Lorefice (2014)

Por la 39ª fecha de la Primera B Metropolitana, Atlanta, aún con chances matemáticas de ser campeón en la temporada 2013/14, recibía en Villa Crespo a Los Andes, que luchaba por meterse en el reducido por el segundo ascenso. En partido emotivo, de pierna fuerte y dientes apretados, el Bohemio ganaba por la mínima diferencia cuando, a los 43 minutos del segundo tiempo, el arquero visitante Maximiliano Gagliardo vio la tarjeta roja y dejó a su equipo con uno menos (9 contra 10, ya que antes habían expulsado a un jugador por bando).

El mediocampista Fernando Lorecife ocupó su lugar viendo como pasaban los minutos y el Mil Rayitas no lograban la igualdad, terminando el cotejo 1 a 0 para el local. Para colmo, ya en el descuento, hubo una tercera expulsión en los de Lomas. Por lo menos, él no sufrió ni la más mínima aproximación de peligro a su arco.

Son decisiones: River usando la camiseta suplente ante Boca (1999)

Fueron gloriosos los 90 de River. Años dorados plagados de títulos nacionales e internacionales, ídolos que volvieron en gran nivel, pibes de las inferiores que se consagraron, partidazos inolvidables, varios equipos que se transformaron en pósters, entrenadores que dejaron una huella, el Monumental lleno. Todo lo que un hincha espera de su club, menos una cosa: la superioridad en el clásico. La cuenta pendiente de esa generación.

La racha adversa del Millonario en el superclásico noventoso comenzó en 1991, cuando Boca venció 1 a 0 con un gol de Diego Latorre. A partir de ese día, el Xeneize se impuso de varias maneras en el torneo local y hasta en la Supercopa. Incluso, la tendencia se repetía en los amistosos de verano, donde el conjunto de Núñez pudo ganar 1 partido sobre 10 disputados.

Recién en 1994, el River de Gallego se desquitó ganando los dos encuentros, el del Clausura y el del Apertura, ambos en la Bombonera. Parecía ser el quiebre de la historia negra, pero no.

De los siguientes 9 partidos oficiales de la década, Boca se llevó el triunfo en 6 oportunidades. Algunas veces, de forma categórica, como el 4 a 1 con un triplete de Caniggia. ¿El Millo? Apenas si pudo festejar un heroico empate, luego de ir perdiendo 3 a 0. Era lo que había.

Por aquellos años, los jugadores de River declaraban que preferían salir campeón a ganar el clásico (no por nada, Diego Cocca diría lo mismo años más tarde) y desde la vereda de enfrente chicaneaban con la supuesta falta de huevos en el duelo más importante.

El mensaje, por supuesto, no era esquivado por todos los futbolistas riverplatenses. Tampoco por los dirigentes, que ya no sabían qué hacer para ganar el clásico y callar al rival de toda la vida.

Corría 1998, cuando comenzó a circular el rumor de que River iba a intentar cambiar la racha utilizando su camiseta alternativa. En aquel entonces, la suplente de River era roja, con algunos detalles en blanco. Sin embargo, eso nunca sucedió. Tanto en la caída 3 a 2 del Clausura, como en el 0 a 0 del Apertura, los dirigidos por Ramón Díaz usaron la tradicional casaca de la banda. Y no ganaron, obvio.

Para fines de la década, las cosas parecían cambiar. Boca había salido campeón después de muchos años, de la mano de Carlos Bianchi. Era el momento, entonces, para que los roles se invirtieran y fuera River el que ganara los clásicos.

En enero de 1999, el Xeneize se enfrentó a River en Mar del Plata y le ganó 2 a 1, con goles de Gustavo Barros Schelotto y Basualdo. Eso fue demasiado para el público millonario, que necesitaba hacer algo de forma urgente.

La revancha recién llegaría en marzo de ese año. Partido veraniego, un tanto atrasado y en Mendoza. Fue ahí que la descabellada idea de dejar de lado la banda roja se transformó en realidad.

Esa noche, los del riojano salieron a la cancha con Burgos; Hernán Díaz, Leo Ramos, Berizzo y Sorín; Marcelo Escudero, Astrada, Sergio Berti y Gallardo; Saviola y Juan Antonio Pizzi. ¿El detalle? Los 10 jugadores de campo con la camiseta tricolor. Una prenda que remitía a su viejo uniforme de la época amateur (que además ofició de alternativo en varias épocas), pero que además intentaba sacarse la mufa contra el Xeneize.

El cambio de uniforme, sin embargo, no pudo modificar la historia. Boca terminó ganando 3 a 0, con tres tantos de Martín Palermo. El problema, evidentemente, no era la vestimenta.

Recién en octubre de ese mismo año y con la camiseta de siempre, River pudo ganar 2 a 0 en el Monumental, con goles de Aimar y Ángel. Fue una buena manera de sepultar una década excelente que sólo tuvo una mancha, la de los clásicos. Una que no sale ni cambiando la camiseta.

Unión (VK) con medias del Barcelona y Manchester City (2013)

La Copa Argentina, esa hermosa competición que nos pinta como sociedad: poderosos contra pobres, desigualdad, desorganización, improvisación, incertidumbre y un poco de fuegos artificiales. La amamos desde su regreso, en 2011, porque nos llenó la panza de situaciones bien baldoseras, muchas de ellas relacionadas a la indumentaria, como en este caso.

En marzo de 2013, a Quilmes le tocó enfrentar a Unión de Villa Krause en San Juan, por los 16º de final. Sin sorpresas, el equipo de la categoría superior se imponía 3 a 0, con dos goles de Cauteruccio y uno de Diz, cuando el encuentro se suspendió por incidentes provocados por los hinchas sanjuaninos. Un toque de violencia, para seguir resumiendo el país.

Hasta ahí, nada que no hayamos visto mil veces. El tema es que el match se destacó por otro incidente: antes del arranque, el árbitro se percató de que ambos equipos tenían medias blancas (como los pantalones) y obligó al equipo local a cambiárselas.

El tema es que en la utilería de Unión no había medias de otro color, así que los dirigentes optaron por salir a la calle para comprar algo para zafar. Obviamente, no cayeron en una casa de deportes, donde los pares de medias salen casi como una camiseta (?), sino que eligieron la opción más económica: el bolishopping (?).

Aprovechando una promoción (no Quilmes, obviamente), los de Villa Krause intentaron comprar medias azules del Barcelona para todos los jugadores. Aunque claro, por culpa de la Messimanía (?) no había suficientes en stock, entonces completaron con algunos pares del Manchester City. Y así salieron a la cancha, con medias truchas.

¿Cómo no amar la Copa Argentina?