
Hernán Gastón Peirone (El Látigo)
Tras el retiro del Beto Alberto Federico Acosta, la hinchada de San Lorenzo vio desfilar una enorme cantidad de delanteros que intentaron, generalmente con muchísima más pena que gloria, hacerse un lugar en la ofensiva del club del Bajo Flores. Así pasaron, entre tantos otros, Ariel Carreño, el Lobo Cordone, Damián Luna, Matías Urbano, Alfredo Guevara, el Toto Cornejo, Rodrigo Astudillo, Román Díaz, Germán Herrera, Juan Manuel Olivera, Ezequiel Lavezzi y Hernán Peirone. Sí, sí, Deportivo En Una Baldosa.
Un hat-trick ante Boca Juniors en el Clausura 2005 elevó justamente a Peirone al status de estrella. Eran épocas complicadas y la irrupción del Látigo, de tan solo 19 años, aparentaba ser la solución a buena parte de los problemas de ataque del Ciclón. «Tiene el gol en el alma», aseguró el violín técnico Héctor Rodolfo Veira tras aquella tarde de gloria en el Nuevo Gasómetro.
Apenas unos meses antes, en la despedida del Apertura 2004, ante Racing, el delantero había convertido su primer triplete. Casualmente ante La Academia, en marzo de ese año, le había tocado debutar oficialmente en una parada brava. Ese día, los de Avellaneda sacaron a pasear a San Lorenzo y lo golearon 4 a 0. Desde entonces y hasta comienzos de 2007, el Látigo disputó 51 partidos con la camiseta del Cuervo y marcó 12 tantos. En el medio, sufrió bastante con las lesiones.
La bomba estalló en marzo de 2007, cuando Peirone fue separado del plantel profesional que dirigía Ramón Díaz por negarse a firmar la renovación de su contrato si antes no le pagaban una deuda originada entre 2005 y 2006. Luego de mandarlo a practicar con el Selectivo, la decisión de la dirigencia azulgrana fue la de marginarlo por completo.
«El tema me tomó por sorpresa, por eso estaba mal anímicamente. Pero no queda otra que enfrentar la situación. Me dolió, pero confió en que todo se va a arreglar», decía por aquel entonces. «No me quiero ir. Nunca voy a querer irme, porque nací en este club y lo quiero mucho. Además tengo contrato hasta 2008».
Tras entrenar cuatro meses por su cuenta en su Córdoba natal, cuando arregló los números, en noviembre, se reintegró al grupo, aunque muy lejos de su mejor forma física.
Luego de una buena pretemporada a inicios de 2008, comenzó a ganar minutos en Reserva. Pero Ramón Díaz no lo tenía en cuenta y buscó cambiar de aire. Lo quiso Tigre para reemplazar a Leandro Lázzaro, pero no llegó. A mediados de año, estuvo muy cerquita de pasar a Racing, aunque el pase se cayó por aquella vieja deuda. Las cosas empezaron a cambiar, muy lentamente, con la llegada de Miguel Ángel Russo.
En marzo de 2009, más de dos años después de su último partido, reapareció por la Copa Libertadores, ante Libertad de Paraguay. Luego, rapiñó algunos minutos más ante Racing por el campeonato local y se despidió para siempre del Ciclón por la Copa, ante Universitario de Perú. En total, en el Bajo Flores fueron 54 encuentros y 12 goles. Poco, teniendo en cuenta que seis tantos los marcó en dos juegos.
Lejos de la Argentina, no sin antes inhibir al Cuervo, emprendió un viaje latinoamericano para ver si afinaba la puntería. Arrancó en el Emelec de Ecuador (2009/10), pero apenas convirtió tres veces -una en el clásico ante Barcelona- en 17 presentaciones y le rescindieron el contrato antes de tiempo. Recaló en el San Luis de Quillota chileno (2010), donde tuvo algo de efectividad, aunque no pudo hacer demasiado para evitar la pérdida de categoría. Una de cal y una de arena.
Con la moral renovada, a comienzos de 2011 se unió al Alianza Lima peruano. De entrada, vendió cantidades industriales de humo. “Alianza Lima será mi trampolín para volver a selección argentina”, dijo. Y es que en el Sudamericano Sub 20 de 2005, un tal Lionel Messi era suplente suyo.
¡Quince partidos! tuvieron que pasar para que el Látigo Peirone convirtiera sus primeros goles en tierras incaicas. Fueron dos (los únicos que hizo en todo el año, claro) ante Sport Boys en una goleada 5 a 0. Esa tarde, el delantero repartió besos a los que lo bancaron y palos para los detractores. “Acá fueron muy duros, nunca viví una prensa igual, yo sabía que tarde o temprano iba a marcar, pues hasta Palermo pasó una mala racha”, sentenció. Ojo, algo de razón tenía. “El desempeño del atacante de Alianza Lima es pobre en todo: no agarra aún ritmo futbolístico y las veces que queda de cara al gol, la pelota la manda a cualquier lado, menos adentro del arco. Tiene el apodo de “Látigo”, pero necesita un latigazo para que despierte”, había escrito sobre él el diario Líbero. Durísimo.
Las actuaciones deslucidas se repitieron en Unión Temuco de Chile (2012/13) y Brasil de Farroupilha (2013). Durante su breve paso por Estudiantes de Río Cuarto (2013), en el Argentino B, enderezó un poco el rumbo. Marcó 6 goles y se convirtió en una de las figuras del equipo. Suficiente como para volver a probar suerte en otro lado.
Así fue que en enero de este año cruzó, nuevamente, la Cordillera de Los Andes para sumarse al Unión San Felipe de la segunda división de Chile. Por estos días, y para no quedar afuera de la moda, nos cuenta un poquito de su vida a través de su cuenta de Twitter.