Cariati Lucas

Lucas Adríán Cariati

Delantero surgido en Independiente que hizo su presentación en una derrota frente a Arsenal, el 4 de diciembre de 2004. Ese día fue debut y despedida para el rubiecito que lucía el dorsal 21. Pedro Monzón lo mandó a la cancha a falta de 10 minutos en lugar de Jorge “te desbordan todos” Martínez, compartiendo el ataque con Esteban Rivas y un tal Sergio Leonel Agüero del Castillo. No volvería a formar parte del primer equipo durante el resto de la temporada. Sin dudas, era difícil hacerse un lugar en la delantera teniendo como competencia al Tati Bustos Montoya, el Turu Flores, Franco Cángele, Víctor Sosa, Pablo Torres y el comegordas novio de Karina.

A mediados de 2005, en busca de mayor continuidad, partió hacia Uruguay. En Montevideo vistió los colores de Fénix, donde fue compañero de Nicolás Vigneri y Gabriel Migliónico. El equipo terminó anteúltimo en el Torneo Apertura, pero Cariati pudo zafar del inminente descenso que se produciría un semestre después, gracias a la aparición del Ujspet de Hungría, donde jugó durante 2006. En el fútbol húngaro, los 23 años, convertiría sus primeros goles como profesional, algo que seguramente no imaginó cuando se cansaba de romperla en las inferiores del Rojo, llegando a inscribir su nombre entre los máximos anotadores de las divisiones menores del cuadro de Avellaneda.

En Europa Oriental terminó su experiencia extranjera, regresando a Argentina para conocer el ascenso. No, no volvió a Independiente (?). En 2007 se puso la camiseta de Almirante Brown y le fue tan bien que en solo seis meses ya había pegado pase al Torneo Argentino B. Hasta mediados de 2009 la rompió (?) en el FC Tres Algarrobos, hasta que regresó al conurbano bonaerense para disputar la Primera C.

Las últimas señales de vida futbolística las dio en Remedios de Escalada. En Talleres (2009/2010), bajo el mando de Ricardo Rodríguez, acumuló 22 partidos, 4 goles y la rotura de ligamentos de su clavícula derecha. Después incluso sonó como refuerzo del Barcelona de Ecuador, pero la operación nunca se concretó.

Aparentemente largó todo después de ese episodio y se dedicó a esperar su aparición en este sitio. Felicitaciones (?).

Ferrero Jorge

Jorge Luis Ferrero (El Mudo)

No deben ser muchos los casos de jugadores que disputan un puñados de partidos por año y siguen firmes en el mismo club. Jorge Luis Ferrero estuvo como arquero en Argentinos Juniors entre 1983 y mediados de 1987, pudiendo disputar sólo seis encuentros oficiales, y en dos de ellos ingresó por lesión del titular en el complemento.

Guardametas oriundo de Adrogué, se formó en las divisiones menores de River Plate donde debutó en 1981. Tres años en la Primera del Millonario y, tras grandes problemas económicos del club, decidió buscar nuevos rumbos y llegó al Bicho.

En el equipo de La Paternal sabía que no la iba a tener fácil. Comenzó la temporada de 1983 siendo suplente de Mario Alles, ya asentado como arquero titular desde 1981. Enseguida arribó el paraguayo César Mendoza y Ferrero fue relegado. Encima en agosto, ya con el torneo de Primera División en disputa, se contrató al gran Ubaldo Fillol, libre de River Plate, y parecía que la suerte de Ferrero estaba echada. Sin embargo, Alles dejó el club a mediados de octubre, Fillol se fue a Brasil en noviembre y, tras un par de encuentros como suplente, le llegó la chance del debut por lesión de Mendoza. Fue el 1° de diciembre de 1983, ante Racing de Córdoba, en el estadio mundialista de esa provincia. Argentinos ganó 1 a 0 gracias a un tanto conseguido por Silvano Espíndola.

Quedaban cinco fechas para el final de la temporada y Ferrero siguió atajando, siendo su suplente el juvenil Aníbal Biggeri. Lo hizo en el empate en tres goles ante Newell’s en Rosario, en el triunfo 1 a 0 sobre River en cancha de Ferro y en la derrota sufrida en La Plata contra Estudiantes por 2 a 0. Volvió Mendoza para los últimos dos juegos y Ferrero finalizó el año como suplente.

Para 1984 Argentinos contrató a Enrique Vidallé. El ex Huracán se adueñó inmediatamente del puesto y atajó absolutamente todos los partidos. Argentinos se consagró campeón a fines de diciembre del torneo de Primera División. Durante 1984 Ferrero sólo fue suplente una vez, en el empate 2 a 2 entre Argentinos y Platense en Vicente López.

Los primeros meses de 1985 las cosas no cambiaron. Vidallé seguía firme en el arco y Mendoza eterno suplente. Pero promediando la Copa Libertadores Vidallé se lesionó en el Maracaná y Mendoza fue titular. Entonces Ferrero volvió al banco por cinco partidos y en el medio se dio el gusto de atajar en el gran triunfo por 2 a 1 sobre Independiente en Avellaneda, gracias a un doblete del panameño Armando Dely Valdés. Su suplente fue el juvenil Pablo Peralta. Volvió Vidallé y ya no fue tan exigido como antes. Entonces Mendoza atajaba en los partidos del torneo local y Ferrero era el suplente.

En 1986 le tocó arrancar detrás de Vidallé. Parecía que su consideración era mayor. Sin embargo, cuando Mendoza volvió, se quedó con su lugar como relevo. A mitad de año, Vidallé pensaba seriamente en el retiro y Mendoza tenía más partidos como titular. Ferrero era siempre la alternativa en el banco, sobre todo cuando en el segundo semestre se jugaron las semifinales de la Copa Libertadores. Terminó el año, se retiró Vidallé y Ferrero pasó a ser el suplente de Mendoza.

Así fue durante todo el primer semestre de 1987. Salvo un único partido donde el paraguayo se lesionó y Ferrero ingresó como reemplazo. Fue en el triunfo 2 a 1 sobre Platense como visitante, último triunfo de un equipo que tuvo una muy mala temporada.

En los primeros meses de 1987 Argentinos arregló la llegada de Carlos Goyén y renovó el vínculo con César Mendoza. Ferrero, sabiendo que sus chances iban a ser casi nulas, decidió buscar nuevos rumbos. Totalizó 6 partidos, recibió 7 goles y además fue suplente en otros 54 partidos.

Bajó dos categorías y jugó en El Porvenir por la Primera B Metropolitana. Tras tres buenas temporadas, en 1990 firmó para Atlético Rafaela, donde jugó 30 partidos durante dos años el Nacional B. Siguió en la misma categoría para la temporada 92/93 y estuvo en Deportivo Laferrere, pero solamente fue suplente. Entonces buscó otros horizontes y atajó en Defensa y Justicia, Deportivo Patagones de Carmen de Patagones (aquella ciudad que en los 80’s estuvo en planes de convertirse en la Capital Federal), Costa Brava de General Pico e Independiente de Jacinto Arauz, donde se retiró.

Punto final para la carrera de Jorge Ferrero, aquel que estuvo en los mejores momentos de Argentinos Juniors, aunque la mayoría de las veces los vio del otro lado de la línea de cal o desde la platea.

Publicado casi (?) en simultáneo con www.teacordasbicho.com.ar

Juárez Gustavo

Gustavo Alberto Juárez (el Panza)

El poder inescrepuloso de la Internet es tan grande que con sólo tipear unas teclas podemos enterarnos vida y obra de cualquier persona con una trayectoria más o menos conocida, sea en el entorno del fútbol o fuera de este ámbito. Con un poco más de sagacidad en el uso de Google, se pueden obtener datos de aquellos que apenas asomaron la nariz en algún momento por encima (o por debajo) de lo habitual. Pero hay tipos de los que no existen rastros. Ni siquiera cuando son pocos los que pasaron por la misma situación. Y no se le puede echar toda la culpa a lo que (no) nos menciona la pantalla, ya que a veces ni nuestra propia memoria nos ayuda. Porque los nombres de Mirko Saric o Sergio Schulmeister nos dicen mucho, pero el nombre de Gustavo Alberto Juárez no nos dice nada.

Con la intención de que por lo menos quede una referencia en la Web sobre este ex defensor cordobés, dedicamos este breve relato al recuerdo de su paso por el fútbol. El Panza supo ser parte de varios planteles de Instituto entre 1985 y 1991. Con La Gloria disputó 65 partidos (54 en Primera División y 11 en el Nacional B) y alcanzó la misma cifra de goles y de descensos: uno.

Para el Apertura 1992 se incorporó a Belgrano, junto a Teresa Cancelarich, Julio Ceballos, Elvio Vázquez y Jorge Acuña. En el Pirata no lo fue nada bien: Victorio Nicolás Cocco lo hizo debutar en la segunda fecha de ese torneo (el 14 de agosto, en la derrota 2-0 frente a Boca) y apenas completó 3 encuentros antes de quedar relegado en la consideración del Nano Areán, el nuevo entrenador que llegaba a la Docta.

Sin embargo, lo peor llegaría unos meses después. Sin lugar en el equipo, agobiado por problemas económicos en un gimnasio de su propiedad y desavenencias con su socio; se disparó en la cabeza con revólver calibre 22. Apenas tenía 26 años. El club se vistió de luto y prestó sus instalaciones para que sus restos fueran velados, antes de que recibieran sepultura en el cementerio San Jerónimo.

No será un baldosero de pura cepa. Le faltará algún paso por el exterior, un hecho que lo haya marcado, o por los menos 15 minutos de fama. Pero qué importa eso. Al menos, cuando ahora alguien busca el nombre de Gustavo Juárez, se encontrará con un futbolista que tuvo un triste final. Y que ha encontrado aquí su humilde homenaje.

Vigneri Nicolás

Nicolás Vigneri (El Rápido)

Surgido en Fénix de Uruguay, este ligero atacante ilusionó a los amantes de los viejos y desaparecidos wines. No es que fuera un excelso gambeteador, ni mucho menos, pero sabía escapar velozmente por las puntas, algo que lo convirtió en una rareza del fútbol charrúa entre el 2003 y el 2006.

Su estilo de juego también enamoró al entrenador Juan Ramón Carrasco, que no sólo lo hizo debutar en Primera, sino que además lo pidió en un par de clubes más y encima lo convocó a la Selección. Evidentemente era su fetiche.

Justo cuando el Nico estaba a punto caramelo, su equipo descendió y entonces lo contrató Peñarol, donde algunos hinchas lo recibieron con puteadas. ¿El motivo? Se habían enterado que Vigneri era Bolso desde pendejo. Suficiente para silbarlo cuando era nombrado por la voz del estadio.

Su paso por el Manya es recordado, principalmente, por dos cosas. Su adicción a los casi goles y su tanto a Nacional, en un clásico que terminó 4 a 1 a favor de Peñarol. Ese día, también, le dio una asistencia al Flaco Delorte, transformándose en una de las figuras del partido y ganándose a la gente, aunque sea por un rato.

Con el envión llegó hasta el Cruz Azul (2008) de México, el último club donde haría pie. Varios goles, jugando incluso como centrodelantero, le dieron algo de chapa, pero no la suficiente para que le renovaran la confianza. Fue ahí que apareció Racing en el camino de Vigneri. Y desde entonces, ya no volvió a ser el mismo.

A La Academia llegó en el verano de 2009, sumándose a la pretemporada en Mar del Plata del equipo que dirigía el Chocho Llop. Y así como se presentó, en ojotas, pareció haber jugado en su paso por el cuadro de Avellaneda. Si hasta correr se le hacía difícil.

En su debut veraniego, ante Boca, mostró ganas, pero no mucho más. Desperdició dos situaciones claras y dejó algo en claro: la dupla que hacía con Lugüercio no tenía demasiado futuro. De hecho, a los pocos días Racing incorporó a Rubén Ramírez y a Lucas Castromán para tener más gol. Eso es lo que pensó la dirigencia, no nos miren a nosotros (?).

Después, en el Clausura 2009, el oriental no tuvo chances importantes de demostrar lo que sabía hacer. Llop lo mandó de titular en la primera fecha, que terminó con una derrota 3 a 1 ante Lanús. En la jornada siguiente, Vigneri entró un rato en la caída 4 a 1 ante el Huracán de Cappa. Y en la tercera, también vivió desde adentro algunos minutos en el revés 2 a 0 ante Independiente. Poco y nada.

Ya con Caruso Lombardi de DT, el equipo levantó de manera casi milagrosa, pero El Rápido ni siquiera concentraba. Fue entonces que el Richard, siempre dispuesto a darle oportunidades a quien ofrece el diezmo se lo merece, volvió a incluir a Vigneri en un match ante San Martín de Tucumán. Racing acumulaba 8 partidos de manera invicta. ¿Y saben cómo salió ese día? Perdió 2 a 1 como local. El uruguayo, por supuesto, jamás volvió a jugar.

A su lógica huida de Avellaneda, le siguieron pasos por Puebla de México (2009) y Xerez de España (2010), donde tampoco pudo ratificar lo bueno que había sugerido en sus inicios. Y hablando de eso, ya se le hacía la hora para volver al pago.

Regresó a Fénix en 2010 y luego pasó a Nacional (2011), cumpliendo quizás el sueño de botija y ganándose las puteadas de los pocos hinchas de Peñarol que lo habían bancado años antes. Digan que en 2013, nuevamente en Fénix, le gritó un gol al Bolso para compensar (?).

Pero no sólo de Uruguay vive el baldosero. En Ecuador es considerado un paquete, gracias a sus pasos por el Emelec (2011/12) y Deportivo Quevedo (2013).

A fines del año pasado casi cae en el fútbol salvadoreño, pero finalmente recaló en Perú para vestir los colores del Centro Cultural Deportivo Los Caimanes, un elenco históricamente del ascenso que este año hará su debut en la Primera División.

La camiseta del conjunto Lacoste luce un cocodrilo en el escudo y la palabra «Gira» en el pecho. Eso que Vigneri, aún en ojotas, no se ha cansado de hacer.

Bravo Cristian

Cristian Fernando Bravo

Uno puede llegar a irse de viaje, tener un prolongado matrimonio o hasta poseer una carrera futbolística respetable y, sin embargo, no tener nada interesante para contar. O puede tener un breve aunque escaso paso por cada una de aquellas situaciones y ser un anecdotario con patas, de esos que te animan cualquier asado o furiosa previa de sábado (?). No por meritos deportivas en si, claro. Sino por diferentes hechos y variables que aderezaron aquellos efímeros días. El precoz caso de Cristian Fernando Bravo es uno de ellos.

Este volante central categoría ´78 hizo las inferiores en Platense y a los 20 años le tocó subir a Primera División para integrar aquel más que condenado Calamar que incluía baldoseros de pura cepa (Walter Coyette, Guillermo Santo, Claudinho, Raúl Atenor García, Enrique Colliard, Paulo Miranda) y jugadores medio pelo que estaban tirando sus últimas fichas (Cancelarich, Spontón, Mandrini, Lenguita, Váttimos, El Chivo Peinado).

Con este desolador panorama, a Bravo le llegó la posibilidad de debutar -como titular y con un glorioso dorsal 34 en su espalda- por la decimosexta jornada del Apertura ´98; jornada en la que cayeron por 2 a 1 ante Colón como visitantes y donde lo primero que vio al saltar al campo fue la ovación que las dos escuetas hinchadas le brindaron al Profe Córdoba, quien dirigía su último partido en Platense y se encontraba en un comprensible estado de trance por la reciente desaparición física de uno de sus hijos.

Dos jornadas después y ya bajo la conducción de Raúl Grimoldi, Bravo volvió a ocupar el mediocampo en la derrota 1 a 0 con River Plate, para ser testigo privilegiado de un Monumental semi vacío por el descontento Millonario tras el primer título del Boca de Carlos Bianchi. Era otro mundo, claro (?). Luego participó de la victoria por 3 a 2 sobre Estudiantes en la última fecha de aquel torneo, donde marcó su único gol y el mar de lágrimas se los llevó Aníbal Hay quien, a Dios gracias, se retiraba del referato.

Al siguiente torneo agarró El Negro Marchetta, llegó El Popeye Herrera y sus chances de jugar se redujeron considerablemente. Con el regreso de Grimoldi, Bravo volvió a tener algo de acción y así pudo completar 10 partidos y dar fe de Martín Palermo convirtiendo un penal con ambas gambas. Luego asumió Carlos Rodríguez y, de esta manera, finalizaron los días de Cristian Bravo en Primera División y, al parecer, también en el fútbol, ya que todos los intentos de dar con su paradero conducen hacía otros homónimos que nada tienen que ver con aquel pibe de Platense.

Un destino demasiado extraño para quien alguna vez ganó “El Mejor Gol de la Fecha” del extinto Fútbol de Primera.

González Raúl

Raúl Alberto González (Speedy)

Recuerden, chicos (?). Todos nos convertimos en sus tifosis cuando nos desayunamos con la hollywoodense historia de ese simpático chacarero campechano que, desde la góndola de segunda selección, llegaba al ultra competitivo Calcio de la noche a la mañana.

Segunda punta o wing por ambas bandas, la carrera de Raúl González comenzó, promediando los noventa, en Central Córdoba y allí su rapidez encandiló al relegado Víctor Bottaniz, quien convenció a Gustavo Alfaro para sumarlo a Atlético de Rafaela (1997/2000).

En poco tiempo Speedy se convirtió en la revelación de aquel conjunto al que nunca le alcanzó la nafta para llegar a la final del reducido. Sin embargo, esto no impidió que un grupo de empresarios italianos se enamoren de él y adquieran su ficha en un millón y medio de dólares.

Claro que siendo una cifra menor por tratarse de una jóven promesa de la Argentina del 1 a 1, los tanos le ofrecieron a La Crema costearle una pretemporada en la península, con la intención de que nadie los acuse de estar cometiendo un timo. Allá ellos (?)…


La Crema en Italia. El que encuentra a Pan Triste gana (?)

Y de esta manera fue como llegaron Huguito Barrientos, Iván Juárez y Marcelo Barovero a tirar facha por la Vía Veneto y a sacarse fotos con el Coliseo de fondo. Entre tanto glamour, los rafaelinos también dejaron lugar para el fútbol, con una victoria sobre la Reggina (1-0), una derrota ante el Avelino (1-2) y empates con el Skoda de Grecia (1-1) y con el flamante equipo del protagonista de este post.

Cuando llegó al Brescia, lo primero que hizo Speedy fue ir a rendirle respeto al capo de la comarca. O sea, a Roberto Baggio. Cuando Il Codino escuchó su acento pensó que se trataba del gaucho que cuidaba sus campos en Rivera, entonces no extrañó que se le escaparan unas cuantas carcajadas cuando Speedy le dijo que era su nuevo socio en el ataque.

En el momento en que el astro italiano escuchó que era este el Raúl González que le habían prometido y no el crack español del Real Madrid, emprendió tal ataque de risa que se desgarró los maxilares, el estómago y hasta las dos gambas y por eso se perdió de ir al Mundial de Corea y Japón. Pero esa es otra historia.

En principio, González deslumbró a sus nuevos compañeros marcando 11 segundos en los 100 metros llanos, aunque eso no bastó para engañar a Carlo Mazzone con quien, en el término de un año y medio, apenas jugó en 7 encuentros, casi todos como suplente y por las primeras fases de la Copa Italia. En enero de 2002 y ante la falta de oportunidades, tanto él como Andrés Yllana debieron buscarse un nuevo destino.

Tras préstamos semestrales en continuado por Crotone, Salernitana y Cosenza de la Serie B, Speedy regresó al Brescia, para meter otros 2 partidos a su currículum y convivir con El Chino Saja y Matías Almeyda. Luego el delantero recaló en el Martina de la Serie C1 durante seis meses más y entre medio la termeó cuando se boxeó con dos carabinieri que intentaron retenerle el (o la) Mercedes Benz por exceso de velocidad. Se ve que la rapidez la tenía en el instinto (?).

Gustavo Alfaro, haciendo uso de la impunidad que le dio acabar con la maldición de Quilmes, dispuso la llegada del delantero al Cervecero para la temporada 2004/2005. Bastaron apenas 8 partidos por campeonato y otros 3 por la Copa Libertadores para darse cuenta que Speedy no tenia la banda ancha prometida y el servicio era desastroso y limitado, además de caro. Una verdadera cagada

Claro, había una opinión de peso que le impidió rendir en su paso por el sur. Pero esta no era la de Aníbal Fernández, José Luis Meiszner ni la del Mono de Kapanga, sino la de Milena, su embarazada novia italiana, quien no estaba para nada contenta con la idea de traer cachorros al tercer mundo. De tan breve y fugaz, su paso por la elite de nuestro fútbol hizo honor a las condiciones que hicieron famoso a este jugador. Esperábamos algo rápido, pero tampoco tanto.

El peregrinaje del Raúl González del subdesarrollo continúo por el Cagriese (2005-2007) y el Darfo Boario (2007-2008), ambos del under peninsular. Luego regresó al país para radicarse en la embolante apacible localidad santafesina de Alvear y jugó seis meses en su primer amor, Central Córdoba, donde pareció colgar los botines.

Algún tiempo después y a pedido del público, González  se unió al  Club Arteaga Mutual Social y Biblioteca Popular Sarmiento (2009) y luego al Club Atlético Alcorta Blanco y Negro (2011) de la Liga Interprovincial de Fútbol Dr. Ramón F. Pereyra, donde jugó «cuando tenía ganas» y de esa manera terminaron sus días como futbolista.

Punto final para la historia de un personaje con marcados estereotipos étnicos, que apareció con poco cartel, vio las luces del mundo y quedó olvidado y anticuado para las nuevas generaciones. Uno de los guiones más tristes y decepcionantes de la Warner Brothers (?).

Manfredi Rubén


Rubén Eduardo Manfredi

Dos partidos marcaron a fuego el paso de Rubén Eduardo Manfredi, un producto genuino del Xemillero, por la Primera de Boca Juniors.

Uno, el primero, por la última fecha del Metropolitano de 1983, ante Instituto en Córdoba. Esa tarde, el Xeneize, repleto de juveniles por la huelga de los profesionales, perdió ¡5 a 1! ante La Gloria y Manfredi, que tenía 20 años y actuó como marcador central, evidentemente, no paró a nadie.

Clavado en el pasto al lado de Claudio Lahorca, Nelson Iturrieta y Alberto Benítez, se cansó de mirarles el número de la camiseta a los cordobeses. Ojo, el resto del equipo tampoco ayudó demasiado y excepto Fabián Carrizo, ninguno permaneció en La Boca por mucho tiempo más.

El otro, el último, fue poco más de seis meses después en La Bombonera, el famoso día del fibronazo ante Atlanta (triunfo del Bohemio por 2 a 1), con Javier Franco, Marco Dos Santos y Jorge Latorre como compañeros de zaga. Aquel día, Manfredi arrancó el partido con el número 6 dibujado en la espalda y terminó con un manchón ilegible.

Lo que siguió, ya bien lejos de La Boca, fue un breve paso por Estudiantes de Río Cuarto y luego el ostracismo.

Palacios Gilberto

Gilberto Ramón Palacios (El Delfín, Gilbergol, Golberto)

Por lo general, cuando las salas de cine más populares negocian la compra de algún tanque pochoclero de Hollywood suelen ser chantajeadas con descaro por todas las compañías distribuidoras: “Ah ¿ustedes quieren adquirir los derechos de la nueva de Superman? Bueno, van a tener que pagar un plus y comprar 4 bodrios del cine iraní… Y los van a tener que exhibir a todos, claro. Al menos, durante una sola jornada”. Algo similar sucede con la conformación de los planteles más decadentes del fútbol argentino.

Este fue el caso de Olimpo de Bahía Blanca en los albores del Apertura 2005 cuando, a instancias de emprendedores y paracaidistas, sumó llamativas voluntades a su plantel con la intención de permanecer en Primera, cosa que por supuesto no logró. De esta manera llegaron refuerzos con algo de marquesina como: El Chino Garcé, El Moncho Fernández, El Negro Martínez, Ismael Blanco, Ezequiel Maggiolo y Lechuga Roa; y otros que formaban parte de “la letra chica” de los acuerdos, tales los casos de: El Mago Ramírez, Máximo Lucas, Gustavo Savoia, Renato Riggio, Mauro Olivi, Hugo Costela y nuestro protagonista del día de la fecha: Gilberto Ramón Palacios…

El Delfín, una especie de centrodelantero paraguayo modelo 1980, llegó como bonus track del pase de Ismael Blanco –quien también provenía del fútbol guaraní- con el antecedente de ser una promesa jamás consumada del Olimpia campeón de América, donde integró la delegación que jugó la Intercontinental contra el Real Madrid de Los Galácticos. Después paseó su humanidad por 12 de Octubre (2004) y por 3 de Febrero (2005), vinculando así al Día de la Raza con La Batalla de San Lorenzo (?) y hasta marcando algún que otro tanto, para luego comenzar su epopeya americana.

El Aurinegro de Bahía Blanca fue su primera escala, donde el 6 de septiembre de 2005 jugó 26 minutos en la derrota ante Argentinos Juniors (0-1) como visitantes. Eso fue todo, ya que Omar Labruna no volvió a llevarlo ni siquiera al banco. A principios de 2006 se le ofreció la rescisión del contrato y Palacios aceptó de buena gana pero mucho más aún su representante Miguel Ángel Celaye, ya que su polluelo había jugado en la Primera División del Fútbol Argentino. Y con eso se podría ir a chapear en otros lados…

En principio, el bueno de Golberto regresó a su tierra para mostrar lo mejor de su carrera en Tacuary (2006/07), lo cuál le valió padecer un tormentoso regreso a Olimpia (2007/08) ¿Y eso por qué? Por que la barra brava Mafia Negra – Loma Pytá acusó al jugador de haber asesinado a uno de sus integrantes a golpes de puño en el año 2001 e intentó frustrar su retorno. Si bien la pelea existió, la justicia determinó que el hincha murió a causa de una meningitis y no por las piñas de Palacios, a quien de esta manera le anularon otro tanto (?).

Por supuesto, y más allá de sus disculpas públicas, el delantero fue hostigado hasta el cansancio y terminó exiliado seis meses en Guaraní (2008). Luego El Delfín pasó a otro grande del fútbol sudamericano: Universidad Católica, donde durante un año jugó apenas 6 partidos, no marcó goles, fue elegido el peor refuerzo de la década y dejó esta gloriosa perlita:

Claro, el cameraman (?) lo acusa de “Caggiano”, pero eso sería demasiado elogio: sólo se trataba de Palacios, quien luego siguió decepcionando por Oriente Petrolero (2010), Sportivo Luqueño (2011) y Deportivo Mictlán de Guatemala (2012). Hoy su paradero es un completo misterio, con lo cual El Delfín reafirma lo anteriormente escrito. Por más que lo quieran disfrazar de sectario, intelectual y para entendidos, el cine iraní llega con trampa y nadie jamás lo va a mirar. Y, por los siglos de los siglos, siempre será malo. Por no decir asqueroso…