Con 28 años y un presente para nada alentador, a fines de 2003 Cristian Castillo se encontró con la gran posibilidad de pasar al fútbol brasileño para vestir la camiseta del Flamengo. La leyenda cuenta que Junior, el entrenador del equipo carioca, se enamoró de las jugadas del ex Atlanta viendo un video y lo mandó a comprar.
Por entonces, Castillo venía de un pésimo semestre en Independiente, pero a los dirigentes brasileños no pareció importarles. Los que sí se preocuparon fueron los hinchas, que se manifestaron a través de las encuestas que publicaron los medios para dejar en claro que no querían la contratación de un «desconocido».
Finalmente la operación se canceló y Castillo, que terminó firmando para Gimnasia, declaró: «Estaba de vacaciones y me dijeron que existía la propuesta de Brasil, pero no soy muy partidario de jugar en el exterior«. No, claro. Por eso unos años antes jugó en los Emiratos Árabes.







