Maidana Guillermo

Guillermo Néstor Maidana

«Almandoz es el mejor líbero del mundo«. La frase seca, contundente y sin doble lectura de Maradona aún retumba en la memoria de todos aquellos que en 1995 nos creímos el tocuén o que directamente escupimos una carcajada ante semejante afirmación, que sin proponérselo terminó frustrando el pase del Coio a Racing.

La histórica declaración del 10, sin embargo, no fue producto de una agitada noche para matizar la larga pena de 15 meses por doping, no vayan a creer (?). Aquellas palabras tenían un pie en la tierra, un sólido argumento que hoy a la distancia borra la sonrisa socarrona de los incrédulos: lo conocía de las inferiores.

Fue a fines de los 80’s cuando se produjo el mágico encuentro. Al Dié le habían contado que en la cantera de Vélez Sársfield había un defensor que la rompía. Y entonces se interesó, preguntó, le señalaron a uno de pelo largo, lo fue a buscar al vestuario y hasta pidió una foto. El que sacó provecho, claro, no fue Almandoz, tampoco el Ratón Zárate ni el Tito Pompei. El que se pegó al capitán argentino para quedar inmortalizado fue Guillermo Maidana, un número 3 a lo Pacha Cardozo, que pudo disputar 5 partidos en la Primera del Fortín entre 1985 y 1989.

¿Qué hizo después? Poco importa. La posta es que fue testigo de un momento clave en la historia. El día que Maradona conoció al que sería el mejor líbero del showbol.

Trillo Mauricio

Mauricio Trillo

Singular y no tan reconocido personaje del ambiente futbolero que cobró notoriedad en Europa, aunque bien alejado de las canchas. Lo suyo bien podría encuadrarse en casos como los de Sergio Bermúdez, Matías Mantilla y Juan Piombo, jugadores que son parejas de mujeres muy garchables más afamadas que ellos. Pero repasemos puntualmente su historia.

Asomó el cogote en aquel equipo de juveniles que presentó River Plate en 1983, con valores como Adrián Rodríguez, Gavazzi, Gorosito, Karabín, Dacko, Dalla Líbera, Nicosia, Spotorno, Andreani, De Vicente, Nigro, Mercado, Vittor, Gavazzi, Diéguez y Vélez, entre otros. Su participación como defensor en la Primera millonaria fue escasa, ya que apenas disputó un partido de titular (derrota 3 a 0 ante Unión) y jugó otro desde el banco (0 a 0 con Independiente).

Sin embargo, tras quedar en libertad de acción, marchó a Córdoba y pasó por Talleres (1984) y Racing (1985/86), siempre en la máxima categoría, donde alcanzó las 36 presencias y ninguna flor.

Lo curioso es que unos años más tarde, estando en España (donde jugó apenas 25 minutos para el Rayo Vallecano en la temporada 1987/88), conoció a Encarna Salazar, una de las hermanas Azúcar Moreno. Y no sólo eso, además se casó con ella, le hizo (?) una hija, la acompañó en los malos momentos, fue mánager del grupo e incluso quedó en el medio cuando su mujer se separó de su hermana Toñi.

Entonces sí, apagó el televisor, encendió su transistor, sintió unas cosquillitas en los pies, se preparó para bailar y contó luego hasta tres. One, two, three, Caramba! Sólo se baldosea una vez.

Marinella Víctor Hugo

Víctor Hugo Marinella

Estrella fugaz nacida en Mar del Plata que iluminó Caballito a fines de los 80’s con su cabellera rubia y ensortijada. Jugó poco y no hizo goles. ¿Pero cuántos se habrán ilusionado sólo con verle la peluca?

Su debut, que coincidió con el del Negro Daniel González, se produjo el 21 de mayo de 1989, en la derrota 2 a 1 ante San Martín de Tucumán, por la última fecha de aquel torneo largo que tuvo la definición desde el punto del penal como máximo atractivo. Después agregó otros 2 partidos a su trayectoria en el verde pero, a pesar de su condición de delantero (luego, con los años, volante ofensivo), no pudo marcar.

Se lo chupó más tarde el under y ahí, con menos pelo, vistió varias camisetas, como las de Quilmes (1989/90) en el Nacional; Ituzaingó (1991/92, siendo goleador del equipo que ascendió) y Los Andes (1992/93), en la Primera B; San Telmo (1995/96, con 9 partidos y 1 solo gol) y Deportivo Merlo (varias temporadas), en la Primera C. ¡Si hubiese tenido esa melena Pobersnik!

Oggioni Mauricio

Mauricio Nicolás Oggioni

¿Qué tienen en común el viaje en tren de Plaza Constitución a Lanús, el tiempo de espera promedio en el odontólogo y la carrera en Primera División de Mauricio Oggioni? Ni más ni menos que su duración: 13 minutos. Así, mientras uno encara el ramal eléctrico del Roca y otro pispea una revista Pronto, hay un jugador cumpliendo el máximo sueño de todo futbolista, aunque sea solo por un rato. Y encima con derrota, porque ese día Unión perdió frente a Platense. Poco le habrá importado esto a nuestro homenajeado cuando ingresó a los 32 minutos del segundo tiempo en reemplazo de Jorge Faría por la 13ª fecha del Apertura ’96. Y menos, cuando cayó en la cuenta de que había tocado techo: de ahí en más, todo sería barranca abajo.

Antes de su debut y despedida de la máxima categoría, Oggioni fue un mediocampista prometedor surgido de la cantera de Unión. Con el Tatengue debutó en el Nacional B en 1993, y fue partícipe del ascenso tres años después, en un equipo donde se destacaban el Loco Marzo, Martín Mazzoni, Félix Pereyra, Rubén Garate, Martín Perezlindo, Héctor Pochola Sánchez, la Araña Maciel y varios integrantes del equipo de los ET. Con el conjunto santafesino redondeó 47 partidos en el ascenso, más ese rato en el torneo que no juega River (?).

Sabiendo que sus chances en Primera División no eran muchas, se mudó de club pero no de provincia: Atlético Rafaela lo cobijo durante la temporada 1997-98, donde actuó 31 veces, y pudo convertir en 4 oportunidades, algo que se le había negado hasta ahí. El equipo entró en la Zona Campeonato, donde finalizó en el último lugar. Y para Oggioni, el efecto tobogán siguió su curso.

En 1998 conoció el Torneo Argentino A. Patronato lo cobijó durante un tiempo, para luego recalar en la Comisión de Actividades Infantiles (2000/01) y Huracán Las Heras (2001/02). Siguió recorriendo el país y llegó a Puerto Madryn, para jugar con Guillermo Brown el Argentino B, bajando otro escalón de categorías. Sin embargo, con compañeros como Omar Ríos, Eduardo Castro, el Chato Rosas, Edgar Galeano y Néstor Jones, logró el histórico ascenso en 2002-03. En el sur se quedó hasta 2004, cunado volvió a Rafaela, pero para vestir los colores de 9 de Julio. Otra vez el duro camino del Argentino B terminó con final feliz: un nuevo ascenso (el 3º en su carrera) lo coronó como un jugador amuleto.

A esa altura, habían quedado muy lejos los 13 minutos en la A. Pero el tobogán no había llegado a su fin: hoy lo encontramos defendiendo la camiseta del Deportivo Grutly, equipo que juega en la Liga Esperancina. Allí continúa dándole a la redonda, enfrentando rivales como Juventud Felicia, Alumni de Laguna Paiva o Atlético Franck. Y, seguramente, añorando tiempos mejores.

Maiolatessi Carlos

Carlos Maiolatessi

Sería poco responsable de nuestra parte (?) guiarnos sólo por la foto y decir que Carlos Maiolatessi no llegó a triunfar en el fútbol por la falta de altura. Seguramente deben haber existido otros factores que hoy, a la distancia, no alcanzamos a conocer o ni siquiera imaginar.

La abundancia de jugadores en su puesto, la ceguera de un entrenador, la ausencia de oportunidades, los avatares de la vida cotidiana o simplemente la carencia de talento. Cualquiera de esas posibilidades, todas, o tal vez ninguna, hicieron del Rafa (?) Maiolatessi un baldosero con todas las letras y apenas 1 partido en la Primera de Talleres de Córdoba (1989/90), club donde tuvo más rodaje en Tercera, junto a Bove, Massara, Goldman, Arraigada y Capretta, entre otros.

Está bien, apenas si sabemos que el protagonista de esta historia era petiso y puntero derecho. Entonces nos surge la pregunta: ¿por qué carajo formaba en la fila de arriba?

Langenheim Juan

Juan Carlos Daniel Langenheim

Delantero surgido en la cantera de Ferro Carril Oeste, que pese a su ruidoso apellido no supo mantenerse en la Primera División del fútbol argentino y debió buscar mejor suerte en el ascenso, donde tampoco explotó.

Debutó con la camiseta Topper y el escudo grande en el pecho en la anteúltima fecha de la temporada 1985/86, con un empate 1 a 1 ante River, en el Monumental. Ese día vio también como se estrenaba en la máxima categoría el baldosero Marcelo Pastorini, el clon del Piojo López.

Tuvo esporádicas apariciones hasta mediados de 1988, cuando se retiró con 14 partidos y 1 gol (a Gatti, en la victoria 2 a 1 ante Boca) en un currículum que repartió por varios lugares hasta que lo llamaron de Recursos Humanos (?) de Temperley (1988/89), donde conoció a Salvador Azerrad, Marcelo Bottari, Hugo Molteni y al gran Vicente Cortina Durá, entre otros.

Su trayectoria, hasta donde pudimos averiguar, se completó con pasos por Ituzaingó (1989/90) y Deportivo Merlo (1991/92), en la Primera B, alejándose rápidamente de los primeros planos, aunque no de su pasado, porque googleando encontramos a un tal Juan Carlos Langenheim practicando Ferromodelismo. Cómo marca la escuela de Griguol (?).

Protti Sergio

Sergio Hugo Protti

Saltar de un colorido buzo Topper con el chivo de la marca automotriz Dacia a un formal traje a rayas, e increiblemente no de forma horizontal, fue cuestión de poco tiempo en la vida de Sergio Protti, un arquero sin demasiado angel que después de revolcarse contadas veces en áreas chicas con mucha tierra decidió meter las patas en la arena política.

Debutó en la Primera de Rosario Central allá por 1987, con el equipo campeón de Angel Tulio Zof. Fue suplente del Doctor Lanari pero se dio el lujo de actuar en la amistosa Copa de Oro de ese mismo año, en los Estados Unidos, junto al América y Chivas de México; Roma de Italia, Vasco Da Gama de Brasil y Dundee de Escocia. Las manos de Protti aparecieron en semifinales, para eliminar a los tanos a través de los tiros desde el punto del penal y luego estuvo en el once inicial que perdió 2 a 1 la final ante los brasileños.

Su suerte, sin embargo, no se modificó demasiado con ese torneo internacional. Siguió comiendo banco a morir y alternando algún que otro partido hasta 1992, cuando redondeó 32 presentaciones en el arco canalla y, casi sin proponérselo, también logró el récord de suplencias en la historia de Central, con 201 encuentros. Otra que el Rifle Castellano.

Pero todo hombre, incluso un baldosero (?), tiene un poco de orgullo. Confiado en sus condiciones, se alejó del lugar donde había sido humito un mito y se sacó las ganas de probar suerte en otra institución. Lanús lo recibió con los brazos abiertos y, para que se sintiera cómodo, lo mandó nuevamente con el buzo número 12 a esperar su oportunidad. Apenas si jugó 4 partidos en 1994, pero en uno al menos pudo ser figura en «La jornada está aquí» de la revista El Gráfico, con escasos 6 puntos.

Una gran sorpresa significó encontrarlo años más tarde en el ambiente político, donde fue elegido una y otra vez como Presidente de la Comuna de Arteaga, una localidad santafesina ubicada a 110 kilómetros de Rosario.

No nos asombremos, entonces, si dentro de unos años lo vemos ocupando un cargo en las altas esferas. Presidente no, sería demasiado. Seguramente lo convence más un lugar Senado de la Nación. Sentado en la banca, claro.

Rodríguez Adrián

Adrián Rodríguez

Si uno repasa la rica historia del River que solía jugar en Primera División, los nombres de los buenos arqueros que tuvo salen de memoria: Amadeo Carrizo, Hugo Gatti, el Pato Fillol, Ángel David Comizzo, el Gato Miguel (?) y muchos más. Pero detrás de esos grandes del arco se esconden las historias de muchos que se marchitaron de tanto esperar una oportunidad o, en el mejor de los casos, tuvieron su chance y no pudieron aprovecharla.

En este último grupo, si somos algo injustos, podríamos incluir el caso de Adrián Rodríguez, un pibe que ni apellido de buen arquero tenía, pero lo fue. Y para suerte o desgracia de su trayectoria, le tocó serlo en un momento muy difícil para la institución. No como ahora que está todo joya (?).

En 1983 una huelga de los jugadores profesionales, que estaban en conflicto con los dirigentes, obligó al Millonario a recurrir a chicos de la Cuarta y la Quinta para armar el equipo de Primera. Así fue como salieron a la luz pibes como Gorosito, Karabín, Nicosia, Dacko, Dalla Líbera, Spotorno, Andreani, De Vicente, Nigro, Mercado, Vittor, Gavazzi, Diéguez, Trillo, Vélez y el protagonista de este post, ni más ni menos que el que tenía que poner la carita entre los palos.

En poco más de un mes Rodríguez jugó 7 partidos: caídas 3 a 0 ante Unión, 2 a 0 con Huracán, 4 a 0 frente a San Lorenzo y 2 a 1 con Racing de Córdoba; victorias 2-1 a Platense (le atajó un penal a López Turitich) y 1 a 0 a Instituto; y un empate sin goles con Independiente. Bastante.

Sin embargo, esos datos en el currículum no le sirvieron para sostenerse. Volvió a estar postergado por Fillol, lo dejaron libre en 1985 y se incorporó al Deportivo Español, donde le salieron arrugas de tanto esperar una lesión o una expulsión de Pedro Catalano. Pobre.

Desde entonces no se sabe más nada de él. Y después dicen que Juan Carr hace bien las cosas (?).