Hilario Navarro a Paraguay (2010)

Es de conocimiento público el poco apego que tiene Hilario Navarro por las instituciones. Así como juega en Racing, Independiente y San Lorenzo, también se escapa para firmar con River y coquetea con Boca. Un profesional con todas las letras (?).

No es raro, entonces, que el arquero correntino haya estado cerca de ponerse el buzo de la selección de Paraguay, país donde jugó varios años. El acercamiento, sin embargo, se produjo en octubre de 2010, cuando Navarro atajaba en el Rojo. En aquel entonces otros compatriotas como Néstor Ortigoza, Lucas Barrios y Jonathan Santana se habían puesto la albirroja y lo esperaban con los brazos abiertos (?).

«Tengo que pensarlo, pero estoy en un 70 por ciento de decir que sí», dijo Hilario, siempre tan abierto a cruzar de vereda. Pero la convocatoria nunca llegó.

Unos meses más tarde su nombre también sonó en los medios para el arco argentino, algo que Navarro, por supuesto, no descartó: «No te voy a mentir: nunca pierdo la esperanza con la Selección, de recibir un llamado. De la Argentina, lógico. Si se da la posibilidad será bienvenido. Y si es de otro país, se analizará».

Fabbiani al Veracruz (2010)

Menos de un semestre fue lo que duró la moda Cristian Fabbiani en nuestro país. Figura en Newell’s, pretendido por Vélez, receptor de una inentendible idolatría en River, tapa de revistas, protagonista de escándalos mediáticos, cuestionado por el entrenador, responsable de su ocaso futbolístico.

Ya para fines de 2009, el Ogro era material de descarte en el plantel Millonario. Y así fue como llegó a mediados de 2010, aferrándose a cualquier oferta, así fuese para jugar en el ascenso de México.

Entrenó durante 3 semanas en Los Tiburones Rojos de Veracruz, vendió un poco de humo y…¿firmó? No, claro que no. Los dirigentes lo despidieron con un comunicado bastante amable, pero no menos contundente:

«Fabbiani llegó con mucho entusiasmo para sumarse al plantel de Veracruz, pero a 20 días de haber arribado su estado de forma no es el ideal para encarar una temporada muy competitiva».

Matthäus a Racing (2009)

Corría octubre de 2009. No era un buen momento institucional de Racing, pese a los aires nuevos de Rodolfo Molina, elegido de forma democratica después de 8 años de gerenciamiento. El primer equipo había sufrido la ida de Ricardo Caruso Lombardi, quedando varado y sin planes en medio del torneo Apertura. Había que llamar a alguien, ¿pero a quién?

Mientras Juan Barbas se hacía cargo interinamente del plantel, los dirigentes se movieron sigilosamente para romper el mercado con una contratación deslumbrante: el mismísmo Lothar Matthäus, el hombre récord de los mundiales, el alemán que levantó la Copa en Italia 90. Un crack como jugador….¿y como técnico?

El anuncio de su llegada se hizo luego del empate 1 a 1 ante Lanús. En la conferencia post partido, la gente de prensa del club repartió entre los periodistas el currículum del DT oriundo de Alemania. Su experiencia la marcaban pasos breves por el Rapid Viena y Red Bull Salzburg de Austria, Partizan de Serbia, Paranaense de Brasil, Maccabi Netanya de Israel y la Selección de Hungría. Parecía poco, pero le alcanzaba para dirigir en Racing.

Encima, Molina se encargó de remarcar que el alemán contaba con una gran ventaja: conocía a Barbas, que a partir de ese momento pasaría a ser su ayudante de campo. «¿De dónde lo conoce, Juan?», preguntó alguien. «Una vez nos cruzamos en un amistoso», tiró Barbitas. Muy serio todo.

La bomba germana, por supuesto, no tardó en explotar en los medios nacionales. Se habló de un hotel 5 estrellas, de una participación asegurada de su mujer (la modelo ucraniana Kristina) en el programa de Tinelli, y hasta Lugüercio se ilusionó por tener diéresis en el apellido (?).

Lo cierto es que los días fueron pasando, Racing siguió jugando (en el medio, perdió 1 a 0 con Newell’s) y el crédito se fue agotando, sobre todo el de Matthaüs, que el mismo día que tenía que llegar a la Argentina avisó que no iba a viajar…¡por mensaje de texto!

Indignados, los popes académicos trataron de poco profesional a Lothar, que según se dijo luego, no se animó a tomar el avión porque su mujer había googleado «Argentina» y no le había gustado. Aún así, el pollerudo y corneta se descargó: «Racing me tiene que pedir perdón a mí».

Affranchino a Olimpo (2012)

Con poco lugar en River, Facundo Affranchino buscó nuevos aires a comienzos de 2012. El Millonario quería darle rodaje, por eso estuvo a punto de cederlo por seis meses, sin cargo ni opción de compra, a Olimpo. Todo estaba acordado para que el jugador viajara a Bahía Blanca, pero en un abrir y cerrar de ojos apareció en San Juan y terminó jugando el Torneo Clausura con la camiseta de San Martín.

Julián Velázquez al Genoa (2012)

 

 

 

 

 

 

La última vez que fui a la cancha de Independiente fue con mi abuelo el 13 de Noviembre del ya retirado 2013. Le ganamos a Ferro 3 a 0 y por momentos nos sentíamos fuera de aquella pesadilla vivida en un contexto real que nos mostraba al equipo de toda nuestra vida sumergido en la B Nacional. Nos encontramos con Mingo, un amigo que nos hicimos en la platea previo al trágico junio del año pasado, el cual entre anécdotas y observaciones humorísticas hacia más llevadero la previa del partido. Tras finalizar el cotejo, nos despedimos con un abrazo victorioso y, tras irme del estadio, me comí una hamburguesa recalentada camino a mi casa, mientras pateábamos por las calles del Conurbano junto a mi abuelo buscando bondis que nos dejen en nuestro hogar.

Dos exámenes, de matemática y geografía respectivamente, me dejaron afuera contra mi voluntad de las siguientes fechas, frente a Douglas e Instituto. En esta última mi abuelo, Mingo y El Vasco, un amigo mío del colegio, debieron refugiarse donde pudieron a causa de una tormenta que se había desatado apenas comenzado el partido. El Vasco me contó en el aula, al otro día, de cómo salieron de aquella situación. A mí, como a él, me causo gracia, pero mas allá de eso sentía muy dentro mío que estábamos construyendo recuerdos, momentos los cuales marcarían un hit en nuestras vidas. Quizá pequeños, por ahí insignificantes, pero no éramos los mismos que antes del descenso.

Independiente nos había convertido a los cuatro, de alguna manera, en un grupo. El Vasco y yo charlábamos sobre el equipo, aunque a veces él sumaba temas contándome de su estadía en Santa Fe o sobre nuestra adicción a coleccionar diarios  y panfletos viejos (incluso El Vasco los derivaba a veces en papel picado que él mismo elaboraba y llevaba a la cancha). Mingo y mi abuelo dialogaban sobre viejas épocas y experiencias que dejaron risas y reflexiones. A veces (mentira, siempre) deslizábamos algún comentario cuando pasaba alguna bella muchacha por el lugar. Y se completaba la situación cuando El Empresario, otro amigo mío del secundario, se sumaba a nosotros. Venía con su viejo y, por ende, quedaban los tres señores y los tres pibes debatiendo desde como Alderete llegó a jugar en Independiente hasta si en las fiestas es preferible el asado o el pollo (acompañado, por supuesto, de anécdotas en torno a asados y pollos que pueden derivar en cualquier tipo de final bizarro).

No tengo dudas que todo esto significará un gran recuerdo para mí dentro de unos años. Hoy es mi intensa realidad. Entre mesas de examen, mensajes vía WhatsApp y análisis de minitas desde el punto de vista menottista- juvenil –aunque ojo, cualquier bondi me deja bien (?)- mi adolesencia transcurre, en terreno fútbol, bailando con la más fea, viviendo a la par de lo anteriormente escrito, los peores momentos de Independiente. El nefasto 15-6-2013 que aún uno no logra digerir. Y el efecto dominó futbolístico e institucional que provocó aquel hecho. Efecto dominó que aún no terminó.

Pero es inevitable pensar en el antes de todo esto (aquí necesitaría un efecto onda película donde hay una gran corriente de viento en la escena que arrasa con el decorado y que representa una especie de viaje en el tiempo antes de que sucediera un hecho puntual que marca un antes y un después). Antes de la platea, mi abuelo, Mingo, El Vasco, El Empresario y su viejo, antes de Ferro, Douglas, Instituto, antes de los bondis que no llegaban, la hamburguesa recalentada y el junio trágico. Antes de todo lo que fue el 2013 para un hincha de Independiente.

Ese enorme antes engloba al invierno del 2012. El paso previo a la caída en desgracia. Javier Cantero mantuvo, desde la presidencia, a Cristian Díaz en el banco de suplentes. Pecados de ingenuidad e ignorancia que guiaron a Independiente al abismo. Y en ese último invierno que vivimos, hasta ahora, con El Rojo en Primera, sucedió una especie de spin-off de la serie de problemas en el club que fue la novela del traspaso de Julián Velázquez al Genoa italiano. A fines de julio se dio por hecha dicha compra. El defensor viajó a Italia, poso con la camiseta, firmó autógrafos, realizó declaraciones y demás protocolos en torno a un nuevo jugador que llega un equipo. Los europeos compraban casi la totalidad de su pase a 3.500.000 de euros.

Sin embargo, los días pasaban y no ocurría una resolución final esclarecida. Los rumores de que lo de Velázquez se estaba por frustrar y que debería regresar a Independiente eran cada vez mayores. Incluso con el contrato firmado y los estudios médicos realizados, La Avispa se dedicaba únicamente a entrenar mientras desde la parte legal intentaban resolver detalles que impedían cerrar esta historia. Detalles que se acrecentarían en cuanto a importancia con el paso de los días.

Tras casi más de un mes de tensión (?), lo que parecía alejado y solo un delirante chisme se convirtió en realidad: Julián Velázquez jamás jugaría en el Genoa y tras su estadía como jugador fantasma en el Viejo Continente regresó a Independiente, quien ya contaba con Américo Gallego como entrenador. El justificativo fue, según su representante, el hecho de que “el Genoa quería robar a Velázquez. No quisimos ser cómplices de una estafa.”, alegando un mal manejo desde la rama presidencial del club tano y una poca clara negociación a la hora de incorporar al jugador.

Velázquez retomó a los entrenamientos en Avellaneda en Septiembre del 2012, encarando una temporada determinante para el club. El resto de la historia ya la conocen.

Claudio Otermín al Valladolid (1985)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quizás porque no era un buen poeta.

y no pudo dejar la pelota quieta

hasta que él termine una jugada.

Quizás porque no era un buen artista

y no le dicen ‘Tu transferencia esta lista’

y firmara, orgulloso, este contrato.

Quizá porque no era de la nobleza

no tuvo suerte en tierras Ibéricas

y regreso al fútbol argentino.

Quizás porque no tuvo un buen representante

Por eso se le cayó el pase

No enfrentará al Barcelona ni a los madrileños

Quizás porque no era un buen soldado

no atacaba ni por el frente ni por el costado

cuando discutían en los entretiempos.

Quizás porque no fue nada de eso

es que el traspaso nunca fue un hecho.

 

Los años 80’ llevaron a Claudio Otermín,  volante ofensivo surgido de Sarmiento de Junín, a probar suerte al Real Valladolid español. Tras una breve experiencia en el Mallorca entre 1982 y 1983, y con pasado en Nueva Chicago, el O’Higgins chileno y Gimnasia de La Plata, este jugador armó su bolso y se aventuró en una prueba en el conjunto blanquivioleta. Todo parecía indicar que la travesía encontraría su cierre con un final feliz: Otermín aparentemente había conformado al entrenador Vicente Cantatore y prácticamente ya era jugador del RV. Posó incluso para la foto con la casaca de su nuevo equipo quedando inmortalizado en aquellas figuritas europeas ochentosas donde se mostraba al jugador en acción en primer plano a la izquierda (al bueno de Otermín le pudieron haber puesto un mejor fondo, no lo podemos negar) acompañadas de una foto de perfil con el apellido del representado en cuestión a la derecha, simulando ser el gráfico de una intro de serie policial yankee de un par de años atrás.  Sin embargo, y a pesar de Otermín, Cantatore y las figuritas, el traspaso se caería abruptamente y el futbolista seguiría su carrera en el fútbol francés.


(Gracias a Cazador)

Carreño a River (1984)

No, no, para nada. Quédense tranquilos. No se trata del ex delantero de Boca. Solo comparten el apellido. Y que ninguno de los dos jugó en River, aunque este estuvo más cerca. Se trata de un delantero uruguayo que estuvo a prueba en el Millonario a fines de 1984, cuando se empezaba a gestar el gran equipo de Héctor Veira

Aunque la imagen sea borrosa, se pueden sacar algunas conclusiones: el túnel es el del Monumental, el pantalón deja asomar el número 7 y posiblemente el 7 ya se lo había entregado al Bambino en el vestuario se lo ve algo preocupado (?). Es que los U$S 50.000 de su pase eran inalcanzables para la tesorería del club, o por lo menos eso fue lo que le dijeron antes de que Daniel Carreño regresara a Montevideo Wanderers.

Maradona al Bolívar (1994)

Si hubo un mes inolvidable en la vida moderna de todos los argentinos, ese fue Junio de 1994. Es que la Selección Nacional de Alfio Basile comenzó el Mundial de Estados Unidos con sendas victorias ante Grecia y Nigeria mostrando, además, el mejor juego exhibido por cualquier equipo durante aquella Primera Ronda.

La elegancia de Redondo, los huevos de Simeone, los goles de Batistuta y Caniggia la sombra de Balbo y, por sobre todo, la vuelta al máximo nivel de Diego Armando Maradona fueron los principales fundamentos para soñar con una posible tercera vuelta olímpica Mundial. Aquel Junio de 1994 fue lo más.

Por supuesto, la emoción que se sintió al ver la “resurrección” del Pelusa fue tan, pero tan grande, que traspasó con creces el territorio nacional. Y fue en Bolivia, más precisamente en el Bolívar de La Paz, donde soñaron en primera instancia con hacerse de los servicios del eterno astro mundial, quien hasta ese momento no era más que un agente libre (?).

Por tal razón, sus dirigentes se comunicaron con Marcos Franchi -entonces representante de Maradona- y le hicieron llegar un oferta muy difícil de rechazar: dos millones de dólares por un año, privilegios y la posibilidad de jugar la Copa Libertadores, algo que El Diegote nunca había podido concretar.

Al ser consultado, un extasiado Franchi declaró: “Esta oferta va en serio. Al Bolívar lo maneja Mario Mercado, un multimillonario del negocio de las minas. Por supuesto que Diego está concentradísimo en el Mundial. Por eso, ni bien empiece Julio, una delegación boliviana va a venir a negociar conmigo a Boston, je je je…”

Lamentablemente para Franchi, Mercado, el Bolívar y todos nosotros, aquel ansiado Julio de 1994 nunca jamás llegó. O mejor dicho, si llegó… pero a los 33 millones de Argentinos ya nos habían mutilado las piernas. Déjame llorar…