Under Ladrón: Jorge Herrera

Jorge Enrique Herrera (El Mono)

Para ser colombiano y rubio, tenés que ser crack. O al menos tener el peinado del Pibe Valderrama. No es el caso de Jorge Herrera, alias El Mono, un bogotano nacido en 1980, que desde muy pequeño tuvo bien en claro su vocación: ¿ser futbolista? No, ser torero (?).

«Siempre acompañábamos a mi padre a la corridas de toros y en una ocasión, en Florencia, cuando él estaba toreando, uno de estos animales le pegó una cornada muy fuerte y eso fue un trauma para mí que me alejó de los toros. De pequeño siempre soñaba con ser torero, tuve mi traje y todo lo necesario para aprender este oficio, pero a raíz del accidente de mi papá, dije no a los toros», declaró alguna vez.

Ya con la pelota en los pies, se formó en el club Fair Play (de ahí salieron Falcao y Álvarez Balanta), para luego pasar a equipos de Primera División, como Independiente Santa Fe (2001 a 2003), Atlético Nacional (2003) y Deportes Quindío (2004), instituciones que le dieron rodaje en la mitad de la cancha, para pegar el salto al exterior.

A mediados de 2004 desembarcó en Parque Patricios para sumarse a una prueba en Huracán, junto a otros dos compatriotas. El técnico Omar Labruna sólo se entusiasmó con las condiciones de Herrera, al que apodaban Mono como a aquel delantero con el mismo apellido que había pasado por Argentinos Juniors. Este Herrera jugaba de volante por derecha, aunque en el Globo llegó a usar el número 2.

Su debut se produjo en el Ducó, cuando ingresó por Mauro Milano en la victoria 4 a 1 sobre Racing de Córdoba. Pisó la cancha a los 31 minutos del segundo tiempo y a los 36′ lo expulsaron. Sí, sólo duró 5 minutos en la cancha. Suficiente para ganarse este homenaje. Y para que el DT lo freezara, obvio.

Al año siguiente, volvió a tener una chance en un partido ante San Martín de Mendoza, pero ya con el Turco Mohamed sentado en el banco. Es más, fue titular en una de las finales por el segundo ascenso, ante Gimnasia de Jujuy.

Su último match fue en la Promoción ante Instituto, en Córdoba. Jugó los 90 minutos, pero no pudo hacer nada para evitar la derrota. Momento de marchar y hacer una análisis sobre su experiencia: «Los argentinos sienten el fútbol de una manera increíble, allá cada compromiso se vive a muerte en el campo de juego y en las tribunas».

Tras regresar a su país para actuar brevemente en Millonarios (2005/06), pasó por Guaraní de Paraguay (2007) y luego encontró su lugar en el mundo, bien alejado de las exigencias del fútbol híper profesional: la USL, una categoría bien profunda del fútbol norteamericano. ¿El equipo? Charlotte Eagles, donde jugó más de 100 partidos y anotó varios goles, entre 2007 y 2012.

En 2012, el Mono volvió a Colombia y se puso la camiseta del Atlético Huila en un puñado de encuentros, pero al año siguiente retornó al Charlotte Eagles (2013/04) para seguir jugando en buen nivel y ganándose el cariño de la gente. Tanto es así que los dueños de la franquicia mandaron al equipo a la Premier Development League (Cuarta División), pero al Mono lo dejaron en el Charlotte Independence (2015), que vendría a ser el mismo equipo, pero en Tercera.

Todo este quilombo porque no pudo cumplir su sueño de chico. Y ya sabemos que para ser torero, hay que poner el alma en el ruedo, no importa lo que se venga, pa que sepas que te quiero como un buen torero, me juego la vida por tí (?).

Shimizu S-Pulse 0 – River 1 (2007)

El Shimizu S-Pulse, mejor conocido como el 清水エスパルス (?), es un equipo de futbol japonés que se fundó en 1991 y que durante su corta vida ha vivido a la sombra del Júbilo Iwata, el otro team de la prefectura de Shizuoka, que ganó varios títulos nacionales e internacionales, incluida la Suruga Bank, esa que lo hizo minimamente conocido en la Argentina en 2011.

A pesar de no tener la fama de su vecino, el Shimizu S-Pulse se convirtió, en 2007, en el primer equipo de Japón en ser invitado a la Peace Cup, un torneo de caracter amistoso que tradicionalmente se disputa en Corea del Sur.

Los asiáticos debutaron con una derrota 2 a 0 ante el Lyon de Francia y cerraron su participación en el grupo B, con una caída 1 a 0 ante el Reading inglés. ¿En el medio? Se enfrentaron al River de Daniel Passarella y cayeron 1 a 0, con gol de Matías Abelairas.

Sobre el final del match, se fue expulsado Danilo Gerlo y el arquero Juan Marcelo Ojeda sacó un tiro libre que pudo haber sido el empate.

Bonilla Breyner

Breyner Bonilla Montaño

Apenas tres partidos le bastaron a Breyner Bonilla para ganarse un lugar en la historia negra del fútbol argentino. A mediados de 2009, Boca Juniors creyó encontrar en este moreno espigado categoría ’86, de presunto buen juego aéreo y con llegada al gol al que apodaban Caballo, al sucesor ideal de Juan Forlín, que dejaba un hueco importante en la zaga central tras su partida al Espanyol de Barcelona.

Y no era para menos, el colombiano, que acreditaba pasos por el Depor Jamundi (2006/07) y Atlético Bucaramanga (2008/09) y que venía con un título de técnico en mantenimiento de computadoras bajo el lomo, llegó a la Ribera por recomendación de Jorge Bermúdez, con el aval de Carlos Bianchi y la ilusión de convertirse en el nuevo Patrón del mal que pusiera un poco de orden en la defensa del equipo dirigido por Alfio Basile, que se desmoronaba domingo a domingo.

Pero para el Coco, el morocho todavía no estaba listo para la Primera y, pese a la insistencia del Virrey para que lo tuviera en cuenta, lo mandó a la Reserva de Abel Alves. Allí, Bonilla tuvo algunos momentos interesantes y fue parte del grupo que se terminó quedando con el título de Tercera al final de la temporada.

La oportunidad de debutar, al menos extraoficialmente, le llegó en el verano de 2010, nada menos que en el clásico ante River, tras la renuncia de Basile, cuando Alves se hizo cargo del plantel profesional y lo llamó de urgencia ante la falta de defensores centrales. Si bien el Millonario se quedó con el triunfo por penales, Bonilla redondeó un partido correcto y comenzó a abrirse paso en la lucha por un lugar entre los grandes.

Curiosamente, el estreno por los puntos también fue en un Superclásico: aquel que debió suspenderse a los pocos minutos por un fuerte temporal y que se completó entresemana, en el que Alves no tuvo otra que poner a Bonilla y el brasileño Luiz Alberto en la zaga titular y que Boca venció por 2 a 0 con goles del chileno Gary Medel, que luego se iría expulsado.

«Este ha sido el partido de mi vida. Pero me faltó algo con lo que siempre sueño: marcar un gol. Nunca me imaginé jugar un Superclásico ni jugar en Boca. Las cosas se han ido dando bien, jugar en un equipo como Boca, con la hinchada que tiene, es muy gratificante», tiró el morocho después de que fuera ovacionado cuando salió lesionado a 30 minutos del final. Un puñado de semanas atrás, Carlos Bianchi lo había frenado cuando tenía casi todo arreglado para sumarse a Quilmes.

Recuperado de la contractura que lo marginó del encuentro siguiente ante Chacarita (victoria funebrera por 4 a 1), el oriundo de Cali regresó a la titularidad ante Rosario Central, en una derrota por 2 a 1 por la fecha 12, en la que su rendimiento dejó bastante que desear.

La despedida llegaría unos días más tarde, ante Colón de Santa Fe, en el Cementerio de los elefantes. Esa noche perdió marcas, dejó huecos kilométricos, se cansó de mirarles el número a los delanteros del Sabalero y cerca del final coronó una noche negra con una expulsión por un planchazo a la figura del encuentro, Facundo Bertoglio, por el que recibió dos fechas de suspensión. Pero el tema no terminó ahí: en el túnel, Eduardo Coudet, enajenado, intentó agredirlo, pero fue agarrado a tiempo por los jugadores de Boca.

Días después, ante las cámaras de televisión y entre lágrimas, Bonilla denunció al Bichi Fuertes por haberle dicho “negro de mierda”. En su defensa, el 9 de Colón alegó que solamente le dijo “ahora te voy a agarrar y te voy a romper todo”. Premio Nobel de la Paz.

Lejos de Argentina, a mediados de 2010, el colombiano continuó su carrera en el fútbol peruano con los colores del Sporting Cristal, donde se presentó una vez más como “un jugador rápido, veloz, de buen juego aéreo, mucho gol y un líder en el equipo”. Puede ser que la gran mayoría de esas condiciones tampoco se hayan visto en Perú, excepto una: el gol. Dijo que con la camiseta celeste se le iba a abrir el arco y vaya si cumplió: metió dos golazos inexplicables en contra.

“Un autogol lo convierte cualquier jugador en el mundo. A Puyol le ha pasado infinidad de veces y es uno de los mejores defensas que existen. Uno a veces por apresurado comete errores, luego te das cuenta que podrías haber hecho otra cosa”, comentó en un extrañísimo descargo.

Sin mucho más que hacer en el exterior, regresó a su tierra natal. Desde entonces, no le ha ido mal. En 2011 defendió los colores del Cúcuta Deportivo (llegó para reemplazar al baldosero Pedro Portocarrero) y desde 2012 juega en el Deportes Tolima, donde sigue escribiendo las páginas de su propia novela. Negra, claro.

Barros Schelotto a Godoy Cruz (2008)

El fragmento del programa El Nacional da cuenta de una situación insólita que se produjo en 2008, cuando Godoy Cruz Antonio Tomba inscribió a Guillermo Barros Schelotto para disputar el torneo de la B Nacional.

El mellizo había abandonado Boca Juniors el año anterior y recién estaba contando billetes iniciando su contrato en el Columbus Crew de los Estados Unidos, por eso interpretaba como una falta de respeto que los dirigentes mendocinos lo hubiesen anotado, sin siquiera avisarle. José Manzur, el gerenciador del Bodeguero, se lavaba las manos diciendo que la oportunidad se la había acercado una agencia de publicidad internacional (?) y que no tenían manera de comunicarse con el jugador.

¿Qué respondió Guillermo? «Los de Godoy Cruz no tienen seriedad, ahora entiendo por qué se fueron a la B». Sin anestesia.

A todo esto, el Checho Batista, técnico de Godoy Cruz, estaba preocupado por las aspiraciones y la dureza de Chacarita. Después los malos somos nosotros.

Gracias a Gastorino