Pablo Facundo Bonvín
Creado por Oscar Wilde, Dorian Grey fue un narcisista embelesado por su figura en un cuadro quien, a través de diferentes hechos esotéricos y oníricos, consiguió un beneficio anhelado desde el principio de los tiempos: la eterna juventud. Aunque claro, ante cada rapto de lujuria, perversión y egoísmo, su alma -al igual que su retrato- envejecía y se volvía cada vez más sombría, perturbada y atormentada. Generoso desde siempre, nuestro querido Fútbol Argentino nos brindó una versión autóctona del reconocido personaje literario: el eterno juvenil Facundo Bonvín.
La cuestión es que este delantero apareció en una época floreciente para las divisiones inferiores de Boca y para En Una Baldosa por carácter transitivo. De hecho, su primera incursión fue en una noche histórica para el semillero Xeneize: la victoria 2 a 1 sobre River en Mar del Plata por el Torneo de Verano 2000. Esa noche, Bonvín jugó los últimos 15 minutos y compartió marquesina junto a Pedro Méndez, Matías Marchesini, Marco Bahamonde y Emiliano Rey, entre tantos otros héroes.
La desesperada búsqueda de Mauricio Macri por abrir mercados inexplorados depositó a nuestro amigo durante un año en la reserva del Newcastle United y otra temporada en el Sheffield Wednesday de la First Division, donde disputó 4 encuentros sin anotarse jamás en la red. Al no llamar la atención en los equipos de Gran Bretaña, fue devuelto a El Club de la Ribera, en cuya reserva se mantuvo durante el último semestre del año 2002.
A principios de 2003, con el regreso de Carlos Bianchi, Bonvín fue una de las revelaciones del Torneo de Verano, en donde le convirtió goles consecutivos tanto a San Lorenzo como a Independiente. Cuando El Virrey estaba por colgarse la medalla de haber moldeado otro juvenil rendidor, Macri lo envió a préstamo a Racing, quien necesitaba refuerzos desesperadamente de cara a la Libertadores de ese año.
El delantero fue inscripto únicamente para la Copa, por lo cuál su debut oficial fue internacional antes de hacerlo por campeonato. Con La Academia jugó 3 partidos por la primera ronda y, ante la rápida eliminación, se dedicó a cholulear a Andino y a Francella en la platea. ¿Goles? No, ni uno.
Al siguiente lugar hacía donde lo mandó Boca para ganar experiencia fue al Nacional B. Y ahí si pareció confirmar todo lo bueno que había prometido. En Argentinos Juniors marcó 8 goles en el Apertura y 7 tantos por el Clausura. Lamentablemente, una lesión lo sacó de aquel equipo que le ganó la promoción a Talleres de Córdoba. Aunque igual festejó el ascenso.
Con el augurio de convertirse en un cotizado goleador de Primera División, Bonvín tuvo un comprensible ataque de histeria (?): prometió quedarse en El Bicho, se entrenó dos días con Quilmes, regresó a practicar en La Paternal movilizado por el cariño popular y luego terminó firmando con El Cervecero. Todo esto, claro, con la aprobación de la dirigencia de Boca, quienes básicamente ni se mosquearon por las peripecias de su otrora diamante for export.
Para su esperado debut en Primera (Apertura 2004) le confiaron la camiseta número 9, pero se la quitaron al siguiente campeonato y le tiraron la casaca número 34, al ser eclipsado en la feroz competencia por El Chupa López, El Tweety Carrario, Speedy González, El Arcángel Osorio y El Cóndor Rueda. Bonvín sumó 10 encuentros con la remera del Cervecero y no convirtió goles.
De regreso en El Xeneize fue cedido un año al Dorados de Sinaloa mexicano, pero le rescindieron el contrato a los 6 meses. Su siguiente destino fue San Martín de Mendoza del Nacional B, donde equilibró la tarde gloriosa en la que le metió 4 goles a Tigre con el descenso al Argentino A.
En la temporada 06/07 regresó al único lugar del universo donde le mostraron afecto deportivo: Argentinos Juniors. En La Paternal era considerado poco menos que Jimmy Page (?) y hasta hubo escenas de histeria colectiva cuando la gente vio su reencuentro con El Polo Quinteros y Nicolás Gianni. En este segundo paso disputó 14 partidos aunque una sola vez salió como titular. ¿Goles? No, ninguno.
A mediados de 2007 la dirigencia de Boca dejó libres a varios juveniles entre los que se encontraba Bonvín quién, aunque nadie se había dado cuenta, ya contaba con 26 pirulos. Con el pase en su poder, el atacante no tuvo mejor idea que hacer “La Gran Cabrol” y firmó con Platense, donde debutó con varias fechas de atraso y rescindió con varias jornadas de anticipación. Su mostrada fragilidad física ya no le daba treguas. Ni siquiera para el Nacional B.
Sin ofertas desde el medio local, el jugador armó las valijas y se fue a La Universidad Católica de Ecuador, donde descendió a la Segunda División Bananera. Luego probó suerte en el Niki Volos FC de la tercera de Grecia pero otra lesión le impidió debutar. La última vez que se lo vio en una cancha fue en el semestre final de 2009 defendiendo al Boyacá Chicó de Colombia donde, tras reiteradas lesiones de rodilla, rescindió de mutuo acuerdo y colgó los botines para regresar al país y poner una tienda de artículos para bebés.
De esta manera, Pablo Facundo Bonvín ascendió al Baldosa´s Hall of Fame (?) con la marca de 24 partidos en Primera División, 3 cotejos por Copa Libertadores y 2 más por Copa Sudamericana. Eso si, no marcó un mísero gol. No vaya a ser cosa que por un rapto de locura su cuadro se ponga viejo…







