Gracias a Mr. Tombino
Manfredi Rubén

Rubén Eduardo Manfredi
Dos partidos marcaron a fuego el paso de Rubén Eduardo Manfredi, un producto genuino del Xemillero, por la Primera de Boca Juniors.
Uno, el primero, por la última fecha del Metropolitano de 1983, ante Instituto en Córdoba. Esa tarde, el Xeneize, repleto de juveniles por la huelga de los profesionales, perdió ¡5 a 1! ante La Gloria y Manfredi, que tenía 20 años y actuó como marcador central, evidentemente, no paró a nadie.
Clavado en el pasto al lado de Claudio Lahorca, Nelson Iturrieta y Alberto Benítez, se cansó de mirarles el número de la camiseta a los cordobeses. Ojo, el resto del equipo tampoco ayudó demasiado y excepto Fabián Carrizo, ninguno permaneció en La Boca por mucho tiempo más.
El otro, el último, fue poco más de seis meses después en La Bombonera, el famoso día del fibronazo ante Atlanta (triunfo del Bohemio por 2 a 1), con Javier Franco, Marco Dos Santos y Jorge Latorre como compañeros de zaga. Aquel día, Manfredi arrancó el partido con el número 6 dibujado en la espalda y terminó con un manchón ilegible.
Lo que siguió, ya bien lejos de La Boca, fue un breve paso por Estudiantes de Río Cuarto y luego el ostracismo.
Mundial: Subite que arrancamos
Después de más de 2 años de planes y más planes, aquel sueño mundialista que arrancó en septiembre de 2011 tomó forma definitiva. Ya sabíamos dónde ibamos a arrancar, ya sabíamos dónde ibamos a terminar, pero nos faltaba saber qué partidos nos iban a tocar en nuestro camino por las rutas brasileñas.
Con el sorteo ya consumado, podemos anunciar finalmente que vamos a hacer los famosos 7 partidos para salir campeón (?). Arrancamos en San Pablo, el 12 de junio, con el partido inaugural entre Brasil y Croacia. Tres días más tarde, Argentina e Irán se verán las caras en el Maracaná. Si nos da el tiempo, nos mandamos, pero nuestra prioridad es Australia – Holanda en Porto Alegre, el 18 de junio.
Apelando a la camaradería del nuestros hermanos gaúchos, nos vamos a quedar varios días en la ciudad del Gremio y del Inter, aprovechando para cubrir otros dos encuentros: Corea – Argelia (22 de junio) y Argentina – Nigeria (25 de junio). También en Porto Alegre tenemos un partido de Octavos de Final, el 30 de junio, entre el 1º del Grupo G y el 2º del Grupo H. Toque lo que toque, ahí estaremos.
Luego emprenderemos el retorno hacia el norte, para recorrer otras ciudades, meternos alguna que otra vez al mar (?) y llegar con todo a una de las semifinales, en San Pablo (9 de julio). Y unos días más tarde, más precisamente el 13 de julio, nos vamos para Río de Janeiro para seguir la final del Mundial.
Llegamos un día antes, nos vamos un día después. Casi 4.000 kilómetros para recorrer. Cuatro argentinos, un uruguayo y un montón de putitos haciéndonos el aguante. Ahí nos vemos.
Podés revivir el #MaM del sorteo, acá:
Publicado en simultáneo con Un Mundial Para En Una Baldosa
Enrico Jorge

Jorge Enrico. Delantero argentino. Jugó en los 40’s y 50’s.
Perazzo a Unión (1990)
Luego de su salida por la puerta de atrás de Boca Juniors, a Walter Perazzo le costó conseguir club para continuar con su carrera, que a esta altura iba barranca abajo. Hasta que a mediados de 1990 apareció en escena Unión, que se había reforzado con nombres como Cluadio Borghi o Víctor Ramos. El delantero dio el visto bueno y se sumó a la pretemporada.
“Una de las razones por las que elegí este club es porque me hablaron muy bien de Mario Zanabria; además creo que él va a saber explotar mi juego”, dijo el ex goleador de San Lorenzo, que había arreglado para quedarse por un año a préstamos, con una opción de U$S 500.000. Sin embargo, todo quedó en la nada, ya que los pocos días armó otra vez las valijas y apareció en Argentinos Juniors.
Temperley «Socios» (2010)

Primera fecha de la temporada 2010/11 de la B Metropolitana. Temperley visitaba a Sarmiento, en Junín. Algunas caras nuevas (por ejemplo, Lucas Alessandria y Sebastián Cobelli debutaban esa noche en el Gasolero) pero la misma camiseta del año anterior. Aunque con un detalle: las publicidades de «Bingo Temperley» y «Frigorífico Federal» habían desaparecido. En su lugar, aparecía una leyenda que instaba a los hinchas a hacerse socios.
En el segundo tiempo aparecieron las habituales camisetas con los sponsors antes mencionados. Salvo en el arquero Alejandro Medina que conservó la suya, expresando su cariño al club que lo vio nacer. Era lo mínimo que podía hacer luego de ser el responsable del único gol del partido. Esta práctica continuó hasta la 5º fecha (victoria 3-0 v.s. Los Andes). Después llegó el nuevo modelo, también de Ohcan, y la mención desapareció del pecho de los futbolistas.
Palacios Gilberto
Gilberto Ramón Palacios (El Delfín, Gilbergol, Golberto)
Por lo general, cuando las salas de cine más populares negocian la compra de algún tanque pochoclero de Hollywood suelen ser chantajeadas con descaro por todas las compañías distribuidoras: “Ah ¿ustedes quieren adquirir los derechos de la nueva de Superman? Bueno, van a tener que pagar un plus y comprar 4 bodrios del cine iraní… Y los van a tener que exhibir a todos, claro. Al menos, durante una sola jornada”. Algo similar sucede con la conformación de los planteles más decadentes del fútbol argentino.
Este fue el caso de Olimpo de Bahía Blanca en los albores del Apertura 2005 cuando, a instancias de emprendedores y paracaidistas, sumó llamativas voluntades a su plantel con la intención de permanecer en Primera, cosa que por supuesto no logró. De esta manera llegaron refuerzos con algo de marquesina como: El Chino Garcé, El Moncho Fernández, El Negro Martínez, Ismael Blanco, Ezequiel Maggiolo y Lechuga Roa; y otros que formaban parte de “la letra chica” de los acuerdos, tales los casos de: El Mago Ramírez, Máximo Lucas, Gustavo Savoia, Renato Riggio, Mauro Olivi, Hugo Costela y nuestro protagonista del día de la fecha: Gilberto Ramón Palacios…
El Delfín, una especie de centrodelantero paraguayo modelo 1980, llegó como bonus track del pase de Ismael Blanco –quien también provenía del fútbol guaraní- con el antecedente de ser una promesa jamás consumada del Olimpia campeón de América, donde integró la delegación que jugó la Intercontinental contra el Real Madrid de Los Galácticos. Después paseó su humanidad por 12 de Octubre (2004) y por 3 de Febrero (2005), vinculando así al Día de la Raza con La Batalla de San Lorenzo (?) y hasta marcando algún que otro tanto, para luego comenzar su epopeya americana.
El Aurinegro de Bahía Blanca fue su primera escala, donde el 6 de septiembre de 2005 jugó 26 minutos en la derrota ante Argentinos Juniors (0-1) como visitantes. Eso fue todo, ya que Omar Labruna no volvió a llevarlo ni siquiera al banco. A principios de 2006 se le ofreció la rescisión del contrato y Palacios aceptó de buena gana pero mucho más aún su representante Miguel Ángel Celaye, ya que su polluelo había jugado en la Primera División del Fútbol Argentino. Y con eso se podría ir a chapear en otros lados…
En principio, el bueno de Golberto regresó a su tierra para mostrar lo mejor de su carrera en Tacuary (2006/07), lo cuál le valió padecer un tormentoso regreso a Olimpia (2007/08) ¿Y eso por qué? Por que la barra brava Mafia Negra – Loma Pytá acusó al jugador de haber asesinado a uno de sus integrantes a golpes de puño en el año 2001 e intentó frustrar su retorno. Si bien la pelea existió, la justicia determinó que el hincha murió a causa de una meningitis y no por las piñas de Palacios, a quien de esta manera le anularon otro tanto (?).
Por supuesto, y más allá de sus disculpas públicas, el delantero fue hostigado hasta el cansancio y terminó exiliado seis meses en Guaraní (2008). Luego El Delfín pasó a otro grande del fútbol sudamericano: Universidad Católica, donde durante un año jugó apenas 6 partidos, no marcó goles, fue elegido el peor refuerzo de la década y dejó esta gloriosa perlita:
Claro, el cameraman (?) lo acusa de “Caggiano”, pero eso sería demasiado elogio: sólo se trataba de Palacios, quien luego siguió decepcionando por Oriente Petrolero (2010), Sportivo Luqueño (2011) y Deportivo Mictlán de Guatemala (2012). Hoy su paradero es un completo misterio, con lo cual El Delfín reafirma lo anteriormente escrito. Por más que lo quieran disfrazar de sectario, intelectual y para entendidos, el cine iraní llega con trampa y nadie jamás lo va a mirar. Y, por los siglos de los siglos, siempre será malo. Por no decir asqueroso…
Argentina 3 – Resto del Mundo 0 (1991)
Un mes después del amistoso en el que la Selección Argentina se impuso al Resto de América, el equipo del Coco Basile enfrentaría a un rival de similares características, pero sin límites continentales: el afamado (?) rejunte denominado Resto del Mundo. Otra vez el estadio Monumental era testigo de un partido que iba a servir de poco, con nombres sorprendentes y escasa respuesta del público.
Por los locales dieron la cara Goycochea; Craviotto, Sergio Vázquez, Ruggeri, Altamirano; Franco, Giunta, Latorre, Leonardo Rodríguez; Mohamed y el Gallego González. En el segundo tiempo ingresaron Carrizo, Mannarino, Martino, Soñora y Gamboa.
Los visitantes, dirigidos por Telé Santana y Miljan Miljanić, formaron con Tony Meola; Carlos Vázquez, Belodedici, Alexandre Torres, Diego Rodríguez; Bismark, Moas, Borges, Savicevic; Hugo Rubio y Zamorano. A ellos se le sumaron los que entraron en la parte final: Chabala, Diego Sánchez, Rubén Paz y Marcelo Balboa. Un total de 11 jugadores americanos, 3 europeos y un africano. Argentina se impuso cómodamente, con dos tantos de Latorre y otro de Leo Rodríguez. Pero eso fue lo de menos.
La nota del partido se la llevaron los problemas de organización. Por ejemplo: el argelino Rabah Madjer quedó varado en el aeropuerto de Roma a la espera de alguna conexión que lo depositara en nuestro país, el árbitro danés Peter Mikkelsen tampoco apareció por Ezeiza y hubo que reemplazarlo de apuro por Abel Gnecco, los norteamericanos Meola y Balboa se tuvieron que pagar los pasajes de su bolsillo y hasta faltaron jabón, toallas y papel higiénico en el vestuario de los visitantes, quienes se pusieron para salir a la cancha unas camisetas conseguidas de apuro, porque la empresa con la que supuestamente se había llegado a un acuerdo para que los vistiera, sencillamente no las llevó.
Sin embargo, la historia más curiosa, por no decir la más patética, se dio con David Chabala, tercer arquero de Argentinos Juniors, que fue rescatado del entrenamiento que su club realizaba en los bosques de Palermo poco antes del comienzo y terminó jugando los 27 minutos finales. Claro que las desventuras llegaron después para el malogrado africano: cuando fue a cobrar los U$S 300 que le correspondían por su participación, los organizadores le negaron la existencia de cualquier deuda, como si lo suyo hubiera sido sólo un favor para salir del paso. Seguro que en Zambia no le pasaba.





