El curioso caso de Benjamin Massing

Jugó apenas 2 partidos en Italia ’90, pero se encargó de dejar su huella en la historia de la Copa del Mundo. Patadas, penales, amonestaciones, expulsiones…y un botín volando hacia la eternidad. Con ustedes, Benjamin Massing, el camerunés que no paraba de retroceder.

Nacido en Edéa, Camerún, allá por 1962, el viejo Massing comenzó su carrera de adelante hacia atrás. Primero, jugó en la liga local, donde se destacó por su aplomo y sabiduría para ser un caudillo del fondo. Causaba impresión que a temprana edad demostrara tanta experiencia y voz de mando para actuar como marcador central. Parecía un veterano, de hecho casi ni corría.

Luego, un tanto más rejuvenecido, pasó al fútbol francés, más precisamente al US Créteil-Lusitanos (1987 a 1991), un equipo del ascenso apodado Les Béliers (Los Carneros). Y para estar a tono, Massing trataba de jugar siempre, incluso cuando sus compañeros estaban en huelga. Es que, por aquel entonces, el defensor camerunés ya cometía pecados de juventud.

Con su Selección, además, Benjamin disputó las eliminatorias africanas en 1989 y llegó al Mundial de Italia sabiendo que no tenía el puesto asegurado. No es que le hubiesen faltado partidos sobre el lomo, pero el entrenador aún lo veía verde.

Su debut en la Copa del Mundo se produjo ni más ni menos que en el partido inaugural ante Argentina, en Milan. Ese día, había que frenar de cualquier manera a Diego Maradona y los suyos. Por eso el entrenador Valeri Nepomnyashchi trató de armar una defensa férrea y escalonada, de manera de ir turnando a sus asesinos seriales.

Massing, nervioso como un pibe, salió a la caza del rival desde el inicio y eso le terminó saliendo caro. A los 9 minutos derribó al Diego sobre la mitad de cancha y vio la tarjeta amarilla. No fue la primera ni la última dura infracción de ese partido, claro está.

Camerún siguió pegando y pegando, sin modificar su plan para nada. Se fueron al descanso con un valioso 0 a 0, pero en el segundo tiempo se encontraron con Claudio Caniggia, el único tipo que podía sacar ventajas con su velocidad. Fue ahí que se vieron en problemas.

A los 16 minutos del complemento, Andre Kana-Biyik bajó desde atrás al Pájaro y el árbitro le mostró la tarjeta roja. Con uno menos, muchos creyeron en ese momento que a los africanos se les venía la noche, pero fue todo lo contrario. El número 2 de Camerún se retiró con los brazos en alto y arrojando besos hacia el público, que por supuesto apoyaba al seleccionado más débil. Y eso agrandó más a Los Leones Indomables.

Cinco minutos más tarde llegó el inesperado gol de Pumpido en contra Francois Omam-Biyik y entonces todo se hizo cuesta arriba para el equipo de Bilardo.

Los perros de presa de la defensa camerunesa tomaron de punto al Cani. Y el Pajaro, sin saber lo que le esperaba, intentó volar.

A falta de 2 minutos para los 90 reglamentarios, Caniggia tomó la pelota cerca del área argentina y arrancó su carrera loca hacia el arco contrario. En apenas 3 segundos llegó a la mitad de cancha, tras esquivar a Emmanuel Kunde. Unos 10 metros más adelante se encontró con el violento Victor Ndip, pero el Hijo del Viento también pudo dejarlo atrás, con un pequeño salto que le hizo perder algo de estabilidad.

Sin poder afirmarse del todo pero aún en camino a lo que podía ser una buena chance para Argentina, Caniggia siguió corriendo…hasta que un tren lo pasó por encima. Quien lo había cruzado no era ni más ni menos que Benjamin Massing, el número 4, que incluso perdió su botín derecho al impactar con la humanidad del delantero de Henderson.

Mientras Cani se retorcía de dolor en el piso, algunos compañeros llegaron al lugar de los hechos (?)…¿para asistirlo? No, obvio, para tratar de hacerle desaparecer el calzado al defensor. Primero se lo pisoteó el Checho Batista y luego irrumpió Jorge Burruchaga, que a espaldas del juez se animó a empujar a Massing. ¿Qué hizo el camerunés? Reaccionó como un pendejo, tirando una patada en medias, como los nenes que juegan en el pelotero (?).

A todo esto, el árbitro francés Michel Vautrot le sacó la roja y después otra amarilla. Como para que no quedaran dudas.

Puesto en penitencia por la FIFA, Benjamin se perdió gran parte del trayecto de Camerún en ese Mundial, pero luego fue alzado por su entrenador, quien lo sacó del corralito y lo mandó a gatear nada más y nada menos que el encuentro de cuartos de final ante Inglaterra.

¿Y qué hizo el bebé Massing? Cagadas, como no podía ser de otra manera. Ese día estuvo al borde de una nueva expulsión (apenas recibió una amonestación), pero dos de sus infracciones a Gary Lineker terminaron en sendos penales que el mismo goleador se encargó de convertir. Fue 3 a 2 para los británicos y la vuelta a casa para los cameruneses.

Y aunque usted no lo crea, la leyenda cuenta que Benjamin aquel día lloró como un recién nacido.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Em Uma Lajota: el Vitória gerenciado por el grupo argentino Exxel

El Grupo Exxel, liderado por el empresario uruguayo Juan Navarro, fue uno de los fondos de inversión que más (y mejores) negocios hizo durante la década men*mista. Abarcando un amplio abanico de rubros, el fútbol, obviamente, no le fue ajeno. Luego de arreglar el gerenciamiento de Quilmes, y con un cambio monetario más que favorable, en 2000 se fueron a Brasil y comenzaron a tantear el terreno.

En pleno auge de los gerenciamientos (con la quebrada ISL a la cabeza), estuvieron cerca del Fluminense, que por aquel entonces era un grande caído en desgracia, y terminaron comprando el 51% de las acciones del Vitória de Bahía, una de las revelaciones del Brasileirão de 1999 al haber conquistado el tercer puesto, detrás de Corinthians y Atlético Mineiro.

El flirteo arrancó en el verano y se oficializó recién en junio, tras el pago de seis millones de dólares. Dos años antes, en 1998, el hasta entonces Esporte Clube Vitória se había convertido en una empresa: Vitória S/A.

El acuerdo preveía el préstamo de 12 millones de dólares para invertir en las divisiones inferiores. El club, por su parte, le cedió al Exxel el control de todos sus activos: es decir, los jugadores, la marca, los derechos de televisión y su estadio, el Barradão.

Gustavo León, director de deportes del Exxel, comentaba: “Vitória nos interesó por su capacidad de producción de futbolistas”. Es que el equipo bahiano era uno de los que más jugadores aportaba a las juveniles de la verdeamarelha. “Es como Argentinos Juniors o Newell’s en Argentina”, agregaba.

Pero la relación entre el club/empresa y el Grupo Exxel comenzó a ponerse tensa muy rápido, agravada por la crisis argentina de fines de 2001, que acabó con la convertibilidad. Algunos meses atrás, los inversores ya habían emprendido la retirada de Quilmes y desde fines de 2002 buscaban la forma de irse de Brasil para poner el foco en otros negocios.

En 2004, Paulo Carneiro, el mismo que cuatro años antes había puesto el gancho para la venta del club, decidió recomprar las acciones al Grupo Exxel. “Renegocié las acciones que vendí en 6 millones de dólares por apenas 500 mil dólares”, decía en aquella época. Pero el valor informado a la prensa tras el cierre del acuerdo fue muy distinto: 7,5 millones de dólares a pagar en cuotas en 60 meses.

Para colmo, al desmoronamiento institucional y los rojos en rojo, se le sumó el derrumbe deportivo. Necesitado de dinero para afrontar las deudas, Vitória vendió a sus principales figuras (entre las que claramente no estaba Elvis Sá) por pocas monedas. Pero el equipo no resistió. A fines de ese mismo año, descendió a la Serie B del fútbol brasileño y enseguida cayó a la C. Tobogã. Tras batallar en el ascenso, en 2006 subió a la B y en 2007 consiguió el ascenso a Primera.

El fantasma del fondo de inversión, ya sin ninguna injerencia en las decisiones de la institución, siguió sobrevolando el Barradão hasta comienzos de 2010, cuando se pagó la última cuota de la recompra de acciones. Algunos meses atrás, Vitória S/A había dejado de existir formalmente.

¿Qué es del club en la actualidad? Tras dos temporadas en la B (2011 y 2012), en 2013 fue uno de los animadores del Brasileirão y estuvo muy cerca de clasificar a la Copa Libertadores. Al menos, se aseguró su participación en la próxima Copa Sudamericana. Allí jugaron, en buen nivel, los argentinos Maximiliano Biancucchi (más conocido como el primo de Messi) y el ex Boca Damián Escudero.

En el Mundial, gracias a la Divina Providencia (1º parte)

A pocos meses de una nueva Copa del Mundo, y cuando todos nos tomamos la licencia de opinar con convicción que jugador debe estar en la misma o hasta dejar de hacerlo, vamos a repasar algunos de los casos de jugadores que fueron incluidos en la lista de buena fe, aún a expensas de la voluntad del cuerpo técnico de turno.

Aquellos que formaron parte de las diferentes delegaciones, beneficiados por el mecenazgo de algún político, dirigente, compañero o hasta por el clamor popular. Hoy: quienes entraron en la lista por obra y gracia de La Divina Providencia (?).

Norberto Osvaldo Alonso en Argentina ´78

Si bien fue un crack lírico de la época, de esos que uno podría asociar instintivamente al menottismo, El Beto tuvo un paso sombrío por el combinado albiceleste. En principio, tardó bastante en ser convocado y cuando lo fue decepcionó al técnico al preferir quedarse en River para jugar la Copa Libertadores de 1976, al igual que Juan José López y El Pato Fillol y en contraposición a Daniel Passarella y Leopoldo Luque. Eso marcó el primer quiebre.

El segundo revés se produjo cuando Alonso aceptó irse a jugar al Olympique de Marsella a pesar de que ya le había dado su palabra a Menotti, confirmando que iba a permanecer en el país. Aquello -junto a otras variables- llevó al entrenador a confeccionar y promulgar la famosa Resolución 309, que prohibía la venta al exterior de 66 jugadores nacionales de primera línea.

A pocos meses del Mundial y con Menotti dudando entre Babington, Bochini y Maradona por ese lugar en la lista de buena fe, Alonso recibió el padrinazgo del Contralmirante Carlos Lacoste quien, además de ser un confeso hincha de River Plate y fanático del Beto, manejaba el Ente Autárquico Mundial ’78 a través de diferentes monigotes (los militares Actis y Merlo). De más está decir que la jerarquía de Alonso no necesitaba de esta nefasta ayuda. Pero en esa época, animáte a decirle que no a un milico

Y así -cuando 45 días antes estaba totalmente descartado- Alonso apareció en la lista final luciendo el dorsal número 1 e ingresó contra Hungría en el primer partido de la Selección. Se desgarró contra Francia en el segundo encuentro y reapareció contra Brasil por la Segunda Ronda, donde se resintió de su dolencia poniéndole punto final a su trayectoria en los mundiales, algo que quedó impregnado de mal olor muy a pesar de su voluntad.

Además de ser quién le entregó el poder de la AFA a Julio Grondona, después del Mundial ´78 Lacoste se dedicó a hacer chombas ser vicepresidente de la Confederación Sudamericana y de la FIFA, lugar de donde se retiró en 1984 para evitar investigaciones. Pese a eso siguió vinculado al máximo organismo de fútbol mundial, hasta el día de su muerte, por su amistad fraternal con Joao Havelange. Viejo hijo de puta…

Héctor Miguel Zelada en México ´86

A comienzos de 1986, Carlos Bilardo comenzó a confeccionar la lista definitiva de cara al Mundial de México. Y una de sus primeras medidas fue la de confirmar a dos arqueros: Nery Pumpido y Luis Alberto Islas quienes, durante todo ese tiempo, estuvieron amenazados por el omnipresente fantasma del legendario Ubaldo Matildo Fillol, quien había atajado en las Eliminatorias pero estaba en las antípodas filosóficas del Narigón.

Finalmente, Bilardo acabó con la ilusión del Pato de jugar su cuarto Mundial al convocar a Héctor Miguel Zelada ¿A quién? A Zelada, un tipo que había atajado en Rosario Central para luego hacer historia en la tierra de Don Ramón y a quien nadie, pero nadie, recordaba mínimamente en la Argentina.

¿Y esto como ocurrió? Gracias a la gestión de Emilio Díez Barroso, Presidente del América de México, quien solicitó la inclusión del portero –a quien consideraba un héroe– como una de las cláusulas para ceder su moderno campo de entrenamiento.

Bilardo y Grondona aceptaron al instante. Quedaban bien con su nuevo e influyente amigo y de paso tenían una rebuscada excusa para sacarse de encima a Fillol. Y así, el ignoto Héctor Miguel puede chapear con que él también es campeón del mundo. ¿Dé qué Zelada (?)?

Miguel Pardeza (España) en Italia ´90

Para detectar a los baldoseros, es condición indispensable conocer a los jugadores y equipos que construyeron historia. En este caso “La Quinta del Buitre” conformada por Emilio Butragueño, Michel, Rafael Martín Vázquez, Miguel Pardeza y Manolo Sanchís. Repitan conmigo, no sean tímidos (?): Butragueño, Michel, Vázquez, Pardeza y Sanchís. Ya lo saben, ahora no se lo olviden…

Lo concreto es que la palabra “Quinta” en España se aplica para “Generación”, más allá de cuantos la integren. En este caso eran cinco, pero eso no es más que una casualidad. Estos jugadores marcaron una época del Real Madrid plagada de títulos y buen juego. Claro, todos ellos menos Miguel El Ratoncito Pardeza, quien jugó poco y fue cedido al Zaragoza a la primera de cambio. Encima era el único que no era madrileño (?).

Lo concreto es que para Italia ´90 sus cuatro compadres obligaron al técnico Luis Suárez a convocar a Pardeza –quien era suplente en su equipo- bajo amenaza de bajarse todos de la lista: “Este es el Mundial de La Quinta del Buitre. O vamos todos o no va ninguno”. Y así, El Ratoncito se dio el lujo de jugar dos minutos contra Bélgica por la Primera Ronda.

Una vez retirados de la actividad, los cinco ex jugadores pusieron un viñedo que terminó fundiendo. Seguro que por la mala administración del muerto de Pardeza (?).

Valery Nepomnyashchy, Roger Milla y Thomas N´Kono (Camerún) en Italia ´90

Una comedia de enredos. Así se podría denominar a la preparación de Camerún para Italia ´90 (y también para el resto de los mundiales). Para empezar, hay que destacar el caso del técnico de aquella histórica Selección, quien llegó a su cargo en 1988 de una manera muy particular.

Para empezar, Paul Biya, entonces Presidente del Camerún (y hoy también) y además Ministro de Deportes, le solicitó a sus pares de la U.R.S.S algunos entrenadores para hacerse cargo de su Selección de cara a las Eliminatorias Africanas. Desde Moscú enviaron a tres candidatos. Y Nepomnyashchy fue quien se quedó con el cargo por ser el primero en llegar a Yaoundé. Todo así de serio.

Además, el técnico ni se molestó en aprender jamás inglés ni francés, por lo que las indicaciones del equipo las daba el chofer de la embajada camerunesa en Moscú quien, con seguridad, fue el que le dijo a Oman Biyik que Pumpido tenía serios problemas en las falanges (?).

Pero la influencia de Biya no quedó sólo en eso. A pocos días del Mundial, obligó al técnico a convocar a Thomas N´ Kono quien no estaba en la lista y se encontraba jugando la desaparecida Promoción ibérica con el Deportivo Español de Barcelona.

Además, la mañana del partido debut contra Argentina, El Presidente llamó a la concentración para persuadir a los otros arqueros, Joseph Antoine Bell y Jaques Songo´o, para que le cedan el buzo titular a N´Kono, más allá de lo que pudiese opinar Nepomnyashchy.

Pero eso no es todo, Paul Biya terminó de armar su PC Fútbol (?) metiendo en el Mundial a Roger Milla quien, a sus 38 años, no había jugado en las Eliminatorias y se encontraba en el Saint Pierroise de la Isla de Reunión. Está demagógica actitud le valió al Presidente ganarse la simpatía del pueblo, que aún idolatraba las añejas hazañas de Milla.

Por supuesto que con el diario del lunes, todos le damos la derecha al político. Por eso no extrañó que el Cameroon- Tribune titule el 9 de junio de 1990: “Gracias a la influencia magistral de nuestro Presidente, Camerún vence a la Argentina de Maradona”. Un genio…

En El Placard: La camiseta naranja de Paraguay (2002)

«Venderle naranjas a Paraguay» es una de las tantas expresiones que se utilizan en el mundo de los negocios, cuando se quiere graficar algo muy difícil de llevar a cabo. No es que sea imposible, no, pero en el imaginario popular está al mismo nivel que venderle bananas a Brasil, arroz a China o ladrillos a Colombia (?). Sin embargo, la empresa Puma pudo romper con los prejuicios y en el Mundial de 2002 logró encajarle a los paraguayos una casaca naranja.

Los guaraníes habían llegado al Mundial de Corea y Japón con el último aliento de una generación que pedía showbol a gritos. José Luis Chilavert, Chiqui Arce, Carlos Gamarra, Estanislao Struway, Guido Alvarenga, Celso Ayala, Roberto Acuña y José Saturnino Cardozo eran algunos de los nombres que a esa altura pasaban los 30 años.

La albirroja necesitaba una renovación, más allá de la juventud de Roque Santa Cruz y Nelson Cuevas. ¿Pero de qué manera se podía aggiornar a un equipo dirigido por Cesare Maldini, un técnico de 70 años?

La solución para tanto vejestorio fue la implementación de una camiseta alternativa. Ya no blanca, como había sido históricamente. Tampoco roja, ni azul. Nada de los colores de la bandera. ¿Qué produce Paraguay? «Naranjas», debe haber sido el dato que llegó al mail de los capos de Puma en Alemania, que sin dudarlo aprobaron la confección de una prenda que intentaría revolucionar el fútbol como lo hizo Holanda en 1974. Casi lo mismo (?).

Los sudamericanos comenzaron su participación en la Copa del Mundo usando su tradicional casaca a bastones, en el empate 2 a 2 ante Sudáfrica. Luego, en el segundo partido, ante España, el reglamento FIFA lo obligó a cambiar el atuendo, entonces salió a la cancha con la nueva pilcha naranja. Aunque claro, el remedio era casi peor que la enfermedad, porque su rival salió de rojo, entonces apenas se diferenciaban por el color de los pantalones y las medias.

Vestidos como si fuesen holandeses, los guaraníes perdieron 3 a 1 ante los españoles y pusieron en duda la clasificación, cosa que obtendrían en la última fecha del grupo, venciendo 3 a 1 a Eslovenia. ¿Qué casaca usaron ese día? La tradicional, por supuesto.

Ya en octavos de final y de nuevo con su camiseta habitual, el team de Maldini se chocó con los alemanes. Y ya sabemos cómo es el fútbol cuando hay alemanes en el medio: tenés que irte a tu casa (?). Fin del sueño mundialista.

Hoy, con la selección albirroja afuera de la Copa del Mundo, recordamos con algo de nostalgia aquella vez que Puma logró venderle naranjas a Paraguay. ¡Chupate esa!

Mundial: Subite que arrancamos

Después de más de 2 años de planes y más planes, aquel sueño mundialista que arrancó en septiembre de 2011 tomó forma definitiva. Ya sabíamos dónde ibamos a arrancar, ya sabíamos dónde ibamos a terminar, pero nos faltaba saber qué partidos nos iban a tocar en nuestro camino por las rutas brasileñas.

Con el sorteo ya consumado, podemos anunciar finalmente que vamos a hacer los famosos 7 partidos para salir campeón (?). Arrancamos en San Pablo, el 12 de junio, con el partido inaugural entre Brasil y Croacia. Tres días más tarde, Argentina e Irán se verán las caras en el Maracaná. Si nos da el tiempo, nos mandamos, pero nuestra prioridad es Australia – Holanda en Porto Alegre, el 18 de junio.

Apelando a la camaradería del nuestros hermanos gaúchos, nos vamos a quedar varios días en la ciudad del Gremio y del Inter, aprovechando para cubrir otros dos encuentros: Corea – Argelia (22 de junio) y Argentina – Nigeria (25 de junio).  También en Porto Alegre tenemos un partido de Octavos de Final, el 30 de junio, entre el 1º del Grupo G y el 2º del Grupo H. Toque lo que toque, ahí estaremos.

Luego emprenderemos el retorno hacia el norte, para recorrer otras ciudades, meternos alguna que otra vez al mar (?) y llegar con todo a una de las semifinales, en San Pablo (9 de julio). Y unos días más tarde, más precisamente el 13 de julio, nos vamos para Río de Janeiro para seguir la final del Mundial.

Llegamos un día antes, nos vamos un día después. Casi 4.000 kilómetros para recorrer.  Cuatro argentinos, un uruguayo y un montón de putitos haciéndonos el aguante. Ahí nos vemos.

 Podés revivir el #MaM del sorteo, acá:

Publicado en simultáneo con Un Mundial Para En Una Baldosa

Deformaciones: Corea Unificada en el Mundial Sub-20 de 1991

Esta es la historia de dos súper potencias con marcadas distancias ideológicas y de contenido pero con características muy similares en su búsqueda y esencia. Dos entidades con visibles diferencias étnicas y sociopolíticas pero con la misma convicción al momento de generar beneficios para sus bolsillos o para los de sus allegados. ¿Hablamos de Corea del Sur y de Corea del Norte? Para nada. Hablamos de Joao Havelange y de Joseph Blatter

Es que estos dos nobles gerontes, quienes durante 39 años en conjunto rigieron los destinos del fútbol mundial (y el contador sigue sumando), manejaron la FIFA a antojo y con infinidad de decisiones de naturaleza cuanto menos discutible. Por caso, uno de sus últimos berretines consumados: la Corea Unificada que participó del Mundial Sub-20 de Portugal ´91. Pero para entender un poco más este disparate y despropósito, hagamos un poco de historia:

Hace aproximadamente 4600 millones de años se formó el planeta Tierra, donde surgió la vida de diferentes especies en un único continente denominado Pangea. Luego las placas tectónicas se fueron separando hacía su ubicación actual. A la vez, una de las razas más evolucionadas que la habitaban, la humana, fue mostrando diversos cambios sociales, psicológicos y religiosos, entre tantos otros, denominados “evolución”. Ante tanta inestabilidad y con el afán de no enloquecer, diferenciarse y ante la imposibilidad de coexistir en paz, el humano creó infinidad de límites, como los políticos y los geográficos. A raíz de esto, entre los años 1000 y 300 A.C. se formaron los cimientos de lo que a futuro se conocería como Corea, quien vivió bajo el gobierno de diferentes dinastías hasta 1948 cuando, tras mucho derramamiento de sangre, se transformó en dos países independientes: Corea del Norte y Corea del Sur.

Fue, tras enterarse de este cuentito, que la dupla de ancianos comenzó a cranear la unificación de ambos países, todo en nombre de la paz y del Fair Play. Es que pese a las sospechas que todos tienen sobre ellos, los jerercas de FIFA no dejaban de ser humanos y tenían algunos cuantos sueños «amateurs», por ejemplo: un partido de Israel contra Palestina, otro de E.E.U.U contra Irán y, por supuesto, el anhelo de unificar las dos Coreas. Al menos, por un rato…

Como conejillo de indias utilizaron el Mundial Sub – 20, torneo que, precisamente, fue el que elevó a Joseph Blatter en la consideración de todo el mundo y llevó a Joao Havelange a ofrecerle el puesto de Secretario General del organismo en 1981.

Es que el suizo trabajó a destajo para lograr el compromiso de todas las confederaciones; para llevar las trasmisiones por televisión abierta a la mayor cantidad de latitudes; para conseguir contactos políticos y, además, creo en ese campeonato juvenil la denominada “Zona FIFA” que consiste en la unificación de Sponsors, el favoritismo hacía las multinacionales y la similitud estética de las televisaciones. La sensación de: “No estás en ningún país, estas en FIFA”. O sea, ayudó a crearle al mundo una nueva necesidad.

Además, ambos contaron con la complicidad del Presidente de la Federación Surcoreana, Kim Woo-Jung, quien se desvivía por sumar porotos de cara a la votación para la sede del Mundial de 2002. Curiosamente, ambos equipos habían logrado su pasaje a Portugal en el Torneo Asiático de 1990, donde los del Sur habían vencido a los del Norte en la final. Entonces, la unificación de ambos equipos le dio el pasaporte a la Copa del Mundo al tercero del campeonato continental: Siria, donde Havelange y Blatter también tenían intereses a futuro. Se sabe, estos tipos no dan puntada sin hilo…

¿Y desde lo deportivo? Juntaron a ambos planteles en el predio que la AFA coreana posee en el Ezeiza coreano, les hicieron cantar “We Are The World” y de las voces más afinadas (?) salió el plantel definitivo: 15 surcoreanos y apenas 3 del norte, todos al mando de ambos técnicos y bajo una nueva bandera inventada para la ocasión.

Una vez en Lisboa, esta ilógica selección nacida en un escritorio se convirtió en la cenicienta del torneo y logró una impensada clasificación a los Cuartos de Final al vencer a la Argentina de Mostaza Merlo en su debut absoluto (video), luego empatar con Irlanda (1-1) y caer contra el local en el tercer partido de la Primera Fase (0-1).

Finalmente, Brasil hizo justicia y en Cuartos de Final acabó por 5 a 1 con el sueño de la Corea Unificada. Sin embargo, sigue siendo una cucarda que Joseph Blatter saca a relucir cada vez que da alguna charla de liderazgo. No hacía falta. Lo que separó la vida, que nunca jamás lo una la FIFA…

En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y en los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín 2006, Corea del Norte y Corea del Sur volvieron a utilizar la bandera de Corea Unificada pero sólo para desfilar.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Mundial: Más visitantes que nunca

 

El sorteo de la primera tanda de entradas para el Mundial de Brasil no dejó muy contentos a los argentinos, ya que sólo 4493 fueron los beneficiados. Sin embargo, 5 de esas entradas las ligamos nosotros, quienes llevamos adelante esta campaña. Sí, así como leen: cinco. Ya podemos estar hablando de #LaSuerteDeEnUnaBaldosa (?).

Brasil (625.276 entradas)
Estados Unidos (66.646)
Gran Bretaña (22.257)
Alemania (18.019)
Australia (15.401)
Canadá (13.507)
Francia (11.628)
Colombia (11.326)
Suiza (8.082)
Japón (5.021)
Argentina (4.493)

Desde el momento en el que nos anotamos para el sorteo de las entradas, como cualquier hijo de vecino (?), sabíamos que las posibilidades de quedarse con alguna era muy difícil. Es más, ya habíamos ideado el viaje sin los tickets, esperando conseguir alguno de reventa en Brasil o bien obteniendo una acreditación, cosa que tampoco es sencilla, aunque laburemos en los medios.

Hace unos días revisamos nuestros estados de cuenta y ahí caímos en que al menos un par de nosotros habíamos sido ganadores en el sorteo, aunque no sabíamos los detalles . Luego supimos que uno de los partidos era en Porto Alegre, más tarde nos enteramos de que era el match número 20 (a disputarse el 18 de junio) y por último nos enteramos que nos correspondían 5 tickets.

Quizás (y es sólo una especulación) fuimos beneficiados porque, a diferencia de la mayoría, nosotros no elegimos comprar los partidos de Argentina, sino que decidimos hacer la ruta del sur de Brasil, parando en 4 sedes y viendo los partidos que allí se disputen, así sea Bosnia – Irán. Si toca La Selesió, mejor, pero nosotros vamos a ver un mundial, no a ponernos el gorro de arlequín en la cabeza.

De más está avisar que nos vamos a anotar en los próximos sorteos de la FIFA, para ver si ligamos tickets para otros partidos, sobre todo para las instancias decisivas, que son los que más nos interesan.
Por ahora, sólo podemos decir que la campaña es un éxito. Ya teníamos los pasajes, ahora tenemos las entradas. Sólo nos falta que nos reciba un brasuca en la casa para que nos haga sentir más visitantes que nunca (?).

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Em Uma Lajota: Javier Castrilli

Querían comprobarlo en carne propia. Si no otra explicación a esto no le cabría… Desde su aparición como árbitro de Primera División en 1991, Javier Castrilli dividió las aguas como nunca antes lo había hecho nadie en el referato y así cosechó alabanzas y desprecio en cantidades equitativas.

Su particular estilo –que incluía infracciones al mínimo contacto, incontinencia al revoleo de tarjetas y un rostro imperturbable con una expresión rayana a lo siniestro, sumado a unos cabellos peinados a la gomina como los guapos de los años treinta- lo convirtió en un real e ineludible protagonista de nuestro fútbol. Y ese hecho hizo que su razón de ser sea una paradójica contradicción…

Para algunos, al Sheriff se lo había manyado el personaje. Para otros, era la necesaria encarnación de la igualdad que no diferenciaba entre ricos y pobres al momento de decidir justicia. “Quiero un país con más Javier Castrilli”, decía Sanguchito Neustadt desde Tiempo Nuevo. Para completar, tenía en Francisco Lamolina a su Joker y en Fabián Madorrán a su Robin. Y cuando se llega a eso, es por que ya dejaste de ser simplemente famoso para transformarte en toda una referencia…

Entonces, en abril de 1998, los dirigentes de la Federación Paulista solicitaron de sus supuestos intachables servicios para el decisivo partido de vuelta por la Semifinal del Campeonato de aquel Estado entre Portuguesa y Corinthians, quienes habían igualado 1 a 1 en el primer cotejo, siendo local El Timao.

Desde la AFA no pusieron ningún reparo al pedido y enviaron al Sheriff con moño incluido, valiéndose del supuesto roce internacional para el árbitro nacional designado para el Mundial de Francia. Pero la realidad era otra. A esa altura Castrilli molestaba, tenía cada vez más impugnaciones, su personaje ya no causaba simpatía y era un secreto a voces que tras el Mundial se retiraba. O lo retiraban. “¿Los brasileños quieren Castrilli? Los brasileños tendrán Castrilli” se cruzó por la mente de Julio Humberto mientras con una mano intentaba taparse la risa…

 

Y así, el 26 de abril de 1998, Portuguesa y Corinthians salieron a la cancha en medio de un verdadero clima bélico. Aunque todos los ojos apuntaban a Javier Alberto Castrilli, el único y real protagonista de la velada. Es que aunque todos aplaudan a los macacos la verdadera estrella siempre será el domador (?).

Portuguesa, necesitado sí o sí de la victoria, arrancó con todo y promediando el primer tiempo Ailton decretó el 1 a 0. Claro que en el inicio de la jugada hubo un off side de más de dos metros, pero eso no es sino un detalle (?). Así terminó el primer tiempo…

Ya en la reanudación y en ocasión de un corner, el capitán de Portuguesa, Evair (aquel ídolo de Palmeiras) le hizo una caricia mínima a un jugador del Corinthians y Castrilli ni lo dudó: penal. El estupor ya recorría tanto a beneficiados como a damnificados. Era un contacto común y corriente y la pelota iba hacía otro lado… a Marcelinho Carioca esto le importó bastante poco, ejecutó la pena y marcó el empate transitorio.

Pero eso no es todo. Cerca del final, Da Silva encontró un rebote luego de un tiro libre y marcó el 2 a 1 para Portuguesa, que se acercaba nuevamente a la gran final… Ah, Da Silva estaba claramente adelantado cuando convirtió su gol.

Los jugadores, a todo esto, se peleaban para ver quien era el más choreado. Además, El Sheriff hizo su mejor gracia y expulsó a Marcelinho Carioca del Timao y a Alex y Carlinhos del Lusa. Todos ellos por faltas menores. Un Castrilli auténtico…

La frutilla del postre ocurrió cerca del final. Inexplicablemente, Condorito El Sheriff adicionó ¡12 minutos! Y en la última jugada, un centro de Corinthians dio en la rodilla y luego en el pecho de César de Portuguesa y Castrilli no se pudo aguantar: penal para El Timao y roja para el defensor. Tras las protestas de rigor y ante un Brasil petrificado por lo que había acontecido, Freddy Rincón convirtió la pena y, con ello, Corinthians se metió en la final y Castrilli dejó su marca imborable en el corazón del Fútbol Brasilero.
http://youtu.be/9V1sbO857qY

Tras el partido, todas las voces se hicieron eco y fue tan claro lo que había sucedido que hasta Vanderlei Luxemburgo, técnico del equipo ganador, manifestó: “El referí no tuvo una buena actuación. Creo que perjudicó a Portuguesa”. El jugador que marcó aquella última falta, César, sólo declaró tres palabras: “Matar o argentino”. El Presidente de la Federación Paulista, Eduardo Farah, señaló: “La actuación del árbitro fue trágica y estamos analizando jugar de nuevo el partido”.

Además, la Federación Paulista pidió su impugnación como árbitro mundialista, cosa que finalmente no se aceptó. Aquel acontecimiento quedó grabado a fuego en el fútbol Paulista como “La Mano de Castrilli” y está catalogado en el Top Five de los máximos robos de toda la historia del fútbol brasilero.

¿Si fue un robo lo de aquella noche? Nunca lo sabremos (?). Aunque podemos señalar que un choreo futbolístico va aparejado de un bolso con dinero y eso sería poco premio para el instinto de un cultor del caos por el caos mismo. Javier Alberto Castrilli, un reflejo de una época. Un tipo que deberá tener su propio capítulo cuando se haga la enciclopedia definitiva de la década del noventa…