Hugo Martín Asencio (El Principito)
Cualquiera que haya terminado el colegio secundario sabe que la mecánica emocional para todos es básicamente la misma: uno arranca con todos los ánimos y las ilusiones del mundo –en el afán de contraer nuevos conocimientos, experiencias y minitas– y luego, aburrido anque apabullado por el tiempo, los profesores y la rutina, termina llegando con los últimos resabios de su cerebro para finalmente acabar -junto a tipos que en el 90 % de los casos no soportás y a quienes no volverás a ver en tu vida- abrazado en Grisú y repitiendo cual idiota: “Bariló, Bariló… Nos vamo´ a Bariló” aunque, paradójicamente, ya te encuentres en la propia ciudad.
El camino inverso, claro, es el que hizo Hugo Martín Asencio (02/02/1982). Barilochense de nacimiento, allá por fines de 1999 llamó la atención del Diario deportivo Olé por ser el único neuquino rionegrino de todas las divisiones inferiores de AFA. Y por supuesto, también le hizo el examen pedagógico: “Arranqué en Martín Guemes de mi ciudad y después pasé por la Academia Duchini. Me dijeron de una prueba en River y vine. Cuando me dijeron que había quedado no lo podía creer. Ahora tengo que estar un día arriba del micro para ver a mi familia. En Bariloche no se le da bola al fútbol, además a los jóvenes de allá lo único que les interesa es la joda”, declaró dejando en evidencia su condición de oreja del curso (?).
En febrero de 2001, El Tolo Gallego le dio la gran chance de debutar en la Primera del Millonario. Y como para demostrar que este enganche o mediapunta había arrancado su carrera a todo gas, no en cualquier partido, sino que nada más y nada menos en el Superclásico de verano en Mendoza. River perdió 1 a 0 contra Boca con un gol del Pollo Esteban Herrera y Asencio entró a los 68 minutos por El Hachita Daniel Ludueña. Además, nuestro pupilo se dio el gusto de errar dos goles casi hechos, dándole, probablemente, la chance a Cavenaghi de ir al banco de suplentes en el recordado debut del Torito frente a Estudiantes (6 a 2) cuatro días después.
Tras dos años y medio esperando en vano su debut oficial con El Manto Sagrado y cansado de traerle chocolates y fotos con el perro San Bernardo al resto del plantel, El Principito supo que se iba a tener que esmerar en sus tareas y aceptó pasar a préstamo a Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay del Nacional B (2003/04), donde metió 18 partidos y descendió al Argentino A. Después, pasó por el rectorado de River Plate, donde quedó libre por amonestaciones. Ya no era considerado un prodigio…
En ese duro momento apareció en su vida Omar Labruna, quien lo conocía de su paso por Núñez, y se lo llevó primero a Huracán (2004/05, Nacional B, 27 partidos y 3 goles) y luego a Olimpo (2005/06), donde Asencio, por fin, debutó de manera oficial en la primera victoria del Aurinegro sobre River en Bahía Blanca (2 a 1). Al cabo de una temporada, disputó 15 encuentros (14 como suplente), convirtió 1 gol (a Colón) y descendió (al Nacional B).
Después de ese mal trago, otra vez Omar Labruna, ya casi su profesor particular, lo agarró como a una cometa y se lo llevó al Deportivo Cali de Colombia (2006), donde a los pocos meses fue aplazado y separado del plantel por sus bajos rendimientos. Ya sin ganas de quemarse las pestañas, Asencio apenas dio el presente por Los Andes (2007/08), Central Córdoba de Santiago del Estero (2008/09) y Defensores de Belgrano (2009) de categorías del ascenso.
En 2010 y ya con 28 pirulos, El Principito sintió que ya no debía rendirle exámenes a nadie y se volvió a su ciudad natal para jugar tanto en Cruz del Sur (2010/13) como en Estudiantes Unidos (2013), tras lo cual se retiró del fútbol, se fue a vivir a Chile donde puso una escuela de fútbol y se sacó una cuenta de Twitter para utilizar en los recreos.
Claro, el hecho de mandar mensajes sin arrobar tanto a estrellas internacionales como a clubes capitalinos, dieron las claras que El Principito todavía debía alguna materia. Por tal razón, a mediados de 2014 volvió a la actividad en Cruz del Sur para jugar el Torneo Argentino B, pero se fue luego de no ver minutos de acción durante el torneo.
Y ahí si, por fin, nuestro querido Martín Asencio se recibió de baldosero y pasó a buscar su diploma de honor como uno de los más altos promedios del curso. Aplauso, medalla y beso. Enhorabuena. ¿A dónde van los barilochenses cuando egresan?
























