
El pibe Rubén Bruno convierte el gol de la victoria 1 a 0 ante Argentinos Juniors, en Liniers, dándole un título a River después de 18 años de sequía. Agosto de 1975.

El pibe Rubén Bruno convierte el gol de la victoria 1 a 0 ante Argentinos Juniors, en Liniers, dándole un título a River después de 18 años de sequía. Agosto de 1975.

Breyner Bonilla Montaño
Apenas tres partidos le bastaron a Breyner Bonilla para ganarse un lugar en la historia negra del fútbol argentino. A mediados de 2009, Boca Juniors creyó encontrar en este moreno espigado categoría ’86, de presunto buen juego aéreo y con llegada al gol al que apodaban Caballo, al sucesor ideal de Juan Forlín, que dejaba un hueco importante en la zaga central tras su partida al Espanyol de Barcelona.
Y no era para menos, el colombiano, que acreditaba pasos por el Depor Jamundi (2006/07) y Atlético Bucaramanga (2008/09) y que venía con un título de técnico en mantenimiento de computadoras bajo el lomo, llegó a la Ribera por recomendación de Jorge Bermúdez, con el aval de Carlos Bianchi y la ilusión de convertirse en el nuevo Patrón del mal que pusiera un poco de orden en la defensa del equipo dirigido por Alfio Basile, que se desmoronaba domingo a domingo.
Pero para el Coco, el morocho todavía no estaba listo para la Primera y, pese a la insistencia del Virrey para que lo tuviera en cuenta, lo mandó a la Reserva de Abel Alves. Allí, Bonilla tuvo algunos momentos interesantes y fue parte del grupo que se terminó quedando con el título de Tercera al final de la temporada.
La oportunidad de debutar, al menos extraoficialmente, le llegó en el verano de 2010, nada menos que en el clásico ante River, tras la renuncia de Basile, cuando Alves se hizo cargo del plantel profesional y lo llamó de urgencia ante la falta de defensores centrales. Si bien el Millonario se quedó con el triunfo por penales, Bonilla redondeó un partido correcto y comenzó a abrirse paso en la lucha por un lugar entre los grandes.
Curiosamente, el estreno por los puntos también fue en un Superclásico: aquel que debió suspenderse a los pocos minutos por un fuerte temporal y que se completó entresemana, en el que Alves no tuvo otra que poner a Bonilla y el brasileño Luiz Alberto en la zaga titular y que Boca venció por 2 a 0 con goles del chileno Gary Medel, que luego se iría expulsado.
«Este ha sido el partido de mi vida. Pero me faltó algo con lo que siempre sueño: marcar un gol. Nunca me imaginé jugar un Superclásico ni jugar en Boca. Las cosas se han ido dando bien, jugar en un equipo como Boca, con la hinchada que tiene, es muy gratificante», tiró el morocho después de que fuera ovacionado cuando salió lesionado a 30 minutos del final. Un puñado de semanas atrás, Carlos Bianchi lo había frenado cuando tenía casi todo arreglado para sumarse a Quilmes.
Recuperado de la contractura que lo marginó del encuentro siguiente ante Chacarita (victoria funebrera por 4 a 1), el oriundo de Cali regresó a la titularidad ante Rosario Central, en una derrota por 2 a 1 por la fecha 12, en la que su rendimiento dejó bastante que desear.
La despedida llegaría unos días más tarde, ante Colón de Santa Fe, en el Cementerio de los elefantes. Esa noche perdió marcas, dejó huecos kilométricos, se cansó de mirarles el número a los delanteros del Sabalero y cerca del final coronó una noche negra con una expulsión por un planchazo a la figura del encuentro, Facundo Bertoglio, por el que recibió dos fechas de suspensión. Pero el tema no terminó ahí: en el túnel, Eduardo Coudet, enajenado, intentó agredirlo, pero fue agarrado a tiempo por los jugadores de Boca.
Días después, ante las cámaras de televisión y entre lágrimas, Bonilla denunció al Bichi Fuertes por haberle dicho “negro de mierda”. En su defensa, el 9 de Colón alegó que solamente le dijo “ahora te voy a agarrar y te voy a romper todo”. Premio Nobel de la Paz.
Lejos de Argentina, a mediados de 2010, el colombiano continuó su carrera en el fútbol peruano con los colores del Sporting Cristal, donde se presentó una vez más como “un jugador rápido, veloz, de buen juego aéreo, mucho gol y un líder en el equipo”. Puede ser que la gran mayoría de esas condiciones tampoco se hayan visto en Perú, excepto una: el gol. Dijo que con la camiseta celeste se le iba a abrir el arco y vaya si cumplió: metió dos golazos inexplicables en contra.
“Un autogol lo convierte cualquier jugador en el mundo. A Puyol le ha pasado infinidad de veces y es uno de los mejores defensas que existen. Uno a veces por apresurado comete errores, luego te das cuenta que podrías haber hecho otra cosa”, comentó en un extrañísimo descargo.
Sin mucho más que hacer en el exterior, regresó a su tierra natal. Desde entonces, no le ha ido mal. En 2011 defendió los colores del Cúcuta Deportivo (llegó para reemplazar al baldosero Pedro Portocarrero) y desde 2012 juega en el Deportes Tolima, donde sigue escribiendo las páginas de su propia novela. Negra, claro.
El fragmento del programa El Nacional da cuenta de una situación insólita que se produjo en 2008, cuando Godoy Cruz Antonio Tomba inscribió a Guillermo Barros Schelotto para disputar el torneo de la B Nacional.
El mellizo había abandonado Boca Juniors el año anterior y recién estaba contando billetes iniciando su contrato en el Columbus Crew de los Estados Unidos, por eso interpretaba como una falta de respeto que los dirigentes mendocinos lo hubiesen anotado, sin siquiera avisarle. José Manzur, el gerenciador del Bodeguero, se lavaba las manos diciendo que la oportunidad se la había acercado una agencia de publicidad internacional (?) y que no tenían manera de comunicarse con el jugador.
¿Qué respondió Guillermo? «Los de Godoy Cruz no tienen seriedad, ahora entiendo por qué se fueron a la B». Sin anestesia.
A todo esto, el Checho Batista, técnico de Godoy Cruz, estaba preocupado por las aspiraciones y la dureza de Chacarita. Después los malos somos nosotros.
Gracias a Gastorino
El final de la gira europea realizada por Boca a fines de 1953 y principios de 1954 lo encontró en España, disputando un amistoso frente al Atlético de Madrid la fría tarde del 3 de enero de ese año. Los Xeneizes salieron a la cancha con Musimessi; Colman, Edwards; Lombardo, Mouriño, Pescia; Navarro, Gil, Fernández Real, Vairo y Herminio González.
Las crónicas de la época comentan que se trató de un espectáculo vibrante debido a los cambios en el marcador. A los 10 minutos del juego ya ganaba el Atlético (gol de Cuello), y mantuvo esa ventaja hasta los 7’ del segundo tiempo (empate de Vairo). Apenas seis minutos después, Boca dio vuelta el partido, con un tanto de González, y parecía quedarse con el encuentro. Sin embargo, a los 43’ Escudero, de penal, puso el empate definitivo.

Si uno tiene que imaginar a Marcelo Bielsa vestido (no vamos a ser tan hijos de puta de imaginarlo desnudo), no cabe otra posibilidad que imaginarlo en jogging, joggineta, equipo de gimnasia, pantalón de buzo (?) o como quieran decirle. La asociación no es caprichosa. En las últimas décadas, al DT lo hemos visto empilchado de esa manera. Cómodo, deportivo, casi de entrecasa. Aunque claro, existen algunas excepciones que quizás expliquen esta conducta.

No son muchas las imágenes del Loco como futbolista. Algunas pocas en Newell’s, algunas menos en Instituto y Argentino de Rosario. Siempre serio, no muy bien predispuesto a la gilada esta de inmortalizarse (?). De su época de juventud, ha circulado en los medios una foto de los años 70, camisa y saco de solapa ancha, bien de esos años. Como el pelo largo, antes de que llegaran los milicos.
Ya más grande, siendo entrenador de La Lepra, el rosarino llegó a dirigir en camisa, en una inusual muestra de formalidad, que tiraría a la mierda (?) cuando se subió a caballito de uno y exclamó ¡Newell’s, Carajo!
La camisa también la utilizó en su paso por México, pero después ya decididamente se volcó por la ropa deportiva. Remeras, buzos, camperas. Una chomba, a lo sumo, podía ser lo más elegante de Bielsa. Así lo vimos en Vélez, Espanyol, la selección argentina, Chile, Athletic de Bilbao u Olympique de Marsella.

De convicciones firmes, el DT argentino ha llegado a negociar su vestimenta, quedando a mitad de camino entre lo que le gusta a él y lo que el contexto indica. Fue así como pudimos verlo de saco y remera en su presentación oficial como técnico de la Selección, allá por 1998. Y repitió la fórmula en 2011, cuando fue presentado en el Athletic de Bilbao, aunque esa vez prefirió una chomba para usar debajo del saco.

¡Qué tragedia!
Existe, sin embargo, una mancha en el historial informal del Loco. El 14 de noviembre de 1999, el seleccionado argentino jugó un amistoso ante el Espanyol de Barcelona. No era un día más para los Periquitos. Celebraban su centenario (en realidad, cumplirían 100 años en 2000) en el estadio Olímpico de Montjuïc, por eso se vistieron de gala para recibir a los nuestros. Todos, desde el presidente del club, hasta el técnico Miguel Ángel Brindisi. Adentro de la cancha, otros argentinos como Pablo Rotchen, Mauro Navas y el Cholito Posse mostraban la nueva indumentaria blanquiazul.
Esa noche, Marcelo Bielsa no pudo escapar al protocolo y tuvo que trajearse por completo. Fue la única vez que lo vimos con corbata, aunque en un tramo del partido llegó a ponerse la campera del traje. Para colmo, Argentina jugó muy mal, nos embocó Posse, Ortega le pegó una piña a Rotchen y ganó el Espanyol 2 a 0. Y aunque se trataba sólo de un amistoso, fue la excusa perfecta para que Bielsa volviera a la simpleza del jogging.