Félix Hernández (Gato)
Posiblemente nadie sepa que este futbolista venezolano pasó por la Argentina para jugar en Talleres de Córdoba en 1996, algo que en realidad no hizo porque fue despedido antes.
La historia cuenta que Ricardo Gareca agarró la dirección técnica de la T de la mano del empresario Carlos Quieto, quien le «pidió» si podía llevar a un jugador que el representaba. De esa forma el entrenador dio el visto bueno y el delantero viajó al país.
Llegó con 23 años y muchas ilusiones, pero parece ser que su estilo de vida y otros factores le jugaron en contra.
El jugador se presentó en el alojamiento designado, el Hotel Automóvil Club Argentino y pidió en pose de ganador, las llaves de la habitación que le tocaría. Sin embargo, el conserje se las negó afirmando enérgicamente que su nuevo club nunca pagaba y que se iba a tener que ir a encamar a otra parte. La pregunta que cada uno se debe hacer es el porque del término «encamar». Es que llegó acompañado por una damisela ligera en ropas, motivo que generó el enojo del cuerpo técnico y su rápida salida.
Según una conocida revista deportiva, actualmente en decadencia, Gareca le dijo que «¡boludo, acepto que vengas a ganarte un mango, y lo primero que haces es aparecerte con un gato!».
Con un total de 4 goles en 50 partidos en su selección, chapea por el mundo contando que jugó con Emilio Butragueño en el Celaya de México y con el liberiano George Weah para el Al Yasira de Emiratos Árabes, pero le faltó señalar que en el Poli Ejido (2001) de España conoció a Gabriel Bordi.
Pero eso no es todo, pues el «Gato» deambuló por todas partes. Jugó en el Deportivo Táchira (1989-1991, perdió el campeonato por un gol), Minervén (1992-1995), Flamengo (Brasil), Deportes Tolima de Colombia (1996), tuvo una prueba olvidable por Valladolid de España (1997), Italchacao (1997 y 2001), Necaxa de México y Deportivo Maldonado de Uruguay (2000), club que abandonó a los dos meses de firmar el contrato para marcharse a Estados Unidos, que es donde deseaba meditar y reflexionar y pedirle a Dios que ilumine mi sendero. Luego viajó para despuntar el vicio en el competitivo fútbol de China, donde admitió haber ido netamente por razones económicas.
Su mejor momento lo vivió en el Wanders Montevideo (1998-1999) y actualmente está terminando su carrera en el Anzoátegui de la segunda división de su país, donde compartió la ofensiva con Cristian Colusso, que por lo visto, cada día juega peor.
«Ya no corro como antes. Sé que el público reprocha que aguante tanto la pelota, pero esa es la función que me encomienda el entrenador. Me piden que corra, pero cada jugador tiene su función en la cancha. Además los corredores practican atletismo», respondió contra sus hinchas.
Sin embargo, la mayor curiosidad la brindó un medio venezolano, que con total caradurez afirmó sobre él que «aunque es cierto que ya no posee la habilidad de Lionel Messi y los regates de Robinho, en la cancha se hace sentir y trasmite confianza al equipo y al fanático. Simplemente es diferente». ¿Alguna vez la tuvo?
Cerremos todo, esto es demasiado.
Cucu


