Ortega a Chaco For Ever (2012)

Ya en el trago tramo final de su carrera, cuando el Betocarranceo parecía no tener fondo, Ariel Ortega recibió ofertas de todo tipo para prolongar innecesariamente su gran trayectoria.

En julio de 2012, después de haber terminado su vínculo con Defensores de Belgrano, varios clubes se interesaron en el Burrito, o al menos se encargaron de tirar bombas de humo para llamar la atención. ¿Algunos de esos equipos? San Martín de Tucumán, Ferro de General Pico, Independiente de Chivilcoy y Plaza Colonia de Uruguay. Pero no fueron los únicos.

El viejo Chaco For Ever, animador del Argentino B, también se anotó en la carrera por contratar a Ortega. Incluso su entrenador, Arsenio Ribeca, se ilusionó con volver a dirigir al jujeño, como ya lo había hecho en Newell’s: «La cancha va a explotar si viene. Voy a intentar convencerlo. Siempre tuve una buena relación con él. Sé que tenía otras ofertas, pero me da la sensación de que podemos llegar a un acuerdo”.

Las negociaciones no pasaron a mayores y, al mes siguiente, Ortega anunció su retiro.

San Lorenzo dorada (2012)

Si hay un equipo que históricamente tuvo una amplia veriedad en cuanto a diseños de camisetas, ese es San Lorenzo de Almagro. Los hinchas del Ciclón se han acostumbrado a ver hasta 4 o 5 casacas diferentes por torneo, sobre todo en los últimos tiempos, a partir del vínculo con Lotto.

A mediados de 2012, la marca italiana llegó al extremo de presentar una camiseta dorada para el Cuervo, cosa que no cayó para nada bien en la nueva dirigencia, encabezada por Marcelo Tinelli. La prenda en cuestión, con detalles en rojo y azul, salió a la venta en varios locales, pero el club de negó a utilizarla. De hecho, el Presidente de San Lorenzo, Matías Lamens, aclaró que nada tenía que ver esa camiseta con la historia del club y que sólo la utilizarían en algún partido de la Copa Argentina, para no generar un conflicto con el proveedor de indumentaria.

Finalmente, la casaca dorada nunca salió a la cancha.

Burella Roque

Roque Germán Burella

Su momento de gloria no lo tuvo de joven. Fue mucho después de compartir equipo con Diego Simeone en las inferiores de Vélez Sarsfield. Ni siquiera lo vivió cuando apareció como un temible goleador en las canchas de la Primera C. Después de cansarse de romper redes en Luján y Leandro N. Alem a principios de los 90’s, dejó los potreros del ascenso para irse a una liga más competitiva.

Pero allí tampoco alcanzaría su clímax. Y eso que no le fue tan mal: en Chile debutó con la camiseta del Provincial Osorno (1995) donde fue entrenado por Cacho Malbernat y disfrutó como compañeros a José Daniel Morón, Mario Vanemerak y Pedro González. Tuvo un correcto desempeño, siendo incluso elegido como el mejor jugador de la 15ª fecha por la prestigiosa revista Don Balón. Pero todavía lo aguardaba algo mejor. Aunque aún faltaban varios años.

En O’Higgins (1996) también alcanzó un aceptable rendimiento personal, jugando al lado del Tata Martino, Walter Paz, Ariel Cozzoni, y Fernando Calcaterra. ¿Buen plantel? El último puesto que condenó el equipo al descenso dice lo contrario. Ya vendrían tiempos mejores.

Definitivamente, para llegar al goce absoluto tenía que triunfar en su país. Y los goles cosechados del otro lado de la cordillera le dieron una gran oportunidad: a los 27 años jugaría por primera vez en la Primera A de Argentina: fueron 12 partidos en Deportivo Español (1998). Convirtió un par de tantos pero no fueron suficientes: el equipo terminó en el fondo de la tabla y descendió de categoría.

Sin embargo, se quedaría en el Gallego en busca de la revancha. Jugó en el Nacional B un par de temporadas, una de ellas con Villa Mitre (1999/00), sin destacarse. Su carrera se había estancado, pero llegaría EL día.

Tantos sacrificios darían su recompensa. Ya retirado, cuando la calvicie le estaba ganando la batalla, llegaría su momento de gloria: mientras residía en España, se tomó una foto con Quique Wolff. El destino quiso que recién ahí su existencia registrara un instante inolvidable, que quedara grabado para siempre. Y, sí: la vida es caprichosa.

Gracias, Beraza

Linda jornada de domingo vivimos en la feria Librarte de Berazategui, con la presentación de El Veraz Del Fútbol, el libro de En Una Baldosa que ya agotó los primeros 500 ejemplares y va camino a la mesa de saldos la segunda tirada. No pregunten tirada de qué (?).

Nuestra charla, en la Sala 1 del Centro de de Convenciones Roberto De Vicenzo, arrancó después de las 19 h y en ella repasamos algunos casos históricos del universo baldosero, que nos llevan a reflexionar sobre la importancia de la lectura. De verdad, no se rían.

Para el final, quedó la venta y firma de de ejemplares, incluso para alguna personalidad destacada de la zona, como el mismísimo intendente de Berazategui, hincha de San Lorenzo, por lo que nos vimos obligados a hacerle una pregunta.

https://twitter.com/jpatriciomussi/status/521456075976237056

¡Gracias a todos los que acompañaron!

El Veraz del Fútbol se consigue en

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– Senillosa 6, Caballito, Buenos Aires.

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Soria Aldo

Aldo Martín Soria

¿Es necesario ganar campeonatos para entrar en la historia grande de un club? Calculamos que no, sino Gimnasia no tendría ídolos (?). Se supone que con ganar algún clásico puede alcanzar. O convirtiendo algún gol importante, que sirva para asegurarse un título o algo así. Y si se dan todas, mejor. Conseguirlo no es difícil: lo verdaderamente complicado es lograrlo… y quedar en el olvido.

Algo así le ocurrió a Aldo Soria, que, a pesar de cumplir con todos estos requisitos, no quedó en la historia de Newell’s por ninguno de ellos. Puso su granito de arena un par de años antes de debutar en Primera División: fue en 1989, cuando el Leproso ingresó en las divisiones inferiores de AFA. El primer rival fue Argentinos Juniors, y en todas las categorías hubo victoria de los rosarinos. El triunfo más notorio fue el de la Quinta División: 6 a 1. ¿Cómo anduvo Soria? Marcó dos goles. Y así, su nombre quedó en los libros.

Luego llegaría lo anecdótico (?): el debut en Primera, su noche de gloria (un gol a Talleres que prácticamente le aseguró el Clausura 1992 a la Lepra), la obtención del mencionado torneo, una victoria en un clásico frente a Rosario Central (jugó en el 1 a 0 de la Copa Centenario). En definitiva, todas pavadas. Soria ya había hecho lo suyo. Y entonces, con 13 partidos jugados y un gol convertido con la camiseta rojinegra, dejó Rosario.

Y así, este delantero empezó a bajar categorías: en la temporada 1993/94 jugó el Nacional B en Deportivo Morón (10 encuentros, un gol). Luego formó parte del Dream Team (?) que armó Social Ramallo (1994/95) en el Torneo del Interior, siendo compañero de Silvio Constantino, Hernán Lisi y Hugo Noremberg. Volvería a jugar el Nacional B con Atlético Tucumán (1996/97, 6 partidos, 2 goles), un equipo que se salvó del descenso gracias a un tanto marcado por Martín Terán, un rugbier.

Sus últimas apariciones fueron en Huracán de San Rafael (en 1998 llegó a jugar el reclasificatorio en busca de una plaza en el Nacional B, pero el Globo quedó eliminado al caer 5 a 2 frente a Chaco For Ever) y posteriormente en el Torneo Argentino B, con las camisetas de Sport Club Pacífico (Mendoza), Atlético Colon (Mendoza) y Central Córdoba (Santiago del Estero). ¿Cómo le fue ahí? Ni idea, pero qué importa. Total, ya estaba en la historia antes de llegar a Primera. Y si hay que vivir de recuerdos, mejor vivir de los mejores.

River 1 – Roma 3 (1994)

La vuelta del Pájaro Caniggia al fútbol luego de la suspensión por doping positivo, fue la excusa perfecta para invitar a la Roma a un torneo de carácter amistoso: la Copa Carlos M*n*m. En el primer partido de esta olvidada competencia, el equipo italiano se enfrentó a River Plate, en el estadio José Amalfitani.

El 9 de mayo de 1994, los de Passarella salieron a la cancha con Sodero; Altamirano, Rivarola, Corti, Lavallen; Lombardi, Almeyda, Claudio Rojas, Villalba (Cocca); Amato y Crespo (Alejandro Ojeda). Los visitantes formaron con Cervone; Festa, Aldair, Lanna, Carboni; Piacentini (Berretta), Cappioli, Mihajlovic (Bonacina), Giannini; Rizzitelli y Caniggia (Scarchilli).

La victoria correspondió a la Roma por 3 a 1 a pesar de que River se puso en ventaja por un gol en contra de Gianluca Festa. En el segundo tiempo, llegaron los tantos de Massimiliano Cappioli, Claudio Caniggia y Alessio Scarchilli. ¿La figura? El árbitro, Javier Castrilli: aunque se trataba de un amistoso, no estuvo menos rigoroso y expulsó a ¡5 jugadores!: Altamirano, Almeyda y Amato en el Millonario; Bonacina y Carboni en el Giallorossi.