Sevilla de blanco. Argentina con una extraña camiseta celeste. Así se vistieron el 1º de abril de 1976, para disputar un amistoso internacional ante 20 mil personas, en el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán.
La selección nacional, dirigida por César Luis Menotti, alineó a Gatti; Olguín, Carrascosa, Killer y Tarantini; Gallego, Ardiles y Bochini; Houseman, Luque (Ludueña) y Kempes (Scotta).
Los locales, mientras tanto, salieron a la cancha con Gustavo Fernández; Juanito (Sanjosé), Gallego (Blanco), Pulido e Hita; Rivas, Lorant y Rubio (Villalba); Lora (Martínez), Módigo (Cantudo) y Duda.
Con gran actuación de ambos arqueros, el match terminó igualado en 0 y de esa manera los argentinos culminarían su gira europea. A su regreso, los esperaría un país recientemente tomado por los militares.
Cordobés de pura cepa y surgido en las inferiores de Belgrano… o sea, traducido del lenguaje guaso: «promesa de jamás llamar la atención y de luego pasar rápidamente al olvido en beneficio de jugadores buenos, de jugadores mediocres y de jugadores malos, pero siempre de otras latitudes». Karma. Al menos, claro, eso ocurrió con el 90 % de los futbolistas de esa condición que adornaron los planteles del Pirata de Barrio Alberdi en las décadas de los 80, de los 90 y de los 2000. El caso del lateral izquierdo Pablo Tarchini (11/05/1985) es otra prueba testigo de ello.
El pibe hizo sus primeros bolos, aunque sin ser titular ni jugar en los partidos decisivos, en la temporada 2005/06, aquella que finalizó con Belgrano ascendiendo a Primera División tras vencer a Olimpo en la Promoción. Una vez conseguida la proeza, Tarchini vio como Ramaccioti traía una defensa íntegra de jugadores “foráneos”, a saber: Juan José Serrizuela, el peruano José Moisela, el paraguayo Juan Daniel Cáceres y Ricardo Vaselina Rojas.
Por suerte para él, Rama se fue después de la Primera Fecha del Apertura. Sin embargo, al instante llegó Mario Griguol, quien le dio una palmada en la espalda y le dijo al oído que también estaba por debajo de Gastón Turus, Franco Peppino, Diego Novaretti y Miguel Ángel Martínez. Ante tal desolador panorama, a Tarchini no le quedó otra que hacerse la idea de ser un incordioso espectador de aquel equipo que estaba condenado a descender ya desde la primera de las 38 fechas de la temporada.
Su “veranito” en la elite, por así llamarlo, sucedió promediando el Clausura 2007 cuando -durante tres jornadas- tuvo sus doce días de ensueño. Primero estuvo en el banco de suplentes en la derrota por 2 a 0 ante Newell’s en El Gigante de Alberdi. Después, Daniel Primo lo hizo debutar en el heroico empate 3 a 3 contra Racing en El Cilindro, cuando ingresó a los 82 minutos por Ernesto Maceira con la única misión de aguantar los trapos. Finalmente, fue titular en la derrota 0 – 2 ante Argentinos Juniors en El Chateau, donde fue reemplazado a los 57 minutos por El Mellizo Abel Soriano, tras comerse un baile de novela por parte de Gabriel Hauche. Todo eso, claro, amén del glorioso dorsal número 12 que, desde el vamos, le otorgaba un carnet vitalicio al universo baldosero.
Tras el interinato de Jorge Guyón, la llegada de Pancho Ferraro y la consumación del descenso, poco le quedó por hacer a Tarchini más que bajar varias categorías de un plumazo en la búsqueda de algo de aceptación. Por tal razón, pasó por Sportivo Belgrano de San Francisco del Argentino B (2007/08), General Güemes de Rosario de La Frontera del Argentino C (2009) y San Carlos de Noetinger de la Liga Bellvillense de fútbol, donde se encuentra jugando hoy por hoy, cuando Belgrano sí apuesta a algunos pibes de las inferiores.
Y bueno, si Dios no puede manejar el tiempo, ¿por qué lo va a poder hacer Tarchini?
Poseedor de un curioso y original nombre propio que motivó millones de chistes cursis y sin ingenio que lograron que varios hombres adultos queden reducidos a patéticos comediantes infumables hasta en la consideración de nenes de jardín de infantes, el volante zurdo Nilo Sebastián Carretero pasó por el fútbol de Primera División con la seguridad de quien se sabe inolvidable ante los ojos de cualquier lector de Guía de inicio de campeonato.
Nacido en la localidad bonaerense de Trenque Lauquen, Carretero comenzó a jugar en el sugestivo club infantil Las Guasquitas. Con esa mancha en su currículo (?) y convertido casi en una pueblerina celebridad, jugó el Torneo Argentino C para los clubes locales Atlético (2005) y Barrio Alegre (2006). Su prometedor paso por aquella categoría motivó a los dirigentes de Sarmiento de Junín, quienes adquirieron su ficha para la temporada 2006/07 de la Primera B Metropolitana.
A mediados de 2007 y con la certeza de haber encontrado un nuevo Rodrigo Palacio, los dirigentes de Banfield compraron su pase, se prendieron un pucho y se pusieron a fantasear con la guita que iban a sacar por su venta cuando Carretero explotara, cosa que por supuesto jamás ocurrió. El Chocho Llop lo hizo debutar por la primera fecha del Apertura 2007, cuando El Taladro cayó por 3 a 0 ante Estudiantes de La Plata en condición de local. Nilo ingresó a los 78 minutos por Javier Villarreal y, según las crónicas periodísticas, prácticamente ni la tocó.
Nuestro héroe tuvo que esperar hasta el siguiente torneo para ver algo de acción, más precisamente hasta la cuarta fecha del Clausura 2008, cuando ingresó por Andrés Díaz en el entretiempo del partido que Banfield perdió por 3 a 1 ante Arsenal, también como local. Su despedida de Primera División ocurrió al siguiente torneo –Apertura 2008- cuando, otra vez en el Florencio Sola, su equipo cayó derrotado ante San Lorenzo por 3 a 1 y él ingresó a los 68 minutos por Pablo Vergara. Números finales de Nilo Carretero en El Taladro: 3 derrotas como local en 3 partidos de 3 torneos diferentes donde su equipo se comió 3 goles. Jugame al 3333 en Nacional y Provincia nocturna y bajamelá.
Sin ser tenido en cuenta por Jorge Burruchaga, los popes de Banfield comenzaron a ceder al bueno de Nilo a clubes del Nacional B con ansias que su inversión se recupere por generación espontánea. Un semestre en Quilmes (2009), otro en Aldosivi (2009), otro en Tiro Federal (2010) y un año en Gimnasia de Jujuy (2010/11). Sin dejar de ser una promesa, Carretero pasó a préstamo al Deportivo Quito (2011), donde apenas participó de aquel equipo de Carlos Ischia que ganó el torneo ecuatoriano
A comienzos de 2012, el volante consiguió otro préstamo semestral, esta vez en Unión La Calera de Chile, donde su particular apellido le jugó una mala pasada y lo convirtió en un jugador poco confiable, aunque inolvidable en los anales del fútbol trasandino, ya que:
Carretero: dícese de todo joven chileno que gusta y hace un culto de vivir de joda. Boliches, bailes, recitales, alcohol, minas, excesos. Todo es válido y está permitido para quien ama “irse de carrete”. Ejemplo: “¿Como vai a poner en el equipo a Nilo, cachai? Si es flor de carretero ese hueon, po…”
No sabemos si ese significado le hace honores a los dotes y valores de Carretero, pero lo concreto es que durante su paso por el fútbol chileno lo único que se esperó de él fue que se quedase dormido o que vomitara en el medio de un partido. Además, y al igual que en nuestro país, la sola mención de su apellido iba acompañada de chistes y risitas.
En julio de 2012 volvió al lugar que vio su mejor versión: Sarmiento de Junín, donde llegó con una lesión en el quinto metatarsiano del pie izquierdo ocurrida en Chile. Pensando en una rápida vuelta a las canchas, Carretero se sometió a una operación donde le extrajeron hueso de la tibia para ubicarlo en el lugar de la dolencia. Tras un año y medio intentando regresar, a fines de 2013 decidió anunciar su retiro por no poder realizar actividades físicas sin sufrir dolores casi inhumanos. Fue peor el remedio que la enfermedad.
Lo curioso es que durante aquel último periodo en Junín, Carretero conoció a La Cabra Héctor Bracamonte, con quien compuso una canción en honor al Indio Solari en el tiempo que ambos compartían viendo quien estaba más roto (?). Tiemblan Lennon y Mc Cartney.
Hoy, con 29 años, Nilo Carretero es técnico de la reserva de Sarmiento de Junín y aguarda la destitución de Sergio Lippi para llegar al cargo más grosso que hay en el fútbol: Técnico Interino… ¡Adelante, Nilo! ¡Te esperamos!
El equipo mendocino realizó una gran campaña en el Clausura 2002 del Nacional B, a pesar de los problemas económicos que jaqueaban a la institución. Tan grave era el asunto que llegó a presentarse con una camiseta sin marca ni sponsor durante casi todo el torneo. ¿Y la suplente de ese modelo? Un color típico de la época: el gris. Por lo menos, en un momento apareció CTI Movil para aportar unos pesos.
Lucen esa casaca alternativa, acompañada con pantalones blancos y medias negras marca adidas: Torresi, Daniel Peinado, Rafael Iglesias, Torrico, Alejandro Abaurre y Nasta (parados). Pablo Páez, De la Vega, Canedo, Caiafa y Azcurra (agachados). Godoy Cruz realizó una digna tarea aquella temporada, aunque la indumentaria nunca estuvo a la altura.
Sí, señor. Estamos cumpliendo once años, pero esta vez no nos vamos a poner sensibles (?), por lo tanto decidimos armar nuestro 11 ideal, con jugadores que han hecho historia en este sitio.
Los amigos de Paladar Negro (muy recomendable, si es que ya no lo conocías) armaron esta gráfica con nuestra formación, que incluye suplentes, DT y ayudante. Un lujo.
Por supuesto que hay muchos más baldoseros, así que te invitamos a que nos des tu propio equipo. Pensamos robar con esto toda la semana, así que tenés tiempo. Te leémos, putito.