
La historia de los arqueros de ocasión le tenía guardado un lugar de privilegio al casi nunca bien valorado Ricardo Ciciliano, que a partir de ese momento épico pasó a ser ídolo de la parcialidad de Millonarios.
El 18 de noviembre de 2006, el equipo azul se enfrentó al Deportivo Independiente Medellín, en el Campín de Bogotá, en un encuentro correspondiente al cuadrangular final del fútbol colombiano.
A los 29 minutos del segundo tiempo, el reconocido portero Juan Carlos Henao tuvo que retirarse del campo de juego por calambres en las piernas. Lo reemplazó su suplente, José Fernando Cuadrado, que tres minutos más tarde sería amonestado por demorar el juego (ganaban 1 a 0). Eso no sería todo, ya que a menos de 10 minutos del final, Cuadrado se resbaló al realizar un saque y tuvo tanta mala fortuna que le regaló la pelota a César Valoyes, un jugador rival. Para subsanar el error lo tuvo que bajar dentro del área, evitando así el empate del DIM.
El árbitro Alberto Duque lo expulsó y sancionó penal. Demasiado para Millonarios, que ya no contaba con arqueros. Ahí fue cuando apareció la figura del mediocampista Ciciliano, que silenciosamente se puso el buzo celeste, enfundó sus manos y con una volada hacia su derecha detuvo el disparo de Jaime Castrillón. Ídolo, para siempre.
Juan Pordiosero (Gracias Bestiario)