Newell’s de celeste (1974)

Toda una rareza en la historia de Newell’s Old Boys. En 1974, aquel equipo dirigido por Juan Carlos Montes se consagró campeón del Torneo Metropolitano, dejando en el camino a varios rivales poderosos, entre ellos San Lorenzo de Almagro.

En el encuentro ante el Ciclón, los rosarinos se impusieron 2 a 1 de local, con goles de Carlos Picerni y Juan Ramón Rocha. ¿Y qué fue lo raro? Que ese día La Lepra usó una camiseta celeste para diferenciarse de su rival.

Gracias a Diario Leproso por el hallazgo.

Peirone Hernán


Hernán Gastón Peirone (El Látigo)

Tras el retiro del Beto Alberto Federico Acosta, la hinchada de San Lorenzo vio desfilar una enorme cantidad de delanteros que intentaron, generalmente con muchísima más pena que gloria, hacerse un lugar en la ofensiva del club del Bajo Flores. Así pasaron, entre tantos otros, Ariel Carreño, el Lobo Cordone, Damián Luna, Matías Urbano, Alfredo Guevara, el Toto Cornejo, Rodrigo Astudillo, Román Díaz, Germán Herrera, Juan Manuel Olivera, Ezequiel Lavezzi y Hernán Peirone. Sí, sí, Deportivo En Una Baldosa.

Un hat-trick ante Boca Juniors en el Clausura 2005 elevó justamente a Peirone al status de estrella. Eran épocas complicadas y la irrupción del Látigo, de tan solo 19 años, aparentaba ser la solución a buena parte de los problemas de ataque del Ciclón. «Tiene el gol en el alma», aseguró el violín técnico Héctor Rodolfo Veira tras aquella tarde de gloria en el Nuevo Gasómetro.

Apenas unos meses antes, en la despedida del Apertura 2004, ante Racing, el delantero había convertido su primer triplete. Casualmente ante La Academia, en marzo de ese año, le había tocado debutar oficialmente en una parada brava. Ese día, los de Avellaneda sacaron a pasear a San Lorenzo y lo golearon 4 a 0. Desde entonces y hasta comienzos de 2007, el Látigo disputó 51 partidos con la camiseta del Cuervo y marcó 12 tantos. En el medio, sufrió bastante con las lesiones.

La bomba estalló en marzo de 2007, cuando Peirone fue separado del plantel profesional que dirigía Ramón Díaz por negarse a firmar la renovación de su contrato si antes no le pagaban una deuda originada entre 2005 y 2006. Luego de mandarlo a practicar con el Selectivo, la decisión de la dirigencia azulgrana fue la de marginarlo por completo.

«El tema me tomó por sorpresa, por eso estaba mal anímicamente. Pero no queda otra que enfrentar la situación. Me dolió, pero confió en que todo se va a arreglar», decía por aquel entonces. «No me quiero ir. Nunca voy a querer irme, porque nací en este club y lo quiero mucho. Además tengo contrato hasta 2008».

Tras entrenar cuatro meses por su cuenta en su Córdoba natal, cuando arregló los números, en noviembre, se reintegró al grupo, aunque muy lejos de su mejor forma física.

Luego de una buena pretemporada a inicios de 2008, comenzó a ganar minutos en Reserva. Pero Ramón Díaz no lo tenía en cuenta y buscó cambiar de aire. Lo quiso Tigre para reemplazar a Leandro Lázzaro, pero no llegó. A mediados de año, estuvo muy cerquita de pasar a Racing, aunque el pase se cayó por aquella vieja deuda. Las cosas empezaron a cambiar, muy lentamente, con la llegada de Miguel Ángel Russo.

En marzo de 2009, más de dos años después de su último partido, reapareció por la Copa Libertadores, ante Libertad de Paraguay. Luego, rapiñó algunos minutos más ante Racing por el campeonato local y se despidió para siempre del Ciclón por la Copa, ante Universitario de Perú. En total, en el Bajo Flores fueron 54 encuentros y 12 goles. Poco, teniendo en cuenta que seis tantos los marcó en dos juegos.

Lejos de la Argentina, no sin antes inhibir al Cuervo, emprendió un viaje latinoamericano para ver si afinaba la puntería. Arrancó en el Emelec de Ecuador (2009/10), pero apenas convirtió tres veces -una en el clásico ante Barcelona- en 17 presentaciones y le rescindieron el contrato antes de tiempo. Recaló en el San Luis de Quillota chileno (2010), donde tuvo algo de efectividad, aunque no pudo hacer demasiado para evitar la pérdida de categoría. Una de cal y una de arena.

Con la moral renovada, a comienzos de 2011 se unió al Alianza Lima peruano. De entrada, vendió cantidades industriales de humo. “Alianza Lima será mi trampolín para volver a selección argentina”, dijo. Y es que en el Sudamericano Sub 20 de 2005, un tal Lionel Messi era suplente suyo.

¡Quince partidos! tuvieron que pasar para que el Látigo Peirone convirtiera sus primeros goles en tierras incaicas. Fueron dos (los únicos que hizo en todo el año, claro) ante Sport Boys en una goleada 5 a 0. Esa tarde, el delantero repartió besos a los que lo bancaron y palos para los detractores. “Acá fueron muy duros, nunca viví una prensa igual, yo sabía que tarde o temprano iba a marcar, pues hasta Palermo pasó una mala racha”, sentenció. Ojo, algo de razón tenía. “El desempeño del atacante de Alianza Lima es pobre en todo: no agarra aún ritmo futbolístico y las veces que queda de cara al gol, la pelota la manda a cualquier lado, menos adentro del arco. Tiene el apodo de “Látigo”, pero necesita un latigazo para que despierte”, había escrito sobre él el diario Líbero. Durísimo.

Las actuaciones deslucidas se repitieron en Unión Temuco de Chile (2012/13) y Brasil de Farroupilha (2013). Durante su breve paso por Estudiantes de Río Cuarto (2013), en el Argentino B, enderezó un poco el rumbo. Marcó 6 goles y se convirtió en una de las figuras del equipo. Suficiente como para volver a probar suerte en otro lado.

Así fue que en enero de este año cruzó, nuevamente, la Cordillera de Los Andes para sumarse al Unión San Felipe de la segunda división de Chile. Por estos días, y para no quedar afuera de la moda, nos cuenta un poquito de su vida a través de su cuenta de Twitter.

Chalar Edwin

Edwin Mauricio Chalar (La Pantera)

Futbolista colombiano de carrera errante, alcanzó a disputar un puñado de partidos en la Primera División de nuestro país, asegurándose un lugar en este sitio a base de intrascendencia pura.

Nacido en la ciudad de Tuluá en 1987, asomó su cabeza en la delantera del Atlético Huila allá por el 2004. Era muy pibe y prometía, situación que entusiasmó a los dirigentes del vecino fútbol ecuatoriano, que quizás vieron en él al sucesor de Kleber Chalá, al menos por una cuestión fonética (?). Lo cierto es que ya en 2005 lo contrató el Deportivo Quevedo. ¿Y ahí se quedó? No, ni a palos. Ya para 2006 formaba parte de otro equipo ecuatoriano, el Manta.

De nuevo en su país, actuó para el Envigado (2006) y al año siguiente encontraría la gran posibilidad de su trayectoria, con tan sólo 19 años. Integrando su Selección en el Sudamericano sub 20, enfrentó a la Argentina y le hizo un gol a Paraguay. Eso mínimamente lo puso en vidriera y así fue cómo despertó el interés de Eduardo López, el Presidente de Newell’s, que buscaba desesperadamente la manera de cagar a alguien un atacante que acompañara al paraguayo Cardozo.

Fue así que el colombiano se transformó en uno de los dos refuerzos de La Lepra en el Clausura 2007 (el otro fue Claudio Husaín), aún cuando no se sabía si llegaba en condiciones, ya que tenía una leve lesión en la rodilla. De hecho, el acompañante de Cardozo en el ataque terminó siendo Mauro Cejas. ¿Y Chalar? Apenas disputó pocos minutos diseminados en 4 encuentros (ante Colón, Belgrano, Banfield e Independiente). El resto del torneo se quedó en el banco, o ni siquiera eso. Lo más destacable es que, en la previa del clásico ante Central, se agarró a trompadas con su compañero Pablo Pérez en un entrenamiento.

Sin más que hacer en Argentina, Atlético Bucaramanga lo repatrió en 2007 y también estuvo en el Cúcuta (2008/09), con un paso intermedio por el Macará, porque siempre que puede se pega una vuelta por Ecuador.

¿Y hay más? Sí, obvio. Venezuela lo recibió con los brazos abiertos y los bolsillos cosidos, ya que allí robó en Deportivo Lara (2009/2010), Yaracuyanos (2011/12)…y El Vigía (2012/13), un club nacido en 1987, apenas unos meses más tarde que Chalar.

Desde mediados del año pasado, cuando lo dieron de baja, que no sabemos nada sobre el paradero de Edwin, aunque esperamos que esté bien. Como dice el escudo de El Vigía, en Dios confiamos.

Patronato (1994)

Un verdadero rejunte de baldosas fue el que presentó Patronato de Paraná en 1994. Comandados por el técnico Juan Echecopar, los entrerrianos se reforzaron con varios jugadores con pasado en Primera División, con la ilusión de poder apuntalar a los pibes locales que ya prometían, como Carucha Müller.

En la foto, arriba: Alarcón, Medina, Mauri, Ferlatti y Freyre. Abajo: Kuyumchoglu, Müller, Lell, Abrego, Kratina y Areco.

Tras un primer semestre en el que apenas superó una ronda en el Torneo del Interior, el Patrón intentó mejorar su performance en la temporada siguiente, pero volvió a frustrar sus sueños de ascenso.