Mal Pase: Maradona al Flamengo (1991)

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“Maradona, Flamengo te ama. Hoy y siempre”. El trapo azul y amarillo con el que los jugadores del rubronegro entraron el 8 de mayo de 1991 a La Bombonera, para enfrentar a Boca Juniors por los cuartos de final de la Copa Libertadores, escondía dobles intenciones. Por un lado, buscaban meterse en el bolsillo a La 12, famosa por su hostilidad hacia los visitantes. Por el otro, era un mensaje directo a Diego Armando Maradona, viejo anhelo de la dirigencia del cuadro más popular de Brasil.

El primer objetivo prácticamente se cumplió. Cuando Gilmar, Wilson Gottardo, el veterano Júnior, Zinho, Gaúcho y compañía llegaron al círculo central, cambiaron los silbidos de la previa por tibios aplausos, acompañados de un “Olé, olé, olé, olé, Diego, Diego” que bien podría confundirse con un “Olé, olé, olé, olé, Mengo, Mengo”, típico grito de aliento al conjunto carioca. La bandera, incluso, esa misma noche y durante buena parte de los meses siguientes, se colgó en el lugar donde se ubica La 12.

No se trataba de algo improvisado, claro. La idea había partido del departamento de Marketing del Flamengo, siempre un paso adelante en estas cuestiones, que pretendía que sus muchachos sintieran lo menos posible el desprecio de los argentinos en un duelo en el que se jugaban la continuidad en la Libertadores. También era un guiño para Maradona, que estaba viviendo días complicados tras la sanción de 15 meses por doping positivo y su posterior detención en el confuso episodio del departamento de la calle Franklin en Caballito.

Algún tiempo antes de esa serie de malas noticias, dirigentes del Mengão se habían contactado con Marcos Franchi, por aquel entonces representante del Diez, para que el astro jugara por lo menos un año en Río de Janeiro, previo a su regreso al club de sus amores. Sin embargo, los problemas extra futbolísticos de Diego atentaron una vez más contra la continuidad del negocio y así nos perdimos la chance de ver al mejor de todos con la mítica Camisa 10 da Gávea que consagró a Zico.

Gracias Imborrable Boca

Mal Pase: Severino al DIM (2010)

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Su gran capacidad goleadora (máximo anotador de la D en 2005) y su participación en el reality «Atlas, la otra pasión», lo llevaron a ser un jugador identificable del mundo del ascenso, aún para los que no siguen el under nacional. ¿Quién no conoce a Wilson Severino? ¡Si hasta a Colombia llegó su fama!

Corría el año 2010 cuando al Negro le ofrecieron ir a probarse al Deportivo Independiente Medellín. Parecía una locura que un jugador de una quinta división pasara a una Primera de un salto, pero todo era posible en el universo del programa que iba por su séptima temporada y necesitaba generar contenidos nuevos para no aburrir.

Fue así que Severino, con 30 años recién cumplidos, aprovechó sus vacaciones de empleado ferroviario y viajó a Colombia para medir sus condiciones durante 10 días en el ámbito internacional. El DIM, que en ese entonces era dirigido por Leonel Álvarez, participaba de la Copa Libertadores y ya tenía armado su plantel, pero aún así le dio lugar al argentino.

Algo que de entrada emocionó al goleador, fue el hecho de compartir entrenamientos con Choronta Restrepo, ídolo del DIM y dueño de uno de los mejores apodos de la historia. Pero ojo, porque también valoraba a su reconocido DT.

«Un visto bueno de Leonel sería lo máximo, pero si no quedo acá esta experiencia no me la quitará nadie y se la contaré a todos mis amigos y compañeros del Atlas», repetía Wilson, con humildad y sabiendo que él era una pieza más en la movida marketinera del programa.

Los días de evaluación terminaron de acuerdo a lo imaginado. Le dieron las gracias por todo, pero no lo aprobaron. Wilson armó el bolso y volvió a la Argentina para seguir trabajando en el ferrocarril. Hace 10 años que tanto él como Atlas viven cosas inimaginables, pero nunca se fueron de la D.

[Baldosa Olímpica] Mal Pase: Julio Velasco al Milan (1996)

Ya que estamos bien al pedo (?), hagamos el siguiente pasatiempo. Pensemos en las palabras: “Director + Técnico + Argentino + Prestigioso + Unánimemente + Incuestionable” y esperemos que nuestro cerebro envíe una orden en forma de nombre propio hacia nuestras cuerdas vocales, en primer término…

¿Sale alguno? ¡Ni en joda! Alguno va a argumentar que Bilardo es un esquizo, Menotti un chamuyero, Basile un choborra, Bielsa un enfermo, Pekerman un autista, Bianchi un abuelito y el resto unas mentiras… epíteto más, epíteto menos, tal el grado de inteligencia y tolerancia que gustamos manejar los futboleros. Al menos, los de estas tierras…

Sin embargo, existió y existe un Director Técnico Argentino Prestigioso Unánimemente Incuestionable, quien estuvo durante años escondido del gran público ya que trabajaba en un deporte mayormente periférico y por que -dato no menor- sus primeras demostraciones de capacidad en la Argentina las hizo hace aproximadamente 35 años, mucho antes de las trasmisiones de calidad, los canales deportivos, las redes sociales y el gusto por otra disciplina que no sea el fútbol ¿Su nombre? Julio Velasco, de profesión entrenador legendario de vóley…

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Resulta que el fulano éste (?), nacido en La Plata en 1952, fue entrenador de Ferrocarril Oeste entre 1979 y 1982 (ganó las cuatro ligas que disputó), estuvo como segundo entrenador de la Selección Argentina (1981/83) y luego se marchó a dirigir clubes de Italia, donde no solo duró mucho más tiempo que Menotti, Bianchi y Passarella, sino que además ganó sucesivas ligas y copas.

Estos éxitos deportivos sumados a un gran carisma personal, a su probada inteligencia, a una inquebrantable ética de trabajo y al lograr que uno vea al mundo como un lugar bello con tan solo decirte tres palabras (?) lo depositaron como cabeza de la archicompetitiva selección italiana, con la cual fue Medalla de Plata en Atlanta  ’96 y donde además ganó los Mundiales de 1990 y 1994, como para que Bilardo lo invite a su exclusiva mesa con Victorio Pozzo y Franz Beckenbauer…

Fue en ese momento -mediados de 1996- cuando ese señor que descubrió la joda de viejo, llamado Silvio Berlusconi, se vio en la encrucijada por la partida de Fabio Capello como entrenador de fútbol del AC Milan y no estaba convencido sobre el sucesor que le ofrecía el resto de la junta directa: El Maestro Oscar Washington Tabárez. Y ahí  en un yacuzzi con un par de gemelas suecas al Cavalieri se le ocurrió la extravagancia…

“Para suceder a Capello no hay nadie mejor que Julio Velasco… Él es el elegido. Es el mejor italiano (sic) para tal puesto. Y seguirá mejor que nadie con la filosofía que comenzó Arrigo Sacchi”. Por supuesto, la prensa futbolera se indignó de mala manera y lo consideró, entre otras cosas, “una broma de mal gusto”, tal el caso de La Gazzetta Dello Sport.

Pero además, Cesare Maldini, un símbolo del Milan quien siempre había aspirado a tal puesto sin conseguirlo hasta ese momento, puso su mejor cara de póker ante la insólita idea y murmuró: «Velasco es un gran personaje, pero los entrenadores de fútbol no se inventan. No basta ser un ganador para vencer en todas las disciplinas deportivas».

Finalmente y luego de un par de semanas de rumores, fue el propio Julio Velasco quien tumbó la idea de dirigir a Roberto Baggio, Baresi, Maldini, Boban, Albertini, Weah, Desailly y Davids, entre otros, y de paso tranquilizó a los más puristas de la península: “Tengo otro concepto de las cosas. Berlusconi piensa que alguien capaz y con carisma -como él o como yo- puesto en determinadas condiciones, funciona. Yo creo en la especialización: si no sabés del asunto, el carisma se diluye”.

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Ahí fue cuando murió el sueño que teníamos de ver a un argento dirigiendo por primera vez en la historia al AC Milan. Pese a eso, Julio Velasco se vincularía más adelante al fútbol siendo Director Deportivo del Inter y de la Lazio, donde ganaría varios títulos de fútbol. Después volvió al voley, claro, y nunca jamás se cayó su halo.

Sólo podemos concluir que debe ser muy lindo ser un Director Técnico Argentino Prestigioso Unánimemente Incuestionable… pero debe ser mucho más lindo llamarse Silvio Berlusconi.

Mal Pase: Veira al Palmeiras (1976)

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Para inicios de 1976, Héctor Rodolfo Veira ya estaba en cualquiera. No, todavía no se le había dado por invitar gente a su departamento para firmarle un autógrafo. Con apenas 29 años, ya en el ocaso de su carrera y diezmado por las lesiones, llegó a Brasil para vestir la camiseta de uno de los clubes más populares de ese país: el Palmeiras, que se había consagrado campeón del Brasileirão en 1972 y 1973 y del Paulistão en 1972 y 1974, y buscaba reforzarse en posiciones clave para mantener su hegemonía.

El Bambino venía de un par de temporadas en las que se había dedicado más a recaudar algunos billetes que a otra cosa. Prueba de eso fueron los pasos con un sabor amargo por el Sevilla español y el Comunicaciones de Guatemala. Lejos habían quedado los años dorados, repletos de goles defendiendo los colores de San Lorenzo y Huracán, entre otros.

Consciente de que las chances de llevarse un fiasco eran bastante altas, el Verdão, dirigido por el ex Boca Dino Sani, le propuso entrenar durante unos días, jugar un puñado de amistosos y recién ahí confirmar si contaría o no con sus servicios. El Bamba no puso objeciones. Actuar en Brasil, además, le daría la oportunidad de reencontrarse con un viejo conocido, el Loco Narciso Doval, que ese año había abandonado el Flamengo para pasar a su archirrival, Fluminense.

El primer test fue el 28 de enero, en Anápolis, en el estado de Goiás, ante el ignoto Anapolina. Ese día, Veira fue titular y compartió equipo con figuras como el arquero Emerson Leão o el eterno Ademir da Guia. El cuadro paulista se impuso por 2 a 0 y el delantero marcó el segundo gol a los 20 minutos del complemento, dejando una buena imagen.

Tres días más tarde, Palmeiras derrotó por 1 a 0 al Araçatuba, del interior de São Paulo, y Veira fue nuevamente parte del once inicial. Al igual en su debut extraoficial, tuvo una digna actuación y en la segunda etapa fue reemplazado por Erb.

Cuando parecía que la historia tendría un final feliz y que el Bambino vestiría la casaca verde durante el campeonato paulista, apareció Vicente Matheus. ¿Quién? Unos de los históricos presidentes del Corinthians, club que para ese entonces arrastraba una larga sequía de más de 20 temporadas sin títulos. Lo cierto es que Matheus llegó con los billetes uno arriba del otro (50 mil dólares) y se quedó con el pase del argentino, a quien siempre llamó “Vieira”, dejando pintado a su eterno rival.

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¿Qué pasó en 1976? Palmeiras fue campeón estatal otra vez, Veira jugó poco y nada en el Timão (apenas convirtió 4 goles en 20 encuentros, ante equipos de nombres inverosímiles como Madrugada, Pato Branco y la selección de Cuiabá -capital del estado de Mato Grosso-) y hasta se llevó una tontísima expulsión por sacarse la camiseta para festejar luego de una asistencia, siete minutos después de haber ingresado en un partido del Brasileirão contra Operário de Campo Grande. Tras rescindir su contrato en enero de 1977, terminó emigrando a la Universidad de Chile, antes de retirarse con los colores de Oriente Petrolero en 1978.

Mal Pase: Romagnoli al Bahia (2014)

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Después de décadas y décadas de habérsele negado por las más insólitas cincunstancias, la obtención de la Copa Libertadores por parte de San Lorenzo descolocó a propios y extraños. Y eso incluyó a los protagonistas, que ni siquiera imaginaron lo que se les vendría.

El caso más emblemático es el de Leandro Romagnoli, ídolo y referente del Ciclón, que en enero de aquel 2014 había firmado un pre contrato con el Esporte Clube Bahia de Brasil para ir a quemar sus últimos cartuchos a los 33 años. El futuro prometía clima tropical, playas, capoeira (?). Pero no todo salió de acuerdo a lo planeado.

El 13 de agosto, San Lorenzo ganó finalmente su primera Libertadores. El Pipi, capitán y máximo ganador en la historia de la institución, levantó el trofeo, festejó y…se dio cuenta de que podía cumplir otro sueño: jugar el Mundial de Clubes. Claro que antes tenía que resolver su temita con el Bahia, que lo esperaba para entrenar.

Apenas 5 días después, Romagnoli llegó a Salvador con la intención de desvincularse del equipo brasileño. Lástima que los hinchas no pensaban lo mismo, así que lo recibieron como a una verdadera estrella: le pusieron la camiseta y le hicieron sentir el calor de la torcida. ¿Te vas a quedar o no?

Unas horas más tarde y ya sin morenos en los alrededores, el Pipi habló con los dirigentes y les comunicó su firme decisión de volverse a la Argentina. Los popes del Tricolor Baiano, sin demasidas opciones, cobraron la multa de 500 mil dólares y dejaron ir al argentino, pero antes le hicieron grabar un mensaje para los hinchas, no fuera a ser cosa de que le prendieran fuego la sede (?).

En diciembre de ese año, Romagnoli jugaría en Marruecos ante el Real Madrid (casi se lo pierde por una lesión en el codo), en «un partido digno» que le hizo sentir que nada fue un error. Bueno, algo capaz que sí.

Mal Pase: Rubén Da Silva a Racing (1997)

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A finales de 1996, la Academia se preparaba  para jugar su primera Copa Libertadores en años, luego de haberle ganado a Gimnasia la clasificación para la edición de 1997 en el estadio Monumental, a partido único.

Tras la decepción de Brindisi, el hombre que enderezó el barco fue el Coco Basile y fue él quien se puso al frente de las gestiones para tener al delantero que por aquel entonces descollaba en Rosario Central. La situación financiera no era la ideal y el pedido de la entidad rosarina (Un millón de dólares más el 100% del pase del indultado  Tano Facciuto) hacía la transacción inaccesible para Racing. Por lo que, echados a andar, arrancaron con un raid mediático que incluyó un hito jamás visto en términos de lobby.

El 1 de enero de 1997, Telefé estrenó la polémica tira Naranja y Media. Protagonizada por Guillermo Francella, contaba la historia de un hombre que mantenía dos relaciones y hasta tenía familias paralelas con dos mujeres. Todo esto en horario central y bajo el cualquieraje hermoso que significaba tener a Rodolfo Ledo (el de Sin Condena, entre tantos otros hits) a cargo de la dirección y el libro. En la misma, Guillermo encarnaba al bombero voluntario Juan Guerrero, que tenía esta estrofa dedicada en la canción de la apertura:

Hincha de Racing de los pies a la cabeza

Y soy bombero, por amor a Avellaneda

¿Y qué tiene que ver Naranja y Media con Racing? Que en el primer capítulo de la misma, el propio Francella en una emotiva y costumbrista charla con su padre, afirmaba que en el ’97 se acababa la mufa, porque traían al Polillita Da Silva:

Pobre Don Guerrero (?), porque en aquellas épocas el enunciado #RacingPositivo era flor de oxímoron. Quiso el destino que el Polillita no sólo se quedara en el Canalla, sino que el primer partido del año enfrentara a las Academias:5 a 0 ganaron los dirigidos por don Angel Tulio Zof  en un baile épico,  con una actuación mágica del uruguayo. Por si fuera poco, también convirtió un golazo el Zinho falso

 

Mal Pase: Mouzo al Vitória (1987)

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Después de haber quedado libre en Boca Juniors, donde inscribió con sudor el récord aún no superado de 462 partidos disputados, Roberto Mouzo se dedicó a betocarrancear fuerte,  pasando por varios equipos en un breve lapso. Incluso, llegó a ponerse una camiseta con la que finalmente no jugó oficialmente.

Estudiantes de Río Cuarto (1985), Nueve de Octubre de Ecuador (1985) y Atlanta (1986) fueron los clubes que eligió el defensor para sus días finales dentro de una cancha, aunque no le duró mucho el retiro…

En 1987, formó parte de la selección argentina de veteranos en la Copa Pelé disputada en Brasil. Con apellidos como Brindisi, Babington y Más, los nuestros se impusieron ante los locales en la final. Y Mouzo jugó tan bien en esas tierras, que le pidieron que se quedara.

Con 34 años, el ex Boca llegó a Salvador de Bahía y firmó por 6 meses para el Vitória. No sólo eso, se puso la ropa y se sacó las fotos de rigor. Sin embargo, el sueño acabaría pronto.

En plena pretemporada, a Mouzo se le trabó la rodilla y no tuvo más remedio que parar para operarse, algo que complicaba su continuidad en el fútbol profesional. Es por eso que, sin jugar un minuto para el rubro-negro baiano, dejó el contrato de lado y volvió a la Argentina para recuperarse.

Cuando todos ya lo hacían un ex jugador, Roberto volvió a la actividad para jugar regionales con Urdinarrain de Entre Ríos (1988 a 1989) y Deportivo Villa Gesell (1990). Y ahí sí, se sacó las ganas de colgar los botines en la playa.

Mal Pase: Sanchez Prette a Bucaramanga (2014)

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Llegó al aeropuerto, se encontró con los dirigentes, le entregaron una camiseta para la foto, dio un par de vueltas y volvió al lugar de arribo para despegar otra vez. Así de intensa fue la estadía de Cristian Sánchez Prette en la ciudad que cobija al Atético Bucaramanga, el club que tenía todo listo para contratarlo. Pero en un mismo día, así como el volante argentino llegó, se marchó sin dar explicaciones.

El jugador pisó suelo bumangués alrededor del mediodía del miércoles 29 de enero de 2014. Cuentan testigos (?) que estaba todo acordado para alojarlo en la ciudad, y que incluso los directivos del club ya le habían comunicado que al día siguiente le realizarían los exámenes médicos. Pero de repente, el mediocampista desapareció. Así lo relató el presidente Héctor Cárdenas: “A las 8:00 de la noche me llamó el empresario Sergio Espíndola a decirme que no pudo retener al jugador, que se le había volado para el aeropuerto y la única explicación que me da es que recibió una llamada de otro equipo, le hicieron una oferta y el jugador dejó tirado al empresario y al club.”

Ese nuevo equipo que apareció en el medio era el Club Deportivo Águila, de El Salvador, que finalmente se hizo de los servicios del argentino. El ofrecimiento de un contrato más jugoso hizo que tomara un vuelo que lo llevara a Bogotá y de ahí otro a Centroamérica. Al llegar, vendió un poco de humo al declarar: “No podía decirle que no al equipo más popular. Estaba allá cuando me habló mi empresario, Mario Paniego, de venir a jugar acá, a un club grande y con muchísima historia y mucha gente.”

Un tiempo después, ya afianzado en El Salvador, Sanchez Prette dio su versión de lo sucedido en Colombia: “En realidad yo nunca hablé con nadie del Bucaramanga. Nunca firmé nada, estaba la posibilidad y tenía que ir a hablar con ellos. Llegué, me fueron a buscar al aeropuerto y luego prácticamente me dejaron solo, no me llevaron a ningún hotel. Fueron un montón de situaciones que me llevaron a irme de ahí; incluso si no se hubiera presentado la propuesta del Águila me hubiera regresado a Argentina.” Si decía que la publicidad de la camiseta le daba vergüenza ajena, era más creíble.