Castro José María

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José María Castro

No fue un integrante más de aquella camada que defendió la divisa nacional en el Mundial Sub 16 de Escocia 1989. Josema Castro era nada más y nada menos que el capitán de aquel plantel que tenía, entre otros, a Roberto Abbondanzieri, Gabriel Flores, Leonardo Selenzo, Pescadito Paz y Gabriel D’Ascanio.

Nacido el 13 de diciembre de 1972 en Capital Federal, integraba por entonces la Sexta de Vélez Sársfield y soñaba con llegar a Primera, mientras explicaba su rol en el conjunto albiceleste: «mi función específica en la Selección es jugar como marcador de punta derecho, volanteando. Algo parecido a lo que hizo el Vasco Olarticoechea en el Mundial de México«.

Citar a la gloria de Saladillo, sin embargo, no le sirvió de mucho. Del Fortín pasó a Ferro Carril Oeste, donde llegó hasta la Cuarta División. Sin poder debutar oficialmente en nuestro país, voló al extranjero y se puso las casacas del Deportivo Cali de Colombia (1993/94, junto a Alejandro Kenig y Juanjo «me comí a Panam» Ferrer) y Unión Española de Chile (1997), donde no dejó un buen recuerdo. El blog trasandino Cuadro de Honor así describió el paso de Josema, a quien también le adjudican un pasado en San Lorenzo y Huracán:

 

 

A principios de 1997, ante 8.000 personas se realizó la Noche Roja, en la que la Unión iniciaba el año de su centenario. La jornada partió con un homenaje a los jugadores que llegaron a la final de la Libertadores el año 1975, después se presentó a los refuerzos nacionales, donde destacaban joyitas como Ronald Yávar, Luis Bustos, Mauricio Pozo, Daniel Fuentes, Joel Molina y Jaime Ramírez. Al final, el broche de oro, desde un helicóptero bajaron las estrellas extranjeras: Héctor Morán, Claudio Spontón, Enzo Azambuja y el homenajeado de esta ocasión, José María Castro. Con la excepción de Morán, todos los extranjeros fueron un fraude y, dentro de este selecto grupo, destacó el pobre rendimiento de José María Castro. Este muchacho había sido seleccionado de su país en las selecciones sub-16 y sub-20, pero se quedó ahí y no avanzó mucho, ya que prácticamente no jugó en Unión, y eso que estamos hablando de la peor Unión Española de la historia, la del primer descenso a segunda. No hay mucho más que decir de este volante fantasma que pasó por Santa Laura, sólo queda el recuerdo de esta foto, en la que aparece con Spontón, que ya fue homenajeado.

 

Luego, ganaría un poco más de protagonismo (un poco, tampoco tanto), formando parte de los cuerpos técnicos del Valencia y el Villarreal de España.

Aunque yendo más atrás en el tiempo no podemos obviar dos de sus hits: una frustraste experiencia como DT de Ferro (había sido ayudante de Oscar López) en 2004; y un escándalo en el verano de 2001, cuando trabajando como asistente personal de Martín Palermo intercedió en una pelea del Titán (?) con un fotógrafo, en Punta del Este. Ambas experiencias, por supuesto, bajo el ala protectora de Gustavo Mascardi.

Marro Fernando

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Fernando Gustavo Sergio Marro (el Teti)

Demasiados nombres para un solo apellido. ¡Y qué apellido! Marro, del verbo marrar, sinónimo de fallar, errar, equivocarse. En el DNI podría haber ligado otro verbo conjugado en primera persona: Abrigo, Pinto o Castro (?). Pero no. Le cayó Marro. Y de ahí se desprende su rendimiento como delantero.

Hizo las inferiores en Gimnasia y Esgrima La Plata, donde llegó a jugar con José Luis Calderón. Ya más grande, el 22 de mayo de 1990, le tocó la posibilidad de debutar en Primera División, cuando ingresó por Rubens Navarro en la victoria 2 a 1 ante Platense. Ese fue su único encuentro oficial en el Lobo y por supuesto que no convirtió.

Después paseó su ineficacia por Temperley (1993 a 1995, 37 partidos y 3 goles) y Talleres de Remedios de Escalada (1995/96), hasta que colgó los botines en la más pura indiferencia.

Rastreando datos más actuales, descubrimos que en los últimos años estuvo laburando como DT de Lobos Athletic Club. Hasta ahí todo más o menos nomal. Lo curioso es que en mayo de este año estrenó en espacio en el sitio Lobosnews.com.ar denominado «la Cocina de Teti» (?). Y aquí dejamos parte del contenido:

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TARTA DE ACELGA Y CEBOLLA DE VERDEO

Masa

Un huevo
Una cucharadita de sal
4 cucharadas de aceite
4 cucharadas de agua
180 grs. de harina leudante

Formar la masa y dejar descansar 15 minutos.

Relleno

2 atados de espinaca cortada en juliana
3 cebollas de verdeo picadas
Una cebolla picada
queso rallado
200 grs. de queso cremoso
2 cucharadas de fécula de maíz
nuez moscada
sal y pimienta
3 huevos

Preparación

Rehogar las cebollas.

Agregar la espinaca, y cuando baja el volumen de la misma retiramos del fuego y agregamos los huevos, queso y los condimentos, incluída la fécula de maíz.

Forrar una tartera de 26 cms. y rellenar.

Llevar al horno a 180 grados por 25 minutos.

 

Medina Juan

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Juan Eudoro Medina

Allá por fines de los 80’s, cuando a los dirigentes de Rosario Central todavía ni se les cruzaba por la cabeza la idea de dejar de lado la tradicional camiseta a bastones azules y amarillos, asomaba en la Primera del Canalla un muchacho de apellido Medina que después de algunos partidos rápidamente pasó al olvido.

Volante central, apenas disputó 6 encuentros con el cuadro de Arroyito y luego bajó al under nacional. Primero jugó para Independiente de Bigand (1990/91) y en la temporada 1991/92 defendió la divisa de Central Córdoba de Rosario en 8 oportunidades. A esa altura, volver a la A pintaba difícil, por no decir imposible.

Sus últimos rastros los dejó en el fútbol de Venezuela, donde actuó para el Minerven, equipo que en 1996 vino a la Argentina para jugar ante River por la Libertadores y ¡le vendió el pecho de su casaca la empresa local X28 por un solo partido! Aunque teniendo en cuenta que ahora Central no quiere usar su verdadera camiseta, lo de los venezolanos no es para alarmarse.

Sánchez Laudari Rafael

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Rafael Sánchez Laudari (el Rafa)

Nacido el 16 de diciembre de 1974 en Zapala (Neuquén), el Rafa sobrevivió a la escasa competividad de su pueblo escapando a Buenos Aires, donde se probó y quedó en las divisiones menores de Boca Juniors. Y allí, en la Capital, iniciaría su carrera baldosera.

En 1991 ya se ilusionaba con la posibilidad de debutar en Primera mientras jugaba como marcador central en la selección argentina Sub 17 de Mostaza Merlo, junto a Raúl Sanzotti, Gustavo Lombardi, Ricardo Castellani, Rodolfo Arruabarrena, Juan Sebastián Verón, Silvio Rivero, Christian Akselman, Claudio Husaín, Norberto Alonso, Luciano Oliveri, Rubén Bernuncio y Diego Comelles, entre otros.

Sin embargo, el soñado estreno en la A nunca llegó. Se tuvo que conformar con actuar en el ascenso y en el exterior. En el under nacional actuó, por ejemplo, para Nueva Chicago (1996 a 1999), Cultural Argentino de La Pampa (2001), San Telmo (2001/02) y Maronese de Neuquén. Afuera, se calzó las casacas de Independiente Santa Fe y Atlético Huila (1999) de Colombia.

Ya en su rol de director técnico, condujo al Club Maronese (jugó el Torneo del Interior y el Argentino B) hasta que el salió una oferta de laburo en la Municipalidad de Zapala y se tomó la pala el palo. No rima pero es la pura realidad (?). En su ciudad, además de haber sido DT de Unión, es Subsecretario de Deportes, recreación y tiempo libre.

Pereyra Miguel

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Miguel Ángel Pereyra

Un mes después del descenso y ya con el cartelito de equipo de la B bien colgado, Racing tuvo que levantar cabeza y tratar de armarse lo más dignamente posible para jugar la Copa de Oro en Mar del Plata. Por eso, el sábado 14 de enero de 1984 salió al estadio Minella a jugar contra Boca y, para qué negarlo, a exponerse a todo tipo de cargadas. Y como si el tema del descenso no alcanzara, el arquero elegido aportó lo suyo. La historia cuenta sobre tres goles de Boca en la primera media hora y una noche negra de Pereyra en el arco de Racing. Pero hubo algunos atenuantes.

Miguel Pereyra, arquero uruguayo de 29 años y procedente de Defensor, arribó a la Argentina ese mismo sábado 14 de enero por la tarde, junto a Daniel Ocampo e Italo Ortiz. Y su llegada fue pura y exclusivamente por esa noche, ya que tenía que volverse de raje a Uruguay porque Defensor tenía un partido importante por la Liguilla. O sea, la misión era atajarse la vida ante Boca, convencer al técnico Jorge Castelli y ganarse el arco de Racing. Nada de esto pasó.

La Academia formó con Pereyra, Veloso, Williener, Castello, Juan Solari, Caldeiro, Rotondi, Leiva, Matuszyckz, el Gaby De Andrade y Ocampo. Y su destino empezó a quedar sellado desde los ocho minutos, cuando la suerte evidentemente le hizo saber que no sería su noche. Un tiro de lejos de Carlitos Mendoza, se desvió en la cadera del Gallego Vázquez, lo descolocó y puso el primer palo en la rueda de Pereyra. A partir de ahí, el arquero fue puro nervio y sus fallas empezaron a ser cada vez más groseras.
Mouzo a los 29 y Pasucci a los 42 le cabecearon en sus narices y ya no hubo forma de remontar la cosa. Promediando el segundo tiempo, cuando finalmente descolgó su primer córner, las dos hinchadas se unieron en un fuerte aplauso. Lapidario.

Sobre el final, demostró que no sólo el juego aéreo era un problema. Salió todo desarmado en un mano a mano con Ramón Viera y Krasouski puso cifras definitivas para el Boca 4 – Racing 2. Su oportunidad ya había pasado.

Y cómo habrá sido la cosa que en los mismos vestuarios del estadio marplatense, algunos rivales quisieron tirarle un salvavidas. Y arrancó el Gallego Vázquez: «…se la desvié completamente al otro palo. El arquero fue a la dirección lógica pero quedó totalmente descolocado. Pese a todo, hizo un gran esfuerzo por recuperarse y alcanzó a tocarla…». Trató de remarla el Loco Gatti, pero mucho no pudo ayudar: «…ese muchacho tuvo mucha mala suerte. El primer gol es una desgracia y eso lo puso muy nervioso. En ese estado, un jugador no puede mostrar sus condiciones, sobre todo cuando la gente lo empieza a cargar. Eso destroza a cualquiera. Como arquero, lo que le pasó a Pereyra, me dolió mucho…».

Pero el respirador artificial (?) lo desenchufó ipso facto el mismísimo técnico de Racing: «…yo comprendo que una mala noche no es suficiente para juzgar a un jugador. Pero, con todo lo que puede tener de injusticia, tengo que decidirme urgentemente y en el caso de Pereyra, su prueba fue negativa….». Game over para Pereyra.

De todas maneras, el ex suplente de Rodolfo Rodríguez en Nacional de Montevideo, se hizo cargo su único partido en el fútbol argentino, no sin antes tirar una bombita a sus nuevos pero ya ex compañeros: «…la verdad que es muy difícil debutar en un equipo juvenil con muy poco trabajo, sin conocer a tus compañeros. Además estamos todos para defender, no solo el arquero…».

Alassia Pablo

Pablo Alassia

El fútbol es un método de catarsis, una forma de escaparle al psicólogo y olvidar los problemas por 90 minutos sólo puteando al peor jugador del equipo, al árbitro, a los dirigentes o al técnico del equipo rival. Los hinchas suelen ser muy crueles. Ya lo sabemos. Entonces imaginen lo que debe ser para un pibe que lo bastardeen hasta en un juego como el Football Manager. Un bajón.

Eso mismo le pasó a Pablo Alassia, un defensor de la categoría ’85 de Independiente que (en la vida real) intentó jugar un rato en la Primera y no pudo y que al parecer tampoco era bueno en los videojuegos. «Vendelo como puedas. Se lo di al São Caetano por Leandro Lima» dice sobre Alassia un jugador de Football Manager en un foro. Demoledor.

Después de dos pretemporadas con los grandes, en las que conoció a Rubén Salina, Tomás Charles, Leonel Bottaro, Leonardo Pekarnik, Maximiliano Vallejo, Román Gnochi, entre otros, y en las que no sumó ni un minuto, Alassia armó las valijas. Se tomó el bondi y se bajó en Gerli. Con la camiseta de El Porvenir (2004/2005 y 2006 a 2008) se curtió bien en eso de bajar categorías de un hondazo. Arrancó en la B Nacional y terminó en la Primera C.

En 2008 estuvo cerca de firmar con Cañuelas, pero el pase quedó en la nada. A comienzos de 2009 reapareció en el torneo Argentino B, defendiendo los colores de Deportivo Coreano. Desconocemos cómo terminó esa partida de Football Manager, pero al menos el que la armó hizo negocio. Hasta hace unos meses Leandro Lima jugaba en Cruzeiro y Alassia nadie sabe dónde anda.

Falero Raúl

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Raúl Ricardo Falero

Atacante uruguayo con apellido de jockey y cara de boxeador, llegó a la Argentina a fines de los 80’s con ganas de triunfar, pero se le hizo realmente difícil. Y oportunidades, a decir verdad, no le faltaron.

Nacido el 25 de marzo de 1968 en Montevideo, apareció en la Primera de Bella Vista, club que le serviría de refugio luego de cada uno de sus chascos en el exterior. El primero, por caso, lo sufrió Newell’s (1989/90), donde disputó 9 partidos y apenas hizo 1 gol.

La segunda experiencia en nuestro país la tuvo en el mítico Chaco For Ever (1990/91), junto a Ciancaglini, Jones, Niveyro, Cariaga y Tilico. Con la camiseta blanquinegra jugó 8 encuentros (todos como titular) y sólo le marcó 1 gol a Huracán.

Ya en 1991, de nuevo en Bella Vista, compartió pura historia baldosera con Rodolfo Falero, Henry López Báez, Alejandro Grandi, el gran Juan Ramón Carrasco y Quique Ferraro, el ex de Mónica Farro. Un plantel delicioso.

Dicen que después, más veterano, anduvo en equipos como Alianza Atlético Sullana de Perú, Azucareros de Guatemala (1998/99) y Municipal Limeño de El Salvador (2002), donde pudo lograr que le gritaran ¡Falero viejo, nomá!

Bernuncio Juan Ángel

bernuncio

Juan Ángel Bernuncio (el Loco)

A fines de 1982 la dirigencia de Boca tomó al toro por las astas y fue a la carga para contratar sí o sí a Francisco Antonio Ruiz (?), arquero de Atlético Tucumán. Pero como la billetera de Boca tenía agujeros por todos lados, el que terminó llegando fue su suplente en el Decano: Juan Ángel Bernuncio.

El Loco tuvo su bautismo de fuego el 23 de febrero de 1983 en el estadio Minella de Mar del Plata cuando se lesionó Gatti en un partido de Copa de Verano frente a Estudiantes. Esa noche jugó algo más de media hora pero le resultó bastante productivo el rato en la cancha. Primero porque mantuvo el 0 a 0 y segundo porque pudo mostrarle al Mundo (?) que de una vez por todas, Gatti ya tenía reemplazante. Y no nos referimos tanto a las cualidades técnicas sino a un tema más de imagen. Porque ver salir al verdadero Loco y ver entrar corriendo a un pibe con pelo largo, vincha, bermudas y medias bajas llamó la atención de muchos antes de que tocase su primera pelota.

Tras el debut y la ilusión, el mazazo. Boca contrató los servicios de Barisio, arquero récord en Ferro. Así que nuestro homenajeado ya no tuvo que pelear con un arquero, sino con dos. Y con bastantes más pergaminos, para ser sinceros.

Será por eso que recién vio la luz en junio de ese año durante un amistoso en la cancha Municipal de Formosa frente al Combinado local. Partido que terminó 2 a 0 con goles de Stocco y el Potro Domínguez y en el que pudo jugar un rato al reemplazar a Barisio. Su último acto fue a fines de octubre, también de 1984, en otro amistoso. Ya sin Faraone y con el Zurdo López como técnico, jugó en Corrientes frente a Boca Unidos y se retiró victorioso tras el 2-1 final. Pero sus cartas estaban echadas. Por lo menos en Boca.

A principios de 1985 pegó la vuelta a Atlético Tucumán para seguir siendo suplente y más tarde cuidaría los palos de Central Córdoba de Santiago del Estero (1986/87). Hasta que pintó la posibilidad y se fue a probar suerte al fútbol boliviano calzándose los buzos de Real Santa Cruz, Oriente Petrolero y Real Potosí.

En 2006, se supo que ya como director técnico, parece que tuvo mucho laburo en Concepcion de Tucumán hasta que en 2008, se sacó definitivamente la vincha y se puso la gorra para dirigir los destinos de Atlético Policial de Catamarca.

(Publicado casi (?) en simultáneo con Imborrable Boca)