en forma inmediata para acelerar los tiempos y a mitad del año siguiente ya estar jugando.
Pero esa inolvidable jornada que compartió dentro del campo con Cetto, Muñoz Mustafá, Erroz, Becerra y Javier García fue la última, ya que en mayo del 2002 bajo la dirección técnica de César Luis Menotti decidieron no firmarle el primer contrato. No obstante, se salvó de quedar libre y permaneció un año más.
En el 2003 previo a las elecciones presidenciales, en un diario de Rosario realizaron un sondeo a los jugadores de su club y el apareció entre los que iban a votar por López Murphy.
Al año siguiente, quizás triste por la derrota del bulldog, abandonó el país y viajó hacia Europa para calzarse los colores del Sporting Genzano de Italia acompañado por otros 17 argentinos de entre 18 y 23 años. Jugando en la división Eccelenza provincial, no pararon de ganar partidos al punto de llenar los estadios en toda la región y ser los mimados del pueblo.
De allí pasó junto a Nicolás Laviano al Bitonto (2005-2006) y parece ser que ya no volverá. Allí logró una continuidad que lo mantiene feliz, tratando de no recordar aquel debut y despedida.

Cucu

Bullentini Andrés

Andrés Pablo Bullentini (Chiquito)
Recordado delantero del norte argentino, no al nivel de Mario Lobo, Trimarchi y Gorostidi, pero sí con una trascendencia que lo hizo famoso, sobre todo a partir de su gran tamaño de 1,98 metros (en ese momento el más alto del fútbol argentino) y talle 48 de calzado.
Actor secundario en el ascenso de Gimnasia y Esgrima de Jujuy a primera división en 1994 con 2 goles en 23 partidos, se mantuvo allí dos años acompañado por los puntas mencionados y por Campi, Arzubialde, Barrionuevo, Priseajniuc, Piaggio, Garnier y Giustozzi, entre otros.
Por ese entonces, en Clarín se referían a «las torpezas del gigante Bullentini», pero el se las ingenió para continuar en los diferentes planteles.
Aún se recuerda su anécdota cuando en un triunfo frente a Independiente, Mondragón le dijo: «No sé que festejás. Yo gano cuatro veces lo que ganás vos». Y el longilíneo respondió: «Qué me importa, si hoy te gané yo».
Ya en 1997 y no habiendo convertido en 35 partidos en la A, cruzó la cordillera para hacer dupla con Sergio Gioino en el Osorno y según los amigos de La Rompieron, fue «otro de los grandes troncos, paquetones, closet, camarotes o pianos, que ha pasado por el fútbol chileno».
Durante un tiempo poco se supo sobre su carrera, que volvió a tener color cuando apareció en Argentino de Rosario (2002) dirigido por Adrián Taffarel. Allí marcó muchos goles y fue siempre un delantero tan peligroso como respetado.
En 2004 y cerca del retiro, participó del homenaje por los 10 años del desembarco del Lobo del norte en la elite del fútbol nacional. Esa noche, se volvió a encontrar con Dómene, Moreyra, el «Pato» Ibáñez y el «Chato» Rosas.
Sin más datos que aportar y agradeciendo su inolvidable paso por primera división a pesar de no meterla, le deseamos una emotiva bienvenida.

Cucu

Bordad Ignacio

Ignacio Bordad (Nacho)
Los arqueros rubios quedan en evidencia cuando se mandan macanas. Por eso, en el manual del número 1 debería existir una regla indispensable: tener cara de Chilavert. Hay excepciones, por supuesto, pero el caso del uruguayo Bordad confirma la idea de que los blondos no triunfan en el arco.
Nacido en Montevideo en 1974, apareció de muy joven en la valla de Danubio (1995-2002), donde amenazó con convertirse en un gran portero después de la ida de su colega Fabián Carini. Cuando comenzaba a gustar por sus buenas actuaciones (incluso fue convocado a la Selección charrúa), se equivocó feo en la primera final del campeonato uruguayo de 2002, ante Nacional, y se tuvo que conformar con el segundo puesto.
Para descomprimir la situación y probar sus condiciones en el exterior eligió a la Argentina. Llegó junto a su compatriota Carlos Camejo al comprometido Huracán del torneo Clausura 2003, que también tenía a Dario Cabrol y a Darío Gigena como refuerzos de lujo. Le fue imposible jugar como titular (sólo fue 2 veces al banco, porque tenía por delante a Martín Ríos y peleaba un lugar con Mariano Andújar) y desde afuera no pudo evitar el descenso al Nacional B. Sin un minuto en la Primera División de nuestro país volvió a cruzar el charco y disputó la temporada 2003/004 en Bella Vista. A pesar de todo lo bueno que prometió en un principio, su destino parece estar atado a clubes de menor envergadura como Paysandú (2005) o al más absoluto anonimato, como en estos días, donde no se sabe nada sobre su vida.

Juan Pordiosero

Venier César

César Roberto Venier
Promesa inconclusa de Avellaneda que esperanzó a los simpatizantes de Independiente con su juego fresco y ofensivo. Nacido el 11 de febrero de 1975, llegó al Rojo con edad de prenovena y jugó en todas las categorías hasta llegar a sexta, cuando pegó el salto a la tercera gracias al ojo de Hugo Saggiorato, en 1992. Acostumbrado a jugar de enganche y también a recostarse sobre las puntas, fue enamorando a los plateístas que seguían los partidos preliminares y de a poco se fue ganando un lugar en la consideración del cuerpo técnico de Primera.

En 1993 ya pintaba bastante bien y en algunas notas declaraba respecto a la posibilidad de debutar: «es mi sueño, pienso que es el sueño de todos los jugadores. A lo mejor llego, pero todavía falta mucho, la esperanza la tengo«. Cauto y precavido, sabía que debía superar el filtro más importante y además, mantenerse con un buen nivel. La premisa la cumplió a medias porque si bien tuvo su estreno en 1994, no se pudo afianzar y no alcanzó a disputar más de un encuentro en la máxima categoría.

Luego de un bache bastante pronunciado en cuanto información sobre su paradero, reapareció en la temporada 1998/99, cuando jugó junto a Alejandro Naif en el Victoria de Honduras, equipo en el que supo atajar Carlos Prono. Pero más allá de haber convertido algunos goles no todo fue color de rosa. En junio de 1999 le dio positivo un control antidopaje que culminó con su estadía hondureña. Cuando muchos imaginaron que su trayectoria ligada al deporte se moriría en el más absoluto olvido, la palabra del Señor se interpuso en su camino y gracias a una comunidad religiosa de Downey, California (Estados Unidos) encontró un lugar acorde a sus necesidades: poder enseñar sin las presiones lógicas del fútbol profesional, donde nunca pudo hacer pie. Así es como desde hace unos años dirige la escuelita de fútbol «El Encino«, donde instruye a chicos y chicas de 6 años en adelante (la inscripción cuesta 10 dólares) con la simple intención de difundir la actividad entre los fieles de la iglesia con la cual interactúa. De hecho, tanto él como su compañero Ray Guevara hablan con los niños haciendo hincapié en las enseñanzas de la biblia.

Su trabajo solidario no lo ha desviado de su viejo berretín, claro está. Desde hace algunos años juega en el equipo de mayores del Fullerton College y en 2004 fue elegido como Player of the year. Un grosso.

Juan Pordiosero

 

Xamo Iván

Iván Xamo
Este hombre X, que bien podría pasar como zar ruso, no tenía otro destino que ser arquero.
Surgido de la cantera de Racing Club se mantuvo allí durante todas las inferiores pero no llegó al plantel profesional.
No obstante, dejó su sello cuando en 5ta división le convirtió un gol a Banfield de arco a arco como lo muestra la fotografía. Algunos de sus compañeros de aquel entonces fueron Mariano González, Lisandro López, Osvaldo Barsottini y Guillermo Tambussi.
Su única aparición mediática fue en un amistoso sub 20 frente a River en Neuquén, donde enfrentó a la «Gata» Fernández, Oscar Ahumada y Emiliano Díaz y se comió 4 goles.
Curiosamente y sin pergaminos pasó a Estudiantes de La Plata (2002), club en el que no jugó y pasó totalmente desapercibido.
Un diario local, en un resumen de los refuerzos de la temporada que acababa de finalizar señalaba que la mayoría de los nuevos nombres no habían rendido, y entre otras cosas, se preguntaban sobre la llegada de Xamo. Según el periodista, se trataba de «un arquero ignoto que tuvo un paso por Racing y que además se incorporó con una lesión importante en un dedo. Un tema que la directiva deberá aclarar».
Junto a él, habían desembarcado Docabo, Ariel Donnet, Leo Ramos, Kmet, Zúñiga y Pajuelo.
De allí pasó al Guaymallén de Mendoza (2003-2004) donde mágicamente su entrenador fue otro x-man como Miguel Buxó.
Su actualidad se desconoce y para develar la incógnita, habrá que despejar la X para resolver la ecuación.

Cucu

Gilton

Gilton Gomes de Sousa (Gilton)
Casi con el mismo ímpetu de un nene encaprichado que se revuelca en el piso para que le compren un juguete caro, este brasileño quiso lo imposible, triunfar como marcador central en el fútbol argentino, sabiendo que muy pocos, como Ricardo Rocha, lo han hecho con algo de decoro.
Empecinado, terco y sin miramientros, trató de cumplir su sueño hasta que vio agotadas las posibilidades.
Nacido en Belo Horizonte en abril de 1983, se radicó en la Argentina y se probó en Colón de Santa Fe con la seria intención de llegar a Primera. Como era pibe, empezó desde abajo, haciendo el típico camino de inferiores. De entrada, a sus compañeros les costó pronunciar su nombre y por eso lo apodaron «yuto». La difícil adaptación se le simplificó cuando conoció, en la pensión del club, a un compatriota mediocampista llamado Mauro Aranha.
Creyente por naturaleza, concurría asiduamente a la Iglesia San Antonio de Padua. En una nota publicada por el Diario Olé, en noviembre de 2002, dio detalles de sus razones: «voy para rezar y dar gracias de la posibilidad que tengo de estar en Colón, luchando por un lugar en Primera. La verdad es que es muy difícil hacerse fuerte cuando uno está lejos. Pero me apoyé en un montón de amigos que conseguí acá, entre mis compañeros, y en mi representante, Guillermo D’Andrea, para aguantar«. A esa altura ya jugaba en Reserva y en poco menos de un año consiguió jugar algunos partidos amistosos con la Primera del Sabalero. En 2003 formó parte del plantel profesional y compartió jornadas con Jorge Martínez, Alcides Píccoli, Juan Manuel Herbella; y los experimentados Pablo Morant y Ariel Pereyra, dos de sus referentes. Lamentablemente, esperó su debut profesional pero nunca le llegó.
Sin lugar, se fue a Patronato de Paraná (2004) con la promesa de volver. Y regresó en mayo de 2004, pero con mucha mala fortuna. El día en el que iba a reaparecer, en un partido de Reserva ante Banfield, el micro que transportaba al plantel sufrió un desperfecto a la altura de Campana, a unos 80 kilómetros de la capital, y el encuentro preliminar se suspendió.
Para colmo, en julio de ese año, el arribo de Alfio Basile le cerró las puertas definitivamente. El Coco hizo una lista negra que lo incluía, junto a Exequiel Marini, Jorge Bontemps, Alejandro Gavatorta, Andrés Romero, Juan Ocampo y el arquero Germán Lemos. Nunca más se escuchó hablar de aquél muchachito de Brasil que soñó con romperla en la Argentina.

Juan Pordiosero

Rodríguez Oscar

Oscar Damián Rodríguez
Defensor brasileño nacionalizado uruguayo que ya tuvo su homenaje por parte del nuevo ente justiciero de su país por adopción, Donde Fueron a parar, y que todavía no había sido recordado por este sitio. Pero todo llega.
De curiosa trayectoria, debutó a los 18 años en el club 14 de Julio de Rio Grande Do Sul y al poco tiempo cruzó la frontera para sumarse a Nacional de Montevideo (Uruguay), donde hallaría la estabilidad que lo llevó a la selección charrúa. Antes, claro, tuvo que lucharla bastante aceptando préstamos a otras instituciones como el Deportivo Español (un partido en 1995) y Godoy Cruz de Mendoza (1996).
En 1997 retornó al Bolso y trató de hacerse un hueco hasta que, al año siguiente, se lesionó el gran Pedro Barrios y pudo adueñarse de la zaga junto a Jorgeao. Ganó en confianza y sus actuaciones le valieron una convocatoria de Passarella la Selección en septiembre de 2000, para afrontar un partido de eliminatorias ante Ecuador (Rodríguez fue titular y la celeste ganó 4 a 0). Luego disputó un par de amistosos preparatorios para el Mundial de Corea-Japón pero no llegó a ser citado para el gran acontecimiento.
En 2002 pasó al Shakhtar Donetsk de Ucrania y se dio el gustito de jugar un tiempito en Europa. Pero las cosas no salieron del todo bien y el club le empezó a deber plata y lo fue cediendo a otros equipos. En la temporada 2003/04 pasó al Dorados de Culiacán, institución mexicana donde empezó a mostrar signos de su debacle. Recaló en Colombia, pero sólo jugo un partido en el América de Cali y abandonó el país por problemas personales. En 2005 vistió los colores del Cienciano de Perú y luego de hacer varios trámites se desvinculó del conjunto ucraniano y con el pase en su poder volvió este año al viejo y querido Nacional de Montevideo, donde supo ganar varios títulos locales.

Juan Pordiosero

González Esteban

Esteban Alberto González
Fantasma con amplio currículum. Podría ser confundido con sus tocayos, el «Gallego» González (ex Vélez y San Lorenzo, entre otros) o «Teté» González (ex Lazio, ahora en Gimnasia y Esgrima de La Plata).
Paradoja del destino, pese a la baldoseridad de este muchacho fue imposible hallar una foto suya con una camiseta de fútbol. El gran visionario Jorge Bernardo Griffa dijo sobre él: «Tiene las características de Riquelme: vivaz y simple. Es muy difícil quitarle la pelota«. Jugando como enganche en Boca Juniors, tenía por delante al propio Juan Román y también a César La Paglia y a Omar Pérez.
En enero de 2001 fue a la pretemporada y disputó un partido televisado, con el que podría chapear el resto de su carrera. A fines de ese año, ya con 19 pirulos (nació el 17/03/1982 en Campana), y luego de haber coqueteado con la Primera, seguía jugando en la Cuarta división.
A comienzos de 2002 se cansó de no ser tenido en cuenta y armó el bolso. Estuvo a prueba en el Chievo Verona de Italia pero no quedó. Los últimos seis meses de aquel año mundialista los pasó en el Lugano de Suiza, donde incluso llegó a disputar encuentros por Copa UEFA.
Después de su experiencia europea volvió a Sudamérica para peregrinar por distintos equipos. Enfiló para Colombia y arrancó en el Deportes Tolima (primer semestre de 2003). Durante la temporada 2003/2004 defendió la casaca del Millonarios de Bogotá y una vez lleno de ricas vivencias, decidió retonar al país para jugar en Villa Dálmine, en la Primera C. Su paso por el under fue breve porque ese mismo año retornó al país cafetero para incorporarse al Deportivo Pasto (2004).
A principios de 2005 se unió al Estudiantes de Santander, conjunto del ascenso mexicano que a mitad de año dejó de existir. Allí, según la prensa mexicana, tuvo buenos partidos pese a jugar en un equipo mediocre. Esas aceptables actuaciones le valieron el pase, en el Apertura ’05, al Indios de Ciudad Juarez. Desde este año, González defiende los colores del Jaibos Tampico Madero FC, en la tierra del Chavo del 8 y el Chapulín Colorado. Su perfil de promesa trunca y sus diez equipos en poco más de cuatro años lo condenan a ser uno más del mundo baldosero.

KeyserSoze