Rotti Marcelo

Marcelo Gustavo Rotti

Silencioso, desapercibido, humilde. Cualquiera de estos adjetivos es capaz de ilustrar la corta trayectoria del poco recordado zaguero uruguayo que, sin embargo, fue capaz de hacer historia en un club grande de su país. Y sólo unos meses después de un paso con más pena que gloria por el fútbol argentino.

Oriundo de Paysandú, inició su camino como profesional en Peñarol, la institución que lo marcaría de por vida. Formando parte de un plantel muy joven, fue una pieza importante para la obtención de los campeonatos uruguayos de 1985 y 1986, incluso convirtiéndole un gol a Nacional en la Copa de Oro de los Grandes, un torneo jugado entre los dos equipos más populares del país.

Vaya uno a saber porqué, para la temporada 1986/87 llegó a Platense juntó a Alberto Vivalda, Claudio Larramendi, Gerardo Manuel González, José María Vietta, Javier Novarini, Daniel Rodríguez y Miguel Ángel Gambier, entre otros. El Calamar, como acostumbraba en esa época, se terminaría salvando del descenso por poco, pero Rotti ni se enteró: apenas jugó 3 partidos en toda la temporada y se despidió para siempre de nuestras canchas. Calladito, como había llegado.

Allí se dio cuenta que el fútbol da revancha. Y, a veces, muy rápido. Regresó a Peñarol, se ganó un lugar en la defensa reemplazando a Jorge Gonçalvez y apenas unos meses después estaba jugando la final de la Copa Libertadores contra el América de Cali y levantando el trofeo gracias al agónico grito de Diego Aguirre. A fines de 1987 jugaría la final de la Copa Intercontinental, esta vez cayendo derrotado frente a Porto.

Siguió en el Carbonero un tiempo más hasta su partida al Tampico Madero de México (1989/90) donde fue compañero de los argentinos José Celis y Claudio Baravanne. El equipo se salvo del descenso por un punto y los sudamericanos tuvieron que irse sin ser debidamente indemnizados, en medio de una crisis que afectaba a la institución (al final de la temporada algunos líderes del Sindicato Petrolero, propietarios del club, fueran encarcelados, la franquicia fue vendida y trasladada a Querétaro, con lo que se produjo la desaparición del club). Posteriormente, acredita un paso por el Estrela da Amadora de Portugal (1991/92), aunque es un misterio saber si llegó a jugar.

Una vez retirado, trabajó con juveniles en su ciudad natal, en clubes como San Miguel, Paysandú F.C. y Estudiantil Sanducero. La discreción, modestia y sencillez que caracterizaron su recorrido por el fútbol profesional lo siguen marcando hoy en día. Tanto es así que es el único jugador de Peñarol que jugó la final de la Copa Intercontinental 1987 que no tiene ficha en Wikipedia. Si eso no es humildad, la humildad dónde está.

Reano David


David Alejandro Reano

El teléfono sonó y el pibe no entendía nada. Una voz le dijo que se tenía que presentar de urgencia para viajar a la pretemporada con la Primera de Boca Juniors (2004). Se pellizcó, se tiró agua en la cara. Todo para descartar que fuera un sueño. No estaba dormido. El tema iba en serio. Después de ver subir y debutar a buena parte de sus compañeros de inferiores (Carlos Tevez, Matías Silvestre, Franco Cángele, Pablo Álvarez, Rubén Osella, Gastón Sangoy, Juan Pablo Caffa, por caso), David Reano, un defensor cordobés nacido en 1984, que parecía más cercano a quedar libre que otra cosa, tendría la oportunidad de demostrar sus condiciones durante unas semanas con el plantel profesional. Sí, mucho culo (?)

Con 20 años en el lomo y sin rodaje en Primera, su aparición llamó la atención hasta a los propios hinchas de Boca. Miguel Brindisi acababa de llegar a la dirección técnica del Xeneize tras la sorpresiva renuncia de Carlos Bianchi luego de perder la final de la Libertadores ante Once Caldas y, mientras Cristian Traverso y Aníbal Matellán se ponían a punto (cosa que no lograrían ni a lo largo del campeonato), parecía dispuesto a darle cabida a varios jóvenes que llevaban bastante tiempo esperando su chance.

El equipo de la Ribera debía afrontar una gira, de esas inexplicables a las que se acostumbró durante la gestión de Mauricio Macri, que lo llevó a viajar por México, Japón e Inglaterra para enfrentarse a equipos tan disímiles como Chivas, América de México, Albirex Nigata, Urawa Red Diamonds o el PSV Eindhoven, entre otros, y Reano se subió al avión a último momento.

Después de haber viajado 17 horas, y casi sin dormir, debutó informalmente (?) el 21 de julio, ante Chivas de Guadalajara, en Denver, Estados Unidos. Esa noche fue titular al lado de Pablo Jeréz, César González y el Pampa Calvo y fue uno de los mejores del Xeneize. Reapareció dos días más tarde, ante América, en San Francisco. Esa vez reemplazó a Calvo en el entretiempo y fue una especie de carrilero. En fin, ni una cosa ni la otra.

Volvió a vestir la camiseta xeneize en Japón, ante el poderosísimo Albirex Nigata (en la vuelta de Martín Palermo tras su excursión europea) y se despidió –sin saberlo- para siempre en el triunfo 1 a 0, nada menos que en Old Trafford, ante el PSV Eindhoven holandés.

El nivel aceptable que mostró el pibe sorprendió a Brindisi y el técnico lo incluyó en el plantel profesional que afrontaría el Torneo Apertura 2004. Pero el papá de Cristian Castro Miguel en Boca duró apenas un poco más que Vivaldo y Reano corrió su misma suerte.

Ni con el Chino Benítez ni con Alfio Basile tuvo posibilidades de mostrarse y a comienzos de 2006, sabiendo que no iba a ser tenido en cuenta (y cansado de jugar en Reserva), intentó rescindir su contrato. Incluso tuvo la chance de irse a Nacional de Montevideo en un paquete que incluiría a Matías Donnet (colgado por el DT) y Gustavo Eberto (sin lugar). El pase no se hizo y Reano siguió entrenando con la Reserva y la Cuarta, al igual que Donnet, aunque ya sin jugar.

En junio de 2006, finalmente, quedó libre junto a Joel Barbosa y días después arregló con Aldosivi para disputar el torneo de la B Nacional en la temporada 2006/2007. Llegó con cierta chapa, pero pasó dos años cagándose de frío en Mar del Plata y luego emigró a Isidro Casanova para sumarse a Almirante Brown (2008/09). Allí se dio el gusto de vivir de cerca el clásico. ¿Contra Deportivo Morón? No, no, la entretenida interna de la barra del Mirasol entre la Banda Monstruo y Los de Siempre. Eso sí, nunca se afianzó y lo fletaron.

Alumni de Vila María (2009), en el Torneo Argentino A, fue la escala previa a Deportivo Morón -sí, total los de Almirante ni lo recordaban- (2010/11), donde levantó el nivel y llamó la atención del fútbol europeo.

En Rumania, la tierra del conde Drácula, desde mediados de 2011 hasta fines de 2012 vistió los colores del Gloria Bistrița, al lado de otro argento, como Fernando Cafasso. Desde entonces, forma parte del plantel del Veria, en la primera división de Grecia.

Se desconoce si en las concentraciones les habla a sus compañeros sobre las bondades de las mellizas griegas.

Aguiar Carlos

Carlos Antonio Aguiar Burgos

En ocasiones los sueños, los objetivos y las ambiciones de una persona suelen ser tan, pero tan poderosos que contagian a los demás familiares quienes, de manera inconsciente, terminan subiéndose al mismo tren del entusiasmado. Aunque ninguno de ellos quiera darse cuenta que ese tren está hecho mierda y que se viaja peor que en el Sarmiento. Y encima te punguean.

Ese es el caso del protagonista de este post quien, además de soñar con que la número 5 le de para parar la olla, siempre tuvo al oeste como principal horizonte. Es que siguiendo ese punto cardenal desde su Montevideo natal, se encontraba y aun se sigue encontrando (?) la Argentina. Un país con una liga poderosa. Un país con una liga pasional. Un país cuyo fútbol sirve como trampolín para recalar en los grandes equipos de Europa. En fin, la Argentina, un país donde son una manga de ladrones del primero hasta el último. Así y todo, Carlos Antonio Aguiar seguía entusiasmado.

Tal era su motivación que, desde muy temprana edad, Carlos le trasmitió esa pasión a su hermano menor, Luis Bernardo, con unipersonales que sonaban más o menos así: “¿Ve botija? Del otro lado de este río hay un país donde el fútbol es un verdadero espectáculo y las proezas quedan inmortalizadas en un pasquín prestigioso como El Gráfico. Un país que ganó mundiales modernos y no torneos añejos y mal organizados en blanco y negro. Un país donde Carlos Gardel abrió sus ojos al mundo y la yerba mate tiene calidad y sabor. Un país donde China Zorrilla tiene teatros para actuar, Víctor Hugo tiene radios para relatar y Natalia Oreiro cuenta con un mercado para vender discos. Bueno, ahí, botija, en ese país que respeta los contratos a rajatabla, un día vamos a triunfar nosotros… ta´, bo´, gurí, championes, contigo, chiquilín (?)”.

Y así, con ese deseo como eje, Carlos Aguiar mostró sus dotes de volante de creación en el River Plate charrúa. Sus buenas condiciones le valieron un préstamo de un año en el Skoda Xhanti de Grecia, pero este vínculo fue rescindido tras 2 partidos. De regreso en Uruguay firmó para Racing Club, de la Segunda División. Tras un año en Tercera División con los colores de Uruguay Montevideo y otro en Rampla Junios, a la fatídica edad de 27 años, el sueño de toda su vida finalmente se materializó.

Se enteró que en la Argentina había un club chico, de barrio, que jugaba su primera y, con seguridad, única temporada en la máxima categoría. Con una cancha que no cumplía las normas mínimas de seguridad y con un plantel que era un desfile bizarro entre baldoseros e ídolos regionales venidos a menos. Que no había presión, ni hinchas, ni barras, ni periodistas, ni duchas calientes. Y encima con un técnico chileno. “Es cumplir el sueño de jugar en Argentina, pero en un equipo de Uruguay” pensó el jugador. Y de esta manera, Carlos Aguiar y Tiro Federal de Rosario cruzaron sus destinos.

Debutó en la victoria 2 a 1 sobre Newell’s por la 2° fecha del Clausura 2006. Lo curioso es que su equipo hizo las veces de local en ¡El Coloso del Parque! Y encima, utilizando el vestuario visitante. Bienvenido a la Argentina. En la siguiente jornada Aguiar sorprendió marcándole un gol a Luchetti a 15 segundos de iniciado el encuentro pero Banfield terminó ganando por 2 a 1. Fue titular en 2 derrotas más y luego perdió su lugar en el primer equipo para alegría de Alejo Gelatini. Siendo recambio ingresó pocos minutos en otros 5 encuentros, pero no alcanzó para torcer el destino de un equipo condenado desde el vamos. En la jornada 16, tras la renuncia del DT Oscar Del Solar, la dirigencia se cargó a 15 jugadores entre los que se encontraba El Uruguayo. Un total de 9 partidos y un gol fueron el punto final de un sueño, si, pero sueño cumplido al fin.

Con el corazón más contento que Palito Ortega, Aguiar continuó marcando tarjeta en Rampla Juniors (2006/2007), Liverpool (2007), Académica Coimbra de Portugal (2007/2008), Fénix (2009/2010), Huachipato de Chile (2010/2011) y otra vez en Fénix (2011) donde volvió para colgar los botines y cuidar los intereses de su hermanito Luis Bernardo quién, a mediados de 2012, se sumó a San Lorenzo de Almagro para comprobar en carne propia las bondades de esa tierra prometida. Aquella en donde los héroes se inmortalizan en la tapa de El Gráfico, Víctor Hugo es incuestionable, Natalia Oreiro revienta los charts, los contratos se respetan a rajatabla y, por supuesto, las viejas son peores que los tuertos.

“Ta´, bo´, gurí, championes, contigo, chiquilín (?)”.

Quinteros Lucas


Lucas Nahuel Quinteros

En la penúltima fecha del Apertura 2005, Miguel Ángel Russo, técnico por aquel entonces de Vélez Sarsfield, mandó a la cancha a un mix de suplentes, juveniles y algunos titulares. El Fortín venía de quedar eliminado de la Copa Sudamericana, pero todavía tenía chances (remotas, pero chances al fin) en el torneo local y debía enfrentar a Lanús. En ese contexto apareció en Primera Lucas Quinteros, un defensor surgido de las divisiones inferiores del equipo de ¿Liniers? ¿Villa Luro? que ese día actuó como mediocampista.

El gol tempranero de Lucas Valdemarín hizo pensar que se venía la goleada. Y así fue. Ariel Broggi, Ramón Ocampo y Emmanuel Fernandes Francou completaron el 4 a 0 final para la alegría de los 14 hinchas de Vélez todos.

La fecha siguiente, ante Instituto en Liniers, Quinteros volvió a ser titular. Esta vez en su puesto, compartió defensa con Carlos Soto, Walter Alcaraz y Sergio Sena. Pero el error garrafal del Gato Sessa en la última jugada del partido decretó el 2 a 2 final y así terminaron las chances que tenía Vélez de salir campeón.

Para Quinteros parecía que se le abrían de par en par las puertas de la Primera División, pero no fue así. Tuvo que esperar ¡un año! para volver a actuar. En la primera fecha del Apertura 2006, reemplazó a Mariano Uglesich en la goleada por 3 a 0 que Newell’s le propinó al Fortín y nunca más volvió a jugar en Vélez.

No tuvimos noticias suyas durante un tiempo prolongado y empezábamos a temer lo peor (?) hasta que en 2008 apareció en Flandria, en la B Metropolitana. El 29 de enero de 2009, ante Deportivo Morón se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha, por lo que se perdió el resto de la temporada y recién volvió en marzo de 2010, ante Nueva Chicago. Antes, había disputado un puñado de partido en buen nivel. Una nueva lesión poco después de su reestreno lo marginó durante varios meses y a comienzos de 2011, con apenas 25 años, decidió retirarse del fútbol.

Como Sebastián Battaglia, pero sin títulos (?)

Colombo Juan

Juan Gerónimo Colombo

No siempre que abordamos la carrera de un jugador llegamos a conocer las verdaderas razones de su no consagración. Muchas veces nos quedamos con lo periférico, con lo que se observa desde la superficie. Y eso tiene una lógica, porque nos gusta escribir sobre fútbol, no sobre la vida privada de los futbolistas.

Pero hay casos y casos. Y éste, en particular, es indivisible de la situación personal vivida durante el comienzo de su trayectoria. Podríamos haber puesto: «Juan Colombo. Volante que jugó 10 partidos en la Primera de Estudiantes y después de pasar por el ascenso, desapareció del mapa«. Pero no sólo hubiese sido un homenaje pobre, sino también injusto. Es por eso que nos contactamos con Juan y nos contó su historia:

«Soy Nacido en Roque Pérez, Provincia de Buenos Aires. Llegué al Pincha en enero de 1981, procedente del club Pedernales de la liga de 25 de Mayo. Un amigo, Carlos Ruiz, me llevó y allí me vio Humberto Zucarelli, a quien había enfrentado en la liga veinticinqueña. Él recomendó mi contratación, pero por esos días se me venía la colimba y el club tramitaba para que yo la haga en el Regimiento de Infantería 7 de La Plata para poder entrenar. Jugué ese año pocos partidos y cuando salí en la primer baja, terminaba el torneo de inferiores. Arranqué el ’82 practicando varias veces contra la Primera. Bilardo me vio y me citó a fines de marzo para integrarme al plantel profesional en City Bell«.

Malvinas, la otra historia

«Mi llegada a Primera coincidió una semana después con la recuperacion de Malvinas y en vez de ir al country, terminé en el regimiento. El 15 de Abril ya estaba en las islas. Claro, en un principio creíamos que todo se iba a solucionar, hasta que un 1º de Mayo comenzaron los bombardeos y ahí nos dimos cuenta de que los ingleses no iban a negociar nada«.

El fútbol en medio de la guerra

«En Malvinas siempre hablábamos de fútbol , mi compañero de pozo de zorro, Beto Galán (de Guernica y bostero), jugaba en la Tercera de Temperley y siempre estaba presente el tema. Yo decía que si me herían y no podía volver a jugar, prefería no volver.

Allí en las Islas quedó un gran amigo, José Luis Del Hierro, de Mar del Plata, que no era futbolero pero desde hacía meses su papá tenía los pasajes para ir al Mundial de España con él y sus hermanos. El vuelo era para el 8 de Junio a las 6 de la tarde. Ese día lo volvimos loco, cargándolo con que se le iba el avión. En la madrugada del 13 de Junio, el día que Argentina debutaba con Bélgica, en lugar de prepararse para estar en el Nou Camp, el Oreja, como le decíamos nosotros, desapareció después de un bombardeo. Su cuerpo permaneció allí, tapado por la nieve, hasta que fue descubierto al terminar el invierno a través de la Cruz Roja. Él unos días antes nos había dicho que no le importaba el Mundial ni el viaje, solo quería estar con su familia. No pudo.

A veces improvisábamos algún picado con cualquier cosa que se pudiera patear, pero duraban poco, estábamos faltos de olla, como se dice, y nos cansábamos enseguida. El día 13 de junio por la tarde, nos sorprendió un fuego de morteros y un Pincha de alma, el Negro Deandrea, se me tiró encima y se le metieron varias esquirlas que hoy aún tiene en su cuerpo y que eran para mí. Pronto nos vamos a encontrar con él y varios más después de tantos años aquí en Roque Pérez a compartir un asado y varias cosas más.

Cuando regresamos, prisioneros en el Camberra, los ingleses nos pusieron fotos en la cocina (allí retirábamos la comida) de Ricardo Villa (es de Roque Pérez también) y Ardiles. Para mi fue un buen gesto de ellos y un guardia con el que pude hablar me regaló un recorte de diario con una nota a Villa».

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Cipollone Maximiliano


Maximiliano Cipollone (Cebolla)

Buena parte de sus quince minutos de fama (o menos) le llegaron de pendejo, cuando jugaba en sexta división. No fue porque la rompió en un partido de inferiores, ni porque fue un desastre. No lo vino a buscar un club de afuera, tampoco lo citaron para la selección juvenil: simplemente lo apretó la barrabrava.

En aquel verano de 2002 lleno de incertidumbre generalizada, San Lorenzo venía de ganar la Copa Mercosur, pero estaba todo mal. Algunos integrantes de La Butteler fueron a la práctica para insultar al plantel (principalmente a Leo Rodríguez y el Pipa Estévez) y en el buffet se toparon con el juvenil Maximiliano Cipollone, de 15 años, que estaba festejando el triunfo de Deportivo Morón ante All Boys en un partido de la B Metropolitana y comenzaron a increparlo.

Al escuchar los gritos, los grandes pararon el entrenamiento y Sebastián Saja tuvo que intervenir para salvar al pibe. Luego, los efectivos de seguridad del club echaron a los violentos. «Como no son nada buenas las relaciones entre las barras de San Lorenzo y Morón lo corrieron al chico y al alcanzarlo le arrojaron algunas trompadas. El muchacho, que estaba cerca de la pensión, pudo llegar a donde se estaba entrenando la primera división y ahí se terminó el susto», comentó un testigo al diario La Nación.

Luego de ese episodio, Cipollone, nacido justamente en Morón en diciembre de 1986 y mediocampista por derecha de profesión, siguió escalando posiciones en las inferiores del Cuervo, al lado de Darío Bottinelli, Walter Acevedo y Hernán Peirone, entre otros, hasta que le llegó la hora de vestir la camiseta azulgrana por los puntos.

Con la mente puesta en el partido ante Toluca por la Copa Sudamericana, San Lorenzo recibió a Vélez por el Apertura 2006 con un combinado de suplentes y varios juveniles. Para los más grandes, relegados, era la posibilidad de mostrarse y sumar porotos en la carrera por un puesto entre los 11 que salían desde el arranque. Para los pibes, era la chance de debutar (al menos futbolísticamente) de manera oficial.

Aquel 28 de octubre, las nubes pintaban bien negras para el Cuervo. Sobre el final de la primera etapa, Mauro Zárate abrió el marcador para el Fortín. Un minuto después, otra vez Zárate, esta vez en posición adelantada, estiró la ventaja. Para la segunda mitad, el técnico del Ciclón, Oscar Alfredo Ruggeri, dispuso el ingreso de Claudio Acosta por Germán Voboril y un ratito más tarde mandó a la cancha al boliviano Joaquín Botero en lugar de Leandro Ulloa. El último cambio lo realizó a los 26 minutos, cuando el Cebolla entró por Darío Bottinelli.

A esa altura, el partido estaba de más. Se jugaba lejos de los arcos y el 2 a 0 parecía definitivo. Peeeeeero… a los 89, Cipollone le puso un buen centro al Malevo Ferreyra, que convirtió el descuento. En tiempo recuperado, el peruano Malingas Jiménez, tras una flojísima salida del Gato Sessa, metió el 2 a 2 final.

Maxi (?) reapareció en la penúltima fecha, ante Arsenal en el Viaducto, y el resultado fue el mismo: 2 a 2. Lucas Valdemarín marcó para los de Sarandí. Pablo Quatrocchi y Andrés Silvera lo hicieron para el Ciclón, que se fue silbado por los hinchas por la campaña discreta. Esa tarde, el Cebolla reemplazó a Adrián González.

En el verano de 2007, ya con Ramón Díaz como director técnico, fue a la pretemporada y disputó algunos partidos amistosos, aunque casi no tuvo chances durante el año.

Con el riojano solo jugó una vez por el torneo local. Fue en el encuentro postergado ante Racing, correspondiente al Apertura 2006, que se disputó cuando ya había arrancado el Clausura 2007. Ese día, San Loré le ganó 1 a 0 a la Academia y Cipollone ingresó en el segundo tiempo por Pablo Alvarado.

A mediados de año le hicieron firmar el primer contrato, pero inmediatamente bajó a Reserva y terminó en el selectivo. En 2008 pasó a préstamo a Platense, que todavía estaba en la B Nacional, pero nunca pudo debutar por la inhibición que tenía el conjunto de Saavedra.

De nuevo en el Bajo Flores, lo dejaron libre. «La verdad es que me quedé con las ganas de jugar más. Creo que si conseguía continuidad podría haber tenido más chances de quedarme en el plantel. Si Oscar (Ruggeri) se mantenía como técnico, tal vez se hubiera dado, pero tomó la decisión de irse. Yo tenía una buena relación con él, me subió a Primera y me aconsejó. Me daba señales de que me tenía en cuenta. Pero no pudo ser», se lamentó tiempo más tarde.

Luego de entrenar algunos meses en el CEFAR de Coqui Raffo, se sumó a Deportivo Santamarina de Tandil en el Argentino A (2009). «La de Tandil fue una buena experiencia. Es una ciudad tranquila, linda para vivir. Y hay muchas cosas diferentes a lo que pasé en San Lorenzo. El club es un grande de allá, y la gente nos seguía. De local siempre había unas 2.000, 2.500 personas. Y te acompañaban cuando jugabas afuera, sobre todo en las localidades más cercanas, como Bahía Blanca, Tres Arroyos, o Mar Del Plata, cuando nos enfrentamos con Alvarado… Peleamos los primeros puestos», contó.

En el segundo semestre de 2009 parecía que tenía todo arreglado para firmar en Deportivo Morón, donde estaba haciendo la pretemporada, pero lo llamó Luciano Nakis, el hijo de Noray, y terminó en Deportivo Armenio (2009/10), aunque tras la salida del técnico Horacio Cirrincione le soltaron la mano y nunca más lo vimos en una cancha.

Escudero Leandro


Leandro Escudero (Pichi)

El sopapo, digno del nocaut, que le había dado Estudiantes de La Plata siete días antes (0-5), por la 12° fecha del Apertura 2004, fue la excusa perfecta para que Carlos Ramacciotti, DT de Lanús, moviera varias piezas del tablero y le diera sus primeros minutos en cancha a algunos pibes que venían destacándose en inferiores y Reserva.

Así, el domingo siguiente ante un muletto de Arsenal de Sarandí –que se preparaba para jugar por la Copa Sudamericana- debutaron Diego Valeri, el veterano Maximiliano Cuberas –uno de los refuerzos- y Leandro Escudero, un mediocampista de la categoría 83 que llevaba un buen rato buscando un hueco entre los grandes y que pocos meses antes había firmado su primer contrato profesional. Y el Granate pegó rápido. Claudio Graf abrió el marcador a los 15’ del primer tiempo y estiró la ventaja un poco después. En la segunda parte, Iribarren puso el 3 a 0 y cerca del final, Cuberas, en contra, descontó para la Ferretería Arsenal. Sí, señor, Lanús hizo todos los goles. Propios y ajenos (?)

Escudero jugó 58 minutos y, por un golpe, tuvo que dejarle su lugar al autor del tercer tanto, Gabriel Iribarren. Al día siguiente, las crónicas de los diarios destacaron el rendimiento colectivo del Grana y, en particular, los estrenos positivos de Valeri y Escudero. Para el primero fue el inicio de una larga trayectoria en el club.

Pero el Pichi (ni de casualidad le iba a escapar al típico apodo) recién volvió a jugar oficialmente una rueda más tarde. Otra vez ante Arsenal, ahora en el Viaducto y bajo la dirección técnica de Néstor Gorosito. Esta tarde actuó como defensor improvisado y no la pasó muy bien. El conjunto de Sarandí se fue al descanso 2 a 0 arriba y el pibe se quedó en el vestuario. En la segunda mitad, Lanús consiguió el empate, pero Escudero jamás regresaría al primer equipo. Un puntito inteligente con sabor amargo.

A mediados de 2005, acompañado por el técnico de la cuarta división, Ramón Cabrero, y dos compañeros, Alejandro Frezzotti y Juan Carlos Mariño, viajó a Albania para disputar la Copa Intertoto con el Dínamo de Tirana. Si el nivel convencía a los albaneses, los juveniles tenían chances de seguir en el club. Al aparecer, al Pichi mucho no le copó la experiencia. «Albania es un país que hasta hace poco tuvo uno de los comunismos más fuertes de Europa, la gente es muy irrespetuosa, no respetan horarios. En la pensión muy lujosa donde iba a comer, la señora quería obligarme a almorzar ¡con yogur! Era un poco raro. Es más, me ofrecieron volver a Albania y les dije que ni loco», comentó a la vuelta.

Regresó a Lanús, pero Gorosito no lo llevó a la pretemporada, y luego coqueteó varias semanas con Godoy Cruz de Mendoza (2005). Que sí, que no, que sí, que no, hasta que finalmente se incorporó al plantel del Tomba. Entrenó algunos días bajo las órdenes del Chocho Llop, pero terminó siendo desafectado antes del inicio de la temporada.

Otra vez en el Grana, siguió colgado, aún con el arribo de Cabrero a la Primera, tras la salida de Gorosito. Finalmente, quedó libre en el verano de 2006. Ese año se sumó a Tiro Federal de Rosario, en el Nacional B. Si bien no le sirvió de trampolín para volver a la A, al menos, se dio el gusto de convertirle un gol a Defensa y Justicia.

En 2007 decidió hacer su segunda experiencia europea, esta vez, en un nivel inferior. Dentro del profundísimo ascenso alemán, vistió los colores del Sportfreunde Siegen (2007/08). Ahí estuvo acompañado por otro argento baldosero, como Juan Ignacio Piombo, pero los limpiaron rápido.

De nuevo en Sudamérica, a principios de 2009 estuvo a prueba en Guaraní de Paraguay, pero no convenció.

¿En qué anda ahora? Una profunda (?) investigación de En Una Baldosa (que incluyó fumarse los videos de su canal de YouTube) lo ubicó en la poderosísima liga vascogermana, la más pulenta de la zona sur del Gran Buenos Aires, donde juega con sus amigos, enfundado en la camiseta de Boehringer, equipo apodado «el gordo parrillero».

Correa Agustín


Agustín José Correa (Pato)

Ganarse un lugar en el mediocampo de Vélez Sarsfield no era una tarea sencilla a mediados de 2005. Leandro Somoza, Fabián Cubero, Maximiliano Bustos, Leandro Gracián, Sergio Sena, Emanuel Centurión y Lucas Castromán, algunos titulares, otros suplentes, fueron figuritas habituales durante aquel torneo Apertura. Para los más pibes, las oportunidades de mostrarse eran pocas. Entonces, claro está, había que lucirse en el momento justo. El margen de error era mínimo.

Al volante chascomunense Agustín Correa la chance le llegó contra Rosario Central, por la fecha 17. El Fortín, que también peleaba la Copa Sudamericana, todavía podía acercarse a Gimnasia LP y Boca, que se disputaban el campeonato en un intenso cabeza a cabeza que recién terminaría en la última fecha, cuando los de Basile pudieron festejar en Bahía Blanca.

Para el duelo ante el Canalla, el enfermo del $exo Miguel Ángel Russo, DT de Vélez, decidió apostar todas las fichas al certamen internacional (quedaría eliminado en semis ante Pumas de México, que luego perdió contra Boca) y dejar de lado el torneo local. Como venía de tres derrotas -Estudiantes, Independiente y Boca- en los últimos cuatro partidos (apenas le había ganado a Olimpo), el Fortín preservó a sus figuras para la Copa y jugó su última carta con un mix entre titulares, suplentes y algunos juveniles.

Así, Russo mandó al muere a la cancha a Gastón Sessa; Alejandro Verón, Mariano Uglessich, Walter Alcaraz, Ariel Broggi; Maximiliano Bustos (luego ingresó Sergio Sena), Leandro Somoza, Agustín Correa; Darío Ocampo; Claudio Enría y Rolando Zárate. De los once iniciales, apenas Sessa, Somoza, Enría y Zárate eran titulares habitualmente.

El 2 a 0 de Central, con goles de Marco Ruben en el primer tiempo, terminó de enterrar las chances de campeonar de Vélez y las oportunidades para Correa, que jugó apenas 45 minutos, se fue reemplazado por Leandro Gracián y jamás volvería a vestir la camiseta de la banda del labial V azulada.

Marginado en Liniers, el pibe, que contaba con un paso por las inferiores de Boca Juniors, debió salir a buscar oportunidades en el under. Pasó a Talleres de Córdoba (2006/07), que se estaba armando para pelear por el ascenso a Primera, pero terminó dando lástima en el fondo de la tabla (último en la general, tras un Apertura flojito y un Clausura espantoso). Un año después apareció en Almirante Brown (2007/08), también en la B Nacional, pero tampoco dio pie con bola.

Fue entonces que decidió regresar a su tierra natal para vestir los colores de Atlético Chascomús (2009) en la liga regional. A mediados de año surgió la posibilidad de probar suerte en el fútbol colombiano. Primero pasó sin éxito por el Deportes Quindío y luego por el América de Cali, donde el técnico Diego Umaña quedó conforme con su rendimiento, aunque no lo pudieron fichar porque ya tenían completo el cupo de extranjeros. Finalmente, terminó en la filial del América, Centauros Villavicencio de la segunda división cafetera.

En 2010, de nuevo en Argentina, regresó a Atlético Chascomús y más tarde pasó al Complejo Deportivo de Justiniano Posse (2010/11) en el Argentino B. Otra vez en Atlético Chascomús (2011/12), donde ya es toda una celebridad, alternó partidos por la liga local con presentaciones alrededor del mundo representando al Centro de Alto Rendimiento CN Sports de La Plata, encargado de ubicar futbolistas en destinos exóticos y otros no tanto (?)

En el último semestre de 2012 se sumó a Textil Mandiyú de Corrientes, del Argentino B, con el objetivo de lograr el ascenso. Sin embargo, hace algunos días, en plena competición, le rescindieron el contrato.

Y sí, le dirán Pato, pero es un perro.